Historia
ANTITRINITARISMO
- Antitrinitarismo antiguo
- Monarquianismo y otras formas hasta la Reforma
- Antitrinitarismo en Gran Bretaña
- En Nueva Inglaterra
- Antitrinitarismo a principios del siglo XX
Antitrinitarismo antiguo.
Los primeros antitrinitarios fueron aquellos judíos que en la primera etapa de la Iglesia estaban convencidos de que Jesús era el Mesías prometido, pero, en su celo por guardar el monoteísmo, no lo podían admitir como Dios y enseñaron una cristología puramente humana. Llevaron en la historia el nombre de ebionitas. El emanacionismo de las sectas gnósticas, que florecieron por todo el siglo segundo, tendía al subordinacionismo y esta tendencia es inherente también en la especulación del Logos que dominó el pensamiento cristológico de la Iglesia durante los siglos segundo y tercero. Sin embargo, la especulación del Logos no fue conscientemente antitrinitaria; su propósito era, al contrario, construir la fe inmanente de la Iglesia en el pensamiento trinitario, y para ese fin sugirió una serie descendente de gradaciones de la Deidad, por la cual el Dios trascendente (Padre) se extendió a la creación y gobierno del mundo (Hijo y Espíritu). Sin embargo, este subordinacionismo produjo desagradables frutos a principios del siglo cuarto en la degradación arriana del Hijo al nivel de una criatura y del Espíritu Santo al de criatura de una criatura.
Monarquianismo y otras formas hasta la Reforma.
La madurez de este fruto quedó retardada por el surgimiento del primer gran movimiento conscientemente antritriniatrio en el seno de la Iglesia. Este movimiento, conocido en la historia como monarquianismo, surgió en Asia Menor y rápidamente se esparció por toda ella. En su forma más antigua enseñada por Teodoción y Artemón y en su desarrollo más elevado por Pablo de Samosata, consideró a Jesús como mero hombre. En esta forma era demasiada extraña para el entendimiento cristiano como para poder hacer demasiados progresos, por lo que fue rápidamente seguida por otra ola que se fue al otro extremo e hizo del Padre, Hijo y Espíritu simplemente tres modos del ser, manifestaciones o acciones de la única persona que hay en Dios. En esta forma fue enseñada primero por Práxeas y Noeto, hallando su expresión más plena en Sabelio, quien le ha dado su nombre. La forma más inferior es comúnmente llamada monarquianismo dinámico, la superior monarquianismo modalista o, para usar el apodo empleado por Tertuliano, patripasianismo. El monarquianismo modalista se proponía velar por la verdadera Deidad de Cristo y parecía ofrecer una solución clara y fácil para la antinomia de la unidad de Dios y la Deidad del Hijo y del Espíritu, por lo que obtuvo una diseminación rápida y a principios del siglo tercero parecía amenazar la fe de la Iglesia. Fue parcialmente en reacción a esa doctrina que los arrianos a principios del siglo cuarto subrayaron el subordinacionismo hasta el extremo de remover completamente al Hijo y al Espíritu de la categoría de la Deidad, creando de esta manera el más grande y peligroso movimiento antitrinitario que la Iglesia había conocido hasta entonces. La interacción de los factores modalista y arriano hizo que la declaración de la doctrina de la Trinidad, forjada al calor de las controversias, evitara ambos extremos, siendo la obra tan bien hecha que la Iglesia fue poco perturbada por oposición antitrinitaria durante mil años después. Es verdad que en el curso de la Edad Media las oscuras sectas dualistas y panteístas sostuvieron doctrinas antitrinitarias de Dios, pero dentro de la Iglesia misma las concepciones defectuosas de la Trinidad, que descansaban comúnmente en bases panteístas, se manifestaron más bien en tendencias teológicas que en facciones distintivas (por ejemplo, Juan Escoto Erígena; otras tendencias en Roscelino y Abelardo).


