Agnosticismo es un término filológicamente objetable y filosóficamente innecesario, pero muy conveniente, inventado a finales del siglo XIX (1869) para designar el hábito escéptico mental, entonces prevaleciente.
La duda: ¿Podrán vivir estos huesos?, por Henry Alexander Bowler. Tate Gallery, LondresEn el diccionario de la Real Academia se define como 'Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.' Por lo tanto, es equivalente al término filosófico común escepticismo, aunque expresa el tipo de pensamiento designado por ambos conceptos más desde el punto de vista de su resultado que de su método. Es cierto que algunos han sostenido que el verdadero agnóstico no es el que duda sobre si la capacidad humana puede alcanzar el conocimiento de lo que realmente existe, específicamente sobre el conocimiento de Dios y las cosas espirituales, sino el que lo niega. Pero hay un escepticismo dogmático y no hay razón por la que no pueda ser más o menos agnosticismo titubeante. El elemento esencial en ambos es que la duda o negación descansa en la desconfianza hacia el poder de la mente humana para determinar la verdad. Se habla de varias clases de agnosticismo, difiriendo entre sí según la base de la duda o negación de la determinación de la verdad sea ontológica, psicológica generalmente, definitivamente epistemológica o lógica. Pero aunque esta discriminación pueda ser útil para clasificar los modos de presentar la misma doctrina fundamental, es engañosa si propone que la base real de la duda o la negación no es en cada caso epistemológica. Cuando se dice, por ejemplo, que Dios y las cosas espirituales son por su misma naturaleza incognoscibles, eso, por supuesto, significa que son incognoscibles a los poderes que el hombre posee; nada que existe puede ser intrínsecamente incognoscible y si así es, es sólo a causa de las limitaciones en nuestras facultades de conocimiento. Y cuando a alguien se le dice que el único problema es que el balance de la evidencia está irremediablemente equilibrado y la mente, por tanto, queda en suspenso, eso por supuesto sólo significa que las mentes de los hombres son balanzas demasiado toscas para sopesar tan delicadas materias.
Cristo y Pilato, por Nikolai Nikolaevich
El agnosticismo es, en resumen, una teoría de la naturaleza y los límites de la inteligencia humana. Es esa teoría particular que cuestiona o niega la capacidad de la inteligencia humana para adquirir un conocimiento innegable, bien en todas las esferas de la verdad o, en su aplicación religiosa, con respecto a la esfera particular de la verdad religiosa. Dado que la humanidad ha tenido conciencia universal de la certidumbre sobre un conjunto de conocimientos en los que están incluidos los pertenecientes a la verdad religiosa, más aún, que la humanidad instintivamente alcanza y capta lo que es inevitablemente considerado un conocimiento indudable, incluido el de la esfera de la verdad religiosa, el agnosticismo se convierte en esa tendencia de opinión que proclama lo que los hombres en general consideran conocimiento más o menos engañoso y por tanto más o menos nocivo. Algunas veces, en los que podemos llamar, tal vez, semi-agnósticos, esos engaños son considerados toscas aproximaciones a la verdad, dándoles un lugar de importancia en la dirección de la vida humana, bajo denominaciones tales como "verdades regulativas" (Mansel), "juicios de valor" (Ritschl) o "concepciones simbólicas" (Sabatier). Sin embargo, el agnóstico coherente debe concebirlas como un conjunto de meros autoengaños, exhortando a los hombres a limpiar sus almas de palabrería (Huxley).
En realidad, el agnosticismo empobrece y en su aplicación a la verdad religiosa seculariza y degrada la vida. Jactándose en sí mismo de una reverencia profunda peculiar por la verdad, al admitir en esa categoría sólo lo que tiene derecho a ser considerado así por superar las más exigentes pruebas, se priva a sí mismo del disfrute de esta verdad al dejar la categoría vacía, ya sea enteramente o en gran parte. Al negarse a afirmar que no hay verdad, pierde de vista lo que Bacon declara ser "el bien soberano de la naturaleza humana", esto es, "la investigación de la verdad, que es su cortejo o galanteo, el conocimiento de la verdad, que es su presencia, y la creencia en la verdad, que es su disfrute." Con el argumento de que no se puede obtener cierto conocimiento de Dios y de las cosas espirituales, se obliga al hombre a creer, pensar y actuar como si no hubiera Dios ni vida espiritual ni existencia futura. De esta manera degenera en un ateísmo práctico. Aunque se niega a declarar que no hay Dios, sin embargo, pierde todo lo que puede ser de valor y provecho en el reconocimiento de Dios.
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