Historia
AGAPETAS
Agapetas es el nombre dado en un principio a ciertas piadosas mujeres que vivían recogidas en casa de algunos sacerdotes virtuosos, por caridad o para su dirección espiritual, viniendo a ser comensales de ellos, de donde les vino el nombre. Como los clérigos por entonces podían estar casados, esta familiaridad era menos peligrosa, y aun a veces conveniente, dada la gran austeridad de aquellos primeros tiempos. Pero pervertidas las costumbres en el siglo III, tal como las describe Cipriano, y dados muchos cristianos y aun clérigos a la molicie, vino tal institución a ser piedra de escándalo y origen de gran perversión en las costumbres del clero. Que en España había vírgenes dedicadas con votos, lo dice el canon 12 del concilio de Elvira: Virgines quæ se Deo deicacerunt si pactum perdiderint virginitatis...; por donde se ve que entre ellas a veces ocurrían debilidades. Pero es más terminante el canon 27 para lo relativo a las agapetas, pues aunque no las designa con ese nombre oriental o griego, de hecho prohibe a los clérigos tener en su compañía mujeres extrañas: Episcopus, vel quilibet alius clericum aut sororem aut filiam virginem dicatæm Deo, tantum secum habeat, extranæm nequaquam habere placuit.
Tampoco el concilio de Nicea en su texto latino les dio el nombre griego de agapetas, equivalente a comensales, sino el de subintroductas, que equivale a introductas sub tecto, como si dijéramos, acogidas en una casa. Al fin de aquel mismo siglo, a pesar de todo, continuaban otros abusos en tales términos, que de perniciosa peste calificó Jerónimo a las agapetas, llamándolas por este nombre. ¿Unde agapetarum pestis in Ecclesiam introivit?. Hubo entre los gnósticos mujeres de esta clase, que profesando en apariencia gran austeridad cometían los mayores excesos, y seducían a los jóvenes incautos de uno y otro sexo.