Historia
ADOPCIONISMO
- Sus raíces
- Elipando, obispo de Toledo
- Félix, obispo de Urgel
- Retractación de Félix
- Tendencias adopcionistas posteriores
- Explicación
Sus raíces.
Las frases en las que escritores tales como Novaciano, Hilario e Isidoro de Sevilla, habían hablado no meramente de la asunción de la naturaleza humana por el Hijo de Dios, sino también de la asunción del hombre o el eón del hombre, desembocaron, mediante una fácil transición a palabras que parecían implicar que Cristo, según su humanidad, fue adoptado por Dios, apareciendo fórmulas de esta clase con frecuencia en la antigua liturgia española. Elipando de Toledo y Félix de Urgel fueron los principales representantes de esta tendencia en España.
Elipando, obispo de Toledo.
Los obispos españoles del siglo VIII y especialmente Elipando (nacido en 718 y obispo de Toledo desde 780), usaron frases que provocaron la crítica y el rechazo primero en Asturias, luego en el vecino reino franco y finalmente en Roma. Un tal Migecio, que predicaba en una parte de España en la que dominaban los musulmanes, había expuesto una grosera doctrina de la Trinidad, enseñando que había tres personas corporales y una triple manifestación en la historia del Dios único. Contra él escribió Elipando un carta vindicando la idea ortodoxa de la inmanencia de la Trinidad, pero estableciendo al mismo tiempo una marcada distinción entre la segunda persona de la Trinidad y la naturaleza humana de Cristo. La persona del Hijo no fue la que se hizo carne, en el tiempo, de la simiente de David, sino la engendrada por el Padre antes de todos los siglos; incluso tras la encarnación, la segunda persona no es la corporal, de la cual Cristo dice: "Mi Padre es mayor que yo", sino de la que dice "Yo y el Padre somos uno." Elipando no quería hacer violencia a la enseñanza ortodoxa por esa distinción, pero si la expresión se acentuaba la naturaleza humana era una persona diferente de la persona del Verbo eterno, desapareciendo la unidad de la personalidad de Cristo. Elipando se defendió en cartas en las que usaba la expresión de que Cristo es sólo según su divinidad verdadero y real (proprius) Hijo de Dios, pero según su humanidad hijo adoptivo. La oposición a esta idea la presentó Beato, un sacerdote, y el monje Heterio de Liébana. Elipando escribió enojado al abad asturiano Fidelis, atacando enconadamente a sus oponentes, quienes vieron la carta cuando se encontraron con Fidelis en noviembre de 785, cuando la reina Adosinda tomó los hábitos. En réplica, escribieron un tratado, discursivo y mal ordenado, pero cargado de citas patrísticas, que subrayaban la unidad de la personalidad de Cristo. El conflicto se complicó por circunstancias políticas y los esfuerzos de Asturias de obtener la independencia del obispo español más poderoso. Las quejas se llevaron a Roma y Adriano I se pronunció en contra de Elipando y su ayudante, Ascarico, a quien consideró culpables de nestorianismo.
Félix, obispo de Urgel.
Se desconoce en qué periodo se enzarzó en la controversia Félix, obispo de Urgel en los Pirineos. En el sínodo de Regensburgo, en el año 792, defendió la herejía en presencia de Carlomagno, pero los obispos la rechazaron. Aunque se retractó de su doctrina, fue enviado por el emperador a Roma, donde el papa Adriano le mantuvo preso hasta que firmó una declaración ortodoxa, que a su regreso a Urgel repudió como forzada, huyendo luego a territorio musulmán. En el año 793, Alcuino, acabado de regresar de Inglaterra, escribió a Félix rogándole que abandonara la sospechosa palabra 'adopción' y trajera de vuelta a Elipando a la recta senda, continuando con su controversial tratado Adversus hæresim Felicis. Hacia ese tiempo, Elipando y los obispos españoles que pertenecían a su facción, dirigieron una carta a los obispos de la Galia, Aquitania y Asturias, e incluso a Carlomagno mismo, pidiendo una investigación justa y la restauración de Félix. Carlomagno se puso en contacto con el papa, e hizo que hubiera una nueva investigación del caso en la brillante asamblea de Francfort (794). El resultado fueron dos encíclicas separadas, una de los obispos alemanes y francos y otra del papa (representando también a los obispos de Italia central y meridional) para Elipando, exhortándole a no separarse de la autoridad de la sede apostólica y de la Iglesia universal. Se hicieron grandes esfuerzos para recuperar las provincias infectadas. Alcuino escribió repetidamente a los monjes de esa región; Leidrado, obispo de Lyón, y el abad Benito de Aniano trabajaron allí personalmente, apoyando al obispo Nefrid de Narbonne. En el año 798 Félix escribió un libro y lo envió a Alcuino, quien le replicó en la primavera siguiente con su tratado Adversus Felicem. Félix pudo regresar por ese tiempo a Urgel, y escribió entonces a Elipando. León III lo condenó decisivamente en un sínodo romano de 798 o 799. Alcuino recibió una respuesta insolente, por lo que quiso habérselas con él personalmente.
