Historia

BRAHMANISMO

Brahmanismo es el nombre de la religión ortodoxa de la India, la más antigua de todas las creencias indo-europeas de las que hay registro. Siendo el más elástico de los cultos reconoce como fuente de autoridad a los Vedas; su signo externo es la reverencia por los dioses, algunos de los cuales son comparativamente tardíos y extraños en origen; para los brahmanes, su fin es la emancipación del dolor de la existencia y la miseria de la reencarnación por la reabsorción en la esencia divina del alma universal. El brahmanismo se puede dividir en tres períodos: la era de los Vedas y su literatura subordinada; el brahmanismo y el panteísmo de los Upanishads; la era durante la que prevalecieron las herejías budista y jainista.

Shiva, señor de la danza
Shiva, señor de la danza
El pueblo de los Vedas y sus dioses.
En un período de antigüedad remota, posiblemente entre el 2000 y el 1500 a. C., una sección de los pueblos indo-europeos conocidos por diversos nombres, de los cuales los más comunes son indios y arios, se desgajaron del tronco iranio y deambularon hacia el sur y el este por Afganistán hasta el Punjab o las "Cinco Aguas", en el extremo noroccidental de la península indostánica. Igual que los iranios de Persia, estaban divididos en las tres clases de sacerdotes, guerreros y agricultores, de donde luego se formaron las tres castas superiores, siendo un pueblo nómada y agrícola, saturado de la alegría de vivir, valiente en la guerra, atrevidos piratas, ardientes en el amor y aficionados al vino; en resumen, casi todo lo que los posteriores hindúes no fueron. Sus dioses eran, como ellos mismos, sólidos y fuertes: Surya, la brillante divinidad del sol; Indra, el relámpago cegador que resplandece en la época de lluvias; Agni, el dios del fuego y Soma, la inspiración deificada de la bebida fuerte y del valor divino que proporciona. Pocas son las deidades que muestran el lado plácido de la antigua mente aria, tal como Ushas, la diosa del amanecer o Varuna, la diosa del cielo oceánico, que vigila sobre todo y que incluso posteriormente en este periodo recibió alabanzas que casi tienen sabor de monoteísmo.

El Rig-Veda.
Las creencias de los arios en este periodo están contenidas en el Rig-Veda, un libro de himnos, que tiene los registros más antiguos de los pueblos indo-europeos, cuya fecha más probable es de 1500 al 500 a. C. Este Veda está dividido en diez libros que contienen 1.022 himnos. Los libros dos al séptimo forman los "libros de familia", compuestos por sucesivas generaciones de familias de bardos. El libro noveno está restringido a los himnos Soma, mientras que el primero y el octavo, y especialmente el décimo, el último de todos, son más diversos en contenido y autoría. Dentro de este rango de espacio y tiempo están representadas muchas fases del pensamiento religioso, abarcando desde el craso politeísmo pasando por el henoteísmo o sincretismo hasta un cuasi-monoteísmo, o más bien panteísmo; tratan desde la fe sincera hasta el incipiente escepticismo; tocan también la vida diaria así como la adoración y el sacrificio.

Sin embargo, no ha de suponerse que la fe de los Vedas es ingenua o infantil. Está, al contrario, bastante desarrollada y ocasionalmente incluso corrompida. Muchos de los himnos fueron indudablemente compuestos para el ritual, aunque es difícil contemplar la colección entera sometida a la liturgia. Insostenible también es la teoría de la escuela francesa que reduce todo el Rig-Veda a una masa de alegorías, igual que las conclusiones de la escuela realista, que entiende estos Vedas como enteramente hindúes y los interpreta racionalmente, totalmente libres de crítica. Para la elucidación de una colección tan extensa en el espacio y el tiempo no es adecuado un simple método de interpretación. Ingenuidad y pensamiento maduro, liturgia e himnodia, alegoría y realismo, deben reconocerse según lo demande la ocasión, debiendo incluso combinarse en momentos para dar una auténtica descripción del hinduismo védico.

