Historia

BRUJERÍA Y JUICIOS DE BRUJAS

Historia general

Linda maestra, grabado de la serie Los Caprichos, por Goya. Biblioteca Nacional, Madrid
Linda maestra, grabado de la serie Los Caprichos, por Goya.
Biblioteca Nacional, Madrid
Pronunciamientos oficiales anteriores a la Reforma.
En la creencia primitiva la bruja era una persona que por medios sobrenaturales dañaba las posesiones de sus vecinos o de los habitantes de la región, dirigiendo su actividad destructiva particularmente contra el maíz, el vino, el ganado y su alimento. La brujería es en general la realización de algún propósito con la ayuda de medios sobrenaturales, particularmente mediante espíritus con los cuales se ha hecho alianza. Supone la creencia en tales espíritus, la posibilidad de entrar en asociación con ellos y en una filosofía práctica de la magia. Pero esos tratos hechos sobre tales bases, así como el daño infligido a otros pueden ser contemplados como un delito punible, especialmente bajo el control de una religión de revelación. Pero el mejor fundamento para la destrucción de esas prácticas es que caen de lleno en la impiedad e idolatría esencial que la brujería supone. Sobre esta base la brujería fue prohibida por la ley de Moisés (No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o sea agorero, o hechicero,[…]Deuteronomio 18:10 y sig.) y también por la antigua Iglesia cristiana, bien sobre el fundamento de la vaciedad de la práctica o de su positiva impiedad y comercio con el diablo. Una postura menos rígida comenzó al principio de la Edad Media, cuando, por ejemplo, en el sínodo de Reisbach (799) se establecieron reglas de penitencia para mujeres convictas de brujería, prohibiéndose la pena capital (Hefele, Conciliengesichte, iii. 730). Juan de Damasco tuvo una concepción similar en su escrito "Sobre dragones y brujas", al tratar de las supersticiones entre judíos y musulmanes y en la misma dirección se pueden citar a Agobardo de Lyón († 840) y Juan de Salisbury († 1180), sosteniendo todos ellos que la brujería era un engaño. A principios del siglo XIII, con la institución de la Inquisición la práctica de la magia y la herejía quedaron tipificadas como dos lados del mismo delito y una apostasía de Dios para servir a los espíritus malos. Sin embargo, esta misma acción de la Inquisición difundió y fortaleció la superstición. Gregorio IX, que extrajo su información de Conrado de Marburgo, en una bula del año 1231 invocó el uso del castigo civil contra las asociaciones heréticas, reuniones en las que el diablo apareciera como un sapo, un macho cabrío o un gato negro. Pero fueron los teólogos dominicos los principales difusores de la creencia en esos encuentros con el diablo, retrocediendo hasta Agustín, "Ciudad de Dios" xv. 23 las supersticiones de incubi y succubi.

Interrogatorio de una acusada de brujería
grabado coloreado del siglo XIX
El inquisidor dominico Nicolás Eymerich escribió en 1376 su Directorium inquisitorium, señalando el uso de la magia como herético y estigmatizando a quienes la usaran como infidelis, superstitiosi, apostatæ y sujetos a la Inquisición. Inocencio VIII en su bula de 1484 renovó las provisiones que ponían a las brujas bajo el juicio de la Inquisición y aumentó los poderes de los inquisidores por la estrecha relación entre brujería y herejía. Complementario a esas directrices fue el impulso dado por los inquisidores dominicos Jacob Sprenger y Heinrich Krämer, en una gran obra destinada para dirigir el proceso de inquirir la brujería, esto es la célebre Malleus maleficarum (Colonia, 1489), denotando el título que la práctica de hacer tratos con el diablo era principalmente cosa de mujeres. El primer libro muestra las pruebas del delito y su iniquidad, según 1 Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán porción ni heredad con el resto de Israel; comerán de las ofrendas encendidas al SEÑOR y de su porción. 2 Y no tendrán heredad entre sus hermanos; el SEÑOR es su heredad, como les ha prometi[…]Deuteronomio 18 y 19 1 Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: 2 Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles: "Seréis santos porque yo, el SEÑOR vuestro Dios, soy santo. 3 "Cada uno de vosotros ha de reverenciar a su madre y a su padre. Y guardaréi[…]Levítico 19-20, citando a Agustín, Tomás de Aquino y la experiencia. El segundo libro continúa en la línea de la experiencia e instruye en los métodos de detectar, rechazar y curar los males. El tercer libro presenta el asunto de los juicios y castigos. Aunque son los tribunales ordinarios los competentes, la unión de herejía y brujería hace que sea deber de los inquisidores, no habiendo necesidad de esperar un acusador; los testigos no necesitan ser nombrados; no es necesario que el acusado tenga defensa, siendo el caso que si un defensor es demasiado celoso podría ser sospechoso de complicidad con el delito; también se indican los instrumentos de tortura. La autoridad más citada por este libro es Formicarius de Johann Nider († 1438), que depende de la Sabiduría de Salomón 6:6.

El siguiente pasaje procede de la bula Summis desiderantes affectibus (1484) de Inocencio VIII:

'Hace poco ha llegado a nuestros oídos, con gran pesar por nuestra parte, que en algunas regiones de Alemania... personas de ambos sexos, olvidadas de su propia salvación y alejadas de la fe católica, no temen entregarse carnalmente a los diablos íncubos y súcubos, dar muerte o dañar a la progenie de mujeres, animales, frutos de la tierra (...) por medio de encantamientos, hechicerías, conjuros y otras execrables prácticas mágicas (...) En el deseo de velar como nos impone nuestro cargo, con oportunos remedios, porque el azote de la herética iniquidad no difunda sus venenos en perjuicio de los inocentes, se autoriza a los inquisidores antes mencionados Sprenger y Kramer a que ejerzan el oficio inquisitorial en aquellas tierras, que puedan proceder a la corrección, encarcelamiento y castigo de aquellas personas por los excesos y crímenes mencionados, en todo y por todo...'

Aquelarre, por Goya. Museo Lázaro Galdiano. Madrid
Aquelarre, por Goya. Museo Lázaro Galdiano. Madrid
Responsabilidad oficial y discusión privada.
Por tanto, unos pocos siglos antes de la Reforma, en parte bajo el estímulo directo de los papas, hubo un gran incremento de creencia en las brujas y de procedimientos contra las acusadas del delito. Las apologías modernas de la bula de Inocencio VIII no tienen en cuenta la cadena de pronunciamientos desde la sede papal, incluyendo los de Alejandro VI, Julio II, León X y Adriano VI. Que los patronos de la Reforma no se opusieran específicamente al ataque contra la brujería, incluso en los países evangelizados, se entiende por el trasfondo general que tuvo la idea en las mentes del ministerio durante los dos últimos siglos antes de la Reforma. El elector Augusto de Sajonia incluyó en su código criminal de 1572 como delito capital "cualquiera que olvidara su fe cristiana e hiciera acuerdo con el diablo." Wätcher habla de la epidemia de brujería que surgió en Alemania a finales del siglo XV y que resultó en la persecución de miles de personas y en su difusión por Francia, Italia, España, Países Bajos e Inglaterra, procediendo las víctimas no sólo del catolicismo sino también del protestantismo, contándose por miles los acusados. Una parte no menos culpable en el proceso fue la secularización de los juicios, es decir, el traspaso de la competencia al poder civil, que tuvo lugar en los países protestantes a finales del siglo XVI. La antigua dependencia del "hábito y enseñanza italiana" continuó, promoviendo los elaboradores de las confesiones la idea como parte de la