Historia

ACTAS DE MÁRTIRES

Actas de mártires (Acta Martyrum) y Actas de santos (Acta Sanctorum) son colecciones de biografías dedicadas a personajes específicos, especialmente de la Iglesia antigua. El primer título se refiere particularmente a los que sufrieron la muerte por la fe y el segundo incluye más generalmente a todos los "santos", es decir, cristianos canonizados por la Iglesia católica a causa de su eminente piedad y vida santa.

Actas de mártires

Martirio de Santa Inés, de Francesco Del Cairo, c. 1634-1635. Colección Pier Luigi Pizzi, Venecia
Martirio de Santa Inés, de Francesco Del Cairo, c. 1634-1635.
Colección Pier Luigi Pizzi, Venecia
Acta Martyrum Sincera.
(Acta sive passiones martyrum; Martyrologia). Las fuentes auténticas más antiguas para la historia de los primeros mártires son los registros judiciales del Imperio romano (Acta proconsularia, præsidialia). No están preservados en su forma original, pero extractos más o menos completos constituyen el núcleo de las historias de pasión registradas por manos cristianas; son reconocidos como fundamento auténtico de esos relatos los que, hasta donde están basados en esos documentos oficiales y por tanto demostrados que pertenecen a la clase de acta martyrum sincera, están o bien escritos en forma de carta o de narrativa devocional sin carácter epistolar (passiones, gesta martyrum). La primera clase incluye los relatos más antiguos, siendo los principales la Passio Polycarpi, en una carta de la congregación de Esmirna, de la que Eusebio (Hist. eccl., IV, xv), que proporciona extractos mientras que el texto completo se transmitió en cinco manuscritos griegos; la carta de las iglesias de Lyón y Vienne a los cristianos de Asia y Frigia sobre sus sufrimientos bajo Marco Aurelio en 177 (Eusebio, Hist. eccl., V, i-iii); el informe del obispo alejandrino Dionisio al antioqueno Fabián sobre los sufrimientos de los cristianos de su iglesia durante las persecuciones bajo Decio (Eusebio, Hist. eccl., VI, xli-xlii) y ciertos informes sobre mártires y confesores norteafricanos del mismo tiempo, en la colección de epístolas de Cipriano (xx, xxi, xxii, xxvii, xxxix, xl, etc.). Las pasiones escritas en fuerza narrativa son más numerosas. Entre las más antiguas e históricamente más importantes están: Desde el siglo segundo, el Acta Justini philosophi et martyris; el Acta Carpi, Papyli, et Agathonicæ (comp. Eusebio, IV, xv, 48); la Passio sanctorum Scilitanorum del año 180; un informe del martirio en Cartago de seis cristianos numidios bajo el procónsul Vigelio Saturnino sin adiciones cristianas y el Acta Apollonii, perteneciente al tiempo de Cómodo (comp. Eusebio, V, xxi). Al tercer siglo pertenecen la Passio Perpetuæ et Felicitatis, que contiene el martirio de ciertos cristianos cartagineses, pertenecientes probablemente a la congregación de Tertuliano, el 7 de marzo de 203; el martirio de Pionio (comp. Eusebio, IV, xv, 47), el de Acatio y el de Conon, pertenecientes los tres a la época de Decio y el Acta Proconsularia que registra el juicio y ejecución de Cipriano de Cartago bajo Valeriano, el 14 de septiembre de 258. Finalmente, pertenecientes a comienzos del siglo cuarto (el tiempo de la persecución bajo Diocleciano y sus co-emperadores, 303-323), están los registros recogidos por Eusebio, que forman ahora un apéndice al libro octavo de su historia eclesiástica y tratan de los mártires palestinos de ese tiempo, así como de numerosos martirios del período, a los que se puede atribuir un valor histórico más o menos grande (tales como el Testamentum xl martyrum de Sebaste en Armenia, perteneciente al tiempo de Licinio).

Actas legendarias.
Mucho más grandes que el número de las acta martyrum sincera sive genuina es el de las historias no auténticas de mártires que contienen poco o nada de noticias contemporáneas y son de carácter esencialmente legendario. A éstas pertenecen, entre otras: Dos relatos del martirio de Ignacio de Antioquía; el Martyrium Colbertinum y el Martyrium Vaticanum; el Acta Nerei et Achillei; la Passio Felicitatis et septem filiorum; el Acta S. Cypriani et Justinæ; las leyendas de Santa Inés, Santa Cecilia, Santa Catalina, San Mauricio y otros.

