Historia

ZWINGLIO, HULDREICH (1484-1531)

Huldreich Zwinglio, el reformador de la Suiza alemana, nació en Wildhaus, a 25 kilómetros al sur de Saint-Gallen, en el valle de Toggenburg, el 1 de enero de 1484 y murió en Cappel, a 16 kilómetros al sur de Zurich, el 11 de octubre de 1531.

Zwinglio, por Hans Asper. Kunstmuseum Winterthur, Suiza
Zwinglio, por Hans Asper. Kunstmuseum Winterthur, Suiza

Vida y obra

Primeros años y educación.
Su nombre tiene diversas variantes: Ulric, Ulrich, Ulricus, Huldricus y Huldrych, mientras que su apellido era originalmente Zwilling (mellizo). Su padre, Ulrich Zwinglio, era el principal magistrado de la villa y su tío, Bartolomé, era sacerdote del lugar. El nombre de su madre cuando era soltera fue Margarita Meili, siendo su hermano Johannes († 1524) abad del monasterio benedictino de Fischingen, mientras que un pariente cercano, probablemente un tío suyo, era abad de San Juan, cerca de Wildhaus. Zwinglio fue el tercero de los ocho hijos de sus padres. En 1487 su tío Bartolomé se trasladó a Wesen, en el Walensee, donde fue cura y deán, recibiendo a su sobrino en su casa y mandándolo a la escuela del pueblo. Siendo amigo del nuevo saber y percibiendo la promesa que era el muchacho, determinó educarlo para la Iglesia, pero de acuerdo con las nuevas ideas lo envió a la escuela de Gregory Buenzli en la pequeña Basilea, en 1494, y en 1498 a la de Heinrich Woelfli (Lupulus) en Berna. Allí el muchacho se distinguió e hizo muchas amistades, ya que, como Lutero, era amigo de la música y de fácil compañía. Esas cualidades indujeron a los dominicos a invitarle para que viviera en su monasterio, pero cuando su padre y su tío se enteraron lo sacaron de la ciudad para que no fuera monje y lo enviaron a Viena. Durante los dos años siguientes estudió allí (1500-02) y en 1502 se matriculó en Basilea, recibiendo su licenciatura en humanidades en 1504 y su máster en humanidades en 1506, enseñando mientras tanto en la escuela de San Martín. En 1506 era cura en Glarus, donde permaneció durante diez años.

Dudas iniciales en Einsiedeln.
Siendo un estudioso, Zwinglio se entregó a sus libros, teniendo profundos y amplios fundamentos. También era evidente su capacidad como predicador, denunciando con inflamado celo los males de su tiempo, siendo el principal de ellos el enrolamiento de jóvenes suizos para guerrear en las filas papales como mercenarios, ocupación que en muchos casos resultaba en su ruina moral. Como algunas de las más importantes personas en su congregación participaban de ese negocio, su oposición despertó su animosidad poniéndole en una posición tan desagradable que estuvo agradecido al recibir una invitación para ser predicador en Einsiedeln, a unos kilómetros de Glarus y principal lugar de peregrinación en Suiza, Alemania meridional y Alsacia. Allí conoció a gran número de personas, incluyendo gente prominente, cuyo contacto le ayudó a clarificar su pensamiento sobre las ardientes cuestiones del momento.

Mapa de las principales rutas de peregrinación medieval
Mapa de las principales rutas de peregrinación medieval

Zwinglio tenía una mente cándida y su fe en la ortodoxia tradicional ya había recibido varios choques. Thomas Wyttenbach fue el primero en cuestionar la base tradicional de la enseñanza de la Iglesia en 1505-06 y un poco más tarde conoció un libro que contenía la liturgia usada en Mollis, cerca de Glarus, doscientos años antes, encontrando que la copa era administrada al bebé tras su bautismo. Otra vez, en una campaña en Italia como capellán del contingente de Glarus en el ejército papal, descubrió que la liturgia de Milán difería en muchos puntos de la usada en otras partes. La meditación en estos puntos le mostró que la Iglesia no había enseñado en absoluto las mismas verdades desde el principio, ni había observado siempre las mismas prácticas. Como otros humanistas, leyó a Erasmo, aprendiendo de él que la fuente de la doctrina era la Biblia y no la Iglesia. Cuando pudo leer el Nuevo Testamento en el original en 1516, gracias a Erasmo, bebió la verdad de la fuente misma, en lugar de las corrientes más o menos fiables de la tradición. Luego en Einsiedeln descubrió que la corrupción de la Iglesia en el clero y la teología era un tema común, aventurándose a discutir esos asuntos en el púlpito. Exaltó la Biblia por encima de la Iglesia como la guía para la verdad y a Jesucristo por encima de la Virgen María, como intercesor ante el Padre. Al hacer esto, actuaba de forma independiente a Lutero, ya que ni siquiera había oído hablar de él. Zwinglio siempre pretendió ser ignorante de lo que Lutero escribió, siendo su constante orgullo que él había comenzado la Reforma en Suiza, independientemente de Lutero. Fue una desventaja para la causa general de la Reforma que estos dos hombres no confraternizaran. Como Zwinglio no aceptó la doctrina de Lutero sobre la Cena, éste declaró que era de un espíritu diferente, desaprobando aquél algunas enseñanzas de éste.

