Historia
WEIGEL, VALENTIN (1533-1588)
- Vida
- Escritos
- Doctrina del espacio y el tiempo
- Teoría del conocimiento
- Doctrina de Dios
- Relaciones con el cristianismo

Estudió en Leipzig y también en Wittenberg en 1564, donde parece haber enseñado a los estudiantes. En 1567 fue llamado como pastor a la localidad de Zschopau y, mientras estaba ocupado en las visitaciones propias de su superintendencia, a veces ofició como pastor adjunto en varias parroquias. En este trabajo adquirió una reputación envidiable por su predicación, cura de almas, administración y cuidado de los pobres. Aunque fue acusado en 1572 de sostener una doctrina impura, él se absolvió rápida y fructíferamente, suscribiendo la Fórmula de Concordia sin vacilación. Sólo después de su muerte se supo que estuvo totalmente apartado de la doctrina de su Iglesia, una actitud que desarrolló durante su oficio pastoral y cuyas consecuencias lógicas él firmemente negó.
Escritos.
Las primeras impresiones de los escritos de Weigel aparecieron en Halle, 1609-14; escritos adicionales y nuevas ediciones fueron publicadas en "Neustadt", 1618 (Neustadt puede ser Magdeburgo o Halle) y de nuevo al final del siglo XVII en Ámsterdam y Francfort. Es posible que los escritos de Weigel hayan experimentado alteraciones incluso en su etapa de manuscrito y que porciones particulares entre las obras impresas atribuidas a él puedan derivarse de otras manos. Los siguientes escritos se pueden etiquetar como genuinos: (1) Gnothe Seauton (Neustadt, 1615; sólo la primera parte; la segunda y tercera parte son espúreas); (2) Ein schön Gebetbüchlein (1613); (3) Ein nützliches Tractätlein vom Ort der Welt (1613); (4) Der Güldene Griff (Halle, 1613); (5) Dialogus de Christianismo (Neustadt, 1616; su mejor y más importante obra. Los siguientes no son genuinos: Studium universale, durante mucho tiempo usado para conocer las teorías de Weigel; Von der Gelassenheit (contiene una visión ligeramente alterada de un escrito de Carlstadt; comp. Wemle en ZKG, 1903, p. 319); la denominada Theologia Weigelii. Por otra parte, una obra citada con notable frecuencia, Kirchen- oder Hauspostil/ über die Sontags und fürnembsten Fest/ Evangelien durchs gantze Jahr (1609), probablemente incorpora sermones genuinos de Weigel. Independientemente de las incertidumbres de autoría, el número de los escritos genuinos impresos de Weigel es suficientemente amplio para proporcionar una descripción verdadera de sus ideas en todas las cuestiones principales. De acuerdo con su máxima de derivar todo de la "luz interior" y de su desprecio por todos los libros, Weigel borró, más allá casi de toda recuperación, las fuentes históricas y puntos de contacto de sus reflexiones. Más aún, poseyó la facultad de volver a redactar lo que había adquirido, impartiéndole un aire de originalidad. La dependencia que reconoce es hacia los escritores antiguos y medievales: Platón, Dionisio el Areopagita, Thomas à Kempis, Tauler, Eckhart y la Theologia Germanica; esta última es la más frecuentemente citada de todos. Con referencia a los reformadores y los primeras documentos confesionales sus pronunciamientos son generalmente poco amistosos. A Osiander, Schwenckfeld, Münzer y otros no los reconoce e igualmente se distancia de toda afinidad con ellos; pero hace alusión a Weltbuch de S. Franck. Aunque frecuentemente cita a Paracelso, es principalmente sobre especulaciones astronómicas y astrológicas, medicina y filosofía natural (comp. Libell. disput., p. 26).
Doctrina del espacio y el tiempo.
Weigel cultivó la filosofía y teología y relacionó íntimamente las dos. Su tendencia fundamental en filosofía se puede etiquetar como idealismo subjetivo. Su importancia auténtica para la historia de la filosofía todavía no ha sido plenamente captada. Examinó los problemas del espacio y el tiempo y proporcionó una solución subjetivamente idealista. Trata del espacio en Vom Ort der Welt, cap. X (Hall, Sajonia, 1613) y su conclusión está resumida en la proposición: "Pues fuera del mundo no hay lugar, con dimensiones finitas... de ahí que es cierto que el mundo no está en un lugar localizado; el mundo mismo es un lugar y concepto de todos los lugares y cosas limitadas. Por tanto es sólo según sus límites contenidos dentro del mundo que los lugares están indicados, pero nunca fuera del mundo." La deducción teológica que extrae es que "ni el cielo ni el infierno son lugares físicos limitados", sino que "cada uno lleva el infierno en él mismo entre los condenados, igual que cada uno lleva el cielo en sí mismo entre los santos" (capítulo 14). En la misma forma, la concepción local de Cristo descendiendo al infierno y su ascensión al cielo debe lógicamente abandonarse (capítulo 16). Weigel también argumenta, aunque no tan decidida y claramente, la realidad de la idea del tiempo; aunque la cuestión está abierta a debate sobre cuánto de los pensamientos genuinos de Weigel existen en el tratado dedicado a esta cuestión, Scholasterium Christianum, todavía la opinión negativa parece ser la respuesta.
