Historia

VICENTE DE ZARAGOZA

Vicente de Zaragoza fue un mártir español de comienzos del siglo IV. Según la tradición era de una noble familia de Osca (actual Huesca), siendo diácono del obispo Valerio de Zaragoza. Cuando estalló la persecución de Diocleciano fue llevado con su obispo a Valencia, para defender la fe ante Daciano, donde habló con tal elocuencia que mientras el obispo era desterrado él fue sometido a las más horribles torturas, arrojado en un oscuro pozo y acostado sobre hirientes y puntiagudos guijarros, pero ángeles convirtieron su lecho de dolor en una suave cama. Entonces comenzó a predicar a las multitudes atraídas por el milagro, e incluso Daciano mandó que Vicente fuera sacado de su lugar de tortura. Sin embargo, cuando murió, la ira de Daciano explotó, ordenando arrojar su cuerpo a las bestias salvajes, que fue protegido por ángeles e incluso por los cuervos. Entonces, el cuerpo fue arrojado al mar en un saco lleno de piedras, pero emergió y fue llevado por el viento a una bahía, donde los fieles le enterraron, reverenciando luego sus reliquias con la fundación de una capilla. Esta leyenda (contenida en su forma completa en ASB, Jan., ii. 394-397; en recensión breve en Analecta Bollandiana i. 263-270; y en forma enteramente diferente en Migne, Patrologiae cursus completus, cxiv. 735-756) procede del siglo IV, tal como muestran cuatro sermones de Agustín en honor de Vicente (Sermones cclxxiv-cclxxvii; MPL xxxviii. 1252-68) y las referencias de Prudencio en el quinto himno de su Peristephanon (MPL lx. 378-411) y Paulino de Nola (xix. 153).

En época temprana, la veneración de Vicente se extendió desde España y África a Francia. Gregorio de Tours señala que los reyes francos Childeberto y Clotario fueron impulsados a levantar el sitio de Zaragoza por una visión de la túnica de Vicente (MGH, Script. Rer. Merov., I, ii. 133) y el anónimo autor de Liber historiæ Francorum (ib. páginas 283-284), escrito hacia 727, registra que a los príncipes les fue dado el atuendo por el obispo de la ciudad. La reliquia se honró en la iglesia de San Vicente construida en París por Childeberto, la posterior iglesia de San German des Près. El monasterio aquitano de Castres afirmó tras el año 864 tener el cuerpo de Vicente. Por otro lado, Esteban, el director del coro de Lisboa declaró que el cuerpo fue llevado desde Valencia a Lisboa en 1175 (ASB, Jan., ii. 408-413; Analecta Bollandiana i. 270-278) y la Epistola Hermanni abbatti Sancti Martini Tornacensis de corpore Sancti Vincenti diaconi (Analecta Bollandiana ii. 243-246) muestra que fue venerado en Valencia hasta 1145. Porciones de los restos del santo también fueron reverenciadas por otras partes; su cabeza en Le Mans, un brazo en Vitry-le-François y el otro en Bari, etc. Venancio Fortunato menciona basílicas a San Vicente y las catedrales francesas de Châlons-sur-Sâone, Mâcon, Viviers y St. Malo fueron nombradas en su honor. Roma tiene tres iglesias dedicadas a él.

Vicente es honrado como patrón de los bienes perdidos y de los peligros en el mar, mientras que los viñadores estiman que si el sol luce en su día (22 de enero) es un buen augurio. Su atributo es una parrilla con clavos afilados y a veces también el cuervo protegiendo su cuerpo.


Bibliografía:
G. Krüger, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Tillemont, Mémoires, v. 215-231, 673-677; P. B. Gams, Kirchengeschichte Spaniens, i. 376-382, Regensburgo, 1862; J. E. Stadler y J. N. Ginal, Heiligenlexikon, v. 705-708, Augsburgo, 1882; P. Allard, La Persecution de Diocletien, i. 40, 237, 244, 249-250, París, 1890; H. Leclercq, L'Espagne chrétienne, pp. 82-86, París, 1906; KL, xii. 999-1001; DCB, iv. 1162.