Calendaria y Gesta Martyrum.
Tras el ceses de las persecuciones la memoria de los mártires se conservó principalmente en dos clases de escritos: (1) Calendaria, es decir, listas de nombres de mártires en forma de calendario con el propósito de fijar sus días memoriales para uso litúrgico de congregaciones individuales o diócesis mayores; (2) libros memoriales más detallados (gesta martyrum) con propósitos devocionales e instrucción privada, que incorporan también narrativas de pasión más largas y evitan hasta donde es posible poner juntos los meros nombres en forma de calendario estadístico. De esta segunda clase puede haber sido esa copiosa colección de material martirológico de todas las ramas de la Iglesia que Eusebio compuso en adición al tratado sobre los mártires palestinos ya mencionados (comp. sus referencias a esta colección, Hist. eccl., IV, xv, 47; V, Proem., iv, 3; también V, xxi, 5), pero su trabajo se perdió en un período antiguo (comp. Gregorio Magno, Epist., viii, 29). Gradualmente se fueron añadiendo noticias biográficas y de otro tipo a los nombres de los mártires en muchos calendaria y por tal inclusión de material hagiográfico se aproximaron al carácter de libros de lectura devocional. Este enriquecimiento de los calendaria con material no estrictamente martirológico en su naturaleza (es decir, adiciones de un carácter narrativo, no meramente nombres) comenzó en el oeste. Mientras que un calendario de la Iglesia siria desde el año 412 (edición de W. Wright, 1865) todavía muestra un carácter estrictamente martirológico, el antiguo calendario de la congregación romana del año 354 (edición de Ægidius Bucher, Amberes, 1633; T. Mommsen, en Abhandlungen der sächsischen Gesellschaft der Wissenschaften, 1850) proporciona, además de los nombres de los mártires, los de los obispos romanos (12 en número). Lo mismo es verdad del Calendarium Africanum vetus del año 500, editado por Mabillon (Vetera Analecta, iii. 398 y sig.). El martirologio de la Iglesia de Roma mencionado por Gregorio Magno en su epístola a Eulogio de Alejandría (Epist., viii, 29) consistió de elementos martirológicos y no martirológicos (especialmente papales), admitiendo incluso el antiguo calendario festivo romano. El denominado Martyrologium Hieronymianum es una revisión ampliada de este calendario romano. Su forma presente es una compilación editada hacia el año 600 en Auxerre en la Galia; pero fue previamente refundido en Italia septentrional, tal como se indica al principio en la correspondencia del supuesto autor Jerónimo con los obispos Cromacio de Aquileya y Heliodoro de Altino. Es una combinación de nombres de lugares y santos, fechas de mártires y semejantes, recogida de calendarios más antiguos locales y provinciales. El calendario siríaco ya mencionado lo usó (en una forma más ampliada) el compilador como fuente de información para el este; para el norte de África se usó un Calendarium Carthaginense (probablemente de tiempos pre-vandálicos) y para Roma, sin duda, el Martirologio romano al que se refirió Gregorio Magno. Jerónimo probablemente no contribuyó a la colección (comp. la edición crítica de la obra, edición de J. B. de Rossi y L. Duchesne, de numerosos manuscritos, en ASB, Nov., ii, 1894 y la crítica de B. Krusch en Neues Archiv für ältere deutsche Geschichtskunde, xx, 1895, 437-440). A tiempos posteriores pertenecen compilaciones similares atribuidas a Beda, a Floro Magister de Lyón (c. 840), al abad Wandelbert de Prüm (848) y a otros.

Historias de santos (Acta sive vitæ sanctorum).

Desde finales del siglo cuarto, bajo la influencia de las Vitæ patrum, diseminadas en principio desde el este pero también desde los monasterios occidentales, las biografías de santos se hicieron muy numerosas. Las biografías contenidas en la Historia monachorum de Rufino, la Historia Lausiaca de Paladio, la Historia Religiosa de Teodoreto, así como en otras obras como la Pratum spirituale de Johannes Moschus y la Vitæ patrum y Libri miraculorum de Teodoreto, proporcionaron mucho más material devocional que las historias de los mártires de siglos anteriores. Esta literatura hagiográfica, de origen monástico, tenía la ventaja de que no estaba tan expuesta a la sospecha de falsificación por herejes o incompetentes (idiotæ), como lo eran las producciones de la literatura de pasiones más antigua (cuya lectura en el servicio divino en la iglesia de Roma fue prohibida por el edicto de Gelasio I en 494). Bajo la influencia de la nueva clase de biografías de monjes y ermitaños entró también en grado cada vez mayor un elemento hagiográfico general en los relatos martirológicos del tipo antiguo, ocasionando su constante expansión.

