Historia
APÓSTOLES, CREDO DE LOS
- La forma actual no es anterior al siglo quinto
- Primeras manifestaciones
- Leyendas sobre su origen
- Texto griego del símbolo romano
- Primeras manifestaciones sobre la leyenda de su origen
- Edad del símbolo romano
- Comparación de los símbolos occidentales
- Supuesto origen en Asia Menor del símbolo romano
- Resumen
- El antiguo símbolo romano desplazado
- Interpretación del símbolo
- Cláusulas no halladas en el antiguo símbolo romano
La forma actual no es anterior al siglo quinto.
Aparte de algunos detalles el textus receptus se puede trazar con cierto grado de certeza al comienzo del siglo sexto o finales del siglo quinto. Por otro lado, se puede demostrar que antes de ese tiempo esta forma del símbolo no se usó oficialmente en ninguna iglesia, ya fuera en las interrogationes de fide o la traditio y redditio symboli; tampoco hay huellas que lo hagan retroceder antes de mediados del siglo quinto. Ya que en ninguna manera vino al oeste desde el este y en las iglesias provinciales occidentales hubo símbolos en uso que difieren grandemente del textus receptus del credo apostólico, se sigue que éste a duras penas pudo haber existido antes de mediados del siglo quinto, originándose muy probablemente hacia el año 500.
Primeras manifestaciones.
En su forma actual el credo apostólico se encuentra primero en un sermón de Cesáreo de Arlés († 542; pseudo-Agustín, 244), con el cual se pueden comparar los Sermo, 240, 241 y el símbolo en el Missale Gallicanum vetus. El predecesor inmediato del de Cesáreo y, consecuentemente, de nuestro "credo apostólico" es probablemente el símbolo de Fausto de Riez del año 460 aproximadamente, pero su reconstrucción es difícil. Por otro lado, la etapa que sucedió a la del antiguo símbolo romano en la dirección de nuestro símbolo apostólico está representada por el interesante símbolo descubierto por Bratke en el códice de Berna n. 645 sæc. vii. (SK, lxviii, 1895, 153 y sig.), que es considerado un símbolo galicano, o más bien galo-británico, perteneciente al siglo cuarto. Difiere del antiguo símbolo romano sólo por las adiciones de passus, descendit ad inferos, catholicam y vitam æternam. Esas cuatro adiciones van en la dirección de nuestro credo apostólico y al mismo tiempo demuestran que son las cuatro adiciones más antiguas, mientras que conceptus, etc. y communionem sanctorum son las últimas (pero creatorem cœli et terrœ y mortuus son también antiguas).
Leyendas sobre su origen.
Dos consideraciones van en contra de un origen romano del credo apostólico: (1) No se encuentra en Roma hasta la Edad Media, es decir, muchos siglos después de su certificación por Cesáreo de Arlés; (2) desde finales del siglo quinto o principios del sexto hasta el décimo el credo niceno-constantinopolitano en griego se usó en Roma en la traditio symboli y no el credo apostólico (Caspari, iii. 201-202, 226; ii. 114-115, note 88); un símbolo más corto estuvo en uso en Roma, pero no era idéntico con el apostólico. Con la difusión del textus receptus en Europa occidental durante el siglo sexto, la leyenda de su asombroso origen también se esparció. El hecho de que un símbolo tan tardío sea llamado desde el mismo principio "apostólico", más aún, que en lo que concierne a su origen, se trace hasta un "encuentro" (griego symbol, latín collatio) en la que los 12 apóstoles en una reunión antes de su separación habrían contribuido cada uno con una sentencia al credo, hace suponer que la historia del símbolo no comenzó a finales del siglo quinto, sino que el textus receptus fue precedido por otra forma, cuyos atributos fueron trasladados al nuevo texto y lo suplantó. Esta suposición que la misma brevedad, contenido simple y forma precisa del símbolo sugieren, está también suficientemente confirmada por la historia.
Texto griego del símbolo romano.
