Historia
ATRIO
Atrio, en la arquitectura eclesiástica de los primeros siglos, era un espacio abierto enfrente de la entrada de la iglesia, rodeado por pórticos y provisto con una fuente o al menos una gran vasija conteniendo agua. Aquí los penitentes, a quienes no les era permitido entrar a la reunión comunitaria, imploraban a los fieles que oraran por ellos.