Historia
WALAFRIDO ESTRABÓN (c. 808-849)
Los poemas de Walafrido le sitúan entre uno de los grandes escritores clásicos del período carolingio. Incluyen epigramas, eulogías, himnos y dos largos poemas sobre santos; el poema más largo, escrito cuando Walafrido contaba 18 años de edad, describe una visión del monje Wettin en Reichenau en 824 y es el primer ejemplo de "visiones" versificadas, que posteriormente se hicieron tan populares. Mientras estaba en la corte escribió De imagine Tetrici, inspirado por la estatua ecuestre de Teodorico el Grande ante el palacio en Aachen. Sus epístolas, en hexámetros o dísticos, a príncipes y prelados son también de interés. Su Liber de cultura hortorum es una descripción poética del jardín monástico. Walafrido revisó las biografías de los abades de Saint-Gallen, Gallo y Otmar. Especial consideración merece su De exordiis et incrementis rerum ecclesiasticarum (escrito en 840-842, impreso en Scriptores de Hettorp, Colonia, 1568), un compendio de arqueología cristiana en 32 libros, interesante todavía a causa de su adición ocasional de términos vernáculos para los objetos discutidos. Tomó una posición media entre la iconolatría supersticiosa y la iconoclastia griega; su doctrina eucarística no fue evidentemente la transubstanciación de Pascasio Radberto, su famoso contemporáneo. Su principal renombre se debe a la gran compilación exegética en la que tuvo la mayor parte, la Glossa ordinaria, que sirvió durante casi cinco siglos como fuente principal de la ciencia bíblica para el oeste, siendo reimpresa una y otra vez, usualmente con la obra de Nicolás de Lira, hasta el siglo XVII. En la edición más antigua (cuatro volúmenes, sin fecha) el texto latino de la Biblia está rodeado de glosas, una rica colección de citas de los Padres de la Iglesia elucidando el texto. Entre las líneas del texto hay breves escolios, escritos por Anselmo de Laon en el siglo XII. Las propias glosas de Walafrido son, en general, aptas y eruditas. Incluyen explicaciones de los nombres y problemas que las ocasionan, aunque la mayoría están dedicadas a la exégesis místico-alegórica; varias glosas, incluso del mismo autor, se pueden dar sobre un solo pasaje. Se proporcionan los nombres de muchos autores, siendo los más frecuentes Jerónimo, Gregorio, Isidoro de Sevilla y Beda; Ambrosio y Crisóstomo se citan más escasamente. Otros nombres predominan en libros individuales, como Casiodoro en los Salmos, Orígenes en Números y "Esicio" (Hesiquio) en Levítico. Muchas glosas aparecen sin el nombre del autor. Se ha sugerido que éstas fueron escritas por Walafrido mismo, ya que su nombre ("Estrabón") está frecuentemente añadido a las glosas, especialmente en la primera parte de la obra; esas glosas anónimas también han sido atribuidas a su maestro Rabán Mauro.
Bibliografía:
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