En las iglesias orientales.
En las iglesias del este se cultivaba todavía la forma antigua de calendario estadístico de las compilaciones, reducido a material propiamente martirológico con el único fin de propósito litúrgico, especialmente en los denominados menologia, o registros mensuales, así como en las anthologia litúrgicas ("colecciones"). Pero además surgieron colecciones hagiográficas de número considerable: las menæa ordenadas en forma de calendario y divididas según los meses y otras más cortas, las condensadas synaxaria (de synaxis, "reunión religiosa") o extractos. En la Iglesia bizantina la gran colección de leyendas de Simeón Metafrastes (siglo X), que está preservada en forma muy revisada y corrupta, ejerció mucha influencia. De los editores de la literatura de martirologio y menæa de la Iglesia siria en los primeros tiempos merecen mención Stephen Evodius Assemani y posteriormente Paul Bedjan (Acta martyrum et sanctorum Syriace, 7 volúmenes, París, 1890-97); de la Iglesia ortodoxa rusa, Joseph Simonius Assemani y posteriormente J. E. Martinov (Annus ecclesiasticus Græco-Slavicus, Bruselas, 1863,—ASB, Oct., xi, 1-385) y V. Jagic (The Menæa of the Russian Church from Manuscripts of 1095-97, San Petesburgo, 1886, ruso); de la Iglesia armenia los mequitaristas, que publicaron un martirologio en dos volúmenes en Venecia en 1874 y de la Iglesia copta, H. Hyvernat (Les Actes des martyrs de l'Égypte, París, 1886 y sig.).

En la Iglesia occidental.
En la Iglesia occidental durante la Edad Media la literatura hagiográfica, críticamente considerada, empeoró. Ado de Vienne y Usuardo (ambos c. 870), el autor del Martyrologium Sangalense (c. 900); Wolfard de Herrieden (c. 910); posteriormente, especialmente Jacobo de Vorágine († 1298), autor de la denominada "Leyenda dorada" y Pedro de Natalibus († 1382), autor de Catalogus sanctorum (reimpreso a veces desde 1493), son los principales representantes de los escritores de esta literatura legendaria, de cuya excentricidad y extravagancia los humanistas y reformadores se quejaron con frecuencia. Desde finales del siglo XV se han hecho esfuerzos para publicar críticamente los textos más antiguos y genuinos. Los primeros intentos fueron: el Sanctuarium de Boninus Mombritius (Venecia, 1474; Roma, 1497); el primer (y único) volumen de Martyrum agones de Faber Stapulensis (1525) y el De probatis sanctorum historiis del cartujo Laurentius Surius († 1578; ordenado según el calendario; 6 volúmenes folio, Colonia, 1570 y sig.; 2ª edición, 7 volúmenes, 1581 y sig.). En cuanto a la abundancia de tratamiento de material y crítica de los documentos, esos primeros trabajos de los tiempos modernos fueron sobrepasados por la titánica obra hagiográfica Acta Sanctorum quotquot toto orbe coluntur, cuya publicación comenzó en Amberes en 1643. Fue concebida por el jesuita Héribert Rosweyde y tras su muerte (1629) la acometieron Jan Bolland y otros. Del nombre del primer editor es conocida como Acta Sanctorum Bollandi o Bollandistarum. Con la excepción de un período menor de 50 años, tras los disturbios de la Revolución Francesa, se continuó el trabajo de preparación y publicación. De más o menos valor son los extractos de la principal obra bolandista en colecciones como la de Alban Butler (The Lives of the Fathers, Martyrs, and Other Principal Saints, 4 volúmenes, Londres, 1756-59), su imitador francés, el abate J. F. Godescard (Vies des Pères, des martyrs et autres principaux saints, traduit librement de l'anglais d' Alban Butler, 12 volúmenes, París, 1763 y sig.) y A. Räss y N. Weiss, los sucesores alemanes de Butler y Godescard (Leben der Heiligen, 23 volúmenes, Maguncia, 1823 y sig.); también se puede hacer mención de una obra francesa posterior de Paul Guérin, Les Petits Bollandistes (7ª edición, 18 volúmenes, París, 1876). La forma léxica de la vida de los santos está tratada por el abate Pétin (Dictionnaire hagiographique, 2 volúmenes, París, 1850), J. E. Stadler y F. J. Heim (Vollständiges Heiligen lexikon, 5 volúmenes, Augsburgo, 1858 y sig.). Hay también colecciones hagiográficas dedicadas a miembros de órdenes particulares, de las cuales el Acta Sanctorum ordinis S. Benedicti de J. Mabillon y otros (9 volúmenes, París, 1668-1701) es la más importante.