Zwinglio, grabado de Carl Mayer
Zwinglio, grabado de Carl Mayer
Cura-predicador en Zurich; matrimonio.
No es probable que Zwinglio se viera en apuros por su doctrina en Einsiedeln; más bien incrementó su reputación, por lo que cuando la posición de predicador y cura en la catedral en Zurich quedó vacante a finales de 1518, fue candidato a ocuparla. Entonces salió a la luz un incidente que ha sido de humillación para sus amigos y fuente de triunfo para sus enemigos. Al igual que el clero a su alrededor, Zwinglio se creía absuelto de la obligación de guardar la castidad. Las caídas sexuales eran demasiado corrientes para ser consideradas objeciones en un sacerdote, pero la acusación contra él era que había seducido a la hija de una buena familia, lo que era considerado una razón válida para rechazar su candidatura. Él escribió una defensa al respecto que todavía existe. Negó la acusación de seducción, pero admitió francamente la acusación de incontinencia habitual y lo hace en un tono jocoso que muestra su concepción de la ofensa como algo liviano. El capítulo de la catedral dio por buenas estas razones y lo eligió para el cargo, siendo un hombre confesadamente libidinoso el que llegó a Zurich, al no haber entrado todavía el evangelio en su corazón. En la parroquia había una hermosa viuda, Anna Reinhard, hija de un posadero que se había casado en 1504 con Hans Meyer von Knonau, de una familia patricia de Zurich, quien había muerto en 1517. Su hijo, Gerold, estaba en la escuela latina cuando Zwinglio vino a Zurich y conoció a la madre. Cuándo se transformó la amistad en intimidad no es posible fecharlo, pero lo cierto es que desde la primavera de 1522 él y ella vivían juntos en lo que se denominaba un 'matrimonio clerical'. Tales concubinatos, aunque no tenían el mismo nivel que un matrimonio, no eran considerados un estigma, asumiéndose que sin gracia divina no era posible para un sacerdote vivir en pureza; como de hecho muy pocos lo hacían, era mejor para la moral de la comunidad que tuvieran esposas nominales. Se esperaba, y probablemente así era, que vivieran para esas mujeres y ellas para ellos. Sin embargo, cuando se formó la relación de Zwinglio y Anna Reinhard muchos sacerdotes protestantes ya se habían casado con sus amantes u otras mujeres, esperándose que Zwinglio hiciera lo mismo, al ser la cabeza del movimiento reformador en Zurich, mostrando coraje y dando un buen ejemplo. Por qué no lo hizo entonces se ha explicado por su vacilación ante tener que enfrentar complicaciones sociales y monetarias al casarse con la viuda de un patricio; finalmente, lo hizo el 2 de abril de 1524. Entre 1526 y 1530 nacieron cuatro hijos, aunque actualmente no quedan descendientes directos suyos.

Separación creciente de la Iglesia católica.
Zwinglio desempeñó su cargo de cura-predicador desde 1519 a 1522, reteniendo hasta el fin de su vida la predicación en la catedral. Su fama se esparció por toda la Suiza alemana y el sur de Alemania. Sus sermones impresos eran largos, discursivos y aburridos, aunque claros y simples en estilo, perdiéndose su viveza en el proceso de desarrollo. Al poseer una erudición patrística y bíblica fuera de lo común, una naturaleza franca, cándida e independiente y un gran deseo por hacer avanzar los intereses religiosos, políticos y sociales en su país, ganó aprobación desde el principio, no sólo como predicador sino como persona. Cuando un predicador de indulgencias llamado Bernhardin Samson apareció en el cantón (1519), Zwinglio se opuso a él, trato que recibió la aprobación de la jerarquía, pues los padres de Trento reconocerían los abusos relacionados con la proclamación de las indulgencias. Cuando la peste se desató en Zurich en 1520, Zwinglio trabajó activamente entre su pueblo, hasta el punto de quedar él mismo infectado y estar a las puertas de la muerte. Usó su posición obtenida por su devoción e independencia para hacer avanzar la Reforma, pero muy cautamente y atacando lo externo al principio. Mostraba que ayunar en Cuaresma no tenía apoyo bíblico, lo cual fue aprovechado por los que querían buenas comidas todo el año; los diezmos tenían base eclesiástica y secular, pero no bíblica, siendo su enseñanza aplaudida por los que pagaban impuestos y gemían bajo ellos. Tuvo algo que decir sobre la manera correcta de ayudar a los mendigos, que eran considerados por la gente piadosa como medios de devoción para ir al cielo. Luego vino la simplificación del breviario y los planes para una liturgia en la lengua vernácula, alterando el servicio en la administración de la Cena. Paso a paso, con el consentimiento de la magistratura de Zurich, alarmó a la jerarquía local, que apeló a Constanza, donde vivía el obispo, quien envió a la ciudad un comité de investigación que dictaminó entre el 7 y el 9 de abril de 1522 que los ciudadanos estaban satisfechos con las posiciones que Zwinglio había tomado. Era evidente que la ola de la Reforma había pasado de Alemania a Suiza.

