Historia
ZIEGENBALG, BARTHOLOMÄUS (1683-1719)

El rey Federico IV de Dinamarca, probablemente a instancias de Lütkens, su celoso predicador de la corte, decidió enviar mensajeros del evangelio a los habitantes paganos de las colonias danesas de ultramar para convertirlos al cristianismo. Lütkens recibió el encargo de buscar candidatos que fueran adecuados para ese puesto. Como nadie en Dinamarca estaba dispuesto a un servicio tan peligroso, se dirigió a su país de origen, Alemania, y escribió a sus amigos de Berlín, incluido Lange, para recibir algún consejo sobre este asunto. En Berlín, pensaron inmediatamente en Ziegenbalg. Él y otro joven teólogo, Heinr. Plütschau, fueron seleccionados para el servicio misionero en Berlín el 1 de octubre de 1705 en una solemne ocasión y enviados a Copenhague. Durante el viaje y en la propia Copenhague, los dos jóvenes despertaron mucho recelo cuando hablaron de sus planes; la mayoría pensaba que la empresa era algo sumamente aventurero y absolutamente inútil. El obispo Bornemann también era hostil. Les suspendió el examen que tenía que hacerles por el motivo característico: 'Estos hombres son reprensibles, porque son pietistas'. Pero Lütkens insistió en hacer un nuevo examen en presencia de testigos y entonces Bornemann se vio obligado de mala gana a declararlos 'aprobados'. Después de que Ziegenbalg y Plütschau fueron ordenados para el puesto de la misión, zarparon el 29 de noviembre de 1705 hacia su nuevo lugar de trabajo. Originalmente, se pensó en las Indias Occidentales, luego en la costa de Guinea en África Occidental. Finalmente, se desconoce por qué, esta región también fue abandonada, convirtiéndose la India en el campo de trabajo de los dos misioneros. Allí Dinamarca poseía el pequeño territorio de Trankebar en la costa de Coromandel, ubicado en el fértil delta que el Kaweri forma cuando se une al Océano Índico. Los habitantes pertenecen a la tribu dravídica de los tamiles, aunque incorrectamente siempre se les llama malabares en los antiguos informes de misión.
Ziegenbalg y Plütschau después de un tranquilo viaje por mar desembarcaron el 9 de julio de 1706 en Trankebar, no pudiendo imaginar cuántas dificultades y obstáculos enfrentarían en su tarea. La compañía danesa de las Indias Orientales, que era bastante independiente de Copenhague y temía que la predicación del evangelio avivaría el fanatismo religioso de sus súbditos paganos y, por tanto, pondría en peligro sus intereses soberanos y comerciales, vio la llegada de los misioneros con ojos hostiles desde el principio. Es cierto que la empresa mercantil no podía hacer nada públicamente contra la misión establecida por orden expresa del rey, pero intentaron frenarla y hacerla ineficaz. En consecuencia, dieron instrucciones secretas al comandante de Trankebar, Hassius, quien demostró ser un dócil instrumento. Siempre que los misioneros tenían un asunto que les preocupaba, cuya solución esperaban de él, confiando en las órdenes reales, el comandante mostraba la mayor desgana en recibirlos, ocurriendo lo contrario de lo que los misioneros hubieran deseado. Trató de hacer la vida lo más amarga posible a los misioneros, llegándolos a maltratar de palabra y de hecho. Esta persecución alcanzó su punto culminante cuando Ziegenbalg, quien con intrépida sinceridad había defendido a una mujer cristiana tamil frente a un funcionario sin escrúpulos de la compañía danesa, fue encarcelado como rebelde. A nadie se le permitió visitar a Ziegenbalg e incluso le negaron tinta y papel. Se le cacheaba para comprobar que no recibía ninguna carta de contrabando. Tuvo que permanecer en prisión durante más de cuatro meses, siendo liberado sin que se pronunciara un veredicto sobre su caso. Durante años este hostigamiento fue continuado por parte del comandante, escribiendo los misioneros un documento sobre 'el informe de los obstáculos en la obra de la conversión de los gentiles'. No fue hasta que Ziegenbalg mismo fue a Europa en 1715 que se puso en marcha el remedio, siendo Hassius destituido de su cargo y tomando un comandante amigable hacia la misión, el Sr. Nits, su lugar.