Krishna, avatar de Visnú, montado en un caballo tirando de Arjuna, héroe delMahabarata. Ilustración del siglo XVII. Photos.com/Jupiterimages
Krishna, avatar de Visnú, montado en un caballo tirando de Arjuna, héroe del
Mahabarata. Ilustración del siglo XVII. Photos.com/Jupiterimages
El fundamento de la religión védica es la adoración de la naturaleza. Cada elemento es divinizado, el fuego como Agni, el amanecer como Ushas, el cielo como Varuna y el relámpago de la tormenta como Indra. Un solo objeto en la naturaleza puede ser representado por muchos dioses, como cuando el sol es venerado bajo los nombres de Surya, "el esplendoroso"; Savitar "el vivificador"; Bhaga, "el otorgador de favores"; Pushan "el que hace florecer" y Visnú "el poderoso." Aunque esos nombres pueden representar la vida en diferentes aspectos, como los egipcios Ra y Tum, los dioses del sol que se levanta y se pone, no debe olvidarse que la variedad en nombre e incluso en concepto de la misma divinidad puede haber sido en su origen meras divergencias locales de expresión para uno y el mismo dios, pues el Rig-Veda fue compuesto por muchas mentes, en muchos lugares y en muchos periodos. Detrás de la adoración de la naturaleza indudablemente yace la primera fase del animismo, aunque sus huellas están oscurecidas en los textos védicos. Todavía más escasas son las evidencias de la adoración de los antepasados o el culto a los espíritus, aunque esta fase fue tal vez más bien oficialmente ignorada que popularmente ausente. La escatología del Rig-Veda es comparativamente simple y recuerda en su parquedad a la pobreza del semitismo antiguo, representado por la religión asirio-babilónica. Las alusiones al futuro estado de los muertos están prácticamente confinadas al último y décimo libro. Yama, el primero de los hombres en morir, es el rey de los muertos y aparentemente el bienaventurado, esto es, el valiente y generoso, que va al sol cuando ellos mueren, donde se regocija, como los héroes norse de Asgard. Los muertos no bienaventurados meramente desaparecen, pues el infierno es, en el pensamiento indio, una invención teológica posterior, diseñada para equilibrar los gozos del cielo. En las últimas porciones del Rig-Veda aparece el principal de los himnos posteriormente rubricados del ritual, compuestos, si de hecho no lo eran, al menos en parte, para una liturgia ya existente.

El Sama-Veda y Yajur-Veda.
Además del Rig-Veda existen otros dos Vedas canónicos y un cuarto que no es canónico. El Sama o "Cantar" Veda está compuesto de versos tomados principalmente de los libros octavo y noveno del Rig-Veda y arreglados para la liturgia. Mucho más importante es el Yajur o "sacrificial" Veda, que existe en varias recensiones, siendo la principal la Vajasaney o "Blanco" Yajur-Veda, denominado así por haber sido compuesto solo en verso y del Taittirya y Maitrayani, que son denominados "Negros", ya que el verso del texto está mezclado con una especie de comentario y amplificación en prosa.

La región implicada ya no es el Punjab sino el "distrito medio" alrededor de la moderna Delhi, que los arios habían alcanzado en su lenta emigración hacia el este. Sin embargo, el cambio de localidad está empequeñecido en importancia por la alteración del tono religioso. El franco deleite en la vida que caracteriza al Rig-Veda cambia al misticismo y un siempre creciente ritualismo. La religión da lugar a la magia. El principio del henoteísmo, que es una característica tan señalada del Rig-Veda, por el que el entusiasmo poético viene a atribuir a una divinidad los nombres y atributos de otra, elevándola por el momento en el supremo y único objeto de adoración, se convierte en el Yajur-Veda en simbolismo llevado a su extremo. Una cosa ya no es semejante a otra, es otra. El brahmán ya no es meramente un sacerdote, es un dios con todos los atributos de la divinidad, mientras que la oración y el sacrificio son ahora medios para obligar a la divinidad a realizar la voluntad de sus adoradores, en lugar de ser modos de propiciación. La religión de la India se centra ahora en el sacrificio y se desarrolla un ritual que es tal vez el más elaborado que el mundo nunca había visto. Mientras que el poder de los brahmanes se vio por tanto incrementado hasta el punto de ser divinizados, queda obsoleta la idea que contempla el desarrollo de la liturgia como el dispositivo de un sacerdocio astuto e interesado, a pesar de las enormes sumas que había que dar para la realización del sacrificio.