Mapa de los lugares y fechas importantes en la vida de Zwinglio
Mapa de los lugares y fechas importantes en la vida de Zwinglio

La ruptura final.
Tras tres años predicando, Zwinglio estimó que el tiempo estaba maduro para dar un paso más allá. En consecuencia preparó sesenta y cinco tesis, muy distinttas a las noventa y cinco de Lutero, que eran sobre las indulgencias y destinadas a una audiencia universitaria, mientras que las de Zwinglio iban a una audiencia popular y cubrían todos los puntos del evangelio. De acuerdo al plan suizo de que antes de tomar medidas radicales en un cantón había que sostener un debate público, presidido por el burgomaestre, se celebró una reunión en el ayuntamiento de Zurich el 29 de enero de 1523. Toda la clerecía fue invitada, aunque no hubo debate real sino solo un diálogo entre Zwinglio y el vicario general de Constanza. La decisión de la magistratura fue que las doctrinas que Zwinglio había predicado estaban respaldadas por todos los sacerdotes del cantón. Aunque era un paso satisfactorio, solamente era un primer paso. Zwinglio quería aplicar el evangelio a los asuntos prácticos, comenzando los preparativos para una segunda discusión, que se celebraría entre el 26 y 28 de octubre de 1523, no siendo ya un debate entre la antigua Iglesia y la Reforma, ya que la tendencia se decantaba a favor de esta última. De interés especial es la parte que tomaron, entre los seguidores de Zwinglio, los radicales. Aceptaron su programa completo, pero eran partidarios de una aplicación inmediata, deseando que Zwinglio aceptara algunas de sus consecuencias lógicas, lo cual era contrario a su cauta manera de proceder. Las decisiones de la magistratura tras estas discusiones, sin embargo, eran suficientemente radicales menos para un radical, pues quitaron las imágenes y cuadros de las iglesias, hacían de la lengua vernácula el vehículo de la liturgia y despojaban a la misa de todas las adiciones que a lo largo de los siglos la habían sobrecargado. Una tercera disputa tuvo lugar el 18 y 20 de enero de 1524, siendo un desesperado intento por parte de la facción católica de frenar el movimiento que Zwinglio había puesto en marcha. Para finales de 1524 la vida eclesiástica en Zurich era muy diferente, en muchos aspectos de sus manifestaciones externas, de las de otras ciudades suizas. Los conventos fueron abolidos y la música silenciada en las iglesias, un procedimiento extraño para alguien tan amante de la música como Zwinglio y defendible sólo sobre su teoría de que la Iglesia reformada no debería practicar lo que recordara lo que la antigua Iglesia había hecho con la música. Sólo la misa quedó en pie, pero revestida de tal manera con la vida del pueblo que él dudó si destruirla antes de que el pueblo estuviera plenamente preparado para aceptar un sustituto. Finalmente, se emitió el decreto de que el miércoles de Semana Santa, 13 de abril de 1525, se administraría la Cena por primera vez de acuerdo a la liturgia de Zwinglio. Ese día, hombres y mujeres sentados en lados opuestos de la mesa que se extendía por el centro de la nave, tomaron del pan puesto en platos de madera y del vino en jarras de madera. El contraste con la antigua costumbre fue chocante para muchos, pero se aceptó la nueva forma. Con esta ruptura la Reforma en Zurich se había consumado.

Mapa de la Guerra del Campesinado
Mapa de la Guerra del Campesinado
Disturbios campesinos y anabaptistas.
Nada más haber sido establecida la Reforma hubo problemas internos que convulsionaron al Estado. Primero por los sufrimientos de los campesinos, que no obstante no supusieron el problema que fueron en Alemania, tanto porque sus demandas eran menores como porque la actitud de las autoridades, con el consejo de Zwinglio, fue más conciliadora. El otro elemento perturbador fueron los anabaptistas, que aunque no procedían de Zurich, sin embargo sí tenían entre sus filas a algunos que habían pertenecido a la congregación de Zwinglio en esa ciudad. Él les había enseñado a buscar en las Escrituras pruebas de las prácticas y doctrinas de la Iglesia, por lo que ellos le pidieron a él pruebas del bautismo de niños. Al no poder, al principio se inclinó a decir que la práctica no tenía apoyo bíblico, pero cuando ellos le presionaron para que se posicionara claramente, estalló su ira. Apeló a las afirmaciones de la Iglesia católica, lo que para un hombre tan radical en otros puntos dejaba ver una singular reticencia para aceptar la consistente enseñanza de sus amigos anabaptistas. Pero al percibir que el rechazo del bautismo infantil suponía el establecimiento de iglesias de regenerados y la exclusión de los que no hicieran una confesión pública de una experiencia de gracia y la abolición de la autoridad secular en asuntos religiosos, es cuando se opuso con todas sus fuerzas. Intentó silenciarlos mediante sermones y tratados, pero al no conseguirlo se dedicó a perseguirlos. Esta actitud se explica por su aceptación de que es necesario suprimir lo que es erróneo, incluso al coste de la vida, sobre la presunción de que es mejor que unos pocos mueran por su fe errónea a permitir que vivan y se propaguen sus errores. Esta doctrina fue aceptada por protestantes y católicos en el siglo XVI.

Conferencia en Baden.
Los años de Zwinglio desde 1524 a 1529 fueron extremadamente activos, pasándolos casi enteramente en Zurich. En Baden, un famoso balneario a veinte kilómetros al noroeste de Zurich, hubo una disputa entre los representantes católicos y protestantes desde el 21 de mayo al 8 de junio de 1526. Se pensó que era peligroso que Zwinglio acudiera porque la facción católica maquinaba su muerte, por lo que no acudió en persona pero mantuvo estrecha relación con los portavoces de Zurich, dándoles instrucción diariamente. Los debates eran tan justos como un debate puede ser, pero las cosas fueron en la dirección opuesta a como habían sucedido en Zurich, al ser los oradores y la audiencia predominantemente católica. Por supuesto, cada facción se consideró victoriosa. En 1528 Zwinglio fue a Berna, desempeñando la parte más prominente en la introducción formal de la Reforma en esa ciudad.

