Historia
AUGSBURGO, CONFESIÓN Y APOLOGÍA DE
- Origen de la confesión
- Su carácter y contenido
- Origen de la Apología
- Historia de la Confesión y la Apología

El 21 de enero de 1530 el emperador Carlos V mandó cartas desde Bolonia, invitando a la dieta alemana a reunirse en Augsburgo el 8 de abril, con el propósito de discutir y decidir varias cuestiones importantes. Aunque el escrito de invitación usaba un lenguaje muy pacífico, fue recibido con sospecha por algunos evangélicos. El perspicaz landgrave de Hesse dudó si asistir a la dieta, pero el elector Juan de Sajonia, que recibió el escrito el 11 de marzo, se dirigió el 14 de marzo a Lutero, Justo Jonás, Bugenhagen y Melanchthon para encontrarse en Torgau, donde él estaba y presentar un resumen de la fe protestante, para ser expuesta ante el emperador en la dieta. Este resumen ha recibido el nombre de "Artículos de Torgau". El 3 de abril el elector y los reformadores partieron de Torgau y llegaron a Coburgo el 23 de abril. Allí se quedó Lutero. El resto llegó a Augsburgo el 2 de mayo. Melanchthon trabajó en el viaje en una "apología", usando los artículos de Torgau, y envió su borrador el 11 de mayo a Lutero en Coburgo, quien lo aprobó. Varias modificaciones le fueron sugeridas a Melanchthon en sus conferencias con Jonás, el canciller sajón Brück, el conciliador obispo Stadion de Augsburgo, y el secretario imperial Alfonso de Valdés. El 23 de junio se adoptó la forma final del texto en presencia del elector Juan de Sajonia, el landgrave Felipe de Hesse, el margrave Jorge de Brandeburgo, los duques Ernesto y Francisco de Lüneburg, los representantes de Nuremberg y Reutlingen y otros consejeros, además de doce teólogos. Tras la lectura de la confesión fue firmada por el elector Juan de Sajonia, el margrave Jorge de Brandeburgo, el duque Ernesto de Lüneburg, el landgrave Felipe de Hesse, el príncipe Wolfgang de Anhalt, los representantes de Nuremberg y Reutlingen y probablemente también por el príncipe electoral Juan Federico y el duque Francisco de Lüneburg. Durante la dieta las ciudades de Weissenburg, Heilbronn, Kempten y Windesheim también expresaron su acuerdo con la confesión. El emperador había ordenado que la confesión le fuera presentada en la siguiente sesión, 24 de junio; pero cuando los príncipes evangélicos pidieron que fuera leída en público, su petición fue rechazada, haciéndose todos los esfuerzos para impedir la lectura pública del documento. Sin embargo, los príncipes evangélicos declararon que ellos no partirían con la confesión hasta que se permitiera su lectura. Se fijó el día 25 para su presentación. Para excluir al pueblo, se designó la pequeña capilla del palacio episcopal, en lugar del espacioso salón del ayuntamiento, donde las reuniones de la dieta se habían celebrado. Los dos cancilleres sajones Brück y Beyer, uno con la copia latina y el otro con la alemana, se pusieron en medio de la asamblea y contra el deseo del emperador leyeron el texto alemán. La lectura duró dos horas y fue tan clara que cada palabra podía escucharse en el exterior. Tras la lectura, las copias fueron entregadas al emperador, quien entregó la alemana al canciller imperial, elector de Maguncia, y se quedó con la latina. Ninguna de las copias existe en la actualidad.
Su carácter y contenido.
La historia de su origen muestra que el documento presentado en Augsburgo fue una confesión y apología al mismo tiempo, destinada para servir a la causa de la paz y refutar la acusación de desviación de la antigua doctrina de la Iglesia y de tener comunión con sectarios; toda la primera parte (Articuli præcipui fidei, artículos i-xxi) se proponía demostrar que los evangélicos concordaban con la enseñanza católica y en lo que diferían de la forma transmitida de doctrina su intención era restaurar la original y genuina enseñanza de la Iglesia. La segunda parte (Articuli in quibus recensentur abusus mutati, xxii-xxviii) trataba de los abusos y demostraba cómo ciertos abusos generales deben ser abolidos por causa de la conciencia y que tal acción está no sólo apoyada por la Escritura sino también por la práctica de la antigua Iglesia y de reconocidos maestros de la Iglesia. [La primera parte de la confesión, que trata de los principales artículos de fe, habla de los siguientes temas: artículo primero, de Dios; segundo, del pecado original; tercero, del Hijo de Dios; cuarto, de la justificación; quinto, del ministerio de la Iglesia; sexto, de la nueva obediencia; séptimo, de la Iglesia; octavo, lo que la Iglesia es; noveno, del bautismo; décimo, de la Cena del Señor; undécimo, de la confesión; 12, del arrepentimiento; 13, del uso de los sacramentos; 14, de las órdenes eclesiásticas; 15, de los ritos eclesiásticos; 16, de los asuntos civiles; 17, del regreso de Cristo para juzgar; 18, del libre albedrío; 19, de la causa del pecado; 20, de las buenas obras; 21, de la adoración de los santos. La segunda parte relata los abusos que han sido corregidos: artículo primero, de ambas especies en la Cena del Señor; segundo, del matrimonio de los sacerdotes; tercero, de la misa; cuarto, de la confesión; quinto, de la distinción de carnes y tradiciones; sexto, de los votos monásticos; séptimo, del poder eclesiástico.]
