Historia
BABISMO

El islam es una religión claramente definida, con una rigidez precisa hasta el grado más extremo en lo que respecta a lo doctrinal y dogmático; sin embargo, ha manifestado la mayor elasticidad en la política, la vida social, la filosofía y las creencias religiosas. Su teología material y expresada en términos materiales ha abrazado, no obstante, las abstracciones de la filosofía griega, del misticismo persa y del panteísmo y la reencarnación hindú entre las doctrinas sostenidas por sus seguidores. El babismo y sus precursores ilustran completamente esas anomalías. Las raíces de la secta yacen en la antigua doctrina conocida como chiísmo, que floreció prolíficamente en suelo persa. El fundamento de la enseñanza chiíta es la doctrina sobre el imán. Según este sistema, el imamato o califato no es selectivo ni se puede usurpar; es de derecho divino y totalmente espiritual; Alí, yerno de Mahoma, fue el primer imán. La esencia del imamato es una luz que pasó directamente de Mahoma a Alí y pasa de un imán al siguiente. En virtud de esta luz el imán se convierte en impecable, omnisciente, divino y en una encarnación de la deidad. Una base filosófica de esta doctrina es que incluso un libro infalible como el Corán para ser efectivo requiere un exponente infalible, que se encuentra en el imamato. Pero el imamato, aunque es una sucesión, no es ilimitado y de las dos principales ramas de los chiítas una reconoce seis y la otra doce imanes. Ambas ramas sostienen la doctrina mística de que el último imán no murió, sino que vive "escondido" en una de las utopías árabes, Jabulka o Jabulsa. Un corolario es que va a aparecer como el Mahdi, esto es, "el Guiado" quien "llenará la tierra de justicia", una profecía y esperanza que naturalmente ha desembocado en repetidos intentos de cumplimiento y realización. Además se sostiene que hubo dos grados de "escondimiento" u "ocultación", el menor y el mayor. Durante el primero, la comunicación con los fieles se hizo mediante intermediarios que fueron llamados abwab o "puertas" (singular bab). Cuando el último de los abwab murió (1021) sin nombrar sucesor, comenzó el ocultamiento mayor mediante el cese total de la comunión entre el imán y los fieles. Naturalmente los chiítas han estado esperando desde entonces la restauración de la comunión con el imán y un período de iluminación en su revelación.
Mirza Ali Mohammed, el Bab.
Los precursores inmediatos de los babistas fueron los saijis, seguidores de Shaij Ahmad (1753-1826), un místico, asceta y pensador chiíta. Su enseñanza especial era que los imanes son personificaciones de los atributos divinos y que de esas personificaciones, Alí, era la principal. Congregó una gran compañía de creyentes, en la que el liderazgo pasó tras su muerte a Hajji Sayyid Kazim, un joven reservado, misterioso y asceta, bajo el cual la secta se multiplicó en número y llegó a incluir a muchos de la nobleza. Justo antes de su muerte (1843), Sayyid Kazim prohibió a sus seguidores el lamento y declaró que era bueno que él se marchara para que "el verdadero apareciera." Murió sin designar un sucesor. Entre sus discípulos había un tal Mirza Alí Mohammed, nativo de Shiraz, quien tenía sólo 23 años cuando Sayyid Kazim murió. Mirza Alí fue cumplimentado por Mullah Husain, uno de los investigadores de un sucesor para el dirigente muerto, quien afirmó ser el buscado, el "verdadero que había de aparecer" y el Bab o "puerta." También pretendió inspiración, estableció su derecho al liderazgo a revelar significados no descubiertos en el Corán y convenció a los buscadores de que su búsqueda había acabado. Esta afirmación se vio respaldada porque el año en el que lo hizo fue reconocido como el milenio desde la desaparición del último imán. El milenarismo de una cierta clase es tan potente en su influencia entre los musulmanes como lo fue en la cristiandad en el año 1000 de la era cristiana. Los seguidores se añadieron por centenares cuando se difundió la noticia de que el Bab había aparecido, según la forma peculiar en el oriente. Al atractivo personal del joven dirigente y la concordancia de sus enseñanzas panteístas con el misticismo sostenido por la mayoría de los chiítas, se añadió una fuerza compulsiva asociativa, por lo que los babistas se convirtieron en un grupo grande e importante.
Persecución y muerte del Bab.