Las investigaciones de Ussher y más especialmente las de Caspari han hecho evidente que entre 250 y 460 se usó un símbolo en los servicios religiosos de la Iglesia romana que era grandemente estimado y al que no se le permitían adiciones; ya en el siglo cuarto se suponía que este símbolo derivaba directamente de los 12 apóstoles en la forma en la que era usado, diciéndose que había sido llevado a Roma por Pedro. Este símbolo romano, el antiguo, más corto (a distinción del apostólico, que es a veces llamado posterior, más largo, a causa de que debe su autoridad general en el oeste a Roma), existe completo en varios textos. La traducción del texto griego original sería:
"Creo en Dios Padre Todopoderoso
y en Jesucristo, su hijo Unigénito, Nuestro Señor,
nacido del Espíritu Santo y de María virgen,
que fue crucificado bajo Poncio Pilato y fue sepultado;
al tercer día se levantó de la muerte,
ascendió al cielo,
se sentó a la diestra del Padre,
de donde ha de venir a juzgar a los vivos a los muertos;
y en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia,
la remisión de pecados,
la resurrección de la carne."
La leyenda de que este símbolo fue compuesto por los apóstoles aparece ya en la Explanatio symboli de Ambrosio. El hecho de que el escritor fuera consciente de estar dividido en doce artículos, tal vez indica que ya se conocía la leyenda de que cada apóstol había contribuido con uno. Pero Rufino, que escribió más tarde, sólo conoce una composición común del símbolo romano por los apóstoles poco después de Pentecostés y antes de separarse. Él refiere esta leyenda a una traditio majoram. Indudablemente existió ya a principios del siglo cuarto. Tanto Ambrosio como Rufino testifican que las palabras de este símbolo fueron muy escrupulosamente preservadas en la Iglesia romana. El origen apostólico de este símbolo también está atestiguado por Jerónimo, por los obispos romanos Celestino I (422-431), Sixto III (431-440) y León Magno (440-461), por Vigilio de Tapso y en el Sacramentarium Gelasianum (comp. Caspari, ii. 108-109, note 78, iii. 94-95; Hahn, § 46, note 163).
Edad del símbolo romano.
El hecho de que Agustín en sus ocho exposiciones del credo siga el símbolo romano, no deja duda de que en el siglo cuarto y en la primera mitad del quinto la iglesia de Roma hizo uso extensivo en la redditio de un símbolo idéntico con el mencionado antes, no permitiendo ninguna adición al mismo. Ambrosio no fue ciertamente el único en protestar contra muchas adiciones anti-heréticas. La epístola de Marcelo a Julio muestra que entre los años 333 y 340 este símbolo era oficial incluso en Roma. Pero otros testimonios como el tratado de Novaciano De trinitate y los fragmentos de las epístolas y escritos del obispo Dionisio de Roma señalan con certeza a mediados del siglo tercero. Que el símbolo romano corto, tal como se halla en la epístola de Marcelo y en el Psalterium Æthelstani (Hahn, § 16; Caspari, iii. 161-203), era ya el predominante en la Iglesia romana hacia el año 250, no puede ponerse en duda. Pero aquí surgen una serie de preguntas, cuyas respuestas suponen investigaciones y combinaciones muy complicadas: (1) ¿Cómo se relaciona el símbolo romano corto con los símbolos occidentales que se usaban, entre 250 y 500 (o 800), en los servicios religiosos de las iglesias provinciales hasta que fueron sustituidos por el (galicano) Symbolum apostolicum y el niceno-constantinopolitano? (2) ¿Cómo se relaciona el símbolo romano corto con el más largo (es decir, el apostólico como ahora se conoce) desde el tiempo de Cesáreo y por qué fue desplazado por éste? (3) ¿Cuándo y dónde se originó el símbolo corto? (4) ¿Cómo se relaciona el símbolo romano corto con los símbolos orientales pre-constantinopolitanos? (5) ¿Cómo se relaciona el símbolo corto con las diferentes formas de reglas de fe que se conocen en los tres primeros siglos? Esas cinco preguntas se pueden separar sólo in abstracto. Una respuesta definida y separada para cada una de ellas es imposible. A continuación serán discutidas juntas, intentándose dar solo una respuesta general.
