Historia
ARCHIDIÁCONO Y ARCIPRESTE
El poder del archidiácono se incrementó gradualmente; a principios del siglo XIII ya era conocido como judex ordinarius; tuvo un derecho independiente para hacer visitaciones canónicas, para decidir en muchos casos (especialmente matrimoniales), para examinar candidatos para la ordenación y para instituir clérigos en sus beneficios. Los obispos vieron necesario reprimir la presunción de los archidiáconos y en algunos casos (como en Tours 1239, Lieja 1287, Maguncia 1310) lograron que la legislación en los concilios fuera contraria al incremento de sus poderes; en otros casos establecieron oficiales propios, para ejercer la jurisdicción que los archidiáconos tenían o reclamaban. Entre estos últimos estaban los officiales foranei, con una jurisdicción concurrente y por encima de ambos, para el ejercicio de la jurisdicción de apelaciones y los derechos reservados a los obispos, los officiales principales y los vicarios generales. Ya que ni los archidiáconos ni los arciprestes se sometieron con prontitud a estos nuevos oficiales, surgió un gran número de diferencias locales, que fueron reducidas a alguna clase de uniformidad por el concilio de Trento en el siglo XVI. Con esta medida los archidiáconos quedaron finalmente privados de toda jurisdicción criminal y matrimonial y su derecho a ejercer visitaciones dependió del permiso del obispo. Desde entonces han disminuido en importancia o desaparecido enteramente de muchas diócesis y sus funciones son ejercidas usualmente por el vicario general y sus ayudantes. En Roma el archidiácono se convirtió en el cardenal camarlengo y el arcipreste catedralicio en el cardenal vicario, mientras que en las otras diócesis su lugar lo ha ocupado frecuentemente el coadjutor o asistente del obispo.
En la Iglesia anglicana se ha mantenido en vigor el oficio de archidiácono. Son miembros de los capítulos catedralicios y a veces tienen beneficios separados. Designado por el obispo, el archidiácono ayuda al obispo en la visitación y en el cuidado de los asuntos temporales de las parroquias que le son encargadas. Tiene el privilegio y deber de ejercer en el tribunal, de vez en cuando y de lugar en lugar, para el juicio de causas eclesiásticas menores, tanto disciplinarias como financieras.