Conferencia de Marburgo sobre la Cena
Conferencia de Marburgo sobre la Cena
Conferencia eucarística con Lutero en Marburgo. A este periodo de la vida de Zwinglio pertenece el debate con Lutero sobre la Cena, que es uno de los grandes fracasos cuyas consecuencias llegan hasta el día de hoy. Como dijo Lutero en Marburgo, él y Zwinglio no eran del mismo espíritu. Zwinglio enseñaba que los sacramentos eran signos y símbolos de cosas santas, pero que no tenían en sí mismos poder para limpiar, de modo que la Cena es un memorial de la obra hecha por Jesucristo. En esto su pensamiento era sencillo, no habiendo cabida para la idea mística en ninguna de sus formas. Por consiguiente, el intercambio de material de lectura entre él y Lutero no sirvió para nada, salvo para enojar a Lutero. El bautismo y la Cena, que Jesús tuvo la intención de que fueran prácticas unificadoras, produjeron una división no solo entre católicos y protestantes, sino entre protestantes mismos. Entre los dirigentes protestantes que deseaban la unidad sobre este punto estaba Felipe de Hesse. Él promovió un encuentro en su castillo de Marburgo entre Zwinglio y Lutero que tuvo un buen resultado. Lutero descubrió que tenía con Zwinglio muchas cosas en común. Aunque el territorio por el que Zwinglio tenía que pasar en su camino hacia Marburgo era, con excepción de unos pocos kilómetros, amistoso hacia los protestantes, el temor de Zwinglio y sus amigos ante la posibilidad de toparse con católicos, hizo que el reformador considerara este viaje un acto de valor. Dejó Zurich furtivamente, sin permiso del gobierno y hablándole de otro destino a su esposa, pero nada le sucedió. Al pensarse poco sabio presentarle directamente a Lutero, fue presentado a Melanchthon, aunque el debate se llevó a cabo principalmente entre Lutero y Zwinglio. Ambos lados se atribuyeron la victoria y el usual intercambio de epítetos desagradables siguió al debate, que el landgrave esperaba sellar con la unión.

Mapa de los conflictos religiosos en el siglo XVI
Mapa de los conflictos religiosos en el siglo XVI

Infructuosos planes contra los Habsburgo y el papa.
Tras su regreso a Zurich, Zwinglio acometió más vigorosamente los planes para conseguir la unión de todos los protestantes y también de los Estados que no lo eran contra la casa de Habsburgo y el papa, a fin de salvar la libertad religiosa. El tiempo que dedicó a esas negociaciones tuvo que ser considerable, queriendo unirlos en una liga de entidades tan dispersas como Francia y la república de Venecia. Lo que hubiera sido de este plan si su vida hubiera sido más larga es imposible saberlo, pero en 1530 creó la Liga de Esmalcalda, de la que los luteranos se separaron y en la que Francia y Venecia no entraron. Dentro de Suiza, los planes de Zwinglio para la libertad religiosa fueron igualmente infructuosos, ya que cinco cantones: Uri, Schwyz, Unterwalden, Lucerna y Zug, rechazaron permitir la predicación de la fe reformada dentro de sus fronteras. La guerra estalló, pero en Cappel, quince kilómetros al sur de Zurich, donde los ejércitos enemigos iban a encontrarse, se arregló una paz apresurada. Los cinco cantones rechazaron ratificar el acuerdo de sus representantes, de modo que los predicadores evangélicos fueron excluidos de sus territorios. Zwinglio vio claramente que tal paz era transitoria, pero aunque deseaba que los cantones fueran obligados a mantener la promesas que habían hecho, no quería tener que obligarlos por medidas crueles que adoptaran los cantones protestantes, como impedir que los cinco cantones compraran cosas necesarias, especialmente sal, bloqueando su entrada.

Dieta de Augsburgo y obra en Zurich.
El 30 de junio de 1530 se convocó la famosa dieta de Augsburgo, a la que Zwinglio envió una breve confesión de fe e intentó, probablemente sin éxito, que el emperador la conociera. Era una confesión personal, pero es uno de los documentos más interesantes de la Reforma. En la misma expresa sobre la Cena:

'Creo que en la santa eucaristía, es decir, la cena de acción de gracias, el verdadero cuerpo de Cristo está presente mediante la contemplación de la fe; es decir, que aquellos que agradecen al Señor por la bondad otorgada a nosotros en su Hijo, reconocen que él asumió verdadera carne, que sufrió verdaderamente en la misma, que verdaderamente limpió nuestros pecados con su propia sangre; de forma que todo lo hecho por Cristo se hace presente a ellos por la contemplación de la fe. Pero que el cuerpo de Cristo en esencia y realmente, es decir, el cuerpo natural mismo, esté presente en la cena o sea masticado con nuestra boca o dientes, como los papistas y algunos que anhelan los platos de carne de Egipto afirman, no solo lo negamos, sino que firmemente mantenemos que es un error opuesto a la Palabra de Dios.'
Manifiesto de la ciudad de Zurichantes de la segunda guerra de Cappel, 1531
Manifiesto de la ciudad de Zurich
antes de la segunda guerra de Cappel, 1531
Zwinglio desempeñó un papel prominente en el protestantismo e hizo de Zurich un lugar destacado. Su obra educativa fue importante. Era un maestro nato y cuando tuvo alumnos en Glarus, algunas cartas de ellos que se han preservado muestran lo buen maestro que era. Su librito que regaló a su hijastro muestra al sabio pedagogo, por lo que cuando sus otras responsabilidades se lo permitieron, aceptó el puesto de rector de la escuela Carolinum, de la catedral en Zurich (1525), haciendo mucho para mejorar su curriculum. Pero no solo la educación reclamó su atención. Al ser el gran hombre en Zurich era consultado sobre cualquier tema, por cualquiera de los magistrados o de los ciudadanos. Su correspondencia le obligaba a trabajar duro por las noches tras los ocupados días, fluyendo de su pluma una multitud de tratados, en latín para el público más amplio y en alemán para llegar a los de su propia nación. Esos tratados fueron a veces rápidamente escritos y algunos son de poco interés actual, pero la mayoría de ellos merece la pena leerlos. Los hay polémicos, como los que intercambió con Lutero sobre la Cena; expositivos de su posición teológica en general o particular sobre ciertos puntos; prácticos, dando guía a los predicadores sobre cómo predicar el evangelio; o patrióticos, nobles proclamas contra la guerra y los mercenarios. Esos escritos muestran la amplia mentalidad de Zwinglio y fundamentan la afirmación de que si viviera hoy sería un hombre moderno en todos los aspectos.

