Historia

ALEJANDRÍA, ESCUELA DE

Escuela de Alejandría es un término usado en dos sentidos diferentes:
(1) La escuela catequética que fue una institución que surgió no después de la segunda mitad del siglo segundo y duró hasta finales del cuarto, con una sucesión regular de maestros igual que las escuelas de filosofía.
(2) Por el mismo nombre también se entiende un grupo de teólogos de los siglos cuarto y quinto, siendo el más importante de ellos Cirilo de Alejandría. Estaban en oposición general a la escuela de Antioquía y fueron los progenitores del monofisismo y de la interpretación anti-nestoriana de los decretos de Calcedonia, originando de esta manera, en el orden del desarrollo intelectual, las decisiones del tercer y cuarto concilio.

Origen.
Nada cierto se sabe sobre el origen del cristianismo en Alejandría, pero es notorio que la tradición refiera la primera predicación del evangelio y la fundación de un grupo de filósofos ascetas al mismo período y prácticamente al mismo hombre, Marcos el evangelista, lo que indica que la escuela data de los primeros días del cristianismo alejandrino. A finales del siglo II emerge como institución bajo la dirección de Panteno, confirmándose la observación, generalmente verdadera, de que el cristianismo se adaptó en todas partes a las características locales. Las más antiguas escuelas gnósticas se hallaban en Egipto y la escuela más antigua en relación directa con la Iglesia (Justino, Taciano y otros tuvieron lo que puede ser llamado escuelas privadas) es la de Alejandría. Si se juzga por el periodo posterior, en el que las relaciones entre la escuela y la Iglesia, el obispo y el maestro, fueron frecuentemente tensas, la escuela creció sólo gradualmente en relación estrecha con la Iglesia; pero la Iglesia alejandrina misma muestra, en la transición del siglo segundo al tercero, un hábito de pensamiento menos estrictamente ortodoxo, que dio paso a las formas católicas establecidas sólo en el episcopado de Demetrio, bajo Caracalla y Heliogábalo.

Su desarrollo desde el helenismo y el judaísmo.
La escuela catequética tuvo sus antecedentes en el "museum" helenístico por un lado y en las escuelas judías (batte midrashot) por otro. El desarrollo del saber heleno-judaico, como se aprecia en Filón, es un paso directo al cristiano, que fue heredero suyo. Las especulaciones de los gnósticos egipcios, las escuelas de Basílides y Valentín y las de los teólogos de la Iglesia procedían de la misma fuente. Su teología es la ciencia de interpretar los documentos escritos; se extrae de los oráculos divinos por medio del método exegético-pneumático. El acceso a los más elevados secretos sólo es posible al pasar por varias antesalas, diseñadas por un lado por las diferentes disciplinas de la filosofía griega y por otro por revelaciones divinas especiales. Esta iluminación progresiva se corresponde con la constitución de la naturaleza y el organismo humano, con su largo proceso de desarrollo. Sin embargo, la senda marcada desemboca naturalmente en la apologética, del mismo modo que el estudio preparatorio, en metafísica y ética, en conocimiento y en amor divino, guía al establecimiento de un fundamento para la gnosis teológica. Todo esto ya se hizo notar en Filón y por tanto contiene la actitud esencialmente platónica hacia toda la esfera del pensamiento, el enérgico esfuerzo de superar la idea de Platón mediante la hypernoeton (ofreciendo así acceso a la religión por lo trascendental a una elevada región peculiarmente propia) y el proceso de alquimia con la Biblia por el cual se somete no sólo la gnosis más elevada, sino también, cuando se interpreta literal y moralmente, la teología de las etapas preparatorias.