El panteón de este período sufre poca disminución si lo comparamos con la época del Rig-Veda, pero los dioses han declinado en poder, aunque algunos hayan sido grandemente magnificados, tales como Kala (Tiempo), que no tuvo parte en los Vedas más antiguos. Los epítetos y las funciones de los dioses se convierten en muchos casos en divinidades separadas y un dios absoluto tiene ahora el reconocimiento pleno que sólo se sugirió incluso en las últimas porciones del Rig-Veda. Las leyendas de las divinidades, por otra parte, se desarrollan ricamente, aunque su cantidad es más admirable que su calidad. Sin embargo, se trata de un recrudecimiento de las creencias populares previas no oficialmente reconocidas, más que las nuevas especulaciones de los brahmanes, aunque esta fe del pueblo halla su aplicación en la explicación y prueba del sacrificio. Las reglas para el ritual brahmánico están contenidas no sólo en las varias extensiones del Yajur-Veda, sino en las todavía más importantes Brahmanas, de las cuales cada escuela de cada uno de los Vedas tuvo al menos una, mientras que la recensión Tandin del Same-Veda tiene tres. Hay detalles adicionales en los Srautasutras, pudiéndose encontrar el ritual para la vida diaria en los diversos Grihyasutras.

El Atharva-Veda.
Además de los tres Vedas canónicos y su literatura asociada, que representa la religión oficial de los períodos védico y brahmánico, hay un Veda mágico, el no canónico Atharva-Veda. El panteón del Rig-Veda es aquí un embrollo confuso de divinidades, a cuya cabeza hay un dios supremo, mientras que la escatología está tan falta de desarrollo que no reconoce un lugar de tormento para los malvados. La nota dominante del Atharva-Veda es la magia. Está repleto de toda clase de hechizos y encantamientos para la riqueza y los niños, para una larga vida y buena salud, para el amor y la venganza, para las plantas, animales y enfermedades, maldiciones para la destrucción de los adversarios y para repeler la magia negra del enemigo. Lingüística y cronológicamente muy posterior al Rig-Veda, el material del Atharva-Veda es con toda probabilidad tan antiguo en algunas de sus partes como las más viejas del Rig. Es un valioso documento de la antigua religión hindú y el monumento más antiguo de su fe popular.

El brahmanismo y el panteísmo de los Upanishads.
La enorme estructura de ritualismo construida por el Yajur-Veda, los Brahmanas y los Sutras, se convirtió gradualmente en una pesada carga imposible de ser soportada; la liturgia quedó entonces vaciada por la especulación filosófica. Hay huellas ya evidentes en las últimas porciones del Rig-Veda, como el famoso himno (10, 121) que dice: "¿A quién ofreceremos sacrificio?", proporcionando de esta manera una base para que los Brahmanas crearan un dios "Quién." Hacia este tiempo fue definitivamente reconocido un todo-Dios en Prajapati, "el señor de las criaturas", pero estaba reservado para el término del período brahmánico ignorar a los dioses y llegar a Dios.

Los Upanishads.
Los Upanishads, los registros literarios de esta fase de pensamiento, representan una perfección del panteísmo que nunca ha sido igualado y su influencia es un poderoso factor en el pensamiento hindú moderno. La salvación ya no se obtiene por las obras, sino por el conocimiento. Aunque el summum bonum de los Upanishads es el conocimiento salvador y la reunión con el Alma universal, tal consumación no es un requisito para todos, ya que hay muchos que no la desean, habiendo para ellos bendiciones menores reservadas en una vida futura. La existencia de los dioses no se niega, aunque no son sino fases del Alma universal, ni se niega la ventaja del sacrificio, pues tales ofrendas son todavía imperativas. En ello radica, tal vez, el secreto del origen de los Upanishads.

La porción final de cada Brahmana es un Aranyaka, o "libro de la selva", designado para el uso de los ermitaños de la selva que han ido más allá de la necesidad del sacrificio y en cada Aranyaka hay un Upanishad. Por tanto, primordialmente los Upanishads representaron los libros de texto de aquellos que habían pasado por la etapa sacrificial de su vida religiosa y quedaban libres para meditar en las cosas sagradas, como mejor lo estimaran en su propia opinión. Sin embargo, posteriormente los Upanishads se convirtieron en una forma especial de los escritos sagrados de los hindúes, sirviendo como fundamento del más elevado de sus seis sistemas ortodoxos de filosofía. Ver en estos libros una revuelta religiosa de la segunda casta, la de los guerreros, contra el control de los brahmanes, como ciertos eruditos han querido ver, no está suficientemente garantizado.