Guerra civil y muerte de Zwinglio.
Pero su vida de empresas tan arduas estaba llegando a su fin, no por la debilidad de su capacidad física, ni porque su cerebro ya no funcionara, sino porque la lucha fratricida que temporalmente se había evitado estalló de nuevo. El 15 de mayo de 1531 los cantones que habían aceptado la Reforma se reunieron, sabiendo que los cinco cantones, que eran fuertemente católicos, habían rechazado guardar el tratado que sus representantes habían firmado el año anterior, resolviendo que si no se avenían a razones les impedirían cruzar la frontera para comprar trigo, sal, hierro, acero y otras cosas necesarias. Era una cruda medida que Zurich resistió, pero que salió aprobada. Tan pronto como el edicto se puso en ejecución, los cinco cantones se prepararon para la guerra, atacando primero a Zurich que era la ciudad que estaba a su paso al descender de las montañas. El 9 de octubre de 1531 sus tropas cruzaron la frontera de Zurich, que estaba a solo quince kilómetros de la ciudad, llegando las noticias esa misma tarde. Por extraño que parezca, no parecía haber temor de que la guerra estuviera tan cerca, por lo que no estaban preparados para ella. Fue una turba, más que un pequeño ejército de los famosos soldados suizos, la que salió apresuradamente de la ciudad. Su objetivo era Cappel, reuniéndose allí al día siguiente, viernes, 11 de octubre de 1531, con el principal ejército, en el que estaba Zwinglio vestido con una armadura, aunque él no era combatiente, si bien permaneció en el fragor de la batalla, estando allí porque era el principal pastor de Zurich. Estaba sentenciado que Zurich sería derrotada, al tener sólo dos mil setecientos hombres mal dirigidos, contra ocho mil.

Muerte de Zwinglio
Muerte de Zwinglio en Cappel
Abrumados, en poco tiempo quedaron casi aniquilados, siendo la batalla de Cappel una repetición de la de Flodden Field (9 de septiembre de 1513). Quinientos zuricheses murieron, entre ellos representantes de las familias más prominentes de la ciudad. Pero el más grande de todos los caídos fue Zwinglio. Herido primero por una flecha y golpeado luego en la cabeza por una piedra, fue muerto por un golpe de espada. Durante un intervalo no fue reconocido, pero cuando se supo que aquel cadáver era el de Zwinglio fue tratado con la mayor indignidad, porque era el autor de las regulaciones que habían originado la guerra, lo cual no era verdad, y también el dirigente de la Reforma, lo cual sí era verdad.

El cuerpo fue entregado al verdugo, que lo descuartizó como si fuera el de un traidor y lo quemó, como si fuera un hereje. La guerra acabó en un tratado que era, por supuesto, favorable a los cinco cantones, aunque no tan duro como podría esperarse. Todos los planes de Zwinglio para formar una liga de príncipes, cantones y ciudades contra el papa y el emperador y todas sus esperanzas de enviar misioneros reformados a los cantones católicos acabaron para siempre. Mucho por lo que él luchó para la práctica y la teología en la Iglesia, no le sobrevivió. La música se restauró en las iglesias (1598) y sus ideas eucarísticas fueron sustituidas entre los reformados por las de Calvino. Sin embargo, al ir siendo mejor conocido, su claridad de mente, independencia y voluntad progresista le ganaron fama creciente, situándolo al lado de Lutero como dirigente de la hueste protestante.

Sistema teológico

Teorías de Zeller y Sigwart.
Ha sido objeto de cierta controversia qué debe considerarse el elemento determinante del sistema teológico de Zwinglio. ¿Es el interés religioso del cristiano por la salvación o, más precisamente, su fe en su elección, lo que constituye el punto central de su vida religiosa, como supone E. Zeller? Y, en este caso, ¿es la doctrina de la elección, no como proposición teórica, sino como consecuencia de la conciencia de elección, lo que constituye el trasfondo último de sus convicciones religiosas, el fundamento y centro de su doctrina? O, por otro lado, ¿estableció Zwinglio como norma determinante de todas las demás proposiciones teológicas, la idea de Dios, concebida de manera determinista, la idea de la actividad absoluta y omnipresente de Dios, que es el Bien Supremo, el Ser absoluto, esencia y vida de todas las cosas? En este caso, ¿el elemento determinante del sistema es teológico (es decir, filosófico), objetivo, en resumen, un principio que podría 'mantenerse incluso sin las Escrituras', como declara C. Sigwart? Estos dos supuestos principales ponen un énfasis indebido en elementos individuales del caso, aunque son elementos característicos, y ambas teorías, por lo tanto, deben ser rechazadas decididamente.

