Historia
VIGILIO (c. 500-555)
Primera etapa de su pontificado.
Procedía de una familia patricia romana y fue diácono durante el pontificado de Bonifacio II. Vigilio parece haber sido un oponente del dominio godo, habiendo trabajado en su contra tras ser nombrado apocrisiario de la curia en Constantinopla. A la muerte de Agapito (22 de abril de 536) Vigilio prometió a la emperatriz Teodora que, si era elegido papa, se opondría al concilio de Calcedonia e intercedería por los depuestos patriarcas Antimo, Severo y Teodosio. Pero cuando llegó a Roma encontró que Silverio, el candidato de Teodahato, ya había sido elegido, aunque el intruso fue depuesto con la ayuda de Belisario, a quien Vigilio había sido recomendado por Teodora, ascendiendo de esta manera al trono papal el 29 de marzo de 537. Hasta dónde cumplió Vigilio su promesa a la emperatriz es incierto. Una carta dirigida por él a los patriarcas mencionados está preservada por Liberato y Víctor de Tunnena, en la que mientras les impone silencio les expresa su simpatía, diciendo: 'Nosotros no confesamos dos naturalezas de Cristo, sino un Cristo compuesto de dos naturalezas'. Pero según el Liber Pontificalis escribió a Teodora rehusando categóricamente hacer la paz con los herejes. Esta última información es obviamente apócrifa y la autenticidad de la carta mencionada es más que dudosa. Pasaron varios años antes de que Vigilio se inmiscuyera en los asuntos de gobierno en Constantinopla sobre cuestiones dogmáticas. El 17 de septiembre de 540, a instancias de Justiniano, el papa se vio obligado, en dos cartas al emperador y al patriarca Menas (Litteris clemantiæ y Licet universa), a suscribir el credo de Calcedonia y anatematizar a los patriarcas monofisitas. Poco más se sabe de los primeros años de su pontificado. El diácono Arator, en su Epistola ad Vigilium le alaba por su actividad durante el sitio de Roma, y una inscripción, probablemente contemporánea, señala que él restauró las tumbas de los mártires Alejandro, Vitalis y Marcial. El 6 de marzo de 538 le encomendó a Cesáreo de Arlés que informara a Teudeberto, rey de Austrasia, de la disciplina que le había impuesto por sus asuntos conyugales; el 29 de junio de 438 emitió ciertas instrucciones a Profuturo, obispo de Braga; el 18 de octubre de 543 informó a Auxanio, sucesor de Cesáreo de Arlés, que no podía enviarle el pallium sin primero informar al emperador; el 22 de mayo de 545 otorgó el pallium a Auxanio y el 23 de agosto de 546 al sucesor de éste, Aureliano.
Controversia de los Tres Capítulos.
Para el año 546 Vigilio ya no estaba en Roma al haber estallado la Controversia de los Tres Capítulos. Su situación se hizo grave desde el principio y todavía más crítica cuando Justiniano le ordenó que se presentara personalmente en Constantinopla. En 544 o 545 Vigilio dejó Roma para nunca regresar. Si fue detenido por la fuerza, como señala el Liber Pontificalis, es incierto; tras una estancia en Sicilia llegó a Constantinopla, vía Iliria y Grecia, a finales de 546 o principios de 547, quedando Pelagio en Roma como representante suyo. Mientras tanto, había reprochado duramente a Menas por suscribir el edicto y había aprobado a Esteban, al romper la comunión con él, ejemplo seguido por muchos del clero y los laicos y también por la Iglesia africana. Aunque fue oficialmente recibido por Justiniano con los mayores respetos, pronto se hizo evidente la gravedad de la situación. El primer paso que dio el papa fue problemático. Teófanes supone que poco después de su llegada condenó los Tres Capítulos, pero esto es altamente improbable, ya que renovó la comunión con Menas, reconciliándose ambos a instancias de Teodora el 29 de junio. Mientras tanto, Justiniano había amenazado al papa con la cárcel. A este periodo pertenecen probablemente las dos cartas en las que Vigilio prometió al emperador y a la emperatriz condenar los Tres Capítulos, cartas que fueron guardadas en secreto, pero que salieron a la luz en el momento crítico. El énfasis puesto en los derechos de la curia en esos documentos tenía como propósito crear la impresión de que el papa era el árbitro de la situación, aunque en realidad estaba atado de pies y manos. Sin embargo, convocó a setenta obispos y en tres sesiones debatió si el edicto sobre los Tres Capítulos contradecía al concilio de Calcedonia. Pero cuando Facundo, el más elocuente y entendido de la facción bajo condenación iba a hablar, Vigilio suspendió la sesión exigiendo que los participantes sometieran su opinión por escrito. Esas opiniones, bajo influencia monofisita, fueron delineadas en los términos deseados, presentándolas Vigilio inmediatamente al emperador. El papa dio entonces un paso decisivo y la víspera de Pascua de 548 envió a Menas su Judicatum, en el que sin reservas condenaba los Tres Capítulos y aceptaba el credo de Calcedonia. La publicación de este documento por su sobrino y diácono Rústico levantó un tumulto de oposición en todo Occidente. Esta oposición tuvo que producir una impresión en la corte, pues de otra manera Justiniano no habría devuelto su Judicatum a Vigilio ni habría pensado llevar toda la cuestión a un gran sínodo. El 15 de agosto de 550 arrancó del papa un juramento para proceder a la condenación de los Tres Capítulos, aunque en conferencia con el emperador, Vigilio obtuvo la promesa de que no se tomaría ninguna acción añadida hasta que se convocara el sínodo. En el verano de 551 Justiniano inesperadamente anticipó la decisión del sínodo y en un nuevo edicto renovó la condenación de los Tres Capítulos.
