Historia
AUSTRIA INTERIOR, REFORMA Y CONTRARREFORMA EN

Las mejores esperanzas se vieron avivadas por la ascensión de Maximiliano II (1564), el único representante de la casa de Habsburgo que tenía inclinaciones hacia la Confesión de Augsburgo, pero subordinó sus convicciones religiosas a sus ambiciones políticas, especialmente cuando, tras el trágico fin de Don Carlos, la posibilidad de la posesión de España se abría a la dinastía de los Habsburgo. Su hermano, Carlos II, el gobernante propio de Austria interior, cumplía menos la expectativas de los protestantes, pero era impotente ante el crecimiento del nuevo espíritu. El clero había abandonado el celibato, la copa se administraba a los laicos y la misa se decía en alemán. La administración del país y de casi todos los oficios municipales estuvieron en manos de los protestantes e incluso el personal de la corte pertenecía a la Confesión de Augsburgo. En las asambleas políticas los protestantes tenían amplia mayoría. A comienzos de la década de los setenta Carlos II adoptó una línea más en acuerdo con la política de los jesuitas, pero sus dificultades financieras le obligaron, en los tratados de Graz (1572) y Bruck-on-the-Mur (1578), a hacer concesiones a los adherentes de la Confesión de Augsburgo. Prometió no usar la violencia y permitió a los protestantes en Graz y Judenburg, Laibach y Klagenfurt construir sus propias iglesias y escuelas. En las capitales, Graz, Klagenfurt y Laibach, quedó instituido un departamento administrativo especial de iglesias y escuelas. Se elaboró un orden eclesiástico vinculante para todos los protestantes de Austria interior y, con las concesiones del archiduque, fue considerado por ellos un estatuto que los protegería contra todas las persecuciones futuras. La escuela catedralicia en Graz se convirtió en una especie de universidad protestante, creciendo el número de clérigos protestantes.
Con las grandes concesiones de Bruck, el protestantismo en Austria interior alcanzó su punto culminante. Cuando la corte papal recibió las nuevas de las concesiones del archiduque quedó consternada, temiéndose que el movimiento se esparciera a territorio veneciano. Un nuncio apareció en Graz, el archiduque fue excomulgado y se usaron todos los medios para arrebatar las concesiones hechas a los protestantes. El archiduque no estaba indispuesto hacia la retractación y las cortes de Munich, Innsbruck, Salzburgo y Praga apoyaron la causa católica. En Munich tuvo lugar en octubre de 1579 una discusión para establecer los principios sobre los que se llevaría a cabo la Contrarreforma en Austria interior. El movimiento reaccionario procedió cauta pero firmemente. El servicio protestante fue al principio abolido en las ciudades y pueblos, siendo expulsados los predicadores y maestros evangélicos. Fueron enviados bávaros a la corte de Graz y las mejores posiciones en la jerarquía eclesiástica fueron ocupadas por ellos. Tras pocos años Estiria presentaba un cambio total. Los ciudadanos emigraron para vivir según su fe en localidades evangélicas y una universidad estrictamente católica se edificó en Graz, encomendada a los jesuitas para suprimir la escuela protestante. Para reprimir el crecimiento de los ciudadanos protestantes se exigió "el juramento de los ciudadanos católicos" a todo candidato a la ciudadanía. A los ciudadanos protestantes en Graz se les prohibió visitar la catedral protestante y cualquiera que permitiera que sus hijos se bautizaran o casaran en ella era castigado. Fue en vano que toda la nobleza de los tres países y los príncipes protestantes del imperio pidieran la intervención del emperador Rodolfo II en favor de los ciudadanos oprimidos.
En 1595 Fernando II sucedió al archiduque Carlos en el gobierno de Austria interior, descargando el golpe definitivo y final sobre los protestantes. Primero quedaron abolidos los departamentos administrativos protestantes en Graz, Judenburg y Laibach, siendo expulsado el clero protestante del territorio. Luego comenzó una campaña contra los ciudadanos y campesinos protestantes, contra sus iglesias, cementerios y escuelas; una vez que la causa tuvo éxito en Estiria y Carniola, se llevó a cabo en Carintia. Si algún ciudadano o campesino protestante no quería hacerse católico, era expulsado, pero no sin haber tenido que pagar el diez por ciento de su dinero como multa. Las Biblias, himnarios, libros de oración y otros libros de devoción protestantes fueron quemados en grandes hogueras. Los católicos tuvieron éxito porque nadie en los tres territorios pensó resistir una vez que las medidas legales de peticiones y quejas se agotaron. La nobleza permaneció fiel a la antigua dinastía y sus ruegos por los perseguidos no sirvieron de nada. Las antiguas concesiones al principio quedaron intactas para la nobleza, pero en 1598 sus clérigos fueron expulsados de los castillos, siendo castigados ellos mismos si permitían que sus hijos fueran bautizados fuera. De este modo la emigración de ciudadanos y campesinos se vio aumentada por la de señores y caballeros. Es imposible calcular el número de los exiliados, pero habría sido mayor aún si no hubiera quedado, especialmente entre los campesinos, la esperanza de mejores tiempos; la "conversión", en la mayoría de los casos, fue meramente externa. El dañino efecto sobre el desarrollo espiritual del país pronto fue notorio, a lo que siguió un estancamiento espiritual general. La nobleza protestante fue tolerada durante un tiempo, pero cuando Fernando II se alzó en triunfo en la Guerra de los Treinta Años, ordenó su expulsión en 1628.
De este modo Austria interior fue purificada de herejes. Tras unas pocas décadas todo quedó aparentemente en quietud, pero en Carintia superior y Estiria superior se hizo evidente que el protestantismo continuaba en secreto; los comisionados que eran enviados de vez en cuando supieron para su consternación que los campesinos todavía no estaban convertidos. En muchos hogares había una vieja Biblia, un himnario o un libro de devoción protestante, a los que el pueblo en momentos inadvertidos acudía por guía y consuelo. Cuando el emperador José, en 1781, publicó el edicto de tolerancia, surgieron cientos y miles de protestantes para formar nuevas congregaciones.