Modificaciones cristianas.
La escuela cristiana no hizo cambios radicales en esta forma de enfocar las cosas, pero modificó las anteriores ideas dando a la revelación de Dios en Cristo preferencia sobre la ley del Antiguo Testamento, que puso prácticamente al mismo nivel que la filosofía griega, y aceptando la concepción paulino-juanina de la aparición de la Deidad (el Logos) sobre la tierra. El misterio de Dios descendiendo a su criatura o la deificación del espíritu creado eran ahora el pensamiento central de la teología y sirvieron para fortalecer la noción de la afinidad esencial del espíritu creado con su Creador. La cuestión fundamental de si el retorno de las almas a Dios es sólo un retorno aparente (ya que realmente todo el tiempo están en él), o si es un proceso natural estrictamente necesario, o la consecuencia histórica de un suceso histórico (la encarnación), nunca fue satisfactoriamente contestada por los maestros de la escuela catequética. Las maestros ortodoxos alejandrinos se distinguen de los heréticos por su serio intento de salvar la libertad de la criatura y por lo tanto fijar un límite entre Dios y el hombre, dejando un espacio a la historia; pero la actitud de los gnósticos cristianos, que Orígenes alaba como la más elevada, no deja lugar ni al Cristo histórico ni al Logos, no habiendo de hecho mediador en absoluto, sino que lo concibe todo existiendo en calmada y bienaventurada inmanencia, mientras que este mismo maestro, tan pronto como se situó en una de las numerosas etapas que hay entre el hombre como ser natural y el hombre como espíritu bienaventurado, se convirtió en el teólogo de la redención, expiación y mediación.

Importancia y logros.
La escuela catequética de Alejandría tiene una gran importancia tanto para la historia interna de la Iglesia como por su relación con el mundo externo. Proporcionó a la Iglesia una teología dogmática, que enseñó en exégesis científica, en el sentido entonces entendido, proporcionándole una conciencia científica; venció a la escuela herética; expuso los principales problemas de la futura teología y transformó el primitivo espíritu del ascetismo entusiasta en un ascetismo contemplativo. Respecto al mundo exterior obligó a la mente helenista a tener en cuenta el mensaje cristiano, dirigiendo el conflicto con la última fase de la filosofía griega, el neoplatonismo, y derrotó a sus enemigos con sus propias armas.

Organización.
La escuela tuvo una organización establecida bajo una sola cabeza. El contenido del curso de estudio se obtiene de la gran obra tripartita de Clemente ("Exhortación a los paganos", "Pedagogo" y "Misceláneas") y de los relatos de la enseñanza de Orígenes. Se enseñaron los principales temas de la antigua filosofía, pero la cuestión principal, a la que el curso llevaba, era al estudio de la Escritura. La escuela parece no haber tenido domicilio fijo, al menos en días de Orígenes, sino que se reunía en la casa del maestro. No había pagos fijos; los amigos ricos y las ofrendas voluntarias permitían la provisión de sus necesidades. La lista de directores es como sigue: Panteno, Clemente, Orígenes, Heraclas, Dionisio (estos dos últimos después serían obispos), Pierio (Aquiles), Teognosto, Serapión, Pedro (posterior obispo), Macario (?)... Dídimo y Rodón. Este último, maestro de Felipe de Side, emigró a Side en Panfilia hacia el año 405 y la escuela, ya perturbada por la controversia arriana y por la infructífera batalla de Teófilo con la bárbara ortodoxia monástica, se extinguió.

