Inscripción de la catacumba de San Calixto. Roma
Las letras ocurren con menos frecuencia en las fuentes literarias de la antigüedad cristiana y de la Edad Media que en las inscripciones monumentales. Junto a las diversas formas del monograma de Cristo y de la cruz pertenecen a los símbolos más populares del antiguo arte cristiano, que nunca se cansa de reproducirlos en toda clase de monumentos, públicos y privados, y en todo tipo de materiales. El hecho de que con muy pocas excepciones aparezcan el Alfa y Omega, hasta donde se sabe, en esos monumentos en relación con figuras o símbolos de Cristo, nunca de Dios en abstracto o de Dios Padre, lleva a la interesante conclusión de que la exégesis popular de los citados pasajes de Apocalipsis atribuyó su significado a Cristo solo y proporciona una prueba de que los creadores de esos monumentos estaban expresando indirectamente su creencia en su divinidad. Sin embargo, no se puede negar la posibilidad de que en ciertos casos hubiera motivos de naturaleza supersticiosa que les llevaran a emplear esos símbolos, pero es mucho menos fácil razonarlo con certeza de los restos monumentales que de la literatura del tiempo. El arte cristiano moderno, menos dado al simbolismo, es relativamente pobre en ejemplos en el uso de esas letras, aunque han reaparecido más abundantemente en los últimos siglos, generalmente en relación con el monograma de Cristo. Descripciones plenas y detalladas de su uso antiguo, con las fechas de su aparición en los diferentes países y la clasificación de su empleo solo, con figuras humanas o animales, o (lo que es más frecuente) con otros símbolos, se pueden hallar abundantemente en las obras arqueológicas de De Rossi, Garrucci, Hübner, Le Blant, Kraus y otros y en el Corpus inscriptionum Latinarum.