La presencia de los misioneros también era una molestia para los demás europeos que residían en Trankebar; se sospechaba que eran espías que informaban sobre lo que estaban haciendo los europeos, lo que, en vista de su comportamiento vicioso, no podía serles muy favorable. Desafortunadamente, dos predicadores protestantes daneses también se pusieron del lado de sus enemigos, pronunciando un acalorado sermón contra ellos en el que ridiculizaban a los misioneros como falsos profetas y falsos espíritus. El sacerdote católico P. Guevara, que consideraba el trabajo entre los tamiles como su dominio, vio en los misioneros evangélicos a intrusos en su esfera de interés, creyendo que debía combatirlos con todos los medios de intriga. Entonces los misioneros tenían muchos enemigos y pocos amigos. Sus amigos estaban en Europa y no sabían nada de ellos. Dadas las defectuosas condiciones del tráfico en ese tiempo, a menudo se necesitaban años para que un barco llegara a la India y trajera las cartas y los fondos necesarios para realizar la tarea, siendo un terrible golpe cuando el primer gran envío de dinero de 2.000 táleros cayó al agua por culpa del borracho capitán y se perdió. Además, también hubo sufrimiento añadidos porque de los tres misioneros recién enviados en 1708, uno se puso del lado de sus enemigos. Fue una convivencia muy incómoda llena de pequeños roces y disputas diarias. Los misioneros dieron un suspiro de alivio cuando este falso hermano los dejó después de tres años.
Ese fue el difícil comienzo de la misión. Evidentemente, todos estos obstáculos serían la piedra de toque con la que se determinaría si la obra era aprobada o no. Ziegenbalg pasó la prueba. No se cansó ni agotó y por su constancia estableció firmemente la misión, tanto en el país pagano como en su país de origen.

También se hizo cada vez más claro para Ziegenbalg que los pocos misioneros europeos por sí solos no podrían convertir a las innumerables masas de paganos, por lo que era necesaria la participación de los cristianos nativos para este propósito. Entonces, cuando regresó a Trankebar en 1716 de su viaje a Europa, en el que fue nombrado director de la misión por el rey de Dinamarca, comenzó a formar maestros nativos fundando un pequeño seminario. Sería una de las tareas de su vida. Si se toma en cuenta el trabajo diario, ir a los paganos y proclamar el evangelio, los cultos del domingo y semanales, la instrucción de los catecúmenos solicitantes del bautismo, la educación adicional de los jóvenes cristianos, asombra todo lo que hizo Ziegenbalg, a pesar de la persistente debilidad de su cuerpo y el clima de la India. Pero lo más doloroso para él fue cuando el Mission College de Copenhague criticó su tarea, que había realizado con devoción toda su vida. Esa institución pensaba que los misioneros se estaban involucrando demasiado en asuntos extraños, pues no había nada en la instrucción misionera, que el propio Señor había dado a los discípulos en 1 Entonces llamando a sus doce discípulos, Jesús les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. 2 Y los nombres de los doce apóstoles son éstos: primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés su her[…]Mateo 10, sobre la construcción de iglesias, el mantenimiento de escuelas, la traducción de la Biblia, etc. Por lo tanto, los misioneros deberían abstenerse de estas cosas. Esta injusta e incomprensible condena a la obra de su vida rompió el corazón de Ziegenbalg, quien a consecuencia cayó gravemente enfermo y murió con sólo 34 años de edad.
Los obvios frutos de su trabajo eran todavía modestos; alrededor de 250 cristianos tamiles se congregaban en la 'Iglesia de Jerusalén' como su centro en el momento de su muerte. Aquí se aplica lo siguiente: 'Uno es el que siembra y otro el que siega.' Ziegenbalg fue el sembrador que esparció la buena semilla y otros cosecharon lo que él sembró. En cualquier caso, Ziegenbalg merece un lugar de honor entre los representantes más destacados de la misión evangélica.
Bibliografía:
P. Richter, Deutsche Biographie; W. Germann, Ziegenbalg und Plütschau, Erlangen, 1868; F. Schlegelmilch, Bartholomäus Ziegenbalg, Berlín, 1902; A. Gehring, Bartholomäus Ziegenbalg, 2ª ed., Leipzig, 1907.