Comparación de los símbolos occidentales.
Al investigar las muy numerosas confesiones provinciales y privadas que quedan de la Iglesia occidental, pertenecientes al periodo desde los siglos cuarto al sexto (séptimo) (comp. Hahn, 20-45; Caspari, ii, iii; Kattenbusch, 59-215, 392 y sig.) se pueden hacer seis importantes observaciones: (1) En la elección y arreglo de las partes simples de las confesiones todas muestran el mismo tipo fundamental que el símbolo romano corto. (2) Cuanto más corto es un símbolo occidental, más se acerca al símbolo romano corto. Los símbolos más cortos de las iglesias provinciales del oeste, si no todos, son idénticos con él. (3) Cuanto más largo es un símbolo occidental más se aparta por adiciones (apenas por omisiones) del corto. Esas adiciones no son de naturaleza directamente polémica, sino que han de ser consideradas complementos y extensiones para la necesaria elucidación. Tales adiciones en ninguna manera alteran el carácter fundamental del símbolo, ya que no son de naturaleza dogmática especulativa. (4) La mayoría de las adiciones que los símbolos occidentales muestran se pueden considerar una especie de paso intermedio entre el símbolo romano corto y el largo. Sin embargo, esta consideración no es tan importante como que durante los siglos tercero y cuarto las grandes iglesias provinciales del oeste produjeron diferentes tipos. Se pueden distinguir cuatro tipos: italiano, africano, galicano (incluyendo el irlandés) y español. En cuanto al tipo galicano, que se aprecia en nuestro apostólico, se caracteriza por adiciones históricas que se hallan en las formas de fe o símbolos orientales (por ejemplo "creador de cielos y tierra", "sufrió", "murió", "descendió a los infiernos", "católica"). En su forma final el tipo galicano no es en ningún aspecto el más rico o largo de los símbolos occidentales, pero lo es en cuanto a su contenido histórico. En este importante aspecto la forma final del tipo galicano ha preservado completamente las características distintivas del antiguo símbolo romano. Muestra el mismo estilo breve y severo y, sin embargo, también preserva toda la importancia de las características históricas asociadas al Symbolum Romanum en el curso de su historia. El galicano apostólico también muestra la misma elaboración clásica y tendencia ecuménica como en su copia romana. (5) Cuanto menos fue influenciada cualquier iglesia por la romana, más difiere su símbolo del corto romano. Los símbolos de la Iglesia galicana difieren relativamente mucho del mismo. (6) Al reducir todos los símbolos occidentales a un arquetipo, sin estimar las diferencias, se obtiene el símbolo romano corto sin dificultad. De esas observaciones se puede deducir con certeza (a) que el símbolo romano corto fue la fuente de todas las confesiones occidentales de fe; (b) que el símbolo romano largo prácticamente procede del otro, aunque no en Roma, y como resultado ha recibido también los mismos atributos, que originalmente pertenecieron al símbolo corto.
También se justifica la suposición de que el símbolo romano corto debe haber existido ya antes de mediados del siglo tercero, de otra manera no se puede explicar (comp. Cipriano en Hahn, §§ 28, 29) el hecho de que todas las iglesias occidentales originalmente usaran este mismo símbolo y que, por ejemplo, la Iglesia africana ya había desarrollado antes del año 250 su especial tipo sobre la base del Symbolum vetus Romanum. El símbolo romano por tanto debe haberse originado al menos hacia el año 300, lo cual se demuestra por los escritos de Tertuliano, así como por una comparación del símbolo romano corto con los símbolos orientales, que son ricos en adiciones, introducciones, comentarios dogmáticos, etc., además de omisiones. El credo niceno-constantinopolitano puso fin a este estado fluctuante de la confesión y desde 430 sustituyó a las otras confesiones orientales, permaneciendo hasta el día de hoy el credo constantinopolitano como símbolo de la Iglesia ortodoxa.
