Historia

ALOGOS

Alogos o alogianos es el nombre acuñado por Epifanio (Haer., li) para designar a cierto grupo al que cataloga como secta diferenciada. El relato que proporciona concuerda con el de Filastrio (Haer., lx), porque ambos dependen del Syntagma de Hipólito. Epifanio no pudo haberlos conocido ni por tradición oral ni por contacto personal; habla de ellos como de un fenómeno del pasado, en el tiempo cuando el montanismo perturbó a la Iglesia de Asia Menor, siendo incapaz de dar una respuesta a las preguntas más obvias sobre ellos. Antes de su tiempo no tuvieron nombre definido más que el de 'herejes que rechazan los escritos de Juan'. Epifanio no está seguro si rechazaban las epístolas de Juan e Hipólito se refiere solo a su crítica del evangelio y el Apocalipsis. Éste justifica el nombre 'alogos' por la afirmación de que la secta no aceptaba al Logos proclamado por Juan, pero la base que cita de ellos para su rechazo de los escritos de Juan, igual a los indicaciones de Hipólito y Filastrio, no logra respaldar la idea de su actitud crítica; de hecho, en otro lugar Epifanio se contradice a sí mismo. Su asociación consecuente de los teodocianos con los alogos es una de las imaginaciones más inconsistentes de Epifanio.

Epifanio cita varias de las afirmaciones de los alogos, como que los libros en cuestión no fueron escritos por Juan, sino por Cerinto y por tanto son indignos de ser recibidos en la Iglesia; que no concuerdan con las obras de los otros apóstoles y que el Apocalipsis es absurdo en numerosos particulares. El motivo determinante de la crítica de Epifanio no puede extraerse de sus indicaciones fragmentarias. Si el nombre alogos y la idea de que su motivación fue el rechazo de la cristología del cuarto evangelio son invenciones de Epifanio, que además no logra explicar el hostil tono de la secta hacia el Apocalipsis, es muy notorio que no solo los sitúa en relación cronológica y geográfica con los montanistas de Asia Menor, sino que también les atribuye la negación de los carismas en la Iglesia. Si en este punto, como una comparación con Ireneo (III. xi. 9) muestra, repitió confusamente los pensamientos de Hipólito, se sigue que éste halló en el pasaje de Ireneo referencias a un argumento contra los alogos, aunque el contexto de Ireneo solo permite deducir su rechazo del cuarto evangelio y no del Apocalipsis. Por tanto se puede tomar como opinión de Ireneo e Hipólito que este grupo, en su oposición a los montanistas, procuraron quitarle a éstos el apoyo que hallaban para su doctrina del Paracleto en el evangelio de Juan y para su milenarismo en el Apocalipsis. El rechazo de los escritos de Juan por los alogos es evidencia de que esos libros fueron generalmente recibidos, y su atribución a Cerinto, un contemporáneo de Juan, prueba que fueron escritos en el tiempo de Juan. Esta atribución no supone ninguna especial referencia a la auténtica enseñanza de Cerinto, quien según la confiable autoridad de Ireneo, Hipólito y el pseduo-Tertuliano (Haer., x), no tenía parecido con la del apóstol.