Historia
WILLIAM DE CONCHES († c. 1154)
La escuela de Chartres seguía una tendencia distinta a la de Abelardo, no estando interesada en la reconciliación de la razón y la fe, sino en el incremento del conocimiento humano y la percepción de la verdad. El De mundi universitate de Silvestre es del mismo espíritu, siguiendo William de Conches esa senda. La filosofía, según él, lo abarca todo. Como Platón, intenta comprender el universo, desde Dios hasta el hombre, mediante el conocimiento, pero no siguiendo a los Padres de la Iglesia sino a los filósofos y físicos. Como Abelardo se somete a la autoridad de las Escrituras, no hallando contradicción con las Escrituras si se expone lo que la Biblia afirma. Según su sistema, el fundamento del mundo es Dios como poder creador, sabiduría y voluntad. Los santos aplican esos tres términos a las tres personas, designando como poder a Dios Padre, sabiduría al Hijo y voluntad al Espíritu Santo. El poder divino habría bastado para liberar al hombre del poder de Satanás, pero Dios quiso que su sabiduría se hiciera hombre, pues de esta manera la divinidad estaría escondida del diablo, quien al poner sus manos sobre la misma, perdió su poder sobre el hombre. La sabiduría y el poder de Dios se revelan en el universo, pero su origen y continuación William los explica mediante procesos puramente naturales. El mundo corporal está compuesto de elementos que están en todas las cosas, pero según la preponderancia de ciertos elementos se origina la materia o los cuerpos elementales: tierra, agua, aire y fuego. Los cuerpos ardientes de los astros mueven y calientan el aire y por su medio el agua. A partir del agua caliente, proceden los pájaros y peces. La tierra se originó por la absorción de la humedad por el calor. Del barro caliente de la tierra proceden los animales y el hombre. Los cuerpos del universo están en constante movimiento; el firmamento, es decir, el cielo con sus estrellas fijas se mueve en la dirección opuesta a la de los planetas, pues de otra manera el movimiento de éstos sería demasiado violento. La tierra es una esfera, pues de otro modo el tiempo del día sería el mismo en todos los lugares y las mismas estrellas serían visibles en todos los sitios. La relación de la tierra con el sol origina el cambio de las estaciones. El hombre consiste de cuerpo y alma. El alma es la capacidad espiritual de discernir y razonar, peculiar al hombre. Esta alma espiritual hay que distinguirla de los poderes naturales, que son los poderes espirituales y anímicos que suben y bajan por las arterias y los nervios. El asiento del poder espiritual es el corazón, mientras que el del poder anímico está en el cerebro. En general, Williams sigue al Timeo de Platón, pero amplía y modifica sus ideas según el saber de la Edad Media, haciendo uso también de las obras de Constantino el Africano.
Existen las siguientes obras de William: Quatuor libri de elementis philosophiæ o De philosophia mundi (impresa en la Opera de Beda ii. 311-343, Basilea, 1563; en Maxima hibliotheca patrum, xx. 995-1020, como obra de Honorio Augustodunensis y como obra de Guillermo de Hirschau bajo el título Philosophicarum et astronomicarum institutionum Guilielmi Hirsgauiensis olim abbatis Basilea, 1531); Dragmaticon philosophiæ, impresa con el título, Dialogus de substantiis physicis confectus a Wilhelmo Aneponymo philosopho (Estrasburgo 1567); un glosario sobre el Timeo de Platón, preservado en manuscrito y un comentario sobre el De consolatione philosophiæ de Boecio, preservado sólo en manuscrito. La autenticidad de otras obras atribuidas a William no está fuera de duda.
Bibliografía:
R. Seeberg, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Hist. littéraire de la France, vol. xii.; A.
Charma, Guillaume de Conches, París, 1857; B. Hauréau, Singularités historiques et littéraires, ib. 1861; C. Prantl, Geschichte der Logik im Abendland, ii. 127 ss. Leipzig, 1861; C. Werner, Die Kosmologie... des Mittelaltert mit... Beziehung auf Wilhelm von Conches, en Sitzungsberichte de la clase histórica-filosófica de la Acadamia de Viena, lxxv (1873), 309-403; H. Reuter, Geschichte der Aufklärung im Mittelalter, ii. 6 ss. Berlín, 1877; O. Zöckler, Geschichte der Bezichungen zwischen Theologie und Naturwissenschaft, i. 411-412, Gütersloh, 1877; R. L. Poole, Illustrations of the Hist. of Medieval Thought, pp. 124 ss. Londres, 1884; DNB, lxi. 355-356; KL, xii. 1599-1602.