Historia
WREDE, WILLIAM (1859-1906)

Las dos obras por las que Wrede es mejor conocido, Messiasgeheimnis y Paulus, ilustran bien tanto las excelencias como defectos de su autor así como sus servicios a la ciencia teológica. Incluso en su primera obra sobre 1 Corintios se revela no sólo como un erudito entendido, cuidadoso y agudo, sino también como un crítico independiente y reflexivo. Mostró de nuevo el valor de esa carta como fuente de conocimiento no sólo para la comunidad romana sino para la tendencias y necesidades generales de la generación post-apostólica. Su interés no se centró en los detalles, sino en las relaciones generales de los sucesos y la literatura anterior y posterior. De ahí que en su tratamiento de la teología del Nuevo Testamento une religión y teología. Su Paulus trata con un aspecto que ha de ser considerado dentro del campo de la teología del Nuevo Testamento. En toda su obra se limitó conscientemente a ciertas líneas de investigación, no porque no tuviera interés en lo que había más allá, sino porque en su campo escogido halló problemas que requerían respuestas que habían de ser dilucidadas antes de avanzar a otros terrenos más amplios, sintiendo que, al hacerlo, estaba preparando el camino para dicho avance. En sus investigaciones no dejó que la tradición lo gobernara, sin importar cuál era su fuente. Aunque honró profundamente a sus maestros, no se sujetó a ninguno de ellos; tampoco perteneció a una "escuela" ni creó una. Como profesor evidenció esas mismas cualidades, tomándose su tarea en serio y estimulando a sus alumnos a una total paciencia y laboriosidad en sus tareas.
Su Paulus es más bien una obra de arte que un libro popular, aunque pertenece a una serie popular. No se centra en el detalle sino que es un tratamiento pulido de lo esencial en la vida y obra del apóstol, comparando su vida con la de Jesús. El que no proporcione una decisión puramente histórica, refleja la posición subjetiva de Wrede. El autor considera a Pablo el segundo fundador del cristianismo, el constructor de una ortodoxia eclesiástica, que cambió, por su doctrina de la encarnación, muerte y resurrección de Cristo, la religión de Jesús. No es que acuse a Pablo de ello, sino que lamenta que fuera Pablo quien hiciera lo que tenía que haber sido hecho. Como freno ante la exposición incompleta o panegírica de la vida de Pablo, la obra de Wrede es valiosa, pero no presenta al Pablo entero a sus lectores, sino que dibuja una descripción en esbozo. Igualmente, en su tratamiento del evangelio de Juan sólo presenta un lado, no una consideración del conjunto. Una parcialidad de otra clase sale a la luz en Messiasgeheimnis. Suscitar la cuestión de si, según el consenso del Nuevo Testamento, Jesús se consideró a sí mismo Mesías, fue un gran servicio y un estímulo que produjo buenos frutos. A partir de ahí la investigación sobre la auto-conciencia de Jesús tomó un nuevo punto de partida. El error de Wrede yace en que sobreestima la contundencia e intencionalidad con la que los evangelistas individuales asumieron uno u otro de los puntos de vista posibles en su tiempo. Trabajó demasiado con categorías lógicas, preguntando a menudo por qué y cómo; trataba a Marcos y Pablo como si fueran hombres de nuestro tiempo.
A pesar de esos defectos, su corto periodo de trabajo, abreviado aún más por la calamidad y la enfermedad, fue inusitadamente fructífero. Su arado se introduce profundamente, esparciendo su semilla más allá de su propio surco.
Bibliografía:
G. A. Jülicher, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge.