Historia

ZENÓN DE VERONA

Evidencia de su realidad.
Zenón de Verona fue obispo de esa ciudad, aunque ya en 1692 Jean Mabillon (Traité des études monastiques páginas 503, 554, Bruselas, 1692) planteó la idea de si existió en el siglo III un obispo de tal nombre y título y si las obras que se le atribuyen eran suyas. La repetición de esta pregunta nos remite a una afirmativa respuesta y al establecimiento de los noventa tratados atribuidos a Zenón, como genuinos y valiosos. Los visitantes de la ciudad mencionan los recuerdos en su memoria en la iglesia, plaza y portal, habiendo sido las partes más antiguas de la iglesia construidas en el siglo VI y honrando Verona al personaje desde tiempo muy antiguo en ése y otros lugares. El testimonio más antiguo fue una alocución con ocasión de la invitación del clero de la ciudad a una festividad en su honor, que puede fecharse hacia el año 412; pudo haber sido del obispo Petronio de Bolonia (muerto entre el 425 y el 450). En esa alocución se denomina a Zenón 'confesor santísimo'. Un segundo testimonio de la existencia de Zenón es la historia de un milagro que se dice ocurrió en el tiempo de una riada sobre la ciudad, hacia el año 588, cuando quedó preservada de ser destruida la basílica que lleva su nombre (comp. Pablo Diácono, Historia Langobardarum III, xxiii). Más aún, todas las iglesias de Verona profesan poseer una reliquia del patrón de la ciudad. Su fama traspasó los Alpes hasta Alemania, a Ulm, e incluso a Bélgica, por el obispo Raterio de Verona. Éste citaba frecuentemente los tratados de Zenón, trayendo un manuscrito a Lobbes conteniendo una descripción rítmica de Verona (De laudatibus Veronæ, fechada hacia el 790), que trata de los primeros ocho obispos, de los cuales el octavo fue Zenón. Más antiguo que este manuscrito es el principal codex de los tratados (Codex Remensis) que Hincmaro de Reims presentó a la biblioteca benedictina en Reims. Contiene los noventa y tres tratados (o fragmentos de ellos), siendo especialmente interesantes las glosas marginales que los relacionan con el uso de colecciones de sermones en el culto divino y muestran sobradamente que este manuscrito fue usado en Verona. Al corto tratado sobre los tres hombres en el horno de fuego, se añade la noticia de que se usó en las festividades de Firmio y Rústico (quienes fueron honrados en Verona hacia el año 765). Los mismos tratados están preservados en numerosos manuscritos bajo el nombre de Zenón.

Unidad de los tratados.
Surge la cuestión de si esos tratados son una unidad o, si como dice Tillemon, de los ciento cinco impresos bajo el nombre de Zenón son una colección de varios autores. En la colección más antigua había piezas que eran atribuidas a Cesáreo de Arlés, la carta del obispo Vigilio de Trento a Crisóstomo, tres tratados del obispo Potamio de Olisipio (MPL, viii. 1411 y sig.), cinco exposiciones de los Salmos de Hilario de Poitiers y cuatro sermones de Basilio de Cesarea en la traducción latina de Rufino. Ya que en los noventa y tres tratados hay considerables partes que se retrotraen hasta Lactancio e Hilario de Poitiers, todo indica que se trata de una colección, siendo esto refrendado por el hecho de que Zenón supuestamente pertenecía al siglo III, no al IV. A pesar de ello, hay indicaciones firmes de la unidad de la colección. Pero aun concediendo la unidad de los tratados, no se desprende de ahí que Zenón sea el autor, porque es posible suponer que le hayan sido atribuidos por la veneración que se le tributó. Pero esta hipótesis es insostenible, si se concede que Zenón vivió en el tiempo del emperador Galieno (260-268), siendo una desesperada más que sana conclusión afirmar que fueron usados por Lactancio e Hilario en vez de al revés. Igualmente descabellada es la hipótesis de Baronio de que hubo dos Zenón, uno en el siglo III y otro en el IV.

Evidencia sobre la fecha.
Las razones para situar los tratados en el siglo III son: las mujeres cristianas aparecen frecuentemente casadas con maridos paganos; los sacrificios a los dioses paganos todavía se rinden, habiendo sido prohibidos tras Constantino y Constancio; se mencionan monedas que llevan la cabeza del emperador y no la cruz; las iglesias son pequeñas y sencillas en construcción, en comparación con los templos paganos, y la influencia de los judíos es uno de los objetos de ataque. Además, hay que hacer notar que las concepciones dogmáticas son las del siglo III. Se ha hecho notar que en Zenón no aparece el homoousios griego ni el consubstantialis latino, hallándose en su lugar fórmulas más antiguas que tienen su origen en expresiones de Tertuliano. Esto distingue al autor de Febadio, quien como dogmático que era inclinado a arcaísmos, escribió de la 'divinidad y consustancialidad del Hijo.' Es natural referirse a Hilario y otros occidentales conservadores, pero no se deriva de los tratados de Zenón que el Occidente, sin controversias dogmáticas, se sintiera en posesión de la verdad católica. De hecho Zenón parece ser más ingenuo que Hilario, sobre su contacto con el este. La expresión 'verdad católica' no se encuentra y la palabra 'católica' apenas si se halla en Zenón. Los tratados nada saben de una jerarquía gobernante de la Iglesia y garante de la verdad. El primer tratado no acepta la idea de que la fe esté sujeta a un formulario legal; de hecho, afirma que no estamos bajo la ley sino bajo la gracia. La fe es la forma de posesión religiosa y está bajo control privado ('la ley es algo en común, la fe un asunto privado'). La enseñanza sobre la Iglesia tiene un sabor novacianista. Esta institución está fundada sobre Pedro quien no tenía, sin embargo, precedencia sobre los otros apóstoles, sino que aparece como representante del resto, aunque en un sentido sea el primero de ellos. No hay debate sobre la posición de Roma. Mientras que es notorio cuán considerable es la dependencia de Cipriano, es curioso que el obispo reciba tan poca atención. Si, como es común idea, Zenón fue africano de origen, es muy destacable que no haya huellas en los tratados de la violenta controversia donatista. La gran cuestión que perturbó las conciencias tenía que ver con la consagración de obispos, pero en los tratados el asunto de la ordenación se trata sin pasión alguna. Igualmente en la doctrina de la Trinidad, los tratados pudieron haber sido escritos no solo antes de que hubiera arrianos sino antes de la batalla donatista, mientras que las ideas de Novaciano parecen estar en el aire.

La obra del editor.
Estas sugerencias indican que hay que atribuir la unidad a un solo editor, quien es responsable del contacto con Hilario, mediante las interpolaciones y el trabajo sobre una fuente común. Antes de mediados del siglo IV los candidatos al bautismo nunca son llamados competentes, pero en el tratado ii. 27, 46, 50 se encuentra la expresión. Hay indicaciones de cambios del texto original, tal como se desprende de las sugerencias derivadas de las glosas marginales, que muestran que en el siglo VIII los tratados se usaban litúrgicamente. Pero el uso litúrgico significa considerables cambios. El tratado ii. 50 y sig. se usó posteriormente en el monasterio en Verona, 'siendo recitado en la presencia del sacerdote ante la estación', lo cual indica que se trata de una procesión de un Vía Crucis. Todavía más extraña es la nota marginal en el códice de Reims en ii. 42, por la que el diácono ha de leer el tratado en el principal monasterio el Domingo de Resurrección, cuando el obispo ocupa su lugar y se da el beso de paz 'según la costumbre', distribuyendo manzanas a los hermanos. El tratado I, V. 4 proporciona el tiempo de la redacción de las cartas paulinas 'hace casi cuatrocientos años o un poco más'. De nuevo el tratado i, v. 4 señala el tiempo de composición de las epístolas paulinas 'casi cuatrocientos años antes o poco más'. El número doscientos que apareció en la segunda edición de Verona en 1586, no tiene apoyo en ninguno de los manuscritos, en los que el número cuatrocientos fue borrado. Los Ballerini se tomaron mucho trabajo para demostrar que los Padres de la Iglesia calculan a veces con mucha inexactitud. Pero Bigelmair ha demostrado que cuatrocientos se usa como un número redondo y ve en la expresión la mano de un redactor que estaba activo hacia el año 450. Eso explicaría por qué Jerónimo en su De viris illustribus pasa por alto a Zenón, pues en ese momento no había nada suyo en circulación. Bigelmair concluye que Zenón hubo de morir en el año 370, año en que se publicó el comentario de Hilario a los Salmos.

Tradiciones sobre el periodo de Zenón.
Pero todas esas dificultades tendrían que ser consideradas seriamente si ese Zenón, a quien se le atribuyen según una muy antigua tradición los tratados que son una composición unitaria fechada en época muy temprana en Verona, hubiera vivido en el siglo III y no en el IV. La iglesia de Verona tenía un doble interés en retrasar todo lo posible las fechas de Zenón. Sus primeros obispos tenían nombres griegos y la tradición hace del primer obispo uno de los setenta discípulos. Si Zenón fue el octavo en secuencia, no pudo haber vivido en el siglo IV. Gregorio Magno (Dialogus, iii. 19) llama varias veces a Zenón mártir; ciertamente fue el obispo Lippomanus en el siglo decimosexto el primero en cambiar la forma de veneración en que Zenón era tenido de confesor a mártir, que entonces se hizo popular. Que Zenón sufriera el martirio en el siglo IV del emperador Juliano o de los arrianos es improbable; el informe del martirio cuadra mejor con el siglo III. El códice de Reims contiene una vida de Zenón por el notario Coronato, que debió ser escrita antes del 807 (cuando se trsladaron las reliquias de Zenón). En la misma relata cómo el obispo sanó a Gala, la hermana del emperador Galieno (260-268) y con la ayuda del agradecido padre cristianizó Verona. Aunque el hecho de que existiera tal hermana no es improbable, la 'Vida' abunda en tantas imposibilidades que ha sido declarada no histórica; sin embargo, no da evidencia del martirio, informando de hecho que 'no mucho después falleció en paz.' El milagro de la sanidad pasó a los informes posteriores, como en el poema De laudibus Veronæ, en el que toma la forma de la liberación de un espíritu malo. A pesar de las improbabilidades, este relato de la 'Vida' ha sido influyente, dejando su huella en himnos, ritual y hagiologías. No es extraño que Galieno haya sido puesto en conexión con la leyenda, pues hay que recordar que la ciudad fue una colonia bajo Pompeyo, otorgándosele la ciudadanía por César, siendo el lugar de nacimiento de Catulo y finalmente fortificada por Galieno y denominada en su honor Galiena. Bigelmair afirma que el primer obispo fue oriental, aunque el nombre griego no es necesario para eso. En el tiempo de Gregorio Magno (c. 600) Aquileya fue la metrópolis, aunque antes estuviera bajo Milán. La correspondencia de Ambrosio (Epist., v-vi) con el obispo Siagrio es la de un metropolitano con su sufragáneo. Este último había procedido ilegal e injuriosamente contra la virgen consagrada Indicia, a la que Ambrosio menciona como aprobada 'por Zenón, de bendita memoria'. Este es el testimonio más antiguo y seguro de la vida de Zenón. Se ha objetado que la referencia no afirma que la residencia episcopal fuera Verona, pero esto se desprende del contexto general. Siagrio había amenazado a su metropolitano con soliviantar a la opinión pública y Ambrosio le replicó que no era ése el carácter de los veroneses. Que Zenón estuviera en Verona se sigue del hecho de que Indicia vivió allí y de la implicación de que Siagrio conocía el hecho. Otra circunstancia adicional es la consagración de una hermana, llamada Marcelina. Los obispos, no presbíteros, fueron obligados a realizar tal ceremonia de acuerdo a las normas en uso antes del año 390. Es decir, algunos años antes de que Ambrosio escribiera la carta, Zenón había oficiado en la consagración de una virgen cuyo testimonio todavía era obtenible.

Zenón del siglo IV.
Sin embargo, la fecha no está establecida. No se deduce de las palabras de Ambrosio 'de bendita memoria', que no conociera personalmente a Zenón. Todo lo que denota la frase es que Zenón fe un contemporáneo más mayor que Ambrosio. Se sabe por Atanasio (Migne, Patrologiae cursus completus, xxv. 599 B), que en el año 356 el obispo Lucilo (Lucio) de Verona todavía vivía. Según los catálogos, Zenón fue su segundo sucesor en la sede. Se ha hecho mucho esfuerzo para determinar a partir de ahí los años de comienzo y episcopado de Zenón, usándose el dato de que Zenón fue consagrado el 3 de diciembre y de ahí se determina que ese día cayó en domingo. Pero la fecha es insegura. Es de hecho uno de los días en que Zenón es conmemorado, pero Rabán cita primero el 12 de abril como fecha de su martirio, mientras que otros mencionan el 8 de diciembre. Petrus Galiseni, protonotario apostólico fue el primero en definir el día 8 de diciembre como fecha de consagración y el 12 de abril de su nacimiento. Pero la base de este sistema de fechado es tan dudosa que parece innecesario presentar las objeciones que ha levantado. Tanto el año asumido de comienzo y de final de su episcopado (362 y 370) son inciertos. Incluso la duración del mismo, ocho o nueve años, no depende de las indicaciones litúrgicas de los fragmentos de sermones. Lo mejor que se puede hacer es afirmar que hacia el año 356 Zenón fue consagrado obispo y sobre bases internas es improbable que estuviera activo como autor después del 381, ya que no hay huellas en sus escritos del concilio de Constantinopla de ese año.

Conclusiones.
Es usual trazar el origen de Zenón a África. Ordinariamente no se habla del África latina, pero se hace una excepción con las peculiaridades del 'estilo apuleyano', tan abundantes en Zenón. La deducción es que hizo mucho uso de otros escritores africanos. El tratado 18 del libro ii tiene el título 'Sobre el día natal de San Arcadio, que sucedió el día antes de los Idus de enero en la ciudad de Cesarea Mauritania'. Duchesne creyó que este tratado está por azar entre las obras de Zenón, pero Bigelmair señala su relación literaria con el resto. Pretende ser un escrito histórico, pero está tan falto de detalles concretos, que no queda colorido local para hablar de su origen en Madaura. La mayoría de los tratados son fragmentos de sermones; i. 1 es una carta y pudo haber sido escrita cuando Fortunatiano era obispo de Aquileya. Hasta el siglo XIX se sostuvo que los escritos de Zenón eran los ejemplos más antiguos de sermones en lengua latina, pero tal aseveración es cuestionable. Su valor literario consiste en que ponen el listón muy alto, en el uso de las reglas del arte del sermón latino. El autor leyó ampliamente y observó cuidadosamente, abrillantándolos y construyéndolos, hasta culminar su obra. Pero siempre tuvo un deseo de tener algo que decir, y tras sus sermones se aprecia una personalidad inusual, piadosa y valiosa. Los sermones tienen su propia personalidad; ii. 44, por ejemplo, es tal vez la mejor descripción existente, desde tiempos antiguos, del proceso de cocer pan, siendo cada detalle tratado simbólicamente. Similarmente ii. 27 trata con la viticultura y ii. 43 con los horóscopos. Dogmáticamente son importantes como muestra de la teología occidental, antes de la controversia apolinarista. Los pensamientos paulinos son abundantes, a Santiago no lo cita, y se destaca a María, con considerable uso de material apócrifo.

Mapa de los Padres de la Iglesia - Zenón de Verona


Bibliografía:
F. Arnold, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; The Sermones, ed. P. y G. Ballerini, fueron publicados en Verona, 1739. Esta edición se repite en A. Gallandius, Bibliotheca veterum patrum, v. 109 ss., 14 vols. Venecia, 1765-81, y en MPL, xi. 10 sqq; una nueva edición de Ballerini se publicó en Augsburgo en 1758, ampliada con dos ensayos de Bonacchi (también incluida en MPL). Nota adicional: Tillemont, Mémoires, iv. 1, págs. 24 ss.; P. Ughelli, Italia sacra, v. 679 ss., Venecia, 1720; G. B. C. Giuliari, S. Zenones sermones, Verona, 1883, nueva impresión, 1900, comp. Vita di S. Zenone del editor, ib. 1877 (esta edición contiene en páginas lxxxix.-cviii., cxiii.-cxxxix. un minucioso índice de la literatura sobre Zenón hasta el año 1881); comp. sobre Giuliari C. Weyman en AMA, 1893, ii. 359 ss. y sobre el mismo autor en AMA, 1893, ii. 350-361. Además de lo anterior, consultar: I. A. Dorner, Person Christi, ii. 754-759, 4 volúmenes, Stuttgart, 1846-56; F. A. Schütz, S. Zenonis doctrina Christiana, Leipzig, 1854; L. Jazdzewski, Zeno... commentatio patrologica, Ratisbona, 1862; L. Duchesne, en Bulletin critique, iv (1883), 136-141; Hurter, en Zeitschrift für katholische Theologie, viii (1884), 233 ss.; J. Fessler, Institutiones patrologiæ, ed. B. Jungmann, i. 712-715, Innsbruck, 1S90; A. Harnack, Abhandlungen de la Academia de Berlín, 1895 (muestra la influencia de Tertuliano); especialmente importante es A. Bigelmair, Zeno von Verona, Münster, 1904; H. Brewer, en Zeitschrift für katholische Theologie, xxviii. 1 (1904). 92- 115; idem, en Revue benédictine, xxii (1905), 470; H. Januel, Commentationes philological in Zenonem Veronensem, programa del instituto en Regensburgo, 1905-06; DCB. iv. 1213.