Historia

ATEÍSMO

Ateísmo es un término empleado con una variedad de connotaciones.

Cenizas II, Edward Munch, 1895, litografía y zincografía. Munch-museet, Oslo
Cenizas II, Edward Munch, 1895, litografía y zincografía.
Munch-museet, Oslo
Diferentes usos de la palabra.
En ocasiones se entiende en el sentido puramente negativo y se aplica a cualquier punto de vista que no afirma distintivamente la existencia de Dios o que no ordena la vida de acuerdo a su propósito. Interpretado así es lo suficientemente amplio para incluir no sólo sistemas como el agnosticismo y el secularismo, sino incluso ese simple olvido de Dios que es comúnmente conocido como "ateísmo práctico." Por otro lado, en ocasiones, se le da un sentido claramente positivo, al designar la negación dogmática de la existencia de Dios. Incluso cuando se entiende de esta manera todavía tiene una explicación amplia y otra estrecha, dependiendo del significado asociado al término "Dios", cuya negación constituye su diferenciación. En su sentido más estrecho se reduce a aquellas teorías que niegan la existencia de todo lo que pueda ser llamado Dios, mediante cualquier extensión o incluso abuso del término. En ese sentido se sitúa frente al panteísmo y fetichismo tan ciertamente como contra el teísmo, posicionándose frente a esta serie de términos al elaborar una teoría distintiva del universo. En su sentido más amplio, por el contrario, recibe su definición en contraste no con una noción vaga de lo divino, sino con el concepto específico de teísmo y designa a todos esos sistemas, que difieren grandemente en otros aspectos, pero que tienen en común ser antagonistas de un teísmo desarrollado. En este aspecto, el ateísmo es sinónimo de anti-teísmo e incluye no sólo el panteísmo, sino también el politeísmo, y, con algunos escritores, el deísmo mismo, todos los cuales tienen algunos elementos esenciales de un claro teísmo. Más comúnmente es el término empleado por escritores escrupulosos, ya sea en su sentido estrecho o en el más amplio, para la negación de un Dios personal. Entre esas dos definiciones la elección no es fácil. Todo depende de nuestra definición de Dios y de lo que estemos preparados a admitir que suponga un reconocimiento de él. Desde el punto de vista del teísmo desarrollado todo lo que se puede pensar de Dios se niega cuando se rechaza un Dios vivo, personal, creador, preservador y gobernador de todas las cosas; por tanto, es inevitable que, desde el punto de vista del teísmo, el ateísmo tienda a recibir una de sus más extensas connotaciones. Sin embargo, puede ser verdadero, para el significado histórico del término, tomarlo en su sentido más estrecho e intentar designarlo sólo como una de las teorías anti-teístas, permaneciendo como tal al lado de las otras, de las cuales se diferencia porque niega la validez de la noción de Dios completamente; mientras que las otras permiten la posible o real existencia de lo divino en uno u otro sentido del término.

La muerte en el baile, óleo sobre lienzo de Félicien Rops.Rijksmuseum Kröller-Müller, Otterlo
La muerte en el baile, óleo sobre lienzo de Félicien Rops.
Rijksmuseum Kröller-Müller, Otterlo
La posibilidad del ateísmo.
La cuestión que ha sido muy discutida, si el ateísmo es posible, depende para su solución en buena medida de su definición. Ese ateísmo negativo, especialmente en la forma de "ateísmo práctico", es posible, lo cual es evidente por su persistente presencia en el mundo. Ya sea que los hombres puedan ser totalmente ignorantes de Dios o no, ciertamente pueden ignorarlo completamente. Y si los grandes sistemas ateos, como el budismo o el confucianismo, no han sido capaces de preservar la pureza de su ateísmo, tampoco los grandes sistemas teístas: islam, judaísmo y cristianismo mismo, han podido eliminar el "ateísmo práctico" en sus adherentes. Es igualmente ocioso negar la posibilidad del ateísmo positivo en su sentido más amplio, en vista del gran papel que ha jugado en el mundo mediante las diversas formas de panteísmo, que no sólo soportan sistemas completos de religión sino que está continuamente invadiendo con su levadura los sistemas más austeros y completos de teísmo. Es sólo en su sentido estrecho, en la negación de todo lo que se denomina Dios o que es adorado, que la posibilidad del ateísmo puede ser puesta en cuestión y eso sólo cuando lo contemplamos, no en su expresión externa, sino en las convicciones más íntimas del corazón. Nadie puede dudar que portentosos sistemas de ateísmo razonado han florecido en la escena de las más avanzadas culturas. Como tampoco se puede negar que, entre los pueblos más atrasados, se descubre un orden muy inferior de noción religiosa. Sin embargo, se puede argumentar que incluso en los sistemas más completamente compactos de pensamiento ateo aletea y se esconde un instintivo e indestructible "sentido de lo divino", tal como el más elaborado sistema de idealismo subjetivo sólo imperfectamente cubre un ineludible realismo. Y que es este innato "sentido de lo divino" lo que vemos surgir en los conceptos de tribus atrasadas, expresándose en formas inadecuadas que sólo una etapa inferior de cultura puede proporcionarles. Si esto es todo lo que significa, el ateísmo es, sin duda, una condición imposible para el hombre. El hombre difiere de las criaturas inferiores, no en ser menos dependiente de ellas, sino en ser consciente de su dependencia y responsabilidad y esa conciencia involucra en sí misma un sentido de que está relacionado con algo, o mejor, con alguien. La explicación de esta instintiva percepción en una concepción adecuada es un asunto diferente y en esta explicación está envuelto el total desarrollo de la idea de Dios. Pero escapar de la percepción de un ser de quien somos dependientes y ante quien somos responsables no es más posible que escapar del mundo en que vivimos. Dios es parte de nuestro entorno.

Historia del ateísmo.
La historia del ateísmo razonado es tan vieja como la historia del pensamiento. No puede haber pensamiento correcto a menos que haya pensamiento y es concomitante al pensamiento entre tales criaturas como los hombres que algunos puedan pensar de forma torcida. En todas las edades ha encontrado su verificación la declaración de que aquellos a quienes no agradó tener en cuenta a Dios en su conocimiento, él los entrega a una mente reprobada. La India y China dieron nacimiento a gigantescos sistemas ateos. El materialismo de la antigüedad clásica halló su expresión especialmente en los atomistas: Demócrito, Epicuro y Lucrecio. La incredulidad del siglo XVIII puso sus semillas en los enciclopedistas franceses: De la Mettrie, D'Holbach, Diderot, Lalande, y se incorporó en el Système de la Nature que Voltaire llamó la Biblia del ateísmo. En el siglo XIX el antiguo materialismo se fortaleció por la alianza, por un lado, con el avance de la teoría científica y por otro con la inquietud social, encontrando expresión el ateísmo en una serie de grandes sistemas: positivismo, secularismo, pesimismo y socialismo. La doctrina de la evolución, que recibió categoría científica por la obra de Darwin Origin of Species (1859), se convirtió inmediatamente en el principal soporte de la propaganda atea. En cada parcela de pensamiento la "evolución" se supone que responde a todo, mientras que ella misma no necesita dar cuenta de nada. Hombres tan distintos en todos los aspectos como Feuerbach, Strauss, Flourens, Czolbe, Duehring, Vogt, Buechner, Moleschott, Mailänder, Haeckel o Nietzsche, se han unido en una proclamación común de ateísmo dogmático y probablemente en ningún período desde la aparición del cristianismo ha sido el ateísmo positivo proclamado con más confianza o aceptado más ampliamente.