Al año siguiente (1843) el Bab hizo la peregrinación a la Meca, volviendo confirmado en su oposición a los mulahs o clérigos, a quienes atacó en su predicación y cuando ellos enviaron sus polemistas más capaces para refutarlo, fueron silenciados o convencidos. Entonces procuraron arrestarlo e intentaron asesinarlo, pero la protección del gobernador impidió ambas cosas. Cuando éste murió (1847), Mirza Alí fue encarcelado en Maku y finalmente llevado a Tabriz, donde su confinamiento fue grandemente riguroso. Todo el tiempo fue extraordinariamente prolífico literariamente, afirmando como evidencia de su inspiración la capacidad para producir 1.000 líneas de poesía al día. Su mansedumbre y gentileza le ganaron el corazón incluso de sus carceleros, aumentándose el número de convertidos a consecuencia de que sus sufrimientos se hicieron públicos. La conversión más notable fue la de una famosa, entendida y bella mujer a quien el Bab dio el nombre de Jenab-i-Tahira, "Su excelencia la pura." Ella estaba penetrada de misticismo y por su persuasión y devoción durante su vida y todavía más por su martirio (1852) ganó un gran número de adherentes para la fe. Mientras tanto en 1848 fue coronado el Shah, quien escogió como primer ministro a un violento oponente del babismo. Bajo la persecución que se desencadenó inmediatamente algunos de los babistas se levantaron en armas y proclamaron soberano al Bab, un procedimiento que él repudió. El primer ministro entonces mandó ejecutar al Bab, 8 de julio de 1850, esperando que su muerte supondría la disolución de la secta. Pero Mirza Alí había nombrado a Mirza Yahyasu sucesor y cabeza de los 19 consejeros, garantizándose así la continuidad. Al asumir el liderazgo, éste tomó el nombre de Sub-i-Ezel y Hazrat-i-Ezel, "Amanecer y santidad de la eternidad." La ejecución del Bab exasperó a sus seguidores y algunos intentaron matar al Shah. A consecuencia se desataron nuevas persecuciones, realizándose ejecuciones en público en las que se perpetraron las más execrables atrocidades. Como resultado hubo un gran éxodo de los seguidores de la secta a Bagdad, de donde, por protesta oficial persa contra su continuada residencia tan cerca del territorio persa, el gobierno turco los trasladó a Adrianópolis. El dirigente se aisló persistentemente, dirigiendo los asuntos a través de su hermanastro Beha. Este súbitamente proclamó ser el predicho por el Bab como "aquel a quien Dios se manifestará", atrayéndose a la mayoría de los seguidores y dividiendo la secta en "ezelitas" y "bahaístas". Entre las dos facciones se enconaron tanto las hostilidades que los turcos enviaron a Beha a Acre, convirtiéndose en la sede de los bahaístas y centro de su propaganda. Ezel fue trasladado a Chipre y sus seguidores acabaron extinguiéndose. Beha fue casi tan prolífico como autor como el Bab. Murió en 1892 y su hijo Abbas Effendi tomó su lugar en el liderazgo.
Doctrinas.
Las doctrinas de los babistas se apoyan en dos fundamentos: (1) El sistema general del chiísmo en sus fases panteísta y mística y (2) la creencia de que ninguna revelación es final, sino que representa sólo la medida de la verdad de la etapa del progreso humano que el hombre es capaz de recibir. De ahí que como la revelación de Moisés fue superada por la de Jesús y la de éste por la de Mahoma, quien a su vez lo ha sido por la del Bab, así la de éste lo ha sido por la de Beha. Pero Abbas Effendi intentó frenar la línea de progreso al declarar que "cualquiera que pretenda una revelación antes de que hayan pasado 1.000 años es un mentiroso impostor." Las enseñanzas explícitas son (1) la veneración de los imanes; (2) el hecho de su ocultamiento y la doctrina de los intermediarios; (3) la reaparición del imán como una reencarnación; (4) la no finalidad de ninguna revelación; (5) la encarnación de la deidad como un avatar de tiempo en tiempo para dar instrucción (Adán, Noé, Abraham, Moisés, David, Jesús, Mahoma y el Bab fueron tales avatares, rechazados igualmente por sus oyentes); (6) la posibilidad de una meta, como la del nirvana budista, de unidad del individuo con el Ser verdadero; (7) el hecho del juicio final; (8) el sistema numérico basado en el 19, consistiendo el año de 19 meses, 19 días, 19 horas y 19 minutos. El Bab tuvo 18 asociados, siendo él el número 19 y el punto de unidad; el cuadrado de 19 es el símbolo del universo; el Bab y sus discípulos representan a Dios y, teniendo cada uno de ellos a 19 bajo sí, constituyen el cuadrado que representa la perfección. Las prácticas recomendadas por los babistas son: La abolición de la guerra religiosa, la relación amistosa con toda creencia y pueblo, la obediencia a los gobernantes, el sometimiento a la ley, la confesión del pecado a Dios, la adquisición de todo conocimiento que contribuye al bien humano y el dominio de alguna profesión o comercio. La oración se hace tres veces al día (no cinco) y el creyente vuelve su rostro hacia Acre, no hacia La Meca. El ayuno no se hace en el Ramadán, sino en el último mes del año babista y durante 19 días. En todo esto se aprecia la evidencia de su determinación para establecer una separación respecto al islam.
El dicho del Bab sobre la adoración es digno de mención: "Adora a Dios de tal manera que si la recompensa de tu adoración fuera el fuego, ninguna alteración de tu adoración se produciría. Si le adoras por temor, lo que es indigno del umbral de la santidad de Dios, no serás contado como creyente; por tanto, si tu mirada está puesta en el paraíso y adoras en la esperanza de alcanzarlo, entonces haces a la creación de Dios compañera de él."