Historia

VERÓNICA

Verónica es el nombre tradicional de una piadosa mujer de Jerusalén que, según la leyenda en su forma más corriente, cuando Cristo pasó por su lado en el camino al Calvario, se quitó su velo y se lo dio a él para que se pudiera limpiar la sangre y el sudor de su rostro y cuando se lo devolvió su faz había quedado impresa en el mismo.

Santa Verónica, siglo XIX, de Paul Delaroche. Museo del Louvre, París
Santa Verónica, siglo XIX, de Paul Delaroche.
Museo del Louvre, París
Una modificación de la leyenda identifica a Verónica (o Berenice, según Juan de Malala, en Chronographia, x. 306-308; en CSHB), con la mujer 'enferma con flujo de sangre' (20 Y he aquí, una mujer que había estado sufriendo de flujo de sangre por doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 21 pues decía para sí: Si tan sólo toco su manto, sanaré. 22 Pero Jesús, volviéndose y viéndola, dijo: Hija, ten[…]Mateo 9:20-22). Otra la representa como un vástago de sangre real, nieta de Herodes el Grande, confundiéndola evidentemente con Berenice, la sobrina de Herodías. La manera en la que el retrato fue llevado a Roma es como sigue: El emperador Tiberio estaba enfermo y habiendo escuchado las maravillosas sanidades realizadas por el retrato mandó que trajeran a Verónica. Ella obedeció y fue a Roma y tan pronto como el emperador hubo tocado el velo, fue curado. Verónica permaneció en Roma y cuando murió le entregó la reliquia a Clemente, el sucesor de Pedro. A comienzos del siglo VIII, el papa Juan VII afirmó que la iglesia de Santa María la Mayor poseía el milagroso retrato, pero era mostrado solo a príncipes y reyes y únicamente bajo condiciones especiales. Pero Milán y Jaén también afirman tener el genuino velo de Verónica. Merece la pena hacer notar que en el siglo XIII (Gervasio de Tilburg, Otia imperialia, xxv; Matthew Paris, en el año 1216), no era a la dueña del velo a quien se llamaba Verónica, sino al mismo velo, lo que es un juego de palabras con vera icon, es decir 'verdadera imagen'. Lo más probable es que la leyenda sea un desarrollo; primero vino la historia, pues es plausible que Cristo haya recibido esta bondad de una piadosa espectadora y luego vino la leyenda, de que en el velo quedó grabada la verdadera imagen del rostro de Cristo, para a continuación atribuir el nombre a la persona misma.