Historia

ALFA Y OMEGA

Alfa y Omega son la primera y última letra del alfabeto griego.

Alfa y Omega
Alfa y Omega
Se usan en un sentido simbólico en tres lugares en el libro de Apocalipsis. En Yo soy el Alfa y la Omega--dice el Señor Dios-- el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.[…]Apocalipsis 1:8 Dios se describe como "Alfa y Omega, el principio y fin, el que es y el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso." La expresión se usa igualmente en También me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.[…]Apocalipsis 21:6 (comp. Así dice el SEÑOR, el Rey de Israel, y su Redentor, el SEÑOR de los ejércitos: "Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios.[…]Isaías 44:6; 48:12). En 22:13 el nombre "Alfa y Omega, el principio y el fin, el primero y el último" es la designación adoptada por Cristo mismo, quien es también llamado "el primero y el último" en Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: "El primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, dice esto:[…]Apocalipsis 2:8. Si, como es evidente del contexto, esos pasajes expresan el mismo significado simbólico, el de eternidad, está claro que el uso de este nombre tiene como propósito garantizar el cumplimiento de las profecías mencionadas en los pasajes. Una larga línea de escritores antiguos y medievales discutieron los pasajes citados de Apocalipsis. Clemente de Alejandría tiene uno o más de ellos en mente cuando dice (Stromata, iv. 25): "Pues él [el Hijo] es el círculo de todos los poderes abarcados y unidos en una unidad. Por lo tanto el Logos es llamado el Alfa y Omega, de quien solo el fin procede del principio y el fin de nuevo vuelve al principio original sin ninguna ruptura." Al igual que en este pasaje también en Stromata, vi. 16 explica las profecías con referencia a Cristo solamente. Tertuliano (De monogamia, v) hace un similar uso del nombre. Ambrosio (In septem visiones, i. 8) dice que Cristo se llama a sí mismo el principio porque él es el creador de la humanidad y el autor de la salvación y el fin porque él es el fin de la ley, de la muerte, etc. Prudencio, en su himno Corde natus ex parentis, parafrasea las palabras de Apocalipsis. Los gnósticos extrajeron de las letras su característico juego místico sobre los números. El hecho de que Alfa y Omega den como valor 801 y la suma de las letras en la palabra griega para paloma (peristera) sea la misma cantidad, lo usó el gnóstico Marcos para apoyar la afirmación de que Cristo se llama a sí mismo Alfa y Omega por alusión a la venida del Espíritu en su bautismo en forma de paloma (Ireneo I. xiv. 6, xv. 1). Posteriormente, Primasio hizo un cálculo con los números en la misma forma para demostrar la identidad esencial del Espíritu Santo con el Padre y el Hijo (sobre Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.[…]Apocalipsis 22:13). Una evidencia del lugar que esas letras tuvieron en las especulaciones gnósticas está corroborada por un fragmento de pergamino y otro de papiro preservados en el museo egipcio de Berlín, usados originalmente ambos como amuletos. En el primero las letras se encuentran junto con fórmulas mágicas coptas y una cruz de San Andrés, en el segundo también hay fórmulas coptas, divididas por una cruz que termina en cada extremo en Alfa y Omega.

Inscripción de la catacumba de San Calixto. Roma
Inscripción de la catacumba de San Calixto. Roma
Las letras ocurren con menos frecuencia en las fuentes literarias de la antigüedad cristiana y de la Edad Media que en las inscripciones monumentales. Junto a las diversas formas del monograma de Cristo y de la cruz pertenecen a los símbolos más populares del antiguo arte cristiano, que nunca se cansa de reproducirlos en toda clase de monumentos, públicos y privados, y en todo tipo de materiales. El hecho de que con muy pocas excepciones aparezcan el Alfa y Omega, hasta donde se sabe, en esos monumentos en relación con figuras o símbolos de Cristo, nunca de Dios en abstracto o de Dios Padre, lleva a la interesante conclusión de que la exégesis popular de los citados pasajes de Apocalipsis atribuyó su significado a Cristo solo y proporciona una prueba de que los creadores de esos monumentos estaban expresando indirectamente su creencia en su divinidad. Sin embargo, no se puede negar la posibilidad de que en ciertos casos hubiera motivos de naturaleza supersticiosa que les llevaran a emplear esos símbolos, pero es mucho menos fácil razonarlo con certeza de los restos monumentales que de la literatura del tiempo. El arte cristiano moderno, menos dado al simbolismo, es relativamente pobre en ejemplos en el uso de esas letras, aunque han reaparecido más abundantemente en los últimos siglos, generalmente en relación con el monograma de Cristo. Descripciones plenas y detalladas de su uso antiguo, con las fechas de su aparición en los diferentes países y la clasificación de su empleo solo, con figuras humanas o animales, o (lo que es más frecuente) con otros símbolos, se pueden hallar abundantemente en las obras arqueológicas de De Rossi, Garrucci, Hübner, Le Blant, Kraus y otros y en el Corpus inscriptionum Latinarum.