Historia
VICENTE FERRER (1350-1419)

en el Museo de la catedral, Valencia
Ingresó en la orden dominica el 5 de diciembre de 1374, alcanzando pronto en su monasterio reconocimiento por su ascetismo y aplicación al estudio de la filosofía y la teología. Salvo por una visita a Toulouse en 1377, permaneció en el claustro en Valencia hasta 1380, cuando fue a las universidades de Barcelona y Lérida, estudiando en cada una dos años. Fruto de sus estudios fue su Tractatus de moderno ecclesiæ schismate, ocasionado por el cisma de 1378. En este tratado se puso del lado de Clemente VII, quien había sido elegido en Fondi y declaró a Urbano VI, que había sido escogido en Roma, apóstata y enemigo de la Iglesia. En 1384 Vicente regresó a Valencia, donde enseñó y predicó hasta 1391. Se distinguió de tal manera en su deber que sirvió como consejero de Juan I de Aragón y confesor de la reina hasta 1395, cuando fue citado a Aviñón por Benedicto XIII, como penitenciario mayor y magister sacri palatii, pero regresó a su monasterio en Valencia en 1398. Su aflicción por la continuidad del cisma fue intensa, siendo decisiva para llevarle a adoptar una itinerante vida profética y apostólica, tal como se muestra en su tratado apocalíptico De eversione Europæ, en el que lamenta agriamente la decadencia de la disciplina y moralidad eclesiástica y profetiza la pronta llegada del Anticristo. Aunque no está demostrado que Benedicto pretendiera disuadir a Vicente de su empresa ofreciéndole varios obispados e incluso el cardenalato, es verdad que lo designó predicador apostólico con el título de legatus a latere, dándole pleno poder para atar y desatar en su itinerario.
Actividad como predicador itinerante.
En 1399 Vicente comenzó los viajes que le iban a ocupar durante el resto de su vida, siendo acompañado en un corto periodo de tiempo por una multitud que se convirtió en una comunidad regular itinerante, con sus propios usos y reglas. Su primera exigencia era la auto-flagelación, en la que Vicente sobrepasaba a todos, castigándose con un látigo en cuyo extremo la cuerda terminaba en nudos. Vicente acostumbraba a predicar en casi cada lugar que visitaba, pronunciando frecuentemente dos o tres sermones diarios. Esas alocuciones eran más éticas que dogmáticas, aunque el predicador seguía fielmente la enseñanza católica. Fue uno de los más fructíferos misioneros a los judíos de su tiempo, particularmente en Valencia, Toledo y Valladolid. El escenario de su actividad fue la península Ibérica, norte de Italia y Francia. Se le atribuyeron milagros por su primer biógrafo y colega dominico Pietro Razzano, quien escribió una generación después de la muerte de Vicente.

Colegio de las Escuelas Pías, Valencia
Vicente tomó parte en los asuntos de su tiempo, tanto eclesiásticos como seculares. En 1412 ejerció una decidida influencia en el destino de Cataluña, Aragón y Valencia durante le elección del rey que tuvo lugar en Caspe. Cuatro años después fue invitado al concilio de Constanza, pero no asistió al mismo. En los últimos años de su vida se apartó de su asociación con los flagelantes, aunque su actividad como predicador no sufrió menoscabo, diciéndose que en febrero de 1418 tuvo una audiencia de setenta mil personas en Nantes. Los últimos meses de su vida los pasó en Bretaña. Hasta la Revolución Francesa el aniversario de su entierro en la catedral de Vannes se celebraba el 6 de septiembre, pero desde entonces se ha celebrado el primer domingo de septiembre. Fue canonizado por Calixto III el 29 de junio de 1455, aunque la bula de canonización fue publicada primero por Pío II el 1 de octubre de 1458. Sus principales obras, aparte de las ya mencionadas, son su Tractatus de vita spiritualis (Magdeburgo, 1493); De fine mundi et tempore Antichristi (Venecia [?], 1475) y sus sermones, pronunciados en valenciano, y traducidos varias veces al latín (la primera en Lyón, 1490).
Bibliografía:
O. Zöckler, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; además del relato de Razzano en ASB, abril, i. 475-529, han escrito biografías V. J. Antist, Valencia, 1578; F. Diago, Barcelona, 1600; V. Gómez, Valencia, 1618; B. Guyard, París, 1634; F. Gavalda, Valencia, 1668; M. Marchese, Nápoles, 1669; L. Coelho, Lisboa, 1713; S. T. Miguel, Valencia, 1713; G. M. F. Ferrarini, Milan, 1732; A. Teoli, Nápoles, 1738; A. Valdecebro, Madrid, 1740; P. Fuesi, Oedenburg, 1749; L. Holler, Berlín, 1830; L. Donin, Viena, 1844; anónimo, Bolonia, 1850; M. A. Bayle, París, 1855; A. Ferrante, Turín, 1876; y M. S. Hogan, Londres y Nueva York, 1911. Consultar: P. Fagcs, Hist. de S. Vincent Ferrer, 2 volúmenes, París, 1894; A. Pradel, St. Vincent Ferrer,... his Life, Spiritual Teaching, and Practical Devotion, Londres, 1875; O. Zöckler, Zur Würdigung des römischen Mirakelglaubens, en Beweis des Glaubens, 1897, pp. 257- 269; J. Rohr, en Historisches Jahrbuch der Görresgesellschaft, 1898, i. 32 sqq.; KL, xii. 978-983.