Historia

ÁGAPE

Ágape es la forma en español de la palabra griega agapē ('amor' pl. agapai, latín, agapæ) que se usó en la Iglesia antigua, tanto griega como latina, para describir las manifestaciones de amor fraternal definidas entre creyentes y particularmente ciertas comidas en común que tenían un carácter más o menos religioso.

Participación del pan y del pescado, en la catacumba de Priscila, siglo III. Roma
Participación del pan y del pescado,
en la catacumba de Priscila, siglo III. Roma
Forma primitiva de la celebración.
La primera mención de tales comidas se halla en Estos son escollos ocultos en vuestros ágapes, cuando banquetean con vosotros sin temor, apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados;[…]Judas 1:12 (posiblemente en sufriendo el mal como pago de su iniquidad. Cuentan por deleite andar en placeres disolutos durante el día; son manchas e inmundicias, deleitándose en sus engaños mientras banquetean con vosotros.[…]2 Pedro 2:13). La historia distintiva comienza con Tertuliano, en el pasaje (Apologeticus, xxxix): "Nuestra cena lleva un nombre que expresa exactamente lo que es; es llamada por la palabra que en griego significa 'afecto'." El ágape servía para el refrigerio de los hermanos pobres así como para la edificación general. Comenzaba y terminaba con oración y tras su conclusión se cantaban alabanzas, ya fueran de la Biblia o de composición particular. Esas reuniones estaban bajo la dirección del clero, a quien (con referencia a Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza.[…]1 Timoteo 5:17) se le daba una doble porción de alimento y bebida. Se celebraban en el tiempo de la comida principal y frecuentemente se prolongaban hasta la noche. En el periodo para el que Tertuliano da testimonio no estaban relacionadas con el sacramento de la eucaristía; él dice expresamente (De corona, iii) que el Señor instituyó el sacramento con ocasión de una comida, aunque la Iglesia no la celebra así, sino más bien antes de que amanezca. Incluso aparte de los servicios nocturnos secretos de los tiempos de la persecución y la observancia de la vigilia pascual, la eucaristía se celebró regularmente antes de cualquier comida. Notablemente esta era la norma, que se encuentra en Cipriano (Epist., lxiii. 16), establecida en el tiempo de Tertuliano, pero, lo que es decisivo para la distinción entre eucaristía y ágape, es que existía en muchas partes de la Iglesia ya en el tiempo de Justino (Apologia, i. 65, 67). El principio de que la eucaristía debería ser recibida sólo en ayuno, lo que excluye cualquier relación con una comida común precedente y especialmente con el ágape, que tiene lugar hacia la tarde, está indirectamente evidenciado por Tertuliano (Ad uxorem, ii. 5); Agustín la encontró tan universalmente reconocida, que se inclinó a referirla a una de las ordenanzas de las que Pablo habla en Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Los demás asuntos los arreglaré cuando vaya.[…]1 Corintios 11:34 y Crisóstomo estaba tan convencido de la antigüedad de la norma que supuso que la costumbre de continuarla con una comida ordinaria había prevalecido en Corinto en tiempos de Pablo. En cualquier caso, en los siglos tercero y cuarto el desarrollo del ágape se fue separando más y más de cualquier conexión con la adoración pública.

Ágape, fresco del siglo III o IV en la catacumba de Pedro y Marcelino
Ágape, fresco del siglo III o IV en la catacumba de Pedro y Marcelino
Forma final del ágape.
De las indicaciones de la Didascalia siríaca y de los libros litúrgicos egipcios así como de los cánones de los concilios de Gangra y Laodicea se puede deducir que esas fiestas y la invitación a las mismas a viudas y pobres era, en el oriente, una de las formas de benevolencia ejercidas usualmente por los miembros más ricos de la Iglesia. Se invitaba al obispo y demás clero y si aparecían se les recibía con honor especial, encargándose de la dirección de la asamblea. Esas fiestas se celebraban en tiempos irregulares y diversos lugares, algunas veces en la iglesia misma, lo que fue prohibido en el canon vigésimo octavo de Laodicea, al mismo tiempo que el quincuagésimo octavo prohibía su celebración en casas privadas. Las festividades seculares en conexión con el ágape, que originaron la condenación de los ascéticos eustacianos (contra los cuales el concilio de Gangra las defendió), hicieron que fueran consideradas más y más entre los ortodoxos incompatibles con la dignidad de la adoración divina, por lo que gradualmente se separaron enteramente de ella y acabaron por caer en desuso.