Supuesto origen en Asia Menor del símbolo romano.
Considerando el estado de los asuntos que se dieron en el este hasta mediados del siglo quinto, es difícil caracterizar el tipo fundamental de los símbolos orientales. Pero, a pesar de las muchas diferencias, existe una cierta afinidad con el símbolo romano corto, cuya aceptación se vio impedida por (1) la circunstancia de que la sección cristológica del símbolo entró en conflicto con un tipo cristológico ya establecido; (2) por el deseo de dar plena expresión a una cristología "alta" en el credo. No fue hasta el tiempo de la controversia arriana que se comenzaron a elaborar símbolos fijos en el este. De un examen de las Reglas de fe y los fragmentos de esas Reglas y fórmulas, que son ahora familiares por pertenecer a la parte oriental de la Iglesia desde mediados del siglo primero hasta mediados del tercero, eruditos como Caspari, Zahn, Loofs y otros han deducido que debe haber existido un símbolo oriental o, para ser más preciso, un símbolo de Asia Menor, con el que el antiguo símbolo romano estuvo relacionado como hijo o hermano. La suposición descansa principalmente, si no exclusivamente, en que se encuentra en Clemente de Alejandría, Ireneo, Justino e Ignacio; y la deducción extraída es que en el este existió en el siglo segundo un símbolo fijo, o, más bien, muchos símbolos, relacionados con el símbolo romano pero independientes del mismo. Como mucho el símbolo romano es contemporáneo con el asiático o sirio; más probablemente es posterior. Harnack, que primero compartió esta idea, luego fue de la opinión de que el hecho de que las sentencias parezcan ser ecos del símbolo, o concuerden con el mismo, no es garantía de que deriven de un símbolo. Antes de que existiera cualquier símbolo Dios era "Todopoderoso", Jesucristo fue llamado "Hijo unigénito, Nuestro Señor", fue declarado "engendrado del Espíritu Santo, nacido de María virgen", que "sufrió bajo Poncio Pilato" y que vendrá para "juzgar a los vivos y a los muertos." Sin seguir el argumento en refutación de los testimonios derivados de los Padres antiguos en detalle, se puede señalar que aunque se admite hasta cierto punto la existencia de una forma primitiva típica oriental, sin embargo se insiste que la gran proeza de formar el símbolo y por consiguiente de establecer el fundamento de todos los símbolos eclesiásticos, es un honor de la comunidad en Roma. A este símbolo romano que indudablemente se puede trazar hasta mediados del siglo segundo, se refiere sin duda Tertuliano (Hær., xxxvi). Si hubiera habido un símbolo ya establecido en Roma en el tiempo de la dura lucha contra el gnosticismo y el marcionismo (hacia 145-190), sin duda habría sido diferente. Por otro lado, no es aconsejable hacerlo retroceder más allá de mediados del siglo segundo.
Resumen.
En conclusión, el símbolo se originó en Roma hacia mediados del siglo segundo. Estaba basado sobre la fórmula bautismal y las fórmulas confesionales de carácter resumido (tal como se pueden identificar en el Nuevo Testamento y en Ignacio, Justino e Ireneo) que habían sido generalmente manejadas, incluyendo las fórmulas orientales (Asia Menor, Siria) y estuvo grandemente bajo la influencia de los escritos del Nuevo Testamento. En Roma misma el símbolo nunca fue alterado. Se abrió paso en las provincias occidentales desde finales del siglo segundo en adelante, sin afirmar haber sido, en el sentido más estricto, compuesto por los apóstoles. Esto explica las diferentes modificaciones en esas provincias (en tanto que en Roma fue designado apostólico en el sentido estricto de la palabra a veces entre 250 y 350). Entre esas modificaciones, las que históricamente se convirtieron en más importantes se derivaron de las primitivas fórmulas confesionales o mathema (es decir, asunto de instrucción) en el este; concretamente "creador de cielos y tierra", "sufrió", "murió", "descendió a los infiernos", "vida eterna", además de catholicam, son sólo las modificaciones trazables a los símbolos galicanos que desembocan en nuestro apostólico, además del conceptus, que es oscuro en su origen y de poca importancia, y el más desconcertante de todos, el communionem sanctorum. En este sentido hay que tener en cuenta las relaciones particularmente estrechas entre la Galia meridional y el este.