Desarrollo posterior.
La teología de los capadocios, especialmente de Gregorio de Nisa, es un producto de la influencia de la escuela alejandrina y en lo que respecta a esta teología, con sus ecos de la enseñanza de Orígenes como tal, nunca murió del todo, permaneciendo activa la obra de la escuela. Vivió también en el saber de Jerónimo, Rufino y Ambrosio y fue valiosa para la Iglesia occidental. Atanasio no tiene nada que ver con la escuela catequética, pero su enseñanza sobre la encarnación del Logos y su noción de las relaciones de Dios y el hombre estuvieron en contacto con un aspecto de la especulación origenista. Al trabajar con el homoousios produjo al mismo tiempo una idea de la persona de Cristo según la cual la naturaleza divina había absorbido a la humana, haciendo suya propia esta última, de modo que existe prácticamente una unidad completa de naturaleza. No desarrolló esta consecuencia del todo, habiendo muchas incertidumbres tanto en él como en los capadocios, tanto en sus discípulos como en los de Orígenes; pero su enseñanza y su actitud teológica desembocaron en lo que posteriormente se llamó monofisismo, en su forma más estricta y lógica. Esta actitud no cambió cuando la Iglesia se vio obligada a repudiar el intento de Apolinar de Laodicea de representar a Cristo como un ser en quien la Deidad tomó el lugar del alma racional humana. Al contrario, se pensó que la afirmación teórica de la completa y perfecta naturaleza humana de Cristo en oposición a Apolinar era una protección suficiente contra cualquier peligro de incurrir en la especulación libre sobre la "única naturaleza del Verbo hecho carne." Esas especulaciones estaban basadas en la noción de la posibilidad de una fusión real de las naturalezas humana y divina. Esta idea se puede contemplar en un doble aspecto, ya sea desde el punto de vista del realismo histórico (el plan divino de salvación ha producido históricamente juntas las dos naturalezas separadas), o del idealismo filosófico (el plan divino de salvación declara y aclara lo que yace ya en la naturaleza de las cosas, hasta donde la criatura intelectual está en última instancia sustancialmente unida con la Deidad). La relación de esta idea con la enseñanza posterior de la escuela es evidente; esta relación, arraigada en el platonismo, surge en la exégesis pneumática, aunque las exposiciones de Orígenes, que parecían ofender a la regla de la fe y al realismo bíblico, fueron rechazadas.

Representantes de la escuela posterior.
Los teólogos que representaron esta línea de pensamiento y que desde el comienzo del siglo quinto se encuentran en conflicto con la escuela de Antioquía, son llamados la escuela alejandrina. Después de Macario, el más importante de ellos es Cirilo, quien es conocido por sus numerosos comentarios y tratados polémicos, así como por la firme y victoriosa posición que tomó en esas controversias. Aunque puede haber dos opiniones sobre su carácter, no hay duda de la tendencia soteriológica de su teología. Logró mantener la victoria parcial que ganó en el concilio de Éfeso (431), convirtiéndola en total. Su sucesor, Dióscuro, completó la derrota total de la teología de Antioquía y en Éfeso en 449 quedó proclamada en el este la doctrina de "una naturaleza del Verbo hecho carne". En Calcedonia en 451 sobrevino la reacción, pero surgió no tanto por oposición en la mente oriental a la fórmula, sino por el despótico comportamiento de su campeón. Ciertamente lo que se adoptó en Calcedonia contradecía a la teología alejandrina, pero al ser expresamente reconocida allí la ortodoxia de Cirilo, la nueva Iglesia bizantino-romana, a pesar de su enseñanza sobre las dos naturalezas, encontró un lugar para la escuela alejandrina. En el siglo sexto Leoncio y Justiniano mostraron (segundo concilio de Constantinopla, 553) que su influencia no había muerto; al contrario, la exposición de los decretos de Calcedonia debía determinarse conforme a ella. Ninguna diferencia fundamental apareció en la actitud del sexto concilio (Constantinopla, 680-681) y tras la controversia adopcionista la teología occidental también se hizo conscientemente alejandrina. Nunca ha sido capaz de hacer más que afirmar teóricamente la humanidad real de Cristo, o reducirla a límites muy estrechos; después de todo, es esencialmente apolinarista y docética. Consecuentemente en todas sus fases ha dejado hueco para la especulación mística sobre la relación de la Deidad y la humanidad, en la que el factor humano tiende a desaparecer y la historia a ser olvidada.


Bibliografía:
J. F. Baltus, Défense des saints pères accusez de Platonisme, París, 1711; H. E. F. Guericke, De schola quæ Alexandriæ floruit catechetica, Halle, 1824; C. F. W. Hasselbach, De schola quæ floruit catechetica, Stettin, 1824; E. R. Redepenning, Origenes, i, Bonn, 1841; J. Simon, Histoire critique de l’école d’Alexandrie, París, 1845; E. Vacherot, Histoire critique de l’école d’Alexandrie, 2 vol., Paris, 1846; C. Kingsley, Alexandria and her Schools, Cambridge, 1854; C. Bigg, Christian Platonists of Alexandria, Oxford, 1886; A. Harnack, Lehrbuch der Dogmengschichte, i., ii., Freiberg, 1894.