Curso vacilante.
Vigilio pasó ahora a la ofensiva en lugar de quedarse a la defensiva, probablemente bajo la influencia de Pelagio, quien hacia ese tiempo llegó de Roma. El papa vio a su principal enemigo en Teodoro Ascidas, a quien excomulgó a mediados de julio. Pero Vigilio no se sintió seguro y huyó de Domus Placidia, residencia del apocrisiario, a la basílica de San Pedro en Hormisda, donde el 17 de agosto declaró a Teodoro desposeído y a sus adherentes, incluido Menas, excomulgados, aunque esas sentencias permanecieron en secreto hasta que se precisara su efecto sobre Justiniano y los condenados. El intento de sacarlo de la basílica fracasó, pero con la garantía de Justiniano el papa regresó a Domus Placidia, dejándola de nuevo la noche del 23 de diciembre y tomando refugio en la capilla de Santa Eufemia en Calcedonia. Pero incluso allí no estaba fuera de peligro, probablemente a consecuencia de la publicación de su excomunión contra Teodoro y su carta abierta del 5 de febrero, en la que se quejaba del trato que había recibido en Constantinopla. Sus excomulgados enemigos presentaron ante el papa una defensa de su postura con un credo correspondiente; tras la muerte de Menas, el nuevo patriarca Eutiquio envió a Vigilio una cortés notificación de su ascenso (6 de junio de 553). A partir de ese momento, el papa se mostró dispuesto a un sínodo, aunque su deseo era que se celebrara en Italia o Sicilia. El emperador finalmente informó al papa que asistiera o se inauguraría sin su presencia. Vigilio permaneció firme en su negativa a comparecer, declarando que daría su opinión por escrito. El 5 de mayo de 553 se convocó el sínodo y el 14 de mayo Vigilio terminó su Constitutum de tribus capitulis, en el que rechazaba toda comunión con los seguidores de Teodoro de Mopsuestia y declinaba condenar los Tres Capítulos. El documento fue presentado a Justiniano el 25 de mayo, pero se negó a recibirlo y su comisario expuso ante el sínodo las cartas secretas mencionadas anteriormente, en las que Vigilio había prometido condenar los Tres Capítulos. Al mismo tiempo, se dio la orden de borrar el nombre del papa de los dípticos, estando la decisión final del sínodo en su octava sesión (2 de junio) en armonía con el deseo imperial sobre los Tres Capítulos. Si Vigilio fue condenado al destierro es incierto, pero en cualquier caso era difícil que pudiera regresar a Italia, donde el poder de Justiniano estaba en su apogeo. En Roma se hicieron esfuerzos para lograr su regreso, siendo el resultado la total retractación de Vigilio. En una carta al patriarca Eutiquio de 8 de diciembre de 553 anunció su cambio de posición y lo desarrolló más ampliamente el 26 de febrero de 554 en su Constitutum Vigilii pro damnatione trium capitulorum. Por su retractación logró el derecho a volver a Roma, que le fue concedido por Justiniano el 13 de agosto de 554, pero murió en Siracusa, en el viaje de regreso, siendo enterrado en la iglesia de San Marcelo en la Vía Salaria.
Su carácter.
Vigilio no fue un inmutable adherente de lo que estimaba justo. Aunque es cierto que la justicia de la condenación de los Tres Capítulos es una cuestión discutible, que el veredicto dogmático no puede explicarse solamente por la acritud de los africanos y sus simpatizantes y que la política eclesiástica tenía razones para sacrificar a Teodoro por Calcedonia, todo ello no justifica su inestabilidad. Y aunque su política fue, en último análisis, el principio esencialmente papal de rechazar que el Estado dicte a la Iglesia, le faltó capacidad para lograr sus fines por medios que no fueran subrepticios. Cuando, bajo la influencia de Pelagio, exigió un concilio libre en terreno occidental y rehusó asistir al concilio de Constantinopla, estaba en la senda correcta pero peligrosa, como se demuestra al oponerse a la política de un emperador como Justiniano. No obstante, su pasado iba contra él y su retractación era de esperarse.
Bibliografía:
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