Historia
WOLFF, CHRISTIAN (1679-1754)

Fue educado en la escuela de su ciudad natal y en la universidad de Jena, donde se sintió muy atraído por el estudio de las matemáticas a causa de la certeza de su método, que a él le parecía prototipo para toda la ciencia. Sin dejar enteramente el pensamiento de una carrera teológica, recibió su graduación en Leipzig, estudiando luego filosofía en Jena y estableciéndose como tutor privado en 1703 en Leipzig. En 1707 aceptó una invitación para dar clases de matemáticas en Halle y después de 1709 también de física y luego de otra ramas de la filosofía. Su éxito como profesor fue extraordinario, dejando pronto profunda huella por sus escritos. Su fama se extendió por toda Europa. En su patria el rey y el gobierno le colmaban de honores y los eruditos buscaban su compañía; pero en Halle los pietistas y Christian Thomasius le fueron hostiles. Tras algunas fricciones, la publicación de De Sinarum philosophia practica (Francfort, 1726) que Wolff había gestado en 1721 desembocó en una ruptura completa. Sus enemigos arguyeron que era una glorificación de la moralidad de Confucio y concluyeron que Wolff enseñaba la relatividad de la revelación cristiana en función de la felicidad humana. Los pietistas consiguieron el apoyo del rey, quien el 8 de noviembre de 1723 ordenó la destitución de Wolff y le ordenó que abandonara el lugar en el plazo de cuarenta y ocho horas. Desde 1723 a 1740 fue profesor en Marburgo, siendo el periodo más brillante y feliz de su vida. Continuamente ganaba adherentes filosóficos y nuevos estudiantes, obteniendo grandes honores. Mientras tanto, las condiciones en Prusia habían mejorado. El preboste Reinbeck en Berlín fue partidario suyo y el rey cambió de opinión, ordenando a los candidatos que estudiaran sus obras; habría llamado a Wolff a Prusia de nuevo en 1733, pero murió durante las negociaciones. Federico II, que en 1736 había designado a Wolff como el mayor filósofo de su tiempo, llevó a cabo los planes de su padre y al declinar Wolff una posición en la academia de Berlín, fue invitado como consejero privado y vicecanciller a Halle, donde llegó en 1740, siendo recibido con inusuales honores y permaneciendo activo allí hasta su muerte.
Obras.
De sus numerosos tratados y libros los de mayor importancia para la teología, muchos de los cuales alcanzaron numerosas ediciones, son: Methodus demonstrandi veriatem religionis Christianæ (1707); Vernünftige Gedanken von den Kraften des menschlichen Verstandes und ihrem richtigen Gebrauche inn Erkenntnis der Wahrheit (1712); Ratio præclectionum Wolfianarum in Mathesin et philosophiam universam (1718); Vernünftige Gedanken von Gott, der Welt und der Seele des Menschen (1719; su gran obra teológica); Vernünftige Gedanken von der Menschen Thun und Lassen zu Beförderung ihrer Glückseligkeit (1720); Vernünftige Gedanken von dem geselschaftlichen Leben der Menschen und insonderheit dem gemeinen Wesen zur Beförderung der Glückseligkeit des menschlichen Geschlechsa (1721); Vernünftige Gedanken von den Wirkungen der Natur (3 partes, 1723-25); Vernünftige Gedanken von den Absichten der naitürlichen Dinge (1724); Philosophia rationalis sive Logica (1728); Philosophia prima sive ontologia (1729); Cosmologia generalis (1731); Psychologia empirica (1732); Psychologia rationalis (1734); Theologia naturalis (2 partes, 1736-37) y Philosophia practica universalis (1738). G. F. Hagen editó su Gesammelte kleine philosophische Schriften (6 partes, Halle, 1736-40).
Filosofía.
