Historia
BREVIARIO

El breviario se basa en la idea de realizar, al menos simbólicamente, el mandato apostólico de "orar sin cesar"; toda la vida del cristiano debería ser una continua oración, no sólo en el corazón y las obras, sino también en palabras, ascendiendo a Dios en todo tiempo y lugar de la tierra la oración de la Iglesia. Como norma se tomó la costumbre de la sinagoga (10 Cuando Daniel supo que había sido firmado el documento, entró en su casa (en su aposento superior tenía ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias del[…]Daniel 6:10,13) respecto a las horas matutinas y vespertinas así como otros tiempos de oración (62 A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas. 164 Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas. […]Salmos 119:62,164). Al principio estaban las tres horas: la tercia, sexta y nona, que correspondían a las nueve de la mañana, el mediodía y las tres de la tarde (comp. 15 porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis, pues apenas es la hora tercera del día; 46 Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, […]Hechos 2:15,46; 3:1; 10:9). A estas se añadieron medianoche, la hora cuando Pablo y Silas oraron en la prisión (Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.[…]Hechos 16:25) y el comienzo del día y la noche. Este arreglo de la oración lo mencionan Tertuliano, Cipriano, Justino Mártir, Clemente de Alejandría y las Constituciones Apostólicas. En el siglo cuarto, Atanasio (De virginitate, xii–xx) habla de siete horas; Gregorio de Nacianzo habla con aprobación de las vigilias nocturnas y los cantos antifonales. Todas esas horas se adoptaron especialmente en los monasterios, tal como Jerónimo (Epist., vii, cviii, cxxx), Basilio y Agustín testifican. Desde los monasterios esas horas de oración (llamadas canónicas al ser parte de la vida canónica) se difundieron a los capítulos catedralicios y colegiatas. Benito añadió la séptima (compline, completorium) y desde el siglo sexto el orden y número de las horas es el siguiente: prima (normalmente a las seis de la mañana), tercia (nueve de la mañana), sexta (mediodía), nona (tres de la tarde) y vísperas (seis de la tarde); completas y laudes son usualmente reconocidas con ellas. Los maitines, que se corresponden a las tres vigilias romanas, se dividen en tres nocturnos e iban originalmente seguidos por las actuales laudes.
Fuentes y revisiones del breviario.
La mayoría de las oraciones para todas esas horas se tomaron de los salmos, a los que se añadieron antífonas, dando a los salmos un sentido especial apropiado para la ocasión. Después se añadieron las peticiones, que tenían la intención de impedir la distracción y excitar la devoción y por lo tanto eran breves. La postura variaba entre estar de pie, sentado y de rodillas. Toda la estructura quedó enriquecida y completada por la adición de otras oraciones, responsorios, versículos, etc. El elemento musical lo proporcionaban los libros oficiales conocidos como antifonarios, especialmente los compuestos bajo Gregorio I y los llamados micrologus (siglo XII). Casiano atestigua que a cada tres salmos en maitines seguían tres lecturas tomadas de la Escritura, los domingos sólo del Nuevo Testamento; más tarde se insertaron vidas de santos y pasajes exegéticos de los más prominentes maestros de la Iglesia. La introducción de himnos simétricos se vio grandemente obstaculizada (concilio de Braga, 553), especialmente en Roma. Tan arbitrarias adiciones hicieron a los oficios demasiado largos y Gregorio VII los redujo; Gregorio IX, Clemente VII, quien tuvo la ayuda del general franciscano, cardenal Quiñones (1536), Clemente VIII (1602) y Urbano VIII (1631) hicieron otras revisiones. El concilio Vaticano I también introdujo algunos cambios.
Contenido del breviario romano.
Actualmente el breviario romano, que ha suplantado muchos usos locales o diocesanos, consiste de cuatro partes, correspondientes a las cuatro estaciones del año. Cada parte, a su vez, tiene cuatro divisiones: (1) Salterio, o servicio ordinario semanal para cada día y hora; (2) el "apropiado de la estación", el servicio para las festividades de Cristo y los domingos de las diversas estaciones; (3) el "propio de los santos", servicio especial para las festividades de santos particulares y (4) el "común de los santos", que proporciona, bajo clases separadas, servicios para aquellos santos que no tienen uno especial. Los apéndices contienen el oficio de difuntos, los salmos graduales y penitenciales, las oraciones por los moribundos y los viajeros y la acción de gracias antes y después de las comidas.
El manual análogo en la Iglesia ortodoxa se llama Horologium. En la Iglesia luterana se realizó a veces un servicio similar en los capítulos catedralicios y colegiatas, para el que las sugerencias de Lutero de 1523 y 1526 proporcionaron una base. Los maitines y vísperas se mantuvieron especialmente. Posteriormente se han hecho intentos, con diverso éxito, para restaurar las otras horas; pero el problema no está resuelto. La Iglesia anglicana, en su Libro de Oración Común, ha hecho uso de importantes porciones del antiguo orden.