Teoría del conocimiento.
Su especulación más incisiva trata repetidamente sobre la cuestión de la entidad práctica del conocimiento, subrayando la raíz subjetiva. Pues "el discernimiento natural que pasa del ojo al objeto es activo y no pasivo y por tanto todo juicio se ejerce en el acto de discernir o conocer y descansa no en la cosa discernida." (Kurtzer Bericht vom Wefe und Weise all Dinge zu Erkennen, B iii. 2 v). "Todo conocimiento emana del conocedor" (ib. B 1 v). Todo se hereda latentemente en el hombre, en su personalidad y subjetividad. "De ahí que el hombre es también todo en sí mismo; lo que puede y sabe, conocer y controlar su arte, es su "espíritu" (Geist), o facultad intelectual, espiritual, y este "espíritu" o facultad es el hombre mismo" (Gnothe Seauton, p. 39). Por tanto no hay sino un principio que discierne y una tarea correspondiente, esto es, conocerse a uno mismo. Como apoyo principal de esa teoría aduce la distinción propia del conocimiento: "Pues si el discernimiento emanó y surgió del objeto y no del ojo que ve, entonces también debe seguir una percepción similar y equivalente o discernimiento de un objeto mismo" (Página 28). De este conocimiento natural y su entidad consciente, práctica, Weigel distingue un conocimiento "sobrenatural" porque la parte del hombre en el inicio y resultado surge por medio del objeto. Sólo aquí, a su vez, el proceso descansa en la productividad del sujeto, a menos que esto se identifique con la morada del Espíritu de Dios. Consecuentemente, Weigel se afilia con aquellos que definen el principio del conocimiento religioso y la potencia espiritual como la posesión natural interior de todo hombre y defiende la teoría de la palabra interna o del espíritu en su forma naturalista. Weigel deduce todas las consecuencias negativas de esta idea, tales como el rechazo de la palabra de las Escrituras, el oficio de mediador, los canales de la gracia, la predicación, la comunión externa de la Iglesia, el estudio teológico con todas sus dificultades, pero por encima de todo, el condicionamiento de las nociones religiosas y de la piedad hacia un punto histórico definido de partida, como el del cristianismo. En lugar de esto elaboró una teosofía panteísta y gnóstica de grandes líneas, adaptando meramente su vocabulario a la terminología cristiana.
Doctrina de Dios.
Dios y el Todo son coincidentes en el presente. No toda existencia de Dios antes del mundo ha de negarse necesariamente, pero Dios llega a ser él mismo, el ser personal y activo, primariamente en y con el mundo. "Solo absolutamente y para él mismo, aparte de todas las criaturas, Dios es y continúa siendo impersonal, apartado del tiempo y el espacio, desprovisto de energía, voluntad y sentimiento; y de esta manera ni es Padre, ni Hijo ni Espíritu Santo. Dios es eternamente él mismo, aparte del tiempo; él se mantiene y mora en sí mismo en todos los lugares; ni obra, ni quiere ni desea, salvo que en, con y a través de la criatura se convierte en personalmente volitivo, deseoso y afectivo; adquiere la emoción o sufre los atributos de las personas y le es asignado el sentimiento" (del manuscrito Von der Seligmachenden erkentnus Gottes). Esta inmanencia de Dios está diferenciada como la materia es una de lo bueno o de lo malo, del mundo exterior o del de los hombres, del reino de la naturaleza o del de la gracia. Aunque las ideas de caos o la negación del orden cósmico, así como la noción de una eternidad o de una emanación gradual del mundo a través de etapas intermedias, no aparece clara y consistentemente desarrollada, el mal lo considera un fenómeno concomitante necesario del ser de la criatura. La esencia del pecado está definida, en un pasaje, como una "no existencia" y de nuevo como la voluntad independiente de la criatura. Por lo tanto, la meta y propósito de la "redención" es también complementar y completar lo existente con la existencia divina perfecta e inducir y restaurar la voluntad individual a la voluntad de Dios (Vom Ort der Welt, cap. xvii). Más aún, desde el principio Dios ha implantado en el hombre los poderes necesarios para este plan, por lo que la "redención" simplemente llena ese proceso por el que el principio interior en el hombre, que es afín a Dios, obtiene la ascendencia sobre los elementos de la criatura que son opuestos a Dios. La necesaria condición antecedente y los mejores medios de avanzar en el advenimiento de este proceso interior de redención es la resignación, la supresión de la voluntad individual, una virtud que él ensalza y recomienda en las fórmulas usuales del misticismo medieval.