Wolff no fue un gran espíritu creativo, sino más bien el filósofo en quien se combinaron los esfuerzos científicos del tiempo, una alianza que influiría decisivamente en el futuro. Mediante la aplicación del método matemático silogístico intentó dar a todas las ciencias la misma certeza formal y hacer posible un sistema universal de ciencia humana. La filosofía era para él la ciencia de lo concebible o posible, que se presenta como la esencia de la realidad. Sobre la relación de la facultad superior (racional) y la inferior (sensual) del alma, construye la distinción entre el conocimiento racional y el empírico. El orden objetivo de las ciencias está basado en la psicología, sobre la distinción entre conocimiento y deseo. Por un lado permanece como teórica, por otro como filosofía práctica. En el sistema de Wolff la lógica desemboca en una especie de propedéutica. De ahí surgen las ciencias racionales teóricas, metafísica y ontología; después en el orden de los tres principales objetos (mundo, alma y Dios), la cosmología, psicología racional y teología natural. Las ciencias racionales prácticas comienzan con la filosofía general práctica y la ley natural y luego consideran al hombre a la manera aristotélica, sucesivamente como ser individual (ética), ciudadano (política) y miembro de la familia (economía). Las ciencias empíricas se clasifican en ciencias empíricas teóricas (psicología empírica, teleología, teología empírica y física dogmática) y ciencias empíricas prácticas (tecnología y física experimental). La estética no está incorporada en el sistema. La característica más notoria de la teología de Wolff es el énfasis en la religión natural. Mientras que la separó estrictamente del conocimiento que viene por revelación y se abstuvo de meterse en la esfera dogmática, basó en la religión natural las verdades religiosas generales que parecían ser atacadas por el naturalismo, sacándolas a la luz en el combate espiritual y centrando en ellas el interés religioso y teológico que hasta entonces se había centrado en la revelación. En la prueba de la existencia de Dios subrayó el argumento cosmológico y empleó también el ontológico. Aunque mucha de su filosofía tendía a despreciar los milagros y la revelación, él mismo reconoció plenamente ambas esferas en tanto se ajustaran a las condiciones de su sistema. Ya que Dios no hace nada superfluo, la revelación abarca solo lo necesario, que es lo contrario a lo incomprensible y misterioso; no puede contener ninguna contradicción, ni puede contradecir los atributos de Dios, la razón o la experiencia. Los milagros son cambios que por la naturaleza de los cuerpos no son imposibles, aunque les falte causa natural. En psicología enseñó que las almas son sustancias creadas simples, originándose en la creación y existiendo sin conciencia hasta el momento del nacimiento. Sostuvo que los procesos corporales y espirituales son independientes entre sí, no fundándose su armonía en el milagro continuo, como enseñaban los ocasionalistas, sino sobre la armonía preestablecida. La facultad intelectual tiene precedencia sobre la voluntad. En filosofía práctica, Wolff separó la ética de la religión y la basó en la razón. Su sistema, es por tanto, totalmente racionalista.

El éxito de su filosofía es prueba de que dio respuesta a los deseos de su tiempo, a lo que contribuyó su talento para popularizar y enseñar. Dio a la Ilustración alemana su independencia científica. Sus discípulos no solo repitieron los principios de su maestro, sino que los aplicaron más exactamente a los departamentos especiales de las ciencias. En jurisprudencia, filología e incluso en medicina, surgieron eruditos que intentaron dar a su ciencia una mayor estabilidad empleando el método 'científico' de Wolff. Representantes de la cultura alemana, como Gottscheld, transmitieron su influencia a círculos más amplios de gente educada. Entre los discípulos de Wolff se debe mencionar especialmente a Alexander Gottlieb Baumgarten († 1762), quien completó el sistema en un momento importante y anticipó su posterior desarrollo. Al igual que Leibniz, Wolff separó el elemento sensual inferior y el conocimiento intelectual superior, pero en su lógica presentó solo este último. Baumgarten trató en su Æsthetica la doctrina del conocimiento sensual como estética. La filosofía de Wolff no quedó sin adversarios, especialmente entre los teólogos, tanto luteranos como pietistas. Los primeros también combinaban la filosofía y la teología en un modo intelectualista, pero de manera que la filosofía sirviera a la teología; la filosofía independiente les parecía no solo contraria a la regla de la teología, sino también contraria a la religión y la revelación. Los pietistas, por otro lado, se ofendieron por el intelectualismo de los seguidores de Wolff, lo mismo que los luteranos. El portavoz de los polemizadores pietistas fue Joachim Lange y el principal defensor del luteranismo fue Valentin Ersnt Löscher; pero los oponentes de Wolff eran o representantes de un periodo de pensamiento decadente o precursores de una cultura posterior que no tuvo influencia en las esferas académicas, por lo que Wolff ganó la victoria en dichas esferas. Los teólogos de su escuela desarrollaron las ideas de su maestro, aplicando su método a la Biblia y a la revelación. En conformidad con la ortodoxia posterior concedieron a la teología natural una influencia creciente en el sistema dogmático. Debido a la expansión del intelectualismo, la posición independiente de la revelación que todavía había sido afirmada por Wolff se tornó imposible, siendo gradualmente suplantada por el racionalismo. La historia de la escuela wolffiana de teología es la historia de la disolución de la ortodoxia luterana, siendo en todos los aspectos una teología de transición hacia posturas cada vez menos acordes con la fe cristiana.