La popularidad de esas fiestas en África, en las iglesias, en las capillas de los mártires y en las tumbas de otros cristianos, se aprecia por el renovado canon de Hipona (393), que prohíbe a los clérigos comer en las iglesias, salvo para dispensar hospitalidad a los viajeros y les manda hasta donde sea posible que restrinjan al pueblo de tales comidas; lo mismo se aprecia en las descripciones de Agustín y en los grandes sufrimientos que le costó reprimir graves abusos y, con referencia a la práctica de las iglesias italianas y de casi todas las demás, suprimir el ágape enteramente.

Disociación del ágape y la eucaristía.
No está claro qué causó la disociación del ágape de la eucaristía en la primera mitad del siglo segundo. Es un malentendido de la carta de Plinio a Trajano (Epist., xcvi) suponer que al prohibirse las hetæriæ ("fraternidades") los cristianos abandonaron entonces sus fiestas vespertinas y trasladaron la eucaristía a la mañana; pero es muy probable que la constante acusación de costumbre impía que recordaba la historia de Tieste y Edipo fuera la principal razón para separar la eucaristía, que era una parte esencial de su adoración pública, de la conexión, tan fácil de ser mal interpretada, con una comida vespertina participada por ambos sexos y todas las edades. El hecho de que en un tiempo ambas estuvieron relacionadas está evidenciado no sólo por Plinio, sino hacia el mismo tiempo por la Didaché, en la cual, no importa lo que se piense sobre la relación de las oraciones eucarísticas con los actos litúrgicos acompañantes (capítulos ix-x), el comienzo del pasaje de la segunda oración (griego, meta de to emplēsthēnai) muestra que una comida plena era parte del rito referido. Tal como aquí, la palabra griega eucharistia, que desde Justino se empleaba como un término técnico para el sacramento, incluía por lo menos una comida en común, que quedó separada del sacramento tras la mitad del siglo segundo, lo mismo en Ignacio, para quien eucharistia es una designación usual de sacramento, empleando también agapē y agapan para denotar la misma observancia. Por tanto es seguro concluir que en las iglesias, desde Antioquía a Roma, con las cuales Ignacio tuvo que ver, el denominado ágape estuvo relacionado con la eucaristía, tal como Plinio muestra e el mismo tiempo para Bitinia y la Didaché para Alejandría. Lo mismo se puede decir de los dos pasajes bíblicos citados arriba, estando uno de ellos además apoyado por 17 Pero al daros estas instrucciones, no os alabo, porque no os congregáis para lo bueno, sino para lo malo. 18 Pues, en primer lugar, oigo que cuando os reunís como iglesia hay divisiones entre vosotros; y en parte lo creo. 19 Porque es necesario qu[…]1 Corintios 11:17-34. Aunque Pablo distingue tan claramente como es posible entre comer del pan y beber de la copa bendecida y la comida y bebida común (y todos comieron el mismo alimento espiritual;[…]1 Corintios 10:3; 11:23-29), muestra al mismo tiempo que en Corinto ambas cosas estaban relacionadas. Mientras que rechaza el desorden de unos bebiendo demasiado y otros viniendo hambrientos, hasta injuriar la dignidad del sacramento, establece que comer por la mera satisfacción del apetito debería tener lugar en casa y no en la asamblea de los hermanos, no estando dispuesto (tal como Así que, hermanos míos, cuando os reunáis para comer, esperaos unos a otros.[…]1 Corintios 11:33 muestra) a abolir totalmente la relación del sacramento con una comida real. Esta relación, pues, existente en las primeras décadas del siglo segundo es la base de la historia tanto para la eucaristía como para el ágape, que a partir de entonces divergirá.

El ágape o fiesta de amor lo practican actualmente los menonitas, dunkards, bautistas alemanes de tipo anglo-americano y otras organizaciones religiosas. Un intento, aunque no totalmente válido, de probar que la Cena en los tiempos apostólicos era idéntica con el ágape, es decir, que no era más que una fiesta social de amor fraternal, lo hace Norman Fox, Christ in the Daily Meal (Nueva York, 1898).