Historia
WHATELY, RICHARD (1787-1863)

Se matriculó en Oriel College, Oxford, en 1805, (licenciatura en humanidades, 1808), recibiendo la ordenación anglicana. Fue miembro del consejo rector de Oriel desde 1811 hasta su matrimonio en 1821, ejerciendo luego en el beneficio de Halesworth, Suffolk, hasta 1825, cuando regresó a Oxford como rector de St. Alban Hall. En 1829 fue nombrado profesor Drummond de economía política en Oxford, pero dimitió dos años más tarde al ser consagrado arzobispo de Dublín el 23 de octubre de 1831.
Como muchacho Whately era endeble y precoz, mostrando inusuales facultades de cálculo aritmético. La asistencia a una escuela cerca de Bristol desde los diez años fortaleció su cuerpo y le infundió intereses intelectuales más amplios que los que había encontrado previamente en la biblioteca y en el jardín de su padre, por lo que entró en Oxford sin nada extraordinario que llamara la atención sobre él. Hizo algunos amigos en Oxford, aunque sólo unos pocos, haciendo mofa de los convencionalismos en una manera que le hizo notorio. De ahí que pasara por la vida de forma singularmente independiente y auto-comedida, rudo y brusco en maneras, directo y fuertemente indiferente hacia opiniones y prejuicios populares. Su cortante ingenio no le ahorró amigos ni enemigos y sus grandes poderes de argumentación los ejerció con más asiduidad que juicio. Fue un maestro de la expresión lúcida y como pensador y erudito era agudo y versátil, aunque no profundo y obstaculizado por arraigadas limitaciones. Se dice que leía a unos pocos autores favoritos, Aristóteles, Tucídides, Bacon, Shakespeare, Butler, Warburton, Adam Smith, Crabbe, Scott, pero a ninguno más. No tenía interés por la naturaleza, la música y el arte, ni tampoco por la historia antigua. Consecuentemente sólo encontraba cansancio en los viajes, evitándolos todo lo posible. Nunca aprendió alemán y leía francés con dificultad.
Carrera como arzobispo.
Por tanto, aunque ejemplificaba la estrechez inglesa, ha de añadirse que no la representó en una manera indigna. A medida que se hacía cargo de los deberes, los ejercía bien. En Oxford demostró ser un buen profesor, sabiendo cómo descubrir y desarrollar las capacidades aletargadas de sus alumnos, elevando en corto tiempo a St. Alban Hall de su bajo estado a un lugar escogido por hombres de vasta cultura. Fue un fiel párroco. Como arzobispo fue escrupuloso en la realización de sus deberes ordinarios, encarando valientemente y con éxito las extraordinarias dificultades de su cargo. Personalmente impopular, no atrayente como predicador, hostigado por consideraciones políticas y nacionales, a pesar de todo se abrió paso por su espíritu imparcial y generoso hacia los católicos, por sus vigorosos esfuerzos continuados durante veinte años en favor de la educación popular y la superior en Trinity College, del que fue ex officio visitador, por sus servicios en frenar la tendencia hacia Roma y por su interés y abnegación en todo lo que tendiera a hacer a Irlanda mejor en cuerpo y alma. Como primado de Irlanda tuvo escaño en la Cámara de los Comunes, pronunciando muchos discursos notables por su independencia, defendiendo una revisión de la liturgia y de la Versión Autorizada de la Biblia, la abrogación de la prohibición de casarse con la hermana de la esposa muerta y la emancipación de judíos y católicos. Su estudio de la economía política le llevó a oponerse a la extensión del sistema inglés de ayuda al aire libre para Irlanda, incluso en el tiempo de la hambruna de patatas, cuando trabajó afanosamente para aliviar las desastrosas condiciones. Favoreció una emancipación gradual más que inmediata de los esclavos y al defender la abolición de todo castigo legal, salvo el indudablemente disuasorio en carácter, mostró ir por delante incluso de la primera etapa del siglo XX. Sus esfuerzos en esta dirección contribuyeron mucho a la abolición de la deportación.
Teología y escritos.
Su teología, siempre más o menos bajo la sospecha de heterodoxia, se ha caracterizado como sobrenaturalismo racional. Comenzó con el postulado de una revelación especial, que hace posible lo que la razón no puede descubrir, siendo la función de la razón interpretar tal revelación. La encarnación fue un hecho y un acto extraordinario de revelación, al hacer a la divinidad más inteligible y proporcionar un modelo de perfección humana. La muerte de Cristo fue sacrifical, pero no era necesaria, aunque es el único fundamento de nuestra salvación. El reino de Cristo es una sociedad, cuyos miembros pueden al mismo tiempo pertenecer a otras sociedades. De esta manera se resuelve el problema del Estado y la Iglesia. Cristo mismo ha proporcionado el plan para el gobierno de la sociedad, pero la ejecución de dicho plan recae en la sociedad. Lo esencial del cristianismo es de importancia universal, pero los asuntos menores son de importancia relativa. No hay tal cosa como la sucesión apostólica, en el sentido de garantía de la transmisión del Espíritu Santo y la eficacia de los sacramentos; la verdadera sucesión apostólica es el mantenimiento de los principios apostólicos. Se opuso firmemente al calvinismo y en sus escritos siempre luchó calmadamente contra el tractarianismo. El sábado, argumentó, fue quitado por la abrogación de la ley de Moisés, pues Cristo mismo quebrantó el sábado y dejó a la Iglesia que fijara el día y su observancia, igual que en el caso de otras festividades.
Whately escribió mucho, pero nada de valor permanente y poco que le sobreviviera. Su primer libro fue Historic Doubts Relative to Napoleon Buonaparte (Londres, 1819), en el que procuró reducir al absurdo la doctrina de Hume sobre los milagros. Es agudo y brillante más que sólido, no estando libre de sospecha de injusticia, ya que Hume había expresamente puesto aparte de sus principios generales los casos en los que la mayor improbabilidad está envuelta en el escepticismo más que en la incredulidad. Por una vez, Whately tuvo el prejuicio popular de su lado, pasando el libro por más de doce ediciones durante su vida, reimprimiéndolo posteriormente Henry Morley en Universal Library (volumen xliii, Londres, 1886). The Use and Abuse of Party Feeling in Matters of Religion (Oxford, 1822) fueron las conferencias Bampton de 1822. Elements of Logic (Londres, 1826) y Elements of Rhetoric (1828), originalmente escritos como artículos para Encyclopædia Metropolitana, fueron durante mucho tiempo usados como libros de texto. Ninguna de las dos obras puede denominarse original o que marcara época, pero ambas estaban admirablemente ordenadas y expresadas, reviviendo Logic el estudio de la disciplina en Oxford. Las conferencias en Oxford sobre economía política se publicaron en Londres en 1831. Otros libros notables fueron The Errors of Romanism Traced to their Origin in Human Nature (1830; edición resumida por su hija, E. J. Whately, Londres, 1878) y una edición de la obra de Bacon, Essays con notas (1856).
Bibliografía:
The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Miss E. J. Whatcly, Life and Correspondence of Richard Whaldy, 2 volúmenes, Londres, 1866; W. J. Fitzpatrick, Memoirs of Richard Whaldy, 2 volúmenes, ib. 1864; É. W. Whately, Personal and Family Glimpses of Remarkable People, ib. 1889; J. H. Overton, The Church in England, ii. 311-312, ib. 1897; E. Stock, The English Church in the 19th Century, ib. 1910; DNB, lx. 423-429.