Retractación de Félix.
Leidrado convenció a Félix para que se presentara ante Carlomagno, con la promesa de una audiencia justa de los obispos. Se celebró en Aix-la-Chapelle en junio del año 799 (otros dicen que en octubre de 798). Tras una larga discusión, Félix reconoció su derrota, siendo restaurado a la comunión, aunque no a su sede, y puesto al cuidado de Leidrado. Félix entonces compuso una retractación, exhortando al clero de Urgel a seguir su ejemplo. Leidrado y Benito renovaron sus esfuerzos con tal éxito que Alcuino pudo afirmar que habían recuperado veinte mil almas. Él les apoyó con un tratado en cuatro libros contra Elipando, enorgulleciéndose de la conversión de Félix. Sin embargo, el dirigente herético parece que mantuvo calladamente sus antiguas creencias en Lyón durante el resto de su vida, e incluso las llevó hasta su últimas consecuencias, ya que Agobardo, sucesor de Leidrado, le acusó de agnoetismo, escribiendo una réplica a algunos de su escritos póstumos. En la parte musulmana de España, Elipando parece que tuvo numerosos seguidores, aunque también tuvo firmes oponentes. La creencia fue gradualmente suprimida, aunque Álvaro de Córdoba († hacia 861) encontró restos de la misma.
Tendencias adopcionistas posteriores.
Con el surgimiento de la teología escolástica, hubo una tendencia natural de la rígida dialéctica a apartarse de la cristología de Cirilo y Alcuino hacia una distinción racional entre las dos naturalezas, no tanto con el deseo de insistir en ello sino por devoción hacia la inmutabilidad de Dios. Esto provocó la acusación de nestorianismo contra Abelardo. Las explicaciones de Pedro Lombardo del sentido en el que Dios se hizo hombre iban en la misma dirección. Un defensor alemán de este aspecto de la cuestión, el obispo Eberhard de Bamberg, en el siglo XII, acusó a sus oponentes rotundamente de eutiquianismo. De hecho, los enemigos del adopcionismo, partiendo de su tesis de que Cristo es real y verdaderamente Hijo de Dios, incluso según su naturaleza humana, porque esta naturaleza se la apropió el Hijo de Dios, finalmente, con toda su intención de mantener la doctrina de la Iglesia de las dos naturalezas y las dos voluntades, hicieron una presentación bastante distinta de una persona totalmente divina que había asumido una sustancia y naturaleza humana impersonal. Realmente abandonaron la posición tomada por Cirilo, aunque él era una de sus principales autoridades. Si se busca el origen histórico de esta forma tardía de controversia cristológica, distinguiéndola de la causa inmediata, debe hallarse en la inestabilidad de mente necesariamente consecuente a los intentos de la cristología eclesiástica para reconciliar proposiciones mutuamente excluyentes.
Explicación.
El clima intelectual que desembocó directamente en esta distinción entre el Hijo de Dios y el hombre en Cristo ha sido explicado de varias maneras. Algunos lo atribuyen al islamismo inmediato, para intentar eliminar en todo lo posible las piedras de tropiezo en la doctrina de la naturaleza de Cristo; pero esto es dudoso, ya que las principales dificultades del punto de partida musulmán, la Trinidad y la idea de Dios que engendra y es engendrado, permanecen sin alterar. Otros ven en ello una supervivencia del espíritu del antiguo arrianismo alemán, lo que queda excluido por la adherencia de los adopcionistas a la enseñanza trinitaria ortodoxa. La relación obvia con el nestorianismo y la teología de la escuela de Antioquía han llevado a otros a asumir una influencia directa de los escritos de Teodoro de Mopsuestia, pero hay poca evidencia para ello como para la teoría de que aquellos a quienes Elipando llama sus "hermanos ortodoxos" en Córdoba, y a quienes Alcuino supone ser responsables de esas aberraciones, fueron una colonia de cristianos orientales de tendencias nestorianas que habían llegado a España con los árabes.
Bibliografía:
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