Vidas inglesas de santos.
La obra mejor conocida en inglés es la de Alban Butler, ya mencionada. Está escrita en un pesado estilo del siglo XVIII. Mucho más agradable de leer es la obra de Sabine Baring-Gould, The Lives of the Saints (15 volúmenes, Londres, 1872-77; edición nuevamente ilustrada, revisada y ampliada, 16 volúmenes, 1897-98). El autor es un anglicano de la Alta Iglesia, que no está afectado por el espíritu crítico moderno. Señala en su introducción que su obra no pretende suplantar a la de Butler, estando preparada según diferentes criterios. Butler "limitó su atención a los bosquejos históricos de las vidas de los santos, rellenándolos raramente de anécdotas. Sin embargo, es el pequeño detalle de la vida del personaje lo que le da carácter y se imprime en la memoria. La gente olvidó la edad y parentela de Santa Gertrudis, pero recuerdan el ratón corriendo por su bastón." El estilo está diversificado por la introducción ocasional de traducciones y relatos de otros escritores. El Sanctorale Catholicum, or Book of Saints, de Robert Owen (Londres, 1880), es un volumen en octavo de 516 páginas, provisto de notas críticas, exegéticas e históricas. Saints in Christian Art (3 volúmenes, Londres, 1901-04), de Arthur George Bell (de soltera Nancy Meugens, conocida también por el nom de plume de "N. d'Anvers"), contiene bosquejos de las vidas de los santos tratadas, escrito con poca discriminación sobre las fuentes y en un espíritu crédulo y poco crítico. The Saints and Servants of God es una serie de biografías, originales y traducidas, editado por Frederick William Faber y continuado por la Congregación de San Felipe Neri (42 volúmenes, Londres, 1847-56). Una segunda serie se comenzó en 1873, en la que la mayor parte de las biografías son traducciones de las redactadas para el proceso de beatificación o canonización. Otra serie, consistente de volúmenes sueltos de las biografías de varios santos, preparados especialmente por escritores modernos, se publicó con traducción inglesa autorizada bajo los auspicios de Henri Joly de los volúmenes originales (franceses) y del padre George Tyrrell, S.J., para las traducciones (París y Londres, 1898 y sig.).

Hay varias obras que están dedicadas a los santos de las islas Británicas. En cuanto a las obras de este carácter, Baring-Gould señala (Introducción, i, páginas xxix-xxx, edición de 1897): "Con respecto a Inglaterra hay un Martirologio, Canterbury, escrito en el siglo XIII y que ahora está en el Museo Británico; también un Martirologio escrito entre 1220 y 1224 del sudoeste de Inglaterra, también en el Museo Británico. Un Martirologio sajón, incompleto, está entre los manuscritos Harleian en el mismo museo; procede del siglo XIV. Hay una transcripción entre los manuscritos Sloane de un Martirologio de origen inglés septentrional, pero también está incompleto. Hay otros posteriores de menor valor. El más interesante es el Martirologio en Englysshe after the use of the churche of Salisbury, impreso por Wykyn de Worde en 1526, reimpreso por la Henry Bradshaw Society en 1893. A estos Martirologios se debe añadir la Legenda de John de Tynemouth, 1350; la de Capgrave, 1450, su Nova legenda, impresa en 1516; el Martirologio de Whitford, 1526; el de Wilson, 1ª edición, 1608, 2ª edición, 1640 y el Memorial of Ancient British Piety del obispo Challoner, 1761."

También se pueden mencionar Britannia Sancta, or the Lives of the Most Celebrated British, English, Scottish, and Irish Saints del obispo Challoner (2 partes, Londres, 1745); The Saints and Missionaries of the Anglo-Saxon Era, de D. C. O. Adams (2 series, Oxford, 1897-1901), es una colección de vidas breve y popular que llega hasta la reina Margarita de Escocia († 1093). A Menology of England and Wales, compilado por Richard Stanton, sacerdote del oratorio (Londres, 1887; suplemento, 1892), es probablemente la lista más completa de nombres de santos ingleses y galeses, con breves reseñas biográficas. Es una obra erudita basada en fuentes (calendarios, martirologios, leyendas, historias, actas) muchas de las cuales eran inéditas. Se da una interpretación un tanto amplia a los términos "inglés" y "santo". The Lives of the Irish Saints, with Special Festivals, and the Commemoration of Holy Persons, de John O'Hanlon, es una obra exhaustiva, escrita en estilo florido, ordenada según el calendario y dedicando un volumen a cada mes (Dublín, 1875 y sig.). Se han editado calendarios escoceses, con breves biografías de los santos, por A. P. Forbes en su Kalendars of Scottish Saints (Edimburgo, 1874). Para Gales está la obra de W. J. Rees, Lives of the Cambro-British Saints of the Fifth and Immediate Succeeding Centuries (Llandovery, 1853); la del cardenal John Henry Newman, Lives of the English Saints (15 volúmenes, Londres, 1844-45) es más interesante para la historia del movimiento que suscitó que como una contribución a la hagiografía.


Bibliografía:
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