Benjamin Breckinridge Warfield, presbiteriano americano, nació en Lexington, Kentucky, el 5 de noviembre de 1851 y murió en Princeton, New Jersey, el 16 de febrero de 1921.
Benjamin B. Warfield
Su padre, William Warfield, criador de caballos y ganado, descendía de Richard Warfield, quien se estableció en Maryland en el siglo XVII. Su madre era Mary Cabell (Breckinridge) Warfield, hija de Robert J. Breckinridge. Se preparó para el colegio mediante el estudio privado y se graduó en New Jersey College (licenciatura en humanidades, 1871) y en Princeton Theological Seminary (1876); también estudió en la universidad de Leipzig (1875-77), siendo ministro auxiliar en la primera iglesia presbiteriana, Baltimore, Maryland (1877-78); fue profesor de lengua y literatura del Nuevo Testamento en Western Theological Seminary, Allegheny, Pensilvania, (1878-87) y en 1887 fue escogido para la cátedra de teología didáctica y polémica en Princeton Theological Seminary, sucediendo a Archibald A. Hodge. Allí pasó el resto de su vida, enseñando hasta el día de su muerte. El 3 de agosto de 1876 se casó con Annie Pearce Kinkead en Lexington, muriendo ella el 19 de noviembre de 1915. Publicó unos veinte libros sobre temas bíblicos y teológicos, además de alocuciones y tratados. Mantuvo esta producción infatigablemente mediante el intenso estudio de la crítica e interpretación del Nuevo Testamento, patrística, teología, especialmente de las iglesias reformadas, y considerables campos de la historia de la Iglesia. En teología perteneció a la escuela calvinista y conservadora, considerando la Confesión de Westminster 'la cristalización final de la esencia de la religión evangélica.' Mantuvo firmemente la inspiración plenaria de la Biblia, estando profundamente persuadido de la doctrina del pecado original. En Princeton continuó sin concesiones la línea establecida por los Hodges. Dinámico profesor, experto en el argumento mano a mano, moldeó a sus estudiantes durante una generación, influenciando el pensamiento de muchos presbiterianos y otras iglesias. En sus escritos fue crítico o interesado en temas particulares más que en los sistemáticos o constructivos, conteniendo valioso material para la teología histórica. Además de su obra como editor de The Presbyterian and Reformed Review desde 1890 a 1902 y de Anti-pelagian Writings de Agustín, escribió: Introduction to the Textual Criticism of the New Testament (1886); On the Revision of the Confession of Faith (1890); The Gospel of the Incarnation (1893); Two Studies in the History of Doctrine (1897); The Right of Systematic Theology (Edimburgo, 1897); The Significance of the Westminster Standards as a Creed (Nueva York, 1898); The Acts and Pastoral Epistles (Filadelfia, 1902); The Power of God unto Salvation (sermones; 1903) y The Lord of Glory; Study of the Designations of our Lord in the N. T., with especial Reference to his Deity (Nueva York, 1907).
De su obra Biblical Doctrines es el siguiente pasaje:
'Sospechamos que la dificultad que experimentan algunos en relación al argumento del apóstol aquí (1 Digo entonces: ¿Acaso ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ningún modo! Porque yo también soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. 2 Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no sabéis lo que dice […]Romanos 11 y sig.) se debe en parte a lo que les parece ser una designación arbitraria de hombres a destinos distintos sin tomar en consideración lo merecido de cada cual. San Pablo recalca la soberanía de la reprobación tan explícitamente como la de la elección (aunque ambas ideas son una unidad que ni aun en el pensamiento pueden separarse); si presenta a Dios como el que soberanamente ama a Jacob, de igual manera lo presenta como el que soberanamente aborrece a Esaú; si declara que Dios tiene misericordia del que quiere, de igual manera declara que Dios endurece a quien quiere. Sin lugar a duda, la dificultad que muchos experimentan aquí se debe en parte a una comprensión insuficiente del concepto básico de Pablo de que todos los hombres se encuentran bajo la condenación de un Dios airado. San Pablo presenta a Dios como tratando con un mundo de pecadores perdidos; y de las ruinas de ese mundo edificando un reino de gracia. Aun si no todos los hombres fuesen pecadores, muy bien hubiere podido haber una elección, tan soberana como ahora; y habiendo una elección, habría también un rechazo igual de soberano; pero el rechazo no sería un rechazo al castigo, a la destrucción, a la muerte eterna, sino a algún otro destino consonante con el estado en que aquellos pasados por alto deberían ser dejados. No es, por tanto, debido a que los hombres son pecadores que algunos no son elegidos; la elección es libre y su complemento, la reprobación, es igualmente libre; pero es sólo porque los hombres son pecadores que son dejados para la destrucción. Es en este universalismo de destrucción más bien que un universalismo de salvación que San Pablo realmente fundamenta su teodicea. Cuando todos merecen la muerte, es una verdadera maravilla de pura gracia que alguno reciba vida; y ¿quién negará el derecho de Aquel que exhibe esta maravillosa misericordia de tener misericordia del que quiere, y de endurecer al que quiere?'
Bibliografía: The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge.