Historia
ANTIOQUÍA, ESCUELA DE
De los alumnos de Luciano, Arrio, como presbítero en Alejandría, había ejercido durante algún tiempo la función de exponer las Escrituras. Del inteligente "sofista" Asterio se dice que escribió comentarios sobre los evangelios, los Salmos y la epístola a los Romanos, de los cuales sólo quedan fragmentos poco importantes. El obispo semi-arriano Eusebio de Emesa es de mayor importancia. Jerónimo testifica de la influencia de su método subjetivo sobre Diodoro y llama a Crisóstomo "seguidor de Eusebio de Emesa y Diodoro" (De vir. ill., cxix, cxxix). Hay que mencionar a Eustacio de Antioquía, no sólo por su conexión dogmática con la escuela (aunque era un estricto adherente del concilio de Nicea, llegó a la conclusión arriana de las cualidades finitas de Cristo contra la plenitud de su Deidad, por una clara distinción entre las naturalezas divina y humana en él, entre el Hijo eterno y su templo), sino todavía más por su exégesis. Su célebre tratado sobre la adivina de Endor (De Engastrimytho) es directamente opuesto al método de Orígenes. Diodoro de Tarso († 378) puede ser considerado el padre de la escuela en el sentido reducido. Crisóstomo y Teodoro de Mopsuestia estuvieron entre sus alumnos y este último se convirtió en el representante clásico de la escuela. Su teología es vigorosa y original, siendo un brote genuino de la antigua teología griega tal como fue en Orígenes, subrayando fuertemente la libertad de la voluntad contra el agustinianismo característico del pensamiento occidental. Tanto Diodoro como Teodoro, en unión con los grandes doctores de su época en cuanto a la fe nicena, combatieron no solamente el arrianismo sino el apolinarismo. En exégesis Diodoro declara que él prefiere el método histórico al alegórico y Teodoro lucha con gran energía por una verdadera exposición gramático-histórica, haciendo grandes progresos hacia la verdadera crítica bíblica.
El hermano de Teodoro, Policronio, primero monje del monasterio de San Zebinas cerca de Kyros, luego obispo de Apamea († 430), era superior a Teodoro como erudito en hebreo y siríaco. Con su comentario a Daniel, del que Mai publicó considerables fragmentos en su Nova collectio i, destaca por su estudio de la historia del período. Los principios de la escuela de Antioquía dieron sus primeros frutos en las exposiciones de Juan Crisóstomo, aunque tanto él como otro distinguido escritor próximo a él, Isidoro de Pelusio, hicieron concesiones al método alegórico o no distinguieron claramente entre tipo y alegoría. El último escritor que propiamente pertenece a la escuela es el multifacético, inteligente, entendido, pero de alguna manera oscilante, Teodoreto. A pesar de su gran dependencia y reverencia por Teodoro, no sólo comprometió el dogma, sino que en su exégesis se apartó de los principios de Teodoro, inclinándose al tradicionalismo eclesiástico y abandonando una gran parte de la conquista exegética de la escuela.
La actividad polémica de la escuela no es de menor importancia. Muchos de los antiguos herejes dejaron en la región su influencia, así como numerosos judíos y paganos, por lo que la escuela libró las batallas de la Iglesia contra ellos, en un tiempo cuando las otras provincias podían disfrutar de una gran medida de paz.