Historia

BENDICIÓN

Bendición, en la Iglesia católica, es una parte de cada acto litúrgico, perteneciente a la clase de sacramentales, es decir, ceremonias que fueron instituidas, no por Cristo sino por la jerarquía eclesiástica, con autoridad divina y que se supone, al aplicadarse a personas y objetos, que comunican, quasi ex opera operato por sacerdotes ordenados, la gracia de Dios, subrayando la purificación, avivamiento sobrenatural y santificación.

Bendición de las banderas reales francesas, del libro de la coronación de Carlos V de Francia, 1365. Cotton MS Tibeirus B viii, f. 73
Bendición de las banderas reales francesas, del libro de la
coronación de Carlos V de Francia, 1365.
Cotton MS Tibeirus B viii, f. 73
Cuanto más alta es la posición jerárquica del que otorga la bendición, más poderosa es. Bendición y exorcismo están siempre relacionados; el segundo rompe las influencias demoníacas, expulsando los demonios, mientras que la primera comunica poderes divinos, no sólo positiva sino también negativamente en la forma de purificación, limpiando pecados de omisión y la pena temporal de los mismos y removiendo las influencias satánicas, siendo en sí misma una especie de exorcismo aunque no explícito. Donde sólo tiene lugar el exorcismo se efectúa en una manera imperativa, mientras que la bendición es rogativa, aunque con un poder divino efectivo quasi ex opere operato por el signo de la cruz. La bendición personal, ya sea un habitus duradero (como la unción del bautismo) o una forma gratiæ actualis para un objeto y condición pasajera (por ejemplo, la bendición a los viajeros y los enfermos), operan negativamente para la remoción de las influencias satánicas o positivamente en la iluminación y otorgamiento de una fortaleza sobrenatural para el cuerpo y alma. Las bendiciones de objetos son siempre primordialmente negativas y sólo secundariamente positivas, para que el uso y disfrute de tales objetos pueda conducir al bienestar del cuerpo y el alma del ser humano. Los poderes sobrenaturales están asociados a los objetos por medio de la bendición y en su defecto son independientes de la conducta del ser humano, ya sea que hagan que los objetos afecten permanentemente res sacræ a los hombres en una manera purificadora y santificante (agua del bautismo, agua bendita, rosarios, etc.), o que sean de un efecto transitorio como portadores de la gracia de Dios y su protección. Algunas veces están relacionadas con las indulgencias. Si se aplica la unción, la bendición se convierte en consagración, por el que el objeto queda dedicado al servicio de Dios (por ejemplo, cruces, cuadros, banderas, órganos, custodias, etc.).

En cuanto a la idea evangélica de las bendiciones, las palabras de Johann Gerhard proporcionan el meollo de la cuestión: "Los sacerdotes [en el Antiguo Testamento] bendecían orando por cosas buenas. Dios bendecía otorgando cosas buenas. La bendición de los sacerdotes era votiva, la de Dios efectiva. Dios promete confirmar esta bendición sacerdotal a condición de que sea dada según su palabra y voluntad." Por tanto, sólo Dios es quien efectúa la bendición; esto es, comunica poderes divinos de su gracia y su Espíritu; toda bendición humana es sólo intercesión ante Dios para su bendición. [Según la idea católica, la diferencia activa entre bendición litúrgica y extra-litúrgica, eclesiástica y privada, es que en la primera la eficacia emana de la Iglesia como cuerpo, por cuya autoridad se instituyó el rito y en cuyo nombre se confiere; en consecuencia, se supone que es más grande que la segunda, donde el efecto depende de la intercesión de un individuo.] Según la idea evangélica, no hay diferencia objetiva entre bendición litúrgica y extra-litúrgica, eclesiástica y privada, sino que es sólo en una forma psicológica que la primera puede ser más eficaz por el cumplimiento de las condiciones subjetivas del oyente de la oración. Por tanto, sólo personas, no objetos, pueden ser bendecidas con el Espíritu y la gracia de Dios. Si los objetos son bendecidos, significa que son puestos aparte para uso ritual y en tanto son así empleados, serán sagrados, mientras que serán desacralizados en cuando se usen aparte de los propósitos rituales. La bendición de objetos tiene lugar sólo por metonimia; se menciona a los objetos, pero se quiere aludir a la persona que los usa. Por ejemplo, un cementerio es dedicado para su uso especial y entregado a la protección reverencial de los vivos; un edificio de iglesia es dedicado para ser usado y entregado a la congregación como posesión religiosa de valor a causa de su uso. Pero las tradiciones católicas todavía, en muchas maneras, influencian las ideas que hay incluso entre algunos protestantes sobre el asunto de la bendición.