en la Galería Nacional de Retratos, Londres
A mediados del siglo XVII la organización sociniana en Raków quedó mermada, pero la influencia del tipo de pensamiento representado ha continuado hasta el día actual. De hecho, en Transilvania, la antigua organización unitaria procedente de las labores de Blandrata y David, todavía existe. Aquí y allá el antitrinitarismo surgió por medio de innovaciones más o menos encubiertas presentándose a sí misma con la etiqueta de "liberal" y pasando comúnmente por las etapas del arminianismo y arrianismo al socinianismo. Por ejemplo, en Inglaterra era observable una amplia vacilación respecto a la doctrina de la Trinidad antes de finales del siglo XVII, manifestándose no menos en el alto subordinacionismo de escritores como George Bull que en el franco arrianismo de otros como Samuel Clarke. Sin embargo, no fue hasta 1774 cuando se fundó la primera capilla unitaria conocida como tal (Theophilus Lindsey), penetrando este tipo de pensamiento rápidamente en las comunidades bajo la influencia de hombres de genio como Joseph Priestley y otros de saber como Nathaniel Lardner; antes de finales de la segunda década del siglo XIX un gran número de las congregaciones presbiterianas se declararon abiertamente unitarias. Algo similar ocurrió en Irlanda, donde tras una prolongada controversia el sínodo del Ulster quedó dividido en 1827 por esta cuestión, dirigiendo W. Bruce la facción unitaria.

un retrato de S. Gambardella, 1839.
Library of Congress, Washington, D.C.
A mediados del siglo XVIII la prevaleciente actitud de sospecha con respecto a la doctrina de la Trinidad se había trasladado a las iglesias de Nueva Inglaterra, naciendo un movimiento antitrinitario, surgido del persistente arminianismo, que desde 1815 recibió nombre de unitarismo. La controversia consecuente alcanzó su cima en 1819, fecha de la publicación del sermón de W. E. Channing en la ordenación de Jared Sparks en Baltimore, repetido virtualmente en 1833. El resultado fue un conjunto de iglesias decididamente antitrinitarias comprometidas sobre esta base general, cuyos dirigentes ejemplificaban, sobre cada posible fundamento filosófico, toda variedad de antitrinitarismo, desde el modalismo más elevado o arrianismo hasta el socinianismo más bajo.

Mientras tanto las tendencias "liberales" del moderno pensamiento teológico han producido por toda la cristiandad un gran número de maestros teológicos que, sin separarse de las iglesias trinitarias, son decididamente antitrinitarios en sus doctrinas sobre Dios. Por tanto, aunque las iglesias unitarias organizadas al principio produjeron hombres de alta calidad (por ejemplo, John James Tayler, James Martineau, James Drummond, en Inglaterra; Theodore Parker, Andrews Norton, Ezra Abbot, A. P. Peabody, F. H. Hedge, James Freeman Clarke, en América), luego no mostraron tan gran poder de crecimiento, aunque en ningún período de la historia de la Iglesia haya habido tantos maestros antitrinitarios dentro de su seno. Cada variedad de antitrinitarismo halla sus representantes entre ellos. La tendencia arriana se descubre principalmente en el alto subordinacionismo de hombres que no desean romper con la doctrina de la Trinidad (Franck, Twesten, Kahnis, Meyer, Beck, Doedes, Van Oosterzee), aunque no queda sin ejemplo un auténtico arrianismo (Hofstede de Groot). A consecuencia de las interpretaciones de Kant y sus idealistas sucesores, un gran número de teólogos desde Schleiermacher en adelante han explicado su doctrina de Dios en términos de una u otra forma de modalismo (De Wette, Hase, Nitzsch, Rothe, Biedermann, Lipsius, Pfleiderer, Kaftan), aunque a veces este modalismo es distinguiblemente sociniano, permitiendo sólo una "Trinidad de revelación" de Dios en la naturaleza (la creación), en la historia (Cristo) y en la conciencia (la Iglesia). En consonancia con la tendencia general del pensamiento moderno este antitrinitarismo es comúnmente abiertamente sociniano y reconoce sólo una Deidad monadística y sólo un Jesús humano (comp. A. B. Bruce, The Humiliation of Christ, Edimburgo, 1881, conferencia v; James Orr, The Christian View of God and the World, Edimburgo, 1903, conferencia vii, y notas). El más notorio ejemplo de este socinianismo desnudo lo proporciona A. Ritschl, pero un ejemplo no menos característico es el de W. Beyschlag, quien admite sólo una preexistencia ideal en el pensamiento de Dios para Jesucristo y afirma sobre el Espíritu Santo que la noción de que es la tercera persona divina "es una de las más desastrosas imposiciones a la Sagrada Escritura."