Historia
VÍCTOR III (1027-1087)

El éxito de Desiderio se debe en no poca medida a su actividad política y eclesiástica en favor de la curia. Ya el 6 de marzo de 1050 Nicolás II le había nombrado cardenal de Santa Cecilia en Trastevere, asistiendo en esa capacidad al sínodo en Letrán ese año. En junio recibió al papa en Montecassino y le acompañó a Melfi en julio. Allí convenció a los normandos Ricardo de Capua y Roberto de Guiscard a que aceptaran sus territorios como feudos del papa, de manera que Desiderio fue considerado indispensable para la curia. Desiderio trabajó por la paz entre los príncipes normandos, logrando un acuerdo entre la curia y Roberto Guiscard en 1078. Renovó su política con Enrique IV en 1082 e incluso fue a Roma para negociar la paz con el papa, pero cuando fracasó se puso del lado de Gregorio, a quien, tras la victoria de Enrique, dio cobijo en Montecassino, siendo uno de los pocos leales que estuvieron en su lecho de muerte en Salerno el 25 de mayo de 1085.
En las deliberaciones preliminares para buscar un nuevo papa, el nombre de Desiderio fue prominente, pero él no pretendía tal dignidad, logrando retrasar su elección hasta finales de mayo de 1086. Finalmente fue elegido, pero cuatro días después, junto con los cardenales, fue expulsado de Roma por el prefecto de la ciudad. En su huida se quitó las vestiduras pontificias y regresó como abad a Montecassino. En marzo de 1087, como vicario apostólico, congregó a los cardenales gregorianos a una nueva elección en Capua. De nuevo la mayoría se decidió por él, aunque una minoría, encabezada por Hugo, arzobispo de Lyón, exigió que explicara su asociación con Enrique IV. Disgustado, Desiderio abandonó la asamblea, pero al día siguiente (21 de marzo de 1087) apareció con indumentaria pontificia, ante el temor de que el papado cayera en manos de los extremistas gregorianos, a lo cual tenía más temor que a ser sucesor de Gregorio. Para evitar el cisma que amenazaba su pontificado, quiso ganarse a los gregorianos, confirmando la excomunión contra Enrique y renovando estrictamente la prohibición de las investiduras laicas en un sínodo en Benevento en agosto de 1087. Al mismo tiempo, renunció a los sueños de poder temporal de Gregorio, buscando únicamente retener Roma. Pero Roma estaba en las manos del antipapa, pudiendo ser entronizado en esa ciudad (9 de mayo) solo después de que Gisulf de Salerno y Jordan de Capua atacaran la ciudad. Casi inmediatamente el antipapa renovó sus ataques y el 20 de junio estaba de nuevo en posesión de San Pedro. De no haber sido porque Víctor retuvo la abadía de Montecassino, él también, como Gregorio, habría muerto en el exilio.
Aunque el pontificado de Víctor III fue breve, hizo época por dos razones: por inaugurar la quiebra con la política temporal de Gregorio VII y por mostrar el poder del papa para suscitar en los cristianos la guerra contra el islam por su sola palabra. Poco antes de su muerte impulsó una cruzada contra los musulmanes del norte de África, que se llevó a cabo al año siguiente. Víctor fue el autor de tres libros de diálogos sobre los milagros de Benito de Nursia, de un epitafio poético sobre el abad Apolinar y de un relato sobre dos milagros de León IX, todo ello escrito en un estilo claro y sencillo.
Bibliografía:
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