Historia
ARZOBISPO

Royal MS 2 A xxi, f. 221.
Los derechos del metropolitano se vieron limitados en las compilaciones del Corpus Juris Canonici del siglo XIII en los siguientes particulares: (1) La confirmación de elecciones episcopales y la consagración de obispos en su provincia; (2) convocar y presidir concilios provinciales; (3) supervisión general de sus sufragáneos, visitación de sus diócesis e inspección de censuras y castigos sobre ellos, aunque no su destitución; (4) conocer las apelaciones de tribunales episcopales y (5) el denominado Jus devolutionis. El primero de esos derechos se perdió en el siglo XV, cuando la confirmación y consagración de obispos quedó reservada al papa. El concilio de Trento confirmó el segundo, pero limitó el tercero al exigir el asentimiento del concilio provincial. Sin embargo, al mismo tiempo, se le encargó la construcción, mantenimiento y dirección de seminarios en las diócesis de sus sufragáneos, reforzándose su obligación de residencia. Un arzobispo ostenta el título de 'Reverendísimo' y su rango está después del de los patriarcas. Lleva el pallium como símbolo especial de su jurisdicción, portándose delante de él una clase particular de cruz (crux erecta o gestatoria) dentro de su propia provincia.

se aplicó frecuentemente en el siglo IV al metropolitano de Alejandría, pero tras el desarrollo de los grandes patriarcados llegó a denotar a otros obispos de grandes ciudades que no eran distinguibles en rango de los metropolitanos, siendo prácticamente sinónimos los títulos en el oeste, aunque hay unos pocos arzobispos católicos (como los de Amalfi, Lucca y Udine) que no son metropolitanos y en el caso de arzobispos titulares se desprende de la naturaleza de su oficio, pero no tienen jurisdicción metropolitana. En la comunión anglicana el título de arzobispo quedó durante largo tiempo confinado a los metropolitanos de Inglaterra e Irlanda, teniendo su uso dificultades legales en la Iglesia colonial, pero luego hubo una creciente tendencia a usarlo. En las iglesias luteranas de Alemania la dignidad de arzobispo ha quedado confiada solo en casos individuales a superintendentes generales, como por Federico Guillermo III a Borowski en Königsberg en 1829.