Historia

BAÑO DE SANGRE DE ESTOCOLMO

Baño de Sangre de Estocolmo es el nombre de la ejecución de nobles suecos ordenada por el rey Christian II de Dinamarca el 8 y 9 de noviembre de 1520. Christian había reconquistado para su padre el reino de Noruega, y, al subir al trono, halló el reino de Suecia gozando prácticamente de completa independencia. A la muerte del administrador Svant Sture, en 1512, el Rigsraad eligió en su lugar al anciano Eric Trolle, y se decidió a favor de la unión con Dinamarca. Pero un partido popular, capitaneado por Hemming Gadd, obispo de Linköping, se levantó contra él y le destituyó, poniendo al frente del gobierno a Sten Sture el Joven, cuyo talento y excelsas cualidades de gobernante le dieron inmediatamente un prestigio indiscutible. Sin embargo, quedaba todavía una facción poderosa que le era enemiga y reconocía por jefe a Gustav, hijo de Eric Trolle y arzobispo de Upsala. Durante la guerra civil que sobrevino, Gustav fue sitiado en su castillo de Stakeborg cerca de Estocolmo y, habiendo pedido al punto auxilio a los daneses y hecho excomulgar a los sitiadores por el arzobispo Berger de Lund, que se consideraba con autoridad para ello en virtud de sus pretendidos derechos de primado, Sten Sture y el Rigsraad resolvieron que Trolle no fuera reconocido en adelante como arzobispo, condenándolo a prisión y arrasando su castillo hasta los cimientos. Gustav apeló entonces a León X, el cual aprobó la excomunión de Sten Sture y encomendó a Christian la ejecución de las penas que llevaba consigo. Como consecuencia de esto, desde 1517 en adelante, Christian no cesó de trabajar, ya por medio de negociaciones, ya de otro modo, para tomar posesión de Suecia. En un principio, sus esfuerzos lograron escaso fruto; pero en 1518, después de un ataque contra Estocolmo que no logró su objeto, propuso una entrevista con Sten Sture y, habiéndole pedido, como garantía de su propia seguridad, la entrega de algunas personas importantes, se llevó consigo a Dinamarca entre ellas al obispo Gadd y a un joven llamado Gustav Eriksson. Al año siguiente, volvió a Suecia con un gran ejército de mercenarios y el 18 de enero de 1520 derrotó a Sten Sture en una batalla que se libró sobre el hielo en el lago Asunden y en la que el último quedó tan gravemente herido que murió algunas semanas después. Una segunda batalla que se dio a la vista de Upsala, puso todo el reino de Suecia en manos de Christian, con la única excepción de Estocolmo, que fue valientemente defendida por Cristina Gyllenstierna, viuda de Sten Sture, la cual abrió al fin las puertas a los sitiadores después de la promesa de una amnistía general, hecha en nombre de Christian por el jefe de sus tropas Oton Krumpen, y merced a las persuasiones de Gadd, que había acompañado al rey en su expedición. Christian entró en Estocolmo y fue coronado rey de Suecia el domingo 4 de noviembre de 1520.

Baño de Sangre de Estocolmo
Baño de Sangre de Estocolmo
Lo que después ocurrió mancha la vida de Christian con una de las más negras infamias. El viernes de aquella semana, durante las fiestas de la coronación, los magnates suecos y las autoridades de Estocolmo recibieron inesperadamente la orden de presentarse en la ciudadela. Entonces Diederik Slaghok, que era un westfaliano partidario del rey, y Jens Andersen por sobrenombre Beldenak, obispo de Odense, se presentaron en nombre de Gustav Trolle y pidieron reparación de los daños que según ellos se les había causado. Christian pidió al punto los nombres de los firmantes del Acta de deposición y los encarceló a todos, sin más excepciones que la del obispo Brask de Linköping, que había firmado bajo protesta, y la de otro obispo que se unió con Trolle como acusador. Al día siguiente, 8 de noviembre, a las nueve de la mañana fueron conducidos a presencia de un tribunal de doce eclesiásticos, entre los que se contaba Trolle, que de este modo vino a ser juez en su propia causa. La única pregunta que les hizo Beldenak fue si los que se habían levantado contra el papa y la Iglesia de Roma no debían ser considerados como herejes. Allí no había más que una respuesta que dar y en consecuencia se les dijo que ellos mismos se habían declarado culpables de notoria herejía. Aquel mismo día se les condujo a las doce a la plaza del mercado y se les decapitó uno por uno en presencia del público. Los primeros en sufrir la pena fueron los obispos de Strangnas y Skara, a los que siguieron los restantes signatarios de la protesta, entre ellos el padre de Gustav Eriksson, más tarde rey de Suecia, y otros nobles y ciudadanos principales que habían demostrado claramente sus simpatías a favor de los reos, hasta que la sangre corrió por la plaza. Un testigo presencial contó más de noventa cadáveres antes de llegar la noche y la espantosa mortandad no quedó limitada a esto. Los cuerpos de las víctimas permanecieron por espacio de tres días en los lugares donde habían caído y después de ese tiempo se los transportó fuera de la ciudad para arrojarlos en la hoguera, en la que también fueron reducidos a cenizas los cadáveres de Sten Sture y de su hijo, nacido después de la excomunión que recayó sobre el padre, habiendo sido previamente exhumados para tal fin. Se esperaba entonces que este terrible escarmiento, conocido con el nombre de Baño de Sangre de Estocolmo (Stockholms Blodbad), aseguraba en Suecia la dominación danesa y desde luego se dijo que allí había quedado ahogada la «Unión de Kalmar» para siempre; pero en todas partes estallaron furiosos levantamientos, y no mucho después Suecia se declaró independiente bajo el gobierno de su propio rey Gustav.