Acta sanctorum es el título con el que es conocida y apreciada una obra célebre y verdaderamente monumental de las más útiles al
catolicismo. Es un santoral enorme o colección de vidas de santos, no solamente ciertos, sino apócrifos y dudosos, escrita en excelente y castizo latín, con alto criterio y maestría, y con la crítica más concienzuda, dado el sentido católico, y con tan prolija erudición, que la vida de cada santo, a poco importante que sea, forma por sí sola un libro y a veces un tomo en folio, que es el tamaño de la obra. Comenzó esta obra monumental en 1643 el
jesuita Jan Bolland con la colaboración de
Gottfried Henschen, según aparece de la portada, por cuyo motivo generalmente ha sido conocida con el nombre de bolando y los bolandos cuando se alude a sus continuadores, aunque algunos copiando del francés los han llamado
bolandistas. La obra va ilustrada con curiosas e importantes láminas de retratos de santos, vistas de edificios, plantas y alzadas, objetos del culto, indumentaria, facsímiles en láminas aparte o grabados intercalados en el texto.
A pesar de su indudable e indiscutible mérito, no faltaron detractores para la obra, y para sus autores disgustos y acusaciones. La envidia, las emulaciones de escuela y a veces de instituto, o hijas de la ignorancia, la hicieron blanco de sus iras al ver desmentidos algunos errores históricos y biográficos y descubiertos anacronismos, supercherías, falsificaciones y aun supersticiones. Se les acusó de rigoristas, escépticos, hipercríticos, pirrónicos y rebajadores de la piedad católica. Varios institutos religiosos se declararon adversarios. El haber descubierto la falsedad de las Areopagíticas de París, les atrajo grandes enemistades, y la vida profética de San Elías en España y otros países. La obra siguió su publicación con gran regularidad desde enero a setiembre inclusive. Las vicisitudes políticas de Francia y Bélgica y la persecución y expulsiones de los jesuitas retrasaron su terminación.