El antiguo símbolo romano desplazado.
Que la Iglesia romana tras el comienzo del siglo sexto gradualmente se separó y finalmente se privó del símbolo que previamente había guardado tan fielmente es un fenómeno todavía no plenamente explicado, aunque Caspari (ii. 114 y sig.; iii. 201 y sig., 230 y sig.) ha hecho algunas importantes contribuciones hacia la solución del problema. Lo que es más decisivo es el hecho de que no fue la recensión larga (galicana) la que desplazó a la madre, sino que en Roma desde principios del siglo sexto el símbolo niceno-constantinopolitano tomó el lugar del símbolo corto en la traditio y redditio symboli, mientras que en las preguntas bautismales el antiguo símbolo romano todavía estaba en uso. El desplazamiento del antiguo símbolo romano por el constantinopolitano se hace muy inteligible cuando se consideran las condiciones del tiempo. El dominio de los ostrogodos en Italia puso a la iglesia de Roma en proximidad peligrosa con el arrianismo y, para subrayar su actitud con respecto hacia esta herejía, la Iglesia se sintió obligada a adoptar un símbolo más explícito, que se había formado al fragor de la polémica. Entonces, de nuevo, cuando esta necesidad cesó de presionar a la Iglesia se hizo posible el regreso a un credo más simple, atenuándose en la memoria el antiguo símbolo, mientras que el nuevo, que de hecho era galicano, el Symbolum Apostolicum, se recomendó a sí mismo por su forma más completa. Las diferencias fueron pasadas por alto o no se estimaron considerables y la leyenda que había rodeado al antiguo símbolo con un halo de gloria surgió otra vez alrededor del nuevo y durante un tiempo tuvo poder en la Iglesia, hasta que quedó en evidencia en la etapa del Renacimiento y la Reforma.
Interpretación del símbolo.
Al interpretar el símbolo apostólico históricamente ha de recordarse que esas porciones del mismo que pertenecen a la antigua confesión romana se deben explicar desde la teología de las etapas apostólica y post-apostólica (no simplemente, como algunos afirman, "según el Nuevo Testamento"). Esta explicación debe tomar en consideración que el símbolo es una fórmula bautismal elaborada y que su forma primitiva no debe por tanto ser considerada una expresión de polémica interna, sino una confesión cristiana, compuesta con el propósito de instruir en el cristianismo, distinguido del judaísmo y el paganismo. En el curso de la historia la explicación teológica del símbolo en su conjunto se mantiene en línea con el desarrollo general de la dogmática y la teología. Pero la distinción entre las reglas teológicas de fe y una confesión que sirva para la instrucción cristiana permaneció en la conciencia del oeste y se refleja característicamente en la Explanationes symboli.
Cláusulas no halladas en el antiguo símbolo romano.
En lo que concierne a las expresiones del símbolo apostólico que no están en el romano antiguo es necesario determinar cuándo, dónde y bajo qué condiciones aparecen primero. La mayoría de ellas se puede decir que son una explicación natural del símbolo antiguo, que no altera su carácter, que contienen solo la fe común de la Iglesia, ciertamente de la Iglesia del siglo segundo, y que al final de ese siglo eran conocidas en el oeste, aunque no habían todavía encontrado un lugar estable en ninguno de los símbolos provinciales. Sólo dos de las adiciones no pueden ser estimadas de este modo, especialmente las frases descendit ad inferos, en el segundo artículo, y sanctorum communionem, en el tercero. Pero ambas adiciones, a causa de su significado dudoso, se pueden considerar desaciertos. Incluso en tiempos actuales se explican muy diferentemente por distintas ramas en la Iglesia (comp. Kattenbusch, i. 1 y sig.).