La esperanza de que los oponentes de la Confesión harían una profesión de su fe no se cumplió, al negarse a ser considerados una facción. Sin embargo, se decidió que la Confesión fuera examinada por eruditos inteligentes y no prejuiciados, quienes reconocerían lo que era correcto y refutarían lo que iba en contra de la fe cristiana y la Iglesia (Ficker: Die Confutation des Augsburger Bekenntnisses, Leipzig, 1891, páginas 15 y sig.). Entre los veinte eruditos seleccionados por Campeggio estaban algunos de los más maliciosos oponentes de Lutero, como Eck, Faber, Cochlæus, Dietenberger y Wimpina, siendo su refutación (reimpresa por Ficker) de tal carácter que fue rechazada por el emperador y los Estados alineados con Roma. Sin embargo, se aceptó una revisión, Responsio Augustanæ confessionis, que fue leída el 3 de agosto de 1530, en la misma sala en la que se leyera la Confesión. Ya que esta réplica, la Confutatio pontifica, como posteriormente sería conocida (el texto latino en Kolde; 141 y sig.), la adoptó el emperador como suya propia y demandó la conformidad, los protestantes pensaron necesario refutarla. No se proporcionó ninguna copia de la Confutatio a los evangélicos y como las negociaciones no dieron ningún resultado, se les pidió a Melanchthon y a otros que prepararan una "Apología de la confesión", esto es, una refutación de las acusaciones de la Confutatio, siendo aprobada por los Estados evangélicos. En la circular que fue presentada a los Estados para clausurar la dieta, 22 de septiembre, se destacó que la confesión evangélica "había sido refutada". Esta declaración fue contradicha por el canciller Brück en nombre de los evangélicos, quienes presentaron al mismo tiempo la Apología de Melanchthon. Pero el emperador, a quien Fernando había susurrado algo, rechazó aceptarla. Esta es la denominada Prima delineatio apologiæ, dada a conocer primero en latín por Chyträus (Historia Augustanæ confessionis, Frankfort, 1578, 328 y sig.; la mejor edición del texto latino y alemán en Corpus reformatorum, xxvii, 275 y sig.). Posteriormente Melanchthon recibió una copia de la Confutatio, que provocó muchas alteraciones en el primer borrador de la Apología. Se publicó en 1531 bajo el título Apologia confessionis Augustinæ. Siguen los artículos de la Augustana (esto es, la Confesión de Augsburgo) y por su exposición teológica es más una obra doctrinal que una confesión.
Historia de la Confesión y la Apología.
Aunque el emperador prohibió la impresión de la confesión evangélica sin su especial permiso, durante la dieta se publicaron seis ediciones alemanas y una en latín (comp. Corpus reformatorum, xxvi, 478 y sig.). Su falta de exactitud e incorrecciones indujo a Melanchthon a preparar una edición a la cual añadió la Apología. Así se originó la llamada editio princeps de la Augustana y Apología, que se publicó en la primavera de 1531. Esta edición fue estimada como la auténtica reproducción de la fe profesada ante el emperador y el imperio. Mientras que la primera recensión de la Apología fue compuesta en beneficio de los Estados evangélicos, la edición ahora publicada por Melanchthon era evidentemente una obra privada a la que él asoció su nombre como autor, lo que no es el caso con la Augustana. No obstante, la Apología fue aceptada en todas partes y la traducción alemana de Justo Jonás la hizo accesible a los laicos. En 1532 la Apología fue oficialmente aceptada en Schweinfurt por los Estados evangélicos como una "apología y exposición de la confesión junto con la confesión." Desde entonces la Augustana y la Apología han sido consideradas las principales confesiones oficiales de la naciente Iglesia evangélica. Su reconocimiento fue una condición de membresía en la Liga de Esmalcalda; ambas se adoptaron en la Concordia de Wittenberg de 1536 y de nuevo en Esmalcalda en 1537. Mientras tanto Melanchthon continuaba trabajando para mejorar el texto. La edición alemana de la Augustana publicada en 1533 muestra cambios en los artículos 4, 5, 6, 12, 15 y 20, que no son de consecuencias doctrinales. Lo mismo sucedió con subsecuentes ediciones. Más importante fue la nueva edición latina de 1540, donde se dice que la Apología ha sido diligenter recognita. Pero la Augustana aparece aquí en tal forma, especialmente en el artículo 10, que posteriormente recibió el nombre de variata. Aunque se había llamado la atención en 1537 a los cambios de Melanchthon en el texto y el elector Juan Federico los criticó como arrogantes (Corpus reformatorum, iii, 366), la 'Variata' se publicó y no provocó reacción contraria. La afirmación de que Lutero la condenó, no puede confirmarse (comp. Köllner, Symbolik, i, Hamburgo, 1837, 239). La nueva edición se usó libremente, siendo preferible a la antigua; incluso luteranos tan estrictos como Johann Brenz alabaron a Melanchthon por ella (Corpus reformatorum, iv, 737). Hasta el hecho de que Johann Eck en el coloquio de Worms en 1541 mencionara el cambio del texto original (Corpus reformatorum, iv, 34 y sig.; Ranke, Deutsche Geschichte, iv, 176) tuvo poco efecto sobre sus contemporáneos y Melanchthon, quien introdujo otros cambios cuando se hizo necesaria una nueva edición en 1542. Tras la muerte de Lutero, cuando las controversias dogmáticas atizaron el fuego entre los partidarios de Melanchthon y los luteranos estrictos y la edición de 1540 se convirtió en el símbolo de la facción del primero y posteriormente también de los cripto-calvinistas, se convirtió en objeto de sospecha para los luteranos más estrictos y no fue sino natural que al preparar el Libro de Concordia se adoptara el texto original. El texto latino representa la editio princeps de 1531, mientras que el alemán procede de una copia en Maguncia.