Crítica de la teoría de Sigwart.
A la idea de Sigwart se le puede objetar que la idea de Dios, por grande que sea la consistencia con la que se emplea en la estructura doctrinal de Zwinglio, no es, sin embargo, su elemento determinante en absoluto, al menos no de una manera tal que permita la explicación de cada elemento individual, o de todo el tenor del sistema, de su tendencia radical y completamente práctica. Ciertamente, no es correcto estimar la idea de Dios de Zwinglio como una idea especulativa y a priori y designar a Pico della Mirandola como la fuente de la misma (comp. Usteri, TSK, 1885, iv. 625 ss.). Porque, por sorprendente que sea la influencia que Pico ha ejercido sobre muchas de las exposiciones teóricas de Zwinglio, no se puede encontrar en ese escritor no sólo ninguna doctrina de fe, sino, en la precisión que es tan característica de Zwinglio, ni siquiera una doctrina de la providencia y la elección. El propio Zwinglio también testifica explícitamente que fue llevado a la doctrina bastante peculiar de la elección que él enseña por las Escrituras (Werke, ed. Schuler y Schulthess, iv. 113, 8 vols., Zurich, 1828-42), lo que no es, por tanto, consecuencia de premisas especulativas. Además, es una proposición de Zwinglio que se repite con frecuencia que nos ocupamos en el conocimiento religioso no con el producto de la razón ciega natural, sino con hechos de la experiencia forjados por Dios, con la iluminación inmediata por el Espíritu de Dios (iii. 130, 152, 157, 72; i. 208, 212 y 70, a menudo).

Crítica de la teoría de Zeller.
Una vez más, el desarrollo de Zeller del sistema doctrinal de Zwinglio a partir de la conciencia de la elección no toca su centro real. Más bien, si buscamos la fuente decisiva, debemos seleccionar de manera más general la fe y la doctrina sobre la fe. La fe, que es la operación directa del Espíritu de Dios en el hombre, es en sí misma la vida real en Dios, la unidad real con él, la 'conclusión de toda religión' (iii. 540); abarca toda la relación religiosa del hombre, la actitud definida forjada en él por Dios mismo. Con ello, en consecuencia, se le da inmediatamente la certeza incondicional de la salvación; es la salvación hecha objetivamente real y 'consciente' (ii. 1, págs. 359, 283; i. 269, 277; iii. 230, etc.). En consecuencia, la conclusión a la que llega Zwinglio no puede ser: 'Soy elegido, por tanto, debo ser salvo; y sin esta elección, apoyada en el propósito eterno de Dios, mi conciencia de salvación carecería de su indudable certeza'; sino, por el contrario: 'Sé que estoy en posesión de una fe forjada por Dios y de la salvación que está involucrada en ella; por lo tanto, debo ser elegido.' El que cree 'ya está seguro de que ha sido elegido por Dios' (iv. 8); 'el que está cubierto por el escudo de la fe sabe que es elegido por Dios por el fundamento y firmeza de su fe' (iv. 122). Es una consecuencia inmediata de ello que la conciencia de la elección, que es, en todo caso, un derivado y nunca una conciencia independiente, por su mismo origen, no es tanto el objeto principal de la fe como el contenido más importante (aunque no, por supuesto, exclusivo) de la fe; y, en consecuencia, se sigue que la doctrina de la elección no puede servir propiamente como la doctrina fundamental en la que se expresa la forma original de la conciencia religiosa. Sólo después, cuando la facultad reflexiva hace de la relación un objeto de consideración (es decir, en el sistema de la doctrina), la elección llega a estar por encima y por delante de la fe; o, como dice el mismo Zeller, la doctrina de la providencia y la elección es producto de la certeza incondicional de la fe. 'Es evidente que los que creen saben que han sido elegidos; pues aquellos que creen han sido elegidos. La elección, por tanto, precede a la fe' (iv. 123-127, iii. 426). La fe es 'fruto y prenda presente de la elección, para que el que tiene fe ya sepa que ha sido elegido, lo que antes no sabía cuando aún no había llegado a la plenitud de la fe, aunque no era menos elegido ante los ojos de Dios antes que la fe le fuera dada como después' (iii. 575).

Relación directa del alma humana con Dios.
Cuando Zwinglio comenzó la Reforma, su conciencia religiosa había llegado esencialmente a resultados definidos en todas las direcciones. Rechazó las múltiples formas de intervención entre el alma y Dios que abundan en el catolicismo, esas cisternas rotas en las que no encontró agua, esa suspensión de la relación inmediata del alma con Dios, elevándose del oscurecimiento de la conciencia cristiana de Dios y siguiendo su camino a través de todos los obstáculos hacia Dios, hacia Dios mismo. En Dios está en paz y reposo, Dios es el descanso de su alma, Dios es su Uno y su Todo, Dios es el incomparable y supremo Bien, el único originador exclusivo y otorgador de la salvación; al agarrarse a Dios le es imposible dejarlo, a Dios, de quien es instrumento, entregándose sin condición. Dios es, por tanto, el verdadero objeto de la fe, porque creer no es otra cosa que confiar sólo en Dios, tener a Dios; y todo el reposo que pertenece a la fe cristiana —incluso Cristo y la redención a través de él, incluso la palabra de Dios y los medios de gracia en la Iglesia sin excepción- se encuentran en una capacidad auxiliar a la relación inmediata y exclusiva en la que el cristiano se encuentra con Dios. La entera seguridad del alma está en confiar íntimamente en Dios y esta es la fe de que todo tiene su existencia solo a través de Dios. La salvación puede basarse únicamente en Dios, en la gracia de Dios, cuyo Mediador y Fiador es Cristo, en las operaciones de la gracia divina en el hombre y para el hombre, es decir, sobre nada que sea humano, nada externo, nada finito. Toda confianza cuyo centro no es Dios, se basa en la infidelidad y es idolatría, mientras que cuanto mayor es la fe en Dios, que controla todas las cosas, mayor es Dios en el hombre, poder eterno e inmutable de todo bien. De modo que Zwinglio se expresa desde el principio en innumerables pasajes, ya sea que esté llevando a cabo una polémica contra las características del catolicismo mediante las cuales hizo de la religión algo externo, o esté desarrollando quietamente la esencia de la piedad. El cristiano, reconciliado y unido con Dios por Cristo, asido y dirigido por su Espíritu, es perfectamente consciente de su Espíritu, está perfectamente consciente de su salvación personal; y, si preguntamos cómo ha llegado a esta paz en Dios, que es casi mística, pero llena de fuerza impulsora, y si preguntamos cómo ha alcanzado este rasgo fundamental de su vida religiosa, que también controla su teología, no hay otra respuesta que esta: fue el estudio de las Sagradas Escrituras, especialmente de las epístolas de Pablo y del evangelio de Juan, o, más bien, fue el llamado de Dios por su Espíritu, lo que, por medio del estudio de las Escrituras, lo llevó a ella.