Los seis sistemas ortodoxos de filosofía.
Ligados de alguna manera con los Upanishads se desarrollaron los seis sistemas ortodoxos de la filosofía hindú: el samkhya y el yoga, el vaiseshika y el nyaya, el purvavimamsa y el vedanta. De estos el vaiseshika y el nyaya son sistemas de lógica más que de filosofía; el samkhya y el yoga, que se complementan el uno al otro, son esencialmente dualistas; mientras que el purvavimamsa y el vedanta, de los que el primero es el más importante de todos, representan el período espiritual subsiguiente de los Upanishads, siendo, por tanto, rígidamente panteístas.

Tríada brahmánica: Brahma, Visnú y Siva
Tríada brahmánica: Brahma, Visnú y Siva
La era de las herejías budista y jainista.
Bajo el excesivo ritual del período brahmánico y las especulaciones panteístas de unos pocos escogidos, todavía yacía la fe popular de los invasores arios de la India. Sin embargo, mientras el curso de la emigración se movía todavía más hacia el este y se centró en la ciudad santa de Benarés la doctrina de la miseria de toda la existencia terrenal era por este tiempo aceptada por todos, estando bien establecidas las enseñanzas de la metempsicosis. La adoración de Siva, originalmente una divinidad local menor de alguna tribu aborigen occidental, estaba obteniendo tal popularidad que fue calificado como el Destructor, en contraposición al dios-sol védico Vishnú, que era adorado como el Preservador (del universo). Por causa de la simetría, Brahma, que denotaba en el Rig-Veda la "oración" y fue desarrollado por los teólogos sacerdotales en Brahma, el Creador, quien, aunque en conjunto es una difusa deidad abstracta, respetado más que adorado, formó el tercer miembro de la trimurti o tríada.

Los textos religiosos de este período son comparativamente pocos, aunque de ello se pueden extraer datos de la mayor importancia para un conocimiento de la fe de la India. Las principales fuentes son los libros de leyes, especialmente famoso es el código de Manú y el Mahabarata, la gran épica de la India y el poema más largo de toda la literatura universal. Sin embargo, desde el punto de vista del hinduismo ortodoxo, la época, posiblemente a causa de la escasez comparativa de material, presenta menos interés que cualquier otra. Por otro lado, fue esencialmente la época de la herejía, denotando este término en la India simplemente una forma de negación de la autoridad divina de los tres Vedas canónicos. Por supuesto, había habido herejes e infieles mucho tiempo antes; huellas de los mismos aparecen en el décimo libro del Rig-Veda, pero no fue hasta el período bajo consideración que herejías de importancia duradera serían capaces de desarrollarse. En el siglo sexto a. C. surgieron dos maestros independientes, ambos de la casta kshatriya, o guerrera, y por tanto más o menos antagonistas de los brahamnes. Los temores de una lucha entre las dos castas superiores no faltan en los Upanishads, donde, en más de un caso, un guerrero demuestra superioridad en conocimiento teológico respecto a un brahmán. Rebelándose contra la supremacía brahmana, ignorando la salvación por el sacrificio, rechazando la autoridad de los Vedas, enseñando la emancipación del dolor de la vida y la miseria de la reencarnación por el servicio personal a toda criatura viviente por más inferior que pueda ser y escogiendo, con señalada importancia, como medio lingüístico los despreciados dialectos populares en lugar del sagrado sánscrito de los brahamnes, Sakya Muni (Buda) y Mahavira fundaron las dos religiones que todavía existen: budismo y jainismo. Cuando, tras el lapso de casi un milenio, esas dos religiones perdieron su dominio sobre la India, surgió una nueva forma de brahmanismo en lo que ahora se conoce como hinduismo, cuyo fundamento fue un compromiso entre el brahmanismo ortodoxo y filosófico de los tiempos pre-budistas y las religiones de los pueblos dravídicos y otros pueblos no arios del sur de la India.

Mapa de las religiones en el mundo