Historia

ANATA

Anata es el nombre de un impuesto sobre los ingresos del primer año (primicias) de un beneficio eclesiástico por un nuevo titular, pagado al obispo o al papa. La primera mención de la práctica aparece en tiempos de Honorio III († 1227). Los registros más antiguos muestran que las anatas fueron a veces un privilegio concedido al obispo durante un periodo de años y en ocasiones un derecho basado en un precedente inmemorial. Eventualmente los papas reclamaron el privilegio para ellos mismos, al principio sobre un fundamento temporal para suplir las necesidades financieras particulares. En 1305 Clemente V reclamó las primicias de todos dos beneficios vacantes en Inglaterra y en 1319 Juan XII las de los vacantes en toda la cristiandad en los siguientes dos años. El sistema nunca se aplicó de forma uniforme o efectiva en todos los territorios, siendo causa de muchas protestas. Bajo el Estatuto de las Anatas Enrique VIII reclamó las anatas inglesas para la corona. Las anatas papales cayeron en desuso con la transformación del sistema de beneficios tras el concilio de Trento (1545-63).

Desde el tiempo de Benedicto XIV (1740-58) el término se refirió a la media porción (latín media annata) del ingreso del primer año de los beneficios parroquiales, que en Italia y las islas adyacentes sirvió para contribuir a la restauración de la catedral e iglesias colegiatas de la diócesis respectiva.