Elementos filosóficos de la teología de Zwinglio.
Zwinglio había aceptado, en parte antes y en parte en relación con el estudio de las Escrituras, una serie de otros elementos de la cultura que pertenecían tanto al paganismo clásico como a la ciencia posterior desarrollada en la Iglesia. Se había ocupado en gran medida del estoico Séneca, del determinista y antipelagiano Agustín y especialmente del moderno platónico Pico. Bajo su influencia, así como bajo esas ampliamente aceptadas ideas que acompañaron al humanismo, se había formado una teoría general del universo que es imposible definir en detalle. Es posible que las concepciones y los puntos de vista generales y la idea de partida que había obtenido de esos escritores ya hayan ejercido más o menos influencia en su concepción de las Escrituras y en la tendencia de su vida religiosa. De ahí que cuando las necesidades prácticas le llevaron gradualmente a exigir que resumiera la doctrina cristiana en un sistema conectado, como un todo orgánico, empleó para el desarrollo dogmático y la prueba de las verdades de las Escrituras los principios científicos que se habían vuelto familiares para él de otras fuentes, combinando sus diversos elementos a su manera, como es, por supuesto, siempre el caso en la formación y desarrollo de un sistema. Sus concepciones filosóficas e ideas especulativas, en la medida en que parecían ser aplicables, dieron la forma en que expuso la sustancia de su conciencia religiosa, que había sido desarrollada, en lo que respecta a sus contenidos específicos, bajo la influencia de las Escrituras. Si se objetara que, de acuerdo con esto, la formulación dogmática llegaría a mantener una relación más bien mecánica con su contenido religioso, deberíamos responder que en todas partes para Zwinglio el interés religioso imperante y la exposición teológica están cuidadosamente separados, como se verá cuando se comparen sus escritos reformadores y prácticos con su sistema. Ciertamente, entre los métodos de ver estos temas y las definiciones que le eran familiares, ha incorporado en su sistema precisamente las que más se correspondían a sus convicciones dominantes. Y aunque no ha producido un desarrollo detallado de todo el sistema, y no ha escrito 'Institutos de la religión cristiana', no obstante, ha establecido el cuerpo de la doctrina cristiana a partir de premisas propias con una secuencia lógica que es digna de todo reconocimiento. Aunque a veces es indefinido y muchas veces incompleto, ha logrado esbozar los contornos firmes de los grandes principios de la teología dentro de los cuales las tendencias divergentes de la Iglesia reformada y su desarrollo doctrinal se han movido en tiempos posteriores. Al mismo tiempo, no cabe duda de que habría dado un aspecto muy diferente a la formulación dogmática de sus concepciones doctrinales si hubiera tenido, por ejemplo, las ideas científicas más avanzadas del presente a su disposición. Si bien la sustancia religiosa de su doctrina habría variado esencialmente de la que se encuentra en sus escritos actuales en apenas un punto importante, sin duda deberíamos haber encontrado un concepto de Dios formulado con más cuidado, una antropología bastante diferente de la abstracta y dualista, una doctrina más profunda del pecado, una cristología menos mecánica y más determinada por la doctrina de Dios y de la esencia del hombre y, en general, un más satisfactorio ajuste de las antítesis entre la causalidad absoluta y la finita, entre el determinismo y la libertad, entre el espíritu y el cuerpo.