Relaciones con el cristianismo.
Esta estructura racional simple consistente creció envuelta y confundida con su asimilación de las ideas centrales cristianas, tanto más porque están desprovistas, hasta donde es posible, de su origen histórico y contenido externo. El principio divino del hombre, impartido a cada uno por naturaleza, se identifica con Cristo, especialmente donde se desarrolla fructíferamente. Cristo es un factor interior, natural, sin importancia histórica. Weigel sólo permite la existencia virtual de un Cristo histórico externo, que, sin embargo, no tiene valor redentor. Las fórmulas de la doctrina de la doble naturaleza quedaron tan reconstruidas por Weigel que distingue un doble "cuerpo" de Cristo, según su origen compuesto, aunque esto, en la idea de Weigel, virtualmente cubre el fenómeno total de Cristo. "El único Cristo tiene dos cuerpos; el cuerpo divino del Espíritu Santo y el otro cuerpo de la Virgen María, que es visible y mortal." (Postille, i. 214 y sig., comp. p. 38). Cristo tiene su verdadero cuerpo y sangre "no de la tierra, sino del cielo; no de Adán, sino del Espíritu Santo" (Dialogus, p. 12). De esta manera Weigel puede subrayar la presencia del "cuerpo y sangre de Cristo" en la comunión. Lo que le importa es la presencia interior del principio divino eterno de Cristo. El mismo paralelo lo aplica a su entendimiento de los diversos conceptos de espíritu, regeneración y fe; todas ellas no son sino nuevas, de alguna manera, fórmulas modificadas o cualificadas para la misma consideración tópica; esto es, para el proceso interior evolutivo del elemento divino y su victoria sobre el elemento de la criatura. De esta manera en el dominio moral defiende los principios fundamentales de los entusiastas (Dialogus, p. 76). Todos los problemas de una fase concreta en la ética individual y social se resuelven en líneas quietistas con rigurosa consistencia. Se pronuncia contra toda legislación, castigo, guerra, comercio, intereses y semejantes.
Weigel no fue un renovador de las ideas de la Reforma. De hecho no tiene nada que ver con la Reforma; sus pocos conceptos que están en acuerdo con ella se explican a sí mismos por su paralelismo con la vena mística. Del cristianismo histórico solamente retiene meramente la cáscara. Él pertenece más bien a la cadena de pensadores de líneas gnósticas, místicas y panteístas; también pavimentó el camino hacia la elaboración moderna y refundición de líneas de pensamiento en la dirección del idealismo monista y en términos de razonamiento crítico. La oposición auténtica a sus ideas comenzó a finales del siglo XVI. Evidentemente no dejó una escuela compacta tras sí, aunque sus oponentes le acusaron de tener ese propósito. En cualquier caso, el "weigelianismo" se unió pronto con las tendencias más heterogéneas y eclesiásticas "entusiastas", con los admiradores de J. Böhme y también con el movimiento comprendido bajo el término "rosacruces."
Bibliografía:
R. H. Grützmacher, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; A. C. Rotth, Nöthiger Unterricht von prophetischen Weissagungen, Leipzig, 1694; Vitam fata et scripla V. Weigelii ex genuinis monumentis comprobata... submittit... J. G. Reichelius, Wittenberg, 1721; G. Arnold, Kirchen- und Ketzerhistorie, vol. xvii., cap, xv., Frankfort, 1729; J. G. Walch, Religionsstreitigkeiten, volúmenes, iv.-v., Jena, 1736; J. O. Opel, V. Weigel, ein Beitrag zur Litteratur- und Kulturgeschichte Deutschlands im 17. Jahrhundert, Leipzig, 1864; A. Israel, M. V. Weigels Leben und Schriften, Zschopau, 1888; R. H. Grütsmacher, Wort und Geist, § 19, Leipzig, 1902; ADB, vol. xli.