Historia
WILLIBRORD (658-739)


Durante los siguientes años siguió rápidamente la introducción del cristianismo, a la par que se multiplicaban las iglesias y monasterios y eran ricamente provistos por Pipino. Sin embargo, entre los frisones libres Willibrord no tuvo éxito, aunque trabajó entre ellos y Radbod fue amistoso hacia Willibrord. También llevó la misión a los daneses, pero sin resultado, aunque se trajo a treinta muchachos daneses para instruirlos y enviarlos a su país natal como misioneros. A su regreso a Frisia acometió la tarea del bienestar de las iglesias, fundando el monasterio de Echternach, en la diócesis de Tréveris (706) y el de Silstem, en la diócesis de Mastricht (714). Tras la muerte de Pipino (714), Radbod vio su oportunidad para recuperar su territorio, ganándole la partida a Carlos Martel y recuperando sus dominios. Los sacerdotes fueron detenidos, las iglesias destruidas y toda la obra de Willibrord parecía perdida, mientras él habitaba en Echternach. En ese tiempo Bonifacio fue a Frisia, esperando ayudar a Willibrord y ganarse a Radbod por su predicación, pero éste la rechazó. Pero en la nueva guerra que estalló en 718 Carlos obtuvo la victoria, muriendo Radbod al año siguiente. Su sucesor, el joven Aldgildo, hizo la paz, por lo que el camino al evangelio quedó abierto de nuevo. Willibrord regresó a Utrecht y completó la cristianización del país hasta donde estuvo en manos de los francos, con la total ayuda de Carlos. Los siguientes pasos que se dieron no pueden delimitarse. Se sabe, no obstante, que durante tres años Willibrord tuvo un ayudante en Bonifacio.
Willibrord bautizó a Pipino el Breve, nieto de Pipino de Heristal, quien le había recibido y al que predijo que derribaría la sombra del poder merovingio y que sería rey de los francos. A avanzada edad se retiró al monasterio de Echternach donde murió y fue enterrado. La fama de los milagros efectuados en su tumba por sus reliquias se difundió por doquier. Pero la obra de Willibrord experimentó un retroceso menos de cincuenta años tras su muerte, cuando Widukind desarraigó el cristianismo de Frisia. La causa del éxito de Willibrord parece ser también la causa de su fracaso; su misión había dependido en buena medida de la ayuda de los gobernantes y una vez que ese apoyo se retiró, la obra misionera no fue capaz de sostenerse por sí misma. Willibrord no fue tanto un misionero sino la mano derecha de Pipino y Carlos Martel en sus esfuerzos para civilizar a las tribus germanas. Aunque infatigable en la obra de su diócesis, el establecimiento de su obispado en Utrecht, en la frontera del imperio, y especialmente su retiro a Echternach en el mismo corazón de la región franca, subrayan ese hecho. Fue en las huellas de los ejércitos francos que hizo su principal obra en Frisia. Según un testamento impreso en Patrologia latina (lxxxix. 554-6) de Migne, donde hay un largo y detallado relato de las posesiones de Willibrord, principalmente donativos de Pipino y su esposa Plectrudis y de Carlos Martel, Willibrord dejó todo a la abadía de Echternach, donde quiso que descansase su cuerpo. La famosa 'procesión danzante' que se celebra en Echternach en Pentecostés, en la que los peregrinos se reúnen procedentes de diversos puntos, se dice que debe su origen a una peregrinación hecha en el siglo VIII a las reliquias de Willibrord.
Bibliografía:
Mary Tout, Dictionary of National Biography; La principal autoridad para la vida de Willibrord es Historia Ecclesiastica, libro iii. cap. xiii. libro. v. caps. x. xi. xix. de Beda. La biografía más antigua fue escrita por un monje irlandés, "rustico stilo", pero su nombre y obra se han perdido. Este último, sin embargo, fue la base de las dos biografías de Willibrord de Alcuino, una en prosa para usar en la iglesia de Echternach, la otra en verso para la enseñanza de los alumnos en la escuela monástica. Ambas están impresas en Monumenta Alcuiniana, págs. 39–79 (vol. vi. de Bibl. Rer. Germ. de Jaffé). Alcuino escribió a petición de Beornrad, arzobispo de Sens y abad de Echternach del 777 al 797. A continuación, el propio Beornrad, a petición de Carlomagno, recopiló las tradiciones relativas a Willibrord que aún existían en el monasterio de Echternach, y así puso el fundamento del 'Golden Book'. A principios del siglo XII, Theofrid (muerto en 1110), abad de Echternach, escribió dos nuevas biografías, una en prosa y otra en verso, junto con sermones para el día de San Willibrord. Extractos de las biografías de Theofrid están en Monumenta Epternacensia Germ., en Pertz, Mon. Scriptores, tom. xxiii. 23-30, y los detalles dados anteriormente son de la introducción de Weiland, págs. xi, xix. A continuación, el abad Teodorico, que escribió Chronicon Epternacense, una crónica que termina en 1192, escribió gran parte de él. Pat. Lat. de Migne. vol. lxxxix. contiene Diplomata ad S. Willibrordum vel ab eo collata, que da más detalles, al igual que Mon. Scriptores de Pertz. tom. ii. xv. xxiii. Otras vidas y discusiones sobre Willibrord, su obra, reliquias y conmemoración son Das Leben des heiligen Willibrordus nach Alcuin de Dederich, en su Beiträge zur römisch-deutschen Geschichte am Niederrhein (1850); Apostolat des heiligen Willibrord im Lande der Luxemburger de Engling (1863); Die Springprozession de Krier en Echternach (1870); Cort Verhael van het Leven van den H. Willibrordus de Le Mire (1613); Leben des heiligen Clemens Willibrord de Muellendorff, etc. Véase también Batavia Sacra; Bosschaerf, De primis veteris Frisiæ Apostolis. La autoridad posterior es Geschiedenis des Kerk in de Nederlande I. H. Willibrordus (1861) de Thijm, de la cual se publicó una traducción alemana ampliada en 1863. La edición de Plummer de Beda ofrece valiosas notas. Todavía se publican libros populares de devoción, como Lebensgeschichte des heiligen Clemens Willibrord, ein Andachtsbüchlein, etc. Trier, 1854.