Bibliografía:
Sobre su filosofía y teología, consultar: J. F. Buddeus, Bedenken über die wolffische Philosophie, Friburgo, 1724; L. P. Thümmig, Institutiones philosophiæ Wolffianæ, 2 volúmenes, Leipzig, 1725-26; I. G. Ganz, Philosophiæ Leibnitzianæ et Wolffianæ usus in theologia, ib. 1728-34; K. G. Ludovici, Ausführlicher Entwurf einer vollständigen Historic der wolffischen Philosophæ, 3 volúmenes, ib. 1736-38; idem. Sammlung und Auszüge der sämmtlichen Streitschriften wegen der wolffischen Philosophie, 2 partes, ib. 1737; idem, Neueste Merkwürdigkeiten der leibnitz-wolffischen Philosophie, ib. 1738; G. V. Hartmann, Anleitung zur Historie der leibnitz-wolffischen Philosophie, Hof, Baviera, 1737; J. J. Koethen, Principia quadam metaphysics Wolfianæ, Colonia, 1737; J. G. Darjes, Anmerkungen über einige Lehrsätze der wolffischen Metaphysik, Leipzig, 1748; J. M. Scbrdckh, Christliche Kirchengeschichte seit der Reformation, vi. 100 ss. viii. 26 ss. (la serie completa, 45 volúmenes), ib. 1768-1812; J. C. Schwab, Vergleichung des kantischen Moralprincips mit dem leibnilzisch-wolffischen, Berlín, 1800; W. Gass, Geschichte der protestantischen Dogmatik, ii. 160 ss. 4 volúmenes, ib. 1854-67; G. W. Frank, Geschichte der protestanlischcn Theologie, ii. 384 ss. 4 volúmenes, Leipzig, 1862-1905; E. Zeller, Geschichte der deutschen Philosophie seit Leibniz, Munich, 1873; R. Frank, Die wolffsche Strafrechtsphilosophie, Gotinga, 1887; G. Kraus, Christian Wolff als Botaniker, Halle, 1892; W. Amsperger, Christian Wolff's Verhältnis zu Leibniz, Weimar, 1897; O. Willareth, Die Lehre vom Uebel bei Leibniz und seiner Schule, Estrasburgo, 1898; K. Fischer, Geschichte der ncueren Philosophic, iii. 627-638, Heidelberg, 1902; J. Reinhard, Die Prinzipienlehre der lutherischen Dogmatik 1700-60, Leipzig, 1906; E. Weber, Die philosophische Scholastik des deutschen Protestantismus im Zeitalter der Orthodoxie, ib. 1907; H. Pichler, Ueber Christian Wolffs Ontologie, ib. 1900; las obras sobre la historia de la filosofía por W. Windelband, Nueva York, 1893; J. E. Erdmann, 3 volúmenes, Londres, 1892-98; Ueberweg-Heinze, 9ª ed., Berlín, 1905.
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