Historia

VIGILANCIO (c. 370 - c. 406)

Vigilancio, presbítero de Aquitania, nació en Calagurris (probablemente la actual Martres, a 227 kilómetros al sudeste de Burdeos), antes del año 370 y murió después de 476. Parece que poseyó algunas propiedades y ya había sido ordenado sacerdote cuando, con una carta de presentación de Paulino de Nola, visitó a Jerónimo en Jerusalén unos años antes de 404. Según la carta de Jerónimo a Paulino (Epist., lviii), recibió a Vigilancio con toda bondad, pero por alguna razón su huésped secretamente le dejó. En su camino de regreso a Galia y mientras estaba en Italia, Vigilancio o bien dirigió una carta a Jerónimo o bien sometió algún tratado para su aprobación, que su anterior anfitrión interpretó como una alegación de que él estaba infestado con la herejía de Orígenes, por lo que Jerónimo replicó a Vigilancio con una carta de extrema dureza (Epist., lxi). En 406, una vez que Vigilancio había regresado a Aquitania, dos sacerdotes vecinos, Ripario y Desiderio, quienes sentían que sus parroquias estaban infestadas por su proximidad, escribieron a Jerónimo pidiéndole que preparara una refutación de su anterior huésped. Al mismo tiempo le enviaron, por un monje llamado Sisinio, los escritos de Vigilancio. Nunca antes Jerónimo los había visto, aunque hacia el año 404 ya había recibido un resumen de las ideas de Vigilancio. Sisinio llegó a Belén a finales del otoño de 406 e intentó quedarse hasta la Epifanía siguiente, pero sintió su deber salir para la Galia camino de Egipto. Jerónimo por tanto dictó su Apologia adversus Vigilantium en una noche.

Esta Apologia forma casi la única fuente para el conocimiento de Vigilancio. Éste ya había levantado su voz contra el prevaleciente culto de los mártires, o santos, el culto dado a sus tumbas, las oraciones a sus reliquias, la construcción de iglesias para peregrinación en su honor, las velas encendidas en su recuerdo, la celebración de vigilias en sus tumbas y el cántico de aleluyas a ellos, lo que consideraba una concesión al paganismo. Las vigilias conllevaban el peligro de inmoralidad y el canto de aleluyas debía ceñirse al tiempo de la Pascua, no debiendo olvidar el pueblo la diferencia entre el Redentor y sus santos redimidos. Denunció la caridad indiscriminada y contra dar todo a los monjes en tierras paganas mientras que a los pobres dentro se les dejaba sin nada. Tenía escasa simpatía por la vida monástica, al ser destructiva para el cuidado de las almas y parece que se oponía al celibato forzoso del clero.

Al acusar a Jerónimo de herejía origenista, Vigilancio suscitó la ira de su antiguo anfitrión, especialmente porque toda cuestión sobre la ortodoxia personal de éste parecía haber quedado disipada por el encuentro personal de ambos. Jerónimo contraatacó acusando a Vigilancio de herejía (Epist., lxi) y en su Apologia adversus libros Rufini (probablemente a principios de 402) se vio obligado a defenderse por haber declarado que Vigilancio había sido contaminado por sus asociados en Alejandría. Esta acusación la repitió Jerónimo en 404, implicando que Rufino y sus amigos egipcios habían sido la causa de la herejía de Vigilancio. Pero Vigilancio había conocido y admirado a Orígenes al menos ya en su viaje por Egipto y Tierra Santa y no había atacado a Jerónimo por su horror a cualquiera de las enseñanzas origenistas, sino que le había contradicho como persona independiente, identificando, en la forma de la controversia origenista, los errores de su oponente con los del gran y peligroso Orígenes.

Poco se sabe de Vigilancio salvo lo que procede de Jerónimo. Sin embargo, Genadio señala que Vigilancio fue un presbítero en la diócesis de Barcelona, lo que implicaría que después del año 406 se trasladó a España. Paulino de Nola escribiendo a Severo, probablemente hacia 395, menciona (Epist., v.) a un compatriota llamado Vigilancio a quien envió a Campania con una carta. Parece probable que Vigilancio fue un protegido de Sulpicio Severo y que como mensajero de éste entró en relaciones con Paulino de Nola. Se ha sostenido que se trata de otro Vigilancio, un esclavo bautizado, pero el término puer puede referirse simplemente a la relativa juventud de Vigilancio en ese tiempo, comparado con la edad de Paulino; entre esta carta y el viaje de Vigilancio a Tierra Santa con una carta de presentación para Jerónimo pudo haber suficiente tiempo para que fuera ordenado sacerdote. La educación general de Vigilancio parece que fue buena, aunque su preparación teológica fue menos perfecta. Ciertas expresiones incautas, como tildar de 'idólatras' a los que veneraban reliquias delatan la impetuosidad del gascón, pero sus polémicas no fueron personales ni partidistas, sino inspiradas por la creencia de que la fe estaba en peligro.

Aunque durante su vida fue protegido por sus simpatizantes, Vigilancio tuvo pocos logros. En su De dogmatibus ecclesiasticis (xl, lxxiii) Genadio señala que solo los seguidores de Vigilancio y Eunomio rechazaron la veneración de las reliquias y la peregrinación en honor a los mártires. Posteriormente el nombre de Vigilancio desaparece por completo, ya en el tiempo de Isidoro de Sevilla. Sus motivos no fueron dogmáticos; percibió y combatió una serie de abusos en la vida religiosa de la Iglesia de su tiempo, considerando que eran supersticiones que constituían la principal barrera para el progreso victorioso del cristianismo. Temía que la veneración de los mártires llevaría a la depreciación de Cristo, aunque algunos de sus argumentos, tales como la incapacidad de los muertos para interceder por los vivos, parecen haber sido posteriores.


Bibliografía:
G. A. Jülicher, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Jerónimo, Epist., liii., lviii., lxi., cix.; ; Genadio, De vir. ill., xxxvi.; W. S. Gilly, Vigilantius and his Times, Londres, 1844; Tiliemont, Mémoires, xii. 191-196, 266-269, 287-289; Histoire littéraire de la France, ii. 57 sqq.; C. W. F. Walch, Hstoire der Ketzereien, iii. 673-704, Leipzig, 1766; Lindner, De Joviniano et Vigilantio purioris doctrinæ iv. et v. sæculo antesignanis, Leipzig, 1839; W. Schmidt, Vigilantius, sein Verhältlnis zum heiligen Hieronymus, Münster, 1860; P. F. Lucius, Die Anfängel des Heiligenkults, pp. 327-329, Tubinga, 1904; Bayle, Dictionary, v. 470-474; Ceillier, Auteurs sacrés, vii. 606-607; KL, xii. 953-956; DCB, iv. 1141-43.