Rigidez práctica y exclusión de la especulación.
Zwinglio toma su posición teológica esencialmente de la realidad concreta de la experiencia cristiana (en la medida en que esto se refleja en su conciencia, en consecuencia de su propia vida religiosa) y en la vida real en y con Dios, en la que ha llegado a ver que reside la esencia de la religión. Él siente un interés en cada doctrina precisamente en el grado en que son la expresión de relaciones tales como parecen ser decisivas para la vida práctica de la fe que los hombres realmente experimentan. Todo, por el contrario, que no toca el presente inmediato, o lo toca remotamente, que no tiene que ver con la relación actual de Dios con el hombre y del hombre con él, que pertenece a la región de lo meramente trascendente, y, en consecuencia, no puede ser objeto de experiencia, lo coloca, incluso en la doctrina, muy lejos en el fondo. El ser de Dios como tal, Dios en su ser autoexistente, no lo perturba; las definiciones trinitarias de la doctrina eclesiástica, con la hipostización ontológica del Padre, del Hijo y del Espíritu, las cita sólo de manera formal, y ciertamente delata, mientras lo hace, una tendencia innegable al unitarismo (iii. 179, ii.1, pág.208); la doctrina de la creación, los ángeles, los milagros, el 'estado de integridad', la cuestión de la posibilidad de la Caída y el medio en que se transmite la tendencia pecaminosa de nuestra naturaleza, la intercesión y el oficio real de Cristo, el comienzo de la nueva vida en la conversión, los elementos distinguibles de la vida en el mundo venidero y la condición después del juicio final no fijan su atención. Por el contrario, el peso decisivo de la doctrina de Dios recae sobre la presencia activa de Dios en toda su creación, sobre la autocomunicación mediata de Dios con el hombre y, a través del hombre, con el mundo y, en consecuencia, sobre la providencia como la 'operación presente de Dios', la actividad absoluta de Dios como la unidad de su poder, sabiduría y bondad; mientras que en la doctrina de la provisión de la salvación y su realización, este énfasis recae sobre la impartición y la morada del Espíritu de Dios y la unión con Dios producida por él, y sobre la salvación conferida por la fe como posesión presente. Incluso la doctrina del eterno decreto de elección (en antítesis al cual nada sino el hecho obstinado lo impulsa a la afirmación de la reprobación) se emplea en el desarrollo de la conciencia religiosa concreta; apunta al establecimiento de la fe que es, sin duda, el producto de la causalidad divina, aunque esta fe no corresponde en este mundo a su ideal en ningún aspecto.

Centrado en el conocimiento cristiano y la experiencia de la santificación.
Si agregamos a esto que la religión tiene por punto central no tanto la expiación como la liberación del mal, es decir, la redención; que la importancia de Cristo se encuentra menos en su mérito que en su ejemplo, al que estamos ligados; que el principio específico de la redención se encuentra, no tanto en Cristo como en el Espíritu Santo que gobierna y guía libremente; que la fe parece ser, no tanto el órgano de la receptividad, sino en sí misma una espontaneidad, una fuerza motriz llena de Dios, y un 'poder eficaz y una actividad incansable' que exhiben su resultado en el cumplimiento de la voluntad de Dios; que la lucha por la perfección moral, por una justicia que no es meramente imputada sino real, y la batalla activa que esto exige entre la carne y el espíritu, controla la vida religiosa, incluso en el desarrollo de la doctrina, más y más desproporcionadamente, que la necesidad del perdón de los pecados y la justificación (que ya están siempre asegurados en Dios); que, junto con el evangelio, la ley también tiene su lugar como revelación para la impartición de la gracia redentora de Dios al hombre; que se reconoce que el motivo más profundo del arrepentimiento consiste en el conocimiento de la gracia de Dios que trae el evangelio; y que, finalmente, la norma ética de Cristo se aplica por igual tanto a la persona individual como a todas las organizaciones que se unen para formar la sociedad humana, podemos aventurarnos a preguntarnos si no podemos aplicar a Zwinglio, cuando nos limitamos a la sustancia esencial de su doctrina, lo que en otros lugares se ha mantenido como universalmente cierto de la teología reformada, que es, en general, esa presentación de la verdad evangélica que la describe desde el punto de vista de la conciencia cristiana, y en el más alto nivel y bajo las formas definidas de la experiencia de la santificación (M. Schneckenburger, Vergleichende Darsteung des lutherischen und reformierten Lehrbegriffs, ed. E. Güder, p. xxxvi. ss. Stuttgart, 1855).


Bibliografía:
The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge; Tim Dowley, Atlas of the European Reformations; Huldreich Zwinglis sümtliche Werke unter Mitwirkung des Zwingli-Vereins in Zürich; Huldreich Zwinglis sämtliche Werke unter Mitwirkung des Zwingli-Vereins in Zürich herausgegeben von Dr. Emil Egli, Professor an der Universität in Zürich, D. Dr. Georg Finsler, Religionslehrer am Gymnasium on Basel, und D. Dr. Walther Köhler, Professor an der Universität in Zürich; Georg Finsler, Zwingli-Bibliographie. Verzeichniss der gedruckien Schriften son und über Ulrich Zwingli, Zurich, Orell Fussli, 1897; Raget Christoffel, Huldreich Zwingli. Leben und ausgewähite Schriften, Elberfeld, 1857; Johann Caspar Moerikofer, Ulrich Zwingli nach den urkundlichen Quellen, 2 partes, Leipzig, 1869; Rudolf Stachelin, Huldreich Zwingli. Sein Leben und Wirken, nach den Quellen dargestellt, 2 volúmenes, Basilea, 1897; Samuel Macauley Jackson, Huldreich Zwingli, the Reformer of German Switzerland, Nueva York, 1901; Samuel Simpson, Life of Ulrich Zwingli, the Swiss Patriot and Reformer, Nueva York, 1902; Salomon Voegelin, M. Hulderich Zwingli's sämmtliche Schriften im Auszuge, 2 volúmenes, Zurich, 1819; August Baur, Zwinglis Theologie. Ihr Warden und ihr System, 2 volúmenes, Halle, 1885-89; Heinrich Bullinger, Reformationsgeschichte, 8 volúmenes, Frauenfeld, 1838-40; Egli, Actensammlung zur Gesehichte der Zürcher Reformation in den Jahren 1519-33, Zurich, 1879; Johann Strickler, Actensammlung zur Schweizerischen Reformationsgeschichte in den Jahren 1521-32; im Anschluss an die gleichzeitigen eidgenossischen Abschiede, 5 volúmenes, Zurich, 1878-84.