Historia
BIBLIAS ILUSTRADAS
- Manuscritos teutones y celtas
- Manuscritos del siglo XI
- Biblia Pauperum
- Biblias ilustradas de la Reforma y posteriormente
- El siglo XIX

en los evangelios de Lindisfarne

La tradición romana continuó entre los lombardos y los francos, pero el arte se hizo más rudo y menos refinado. En los antiguos manuscritos cristianos y bizantinos la decoración se había confinado usualmente a la adición de pinturas; los pueblos teutones la extendieron al texto mismo. Las iniciales están casi enterradas en colores brillantes y elaborada decoración, enmarcándose las hojas en coloridos diseños. El escriba era muchas veces el pintor. Esas características aparecen principalmente en los manuscritos irlandeses, el "Libro de Kells" en Trinity College, Dublín, y en los de Würzburgo, Tréveris y Saint-Gallen. La influencia de Gregorio Magno ayudó a preservar las antiguas tradiciones cristianas entre los anglosajones y francos hasta el período carolingio (el Evangelio Púrpura, en el Museo Británico, y un evangeliarium en Cambridge, siglo séptimo). Una concepción independiente surgió primero en las ilustraciones propiamente dichas, sin ningún sentido de la perspectiva, pero con un esfuerzo atractivo para captar la verdad y la naturalidad (Pentateuco de Ashburnham, siglo séptimo). Bajo los carolingios se fundaron grandes escuelas de copistas de manuscritos en Tours, Orléans, Metz, Reichenau, Saint-Gallen, Tréveris, etc. Su obra estuvo relacionada con la antigua tradición mediante su sobria simplicidad y su cuidadosa técnica (Evangeliarium de Godescalco, París; otro en Viena; otro en San Médard, 826, en Soissons; otro del rey Lotario, 843, y la Biblia de Carlos el Calvo, 850, ambos en París). El desarrollo en las provincias, aunque menos bello, fue más independiente (Biblia de Alcuino, Museo Británico). Aquí el dibujante toma precedencia sobre el pintor, pero la obra está marcada por la originalidad, imaginación y poder poéticos (Salterio de Utrecht, siglo noveno; un bendicional en Chatsworth; evangeliario de Otón I en Aix-la-Chapelle, de Egbert en Tréveris, c. 980, de Echternach en Gotha, c. 990 y de Otón III en Aix-la-Chapelle). Luego la decoración se hace gradualmente más elaborada, las partes pictóricas y ornamentales comienzan a intercambiar sus cualidades, siendo las iniciales y los bordes ricos y suntuosos.

En el siglo XI prevalece el temperamento cluniacense de batalla y renuncia, mostrándose la excitación espiritual y vívida imaginación del tiempo en las Biblias ilustradas; las formas vacías en seca envoltura exponen el ideal ascético de sus creadores, desapareciendo enteramente la verdad de la naturaleza. No obstante, hay grandes progresos en cada dominio de la vida intelectual; es la época de Bernardo. Incluso en las miniaturas hay señales del despertar de la vida individual; bajo la pasión y combate hay una calmada melancolía y ansia de paz. Enrique II dotó a sus fundaciones de Bamberg con bellos libros ilustrados y en Hildesheim un importante scriptorium, influyente por todo el norte de Europa, fue fundado por Bernward, quien resultó ser un pionero en la ilustración. Aquí las formas son toscas y tradicionales, pero los contenidos nuevos y llenos de profundos y animados sentimientos. Tras el surgimiento de la civilización general bajo los Hohenstaufens, los impedimentos de forma quedaron en gran medida superados. Volvió la alegría de vivir, que despertó en la imaginación una vez más la comprensión de las cosas hermosas, llenas de gracia y dignificadas. Hay un mejor sentimiento para el bosquejo y un avivamiento para el estudio de la herencia de la antigüedad. El evangeliarium Bruchsal en Carlsruhe muestra sorprendentemente un buen trazo y un movimiento natural, como otro de hacia 1200 en la biblioteca de la catedral en Tréveris; el mejor de todos es el de Enrique el León, anteriormente en el tesoro de la catedral en Praga, pero luego en posesión del duque de Cumberland, y la Vulgata de Merseburg. Entonces se abre un brillante período para la miniatura; pero su tono se caracterizó más bien por la anchura que por la profundidad y cuanto más popular se hacía, más desaparecía el profundo simbolismo de los tiempos antiguos. La ilustración se aplicaba ahora menos sobre las Biblias y más sobre los libros usados en la adoración pública, hasta que al final de la Edad Media el interés artístico se centró una vez más la Biblia; pero con la invención del grabado sobre madera se daría nueva vida a este arte de la ilustración.
Biblia Pauperum.
La transición a las Biblias ilustradas para el pueblo se capta en las Biblia pauperum de los siglos XIII y XIV, que son representaciones esquemáticas de la vida terrenal de Cristo en dibujos sencillos, generalmente sin color, oscilando en número de 34 a 50. Cada suceso descrito va acompañado de dos anticipos del Antiguo Testamento y por cuatro profetas con citas apropiadas, estando explicadas las representaciones en latín o alemán. Los ejemplos más importantes de esas "Biblias de los pobres" son las de San Florián en la baja Austria, la biblioteca Lyceum en Constanza, en las bibliotecas de Viena y Munich y en la biblioteca ducal de Wolfenbüttel.

Con la invención de la imprenta y el grabado, especialmente en madera, tanto la Biblia como el arte fueron de propiedad común. Las reproducciones de las Biblia pauperum, que por primera vez se hacían realmente accesibles a los "pobres", están entre las más célebres de los primeros libros impresos. Las biblias alemanas anteriores a Lutero (Augsburgo 1477, Colonia c. 1480, Nuremberg 1483, Lübeck 1494) tienen grabados. Finalmente Durero, con la maravillosa visión con la que pudo dotar incluso a los majestuosos cuadros del Apocalipsis, llevó la ilustración bíblica a su dignidad más elevada. Con el texto vernáculo, tan ansiadamente procurado, se produjo una gran variedad de ilustraciones. Lutero reconoció su importancia para la causa de la Reforma y promovió la ilustración celosamente, esbozando Melanchthon varios ejemplos y pidiendo a Lucas Cranach que los ejecutara. La ilustración de la Biblia nunca había tenido tanta importancia como en la primera mitad del siglo XVI. La edición más espléndida la publicó Krafft de Wittenberg en 1576 y 1584. Con las Biblias de mediados de siglo la ilustración bíblica tomó una nueva dirección, cuando el grabado en línea gradualmente desplazó al grabado en madera a un segundo plano. Éste se usó principalmente para ediciones baratas populares, mientras que las tendencias artísticas se inclinaban principalmente por el primero. En 1607 se publicaron las 52 pinturas de la logge del Vaticano, la denominada Biblia de Rafael, grabada por Badalocchio y Lanfranco, seguidas por otra serie importante de grabados, además de los Icones biblicæ y Historiæ sacræ publicados por Merian en Francfort, 1625–27, y una larga lista de obras similares en Alemania, Francia e Italia. En el siglo XVIII el grabado en madera casi desapareció, salvo por producciones baratas efímeras, mientras que el grabado en línea floreció a manos de la escuela holandesa, que compartió el renombre de la francesa. El arte alemán era principalmente imitativo y produjo poco que sea notorio en la ilustración bíblica. Por otro lado, se publicaron buenas ediciones durante ese periodo en Holanda por Mortier, 1700; Danckers, 1700; Luyken, 1740 y Schots, 1749. En Francia las mejores fueron las de Basnage, 1705 y Martin, 1724. En Inglaterra, además de la Biblia de Oxford en 1717, estuvieron las ediciones de Royaumont, 1705; Clarke, 1759 y Fleetwood, 1769. En todas ellas aparece el espíritu holandés-flamenco, con su vida abierta, libre y alegre; los principios fundamentales de la ilustración se basan en la imitación de la pintura; Rubens y Rembrandt, para el aguafuerte, son las autoridades más elevadas. En el siglo XIX la ilustración de la Biblia tomó un nuevo impulso desde Inglaterra. El modo romántico y el efecto directo hicieron acto de aparición, principalmente como resultado de Holy Bible with Engravings from Pictures and Designs by the most Eminent Artists, publicada en Londres, 1800. No obstante, a ésta se había anticipado Historical Part of the Holy Bible con ilustraciones por John Cole (Londres, 1730) y un volumen con el mismo título ilustrado por John Sturt, así como James Tittler Bible (4 volúmenes, 1794–95). Fue seguida por una serie de esfuerzos, tales como Pictorial Bible de Charles Knight, con grabados en madera (Londres, 1828-29, Nueva York, 1843), otra del mismo nombre, pero con grabados metálicos (Londres, 1847-49) y una numerosa serie de Bible Picture Books publicada por Society for Promoting Christian Knowledge and the Religious Tract Society y Bible Illustrations, publicada por Frowde (Londres, 1896).

El interés por oriente que surgió con la campaña egipcia de Napoleón, en alianza con la fuerte tendencia realista del siglo, produjo una clase totalmente nueva de Biblias ilustradas, como la de Brown Family Bible (Londres y Nueva York), con descripciones de poblaciones y paisajes, además de los cuadros históricos. Posteriormente revivió el grabado en madera, alcanzando un techo inesperado de excelencia y logrando llegar a las grandes masas del pueblo. Producto notable en este avivamiento (en Alemania) fue la Biblia de Oliver de 1834, cuarenta bellas ilustraciones para el Nuevo Testamento de Overbeckt (1841), la edición de Cotta de 1850, con 175 grabados según los primeros artistas de Alemania y, la mejor de todas las ediciones alemanas, la publicada por Wigand (Leipzig, 1852–1860), con 240 ilustraciones por Julius Schnorr von Carolsfeld (edición inglesa, Leipzig, 1855–60; Londres, 1869). Los técnicamente brillantes pero demasiado teatrales diseños de Doré obtuvieron gran popularidad.