Historia
ALCÁNTARA, ORDEN DE

Muerto D. Suero en un combate, le sucedió como prior otro de los fundadores, D. Gómez Fernández, que con sus caballeros acompañó a D. Fernando II en las campañas contra los moros de Extremadura y contra Alfonso Enríquez de Portugal. En 1177 el papa Alejandro III otorgó a la orden las gracias y prerrogativas a las demás análogas concedidas. Lucio III en 1183 la eximió de la jurisdicción de los diocesanos, declarando que dependía inmediatamente de Roma y por primera vez se dio en la bula el nombre de Maestre al jefe o prelado de la orden. Poco después se extendió la orden a Castilla, habiéndola donado en 1188 Alfonso VIII, por servicios que los caballeros le prestaron en la guerra con los moros, la villa de Ronda, cerca de Montalbán. Antes el maestre D. Gómez había recibido para guardarle el pueblo de Trujillo, donde fundó aquel un convento, por lo que en Castilla se conoció la orden con el nombre de Orden de Trujillo.
El segundo maestre, elegido en 1200, fue don Benito Suárez, y el tercero (1218) D. Nuño Bermúdez. Conquistada Alcántara por Alfonso IX, éste la dio a la Orden de Calatrava, la que la cedió por convenio a la del Perero que en adelante se tituló ya de Alcántara, En 1219 fue elegido cuarto maestre D. García Sánchez. El quinto, D. Arias Pérez (1223), siguió el partido de las infantas Sancha y Dulce contra D. Fernando III. Tuvieron luego sucesivamente la dignidad maestral D. Pedro Yáñez o Periáñez (1234), D. García Fernández, D. Fernán Páez (1284), D. Fernán Pérez Gallego (1292), D. Gonzalo Pérez Gallego (1298), D. Ruy Vázquez (1316), D. Suero Pérez y D. Ruy Pérez (1335); éste disgustó a Alfonso XI, y tuvo que renunciar el cargo. Le reemplazó el despensero mayor del rey D. Gonzalo Martínez de Oviedo, elegido en 1337. Entre D. Ruy y D. Gonzalo intercalan algunos historiadores dos maestres, D. Fernán López y su sobrino D. Suero López. D. Gonzalo se rebeló contra su bienhechor D. Alfonso XI, y fue mandado degollar. El 15° maestre, D. Nuño Chamizo, pereció ahogado en el cerco de Algeciras (1343). De 1343 a 1346 dirigieron la orden D. Pedro Alfonso Pantoja, y D. Pedro Yáñez de Campo. En 1346 fue elevado a la dignidad maestral D. Fernán Pérez Ponce de León, próximo pariente de Doña Leonor de Guzmán. Sucesivamente, y por imposición del rey D. Pedro, fueron maestres D. Diego Gutiérrez de Zeballos y D. Suero Martínez, que sirvió lealmente a D. Pedro. El 21º maestre, D. Gutiérrez Gómez de Toledo, murió combatiendo contra los rebeldes a D. Pedro en 1365; le sucedió D. Martín López de Córdoba, el leal caballero que después de la derrota y asesinato de D. Pedro se encerró en Carmona con las hijas de éste y fue despedazado y muerto por orden de Enrique II el fratricida. Durante el periodo de guerra civil hubo dos maestres a un tiempo: López de Córdoba y D. Pedro Muñiz de Godoy que seguía el bando de D. Enrique. Luego desempeñaron el maestrazgo D. Pedro Alfonso de Sotomayor, D. Melén Suárez, D. Ruy Díaz de la Vega, D. Diego Martínez, D. Diego Gómez Barroso, D. Gonzalo Núñez de Guzmán, que tomó parte en la batalla de Aljubarrota (1385); D. Martín Yáñez de Barbudo, que en 1394 murió desastrosamente peleando con los moros de Granada; D. Fernán Rodríguez de Villalobos; y el infante D. Sancho, hijo de D. Fernando de Antequera; mas como era de muy pocos años, administró el maestrazgo D. Juan de Sotomayor. Durante el maestrazgo nominal de D. Sancho se adoptó como distintivo de la orden la cruz verde sobre el lado izquierdo del pecho (bula de Benedicto XIII de 24 de marzo de l411). D. Juan de Sotomayor sucedió a su pupilo Sancho (1416), y fue destituido por seguir el partido de los infantes contra D. Álvaro de Luna y el rey D. Juan II. Fue nombrado mastre su sobrino D. Gutierre de Sotomayor.

El rey D. Enrique IV obtuvo del papa la administración por 10 años del maestrazgo de Alcántara, para acudir con sus rentas a las guerras contra Granada, e hizo maestre a D. Gómez de Cáceres y Solís, quien, obrando con censurable ingratitud, tomó parte en la ignominiosa ceremonia de Ávila y se adjudicó la capitanía general de Extremadura. Había pretendido el maestrazgo el hercúleo D. Alonso de Monroy, clavero de la orden, que siguió el partido del rey, hizo guerra a D. Gómez, le venció y consiguió que fuera depuesto y sustituirle por elección hecha en 1472. Francisco de Solís, sobrino de D. Gómez, aprisionó traidoramente a Monroy y se tituló maestre. Solís murió en un combate, Monroy recobró la libertad y fue confirmado en su dignidad maestral por Isabel la Católica; pero luego ésta le retiró su favor, porque convenía a sus intereses dar el maestrazgo a D. Juan de Zúñiga, hijo de los duques de Arévalo. Monroy, ofendido, se pasó al partido de los portugueses y murió nonagenario en 1511. El maestre Zúñiga y su padre el duque, como administrador de la orden, emprendieron la reforma de ésta, que bien la necesitaba a consecuencia de los disturbios y cismas anteriores. Sabido es que uno de los medios de que se valieron los Reyes Católicos para afirmar la autoridad real fue la incorporación de los maestrazgos a la corona. Cuando vacaron los de Calatrava y Santiago, se encargaron los reyes de su administración, sin nombrar nuevo maestre, y por negociaciones consiguieron que Zúñiga, 37° y último maestre de Alcántara resignase su dignidad (1494), con aprobación de Roma. Por bula de Adriano VI, de 4 de mayo de 1523, quedaron los maestrazgos incorporados definitiva y perpetuamente a la corona. Aunque había terminado, con la toma de Granada, la guerra en la península contra los musulmanes, y la orden de Alcántara, como las demás, carecía del principal objeto para que fueron instituidas, aun servía en la guerra, ya contra turcos y berberiscos, ya contra cualesquiera enemigos de España. A consecuencia de las perturbaciones en la monarquía española fue abolida en 1873, pero restablecida al año siguiente como orden puramente militar de mérito por Alfonso XII.
Bibliografía:
Rades de Andrada, Cronica de las tres Ordines y Caballerias de Santiago, Calatrava y Alcantara, Toledo, 1572; Difiniciones de la orden y cavalleria de Alcantara, Madrid, 1663; Helyot, Ordres monastiques, vi. 53-65; P. B. Gams, Kirchengeschichte von Spanien, iii. 55-56, Ratisbona, 1876.