Historia

ARCHIDIÁCONO Y ARCIPRESTE

Archidiácono y arcipreste son los cargos mencionados ya desde antiguo como cabezas del clero inferior o ministerial y de los otros sacerdotes. Ambos son ayudantes y algunas veces representantes del obispo, el arcipreste más en funciones litúrgicas, mientras que el archidiácono en las del gobierno de la Iglesia. En la historia antigua de las diócesis de Europa septentrional y occidental, que fueron originalmente más grandes que las antiguas del este y el sur, se hallan un número de arciprestes cuyas funciones eran diferentes de las indicadas. Las diócesis estaban divididas en parroquias (mucho más grandes que las modernas parroquias), siguiendo frecuentemente las divisiones políticas en sus fronteras. Los habitantes de una parroquia, considerados como una sola comunidad, tenían una iglesia, a veces en el lugar de un templo pagano, apartada para las principales funciones eclesiásticas. Esta era la iglesia para el servicio del domingo, bautismos, funerales y pago de los impuestos eclesiásticos. Por las inmediaciones había dispersas otras iglesias más pequeñas, que se usaban para funciones menos importantes y eran servidas por clérigos que representaban al párroco. Con el incremento del número de iglesias principales o "bautismales", disminuyó la importancia de los arciprestes. Desde el siglo noveno su lugar lo ocuparon los deanes rurales, quienes tenían la supervisión de más de un arciprestazgo y al ser generalmente escogidos de entre los arciprestes, retuvieron frecuentemente ese título. Los archidiáconos no tuvieron en todas partes la misma relación que los arciprestes. Bajo León Magno (440-461) aparecen al cargo de la propiedad y la jurisdicción eclesiástica en la diócesis. En el siglo noveno, los sacerdotes comienzan a ser nombrados para este oficio y finalmente nadie, sino los sacerdotes, lo desempeñaba, siendo éstos puestos sobre los arciprestes. Hacia el mismo tiempo en Francia, y algo más tarde en Alemania, surgió la costumbre de dividir la diócesis en varias archidiaconías. Con el desarrollo de los capítulos catedralicios se hizo usual que la cabeza del capítulo fuera el archidiácono, o, si había varios archidiáconos en la diócesis, el cargo lo ejercían también los canónigos u otros cabezas de corporaciones colegiadas.

El poder del archidiácono se incrementó gradualmente; a principios del siglo XIII ya era conocido como judex ordinarius; tuvo un derecho independiente para hacer visitaciones canónicas, para decidir en muchos casos (especialmente matrimoniales), para examinar candidatos para la ordenación y para instituir clérigos en sus beneficios. Los obispos vieron necesario reprimir la presunción de los archidiáconos y en algunos casos (como en Tours 1239, Lieja 1287, Maguncia 1310) lograron que la legislación en los concilios fuera contraria al incremento de sus poderes; en otros casos establecieron oficiales propios, para ejercer la jurisdicción que los archidiáconos tenían o reclamaban. Entre estos últimos estaban los officiales foranei, con una jurisdicción concurrente y por encima de ambos, para el ejercicio de la jurisdicción de apelaciones y los derechos reservados a los obispos, los officiales principales y los vicarios generales. Ya que ni los archidiáconos ni los arciprestes se sometieron con prontitud a estos nuevos oficiales, surgió un gran número de diferencias locales, que fueron reducidas a alguna clase de uniformidad por el concilio de Trento en el siglo XVI. Con esta medida los archidiáconos quedaron finalmente privados de toda jurisdicción criminal y matrimonial y su derecho a ejercer visitaciones dependió del permiso del obispo. Desde entonces han disminuido en importancia o desaparecido enteramente de muchas diócesis y sus funciones son ejercidas usualmente por el vicario general y sus ayudantes. En Roma el archidiácono se convirtió en el cardenal camarlengo y el arcipreste catedralicio en el cardenal vicario, mientras que en las otras diócesis su lugar lo ha ocupado frecuentemente el coadjutor o asistente del obispo.

En la Iglesia anglicana se ha mantenido en vigor el oficio de archidiácono. Son miembros de los capítulos catedralicios y a veces tienen beneficios separados. Designado por el obispo, el archidiácono ayuda al obispo en la visitación y en el cuidado de los asuntos temporales de las parroquias que le son encargadas. Tiene el privilegio y deber de ejercer en el tribunal, de vez en cuando y de lugar en lugar, para el juicio de causas eclesiásticas menores, tanto disciplinarias como financieras.