Historia
BESO DE PAZ
A mediados del siglo segundo el beso de paz tenía un lugar establecido en la adoración pública y una conexión definida con la eucaristía, en la transición entre las oraciones precedentes e introduciendo la solemnidad del acto de la consagración. Este lugar se lo asigna Tertuliano, denominándolo Clemente de Alejandría "un misterio". Las fuentes litúrgicas de la Iglesia oriental atestiguan la continuidad de la práctica en el mismo contexto. Sin embargo, al principio esta ordenanza parece haber sido frecuentemente impuesta en el oeste. Sólo en Roma y el norte de África el beso de paz ocurría no antes de la consagración, sino entre la consagración y la comunión, un arreglo que en el curso del tiempo se convertiría en prevaleciente en la Iglesia Latina. La modificación sin duda se explica por un deseo de asociar inmediatamente la práctica con la solemnidad eucarística, hacia la cual va dirigida. En este contexto el beso de paz tiene su fundamento y significación bajo las palabras del Señor: "Reconcíliate primero con tu hermano, etc." (Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti,[…]Mateo 5:23 y sig.), acentuándose el acuerdo y la unidad. La ceremonia la comenzaba el clero entre ellos mismos y era seguida por la congregación. Se asume que originalmente se observaba la separación de los sexos y para prevenir el desorden se subrayó este punto repetida e insistentemente en tiempos posteriores.
En la cristiandad occidental el beso de paz continuó observándose hasta la finalización del período de la Edad Media, aunque es una cuestión abierta su extensión y formas particulares. En el este parece haber sido abandonado antes. En ambas divisiones de la cristiandad se sustituyó por la práctica de besar el altar, los elementos sagrados como la estola del clero y besar la mano de clérigos y laicos. Transitoriamente, y en el oeste, se siguió el precedente adoptado por el obispo Walter de York (1250) de usar la 'placa del beso" (osculatorium, pax), un metal, o en algunos casos, un disco de mármol que mostraba la cruz u otras figuras sagradas. Las reliquias o incluso el libro de los evangelios se emplearon a veces en tal práctica. En un período posterior el osculatorium se retiró a los laicos, quedando reservado exclusivamente para el clero. Una relación muy general del beso santo se puede hallar en el beso otorgado a los neófitos tras el sacramento del bautismo, a los penitentes cuando son recibidos a la comunión plena, a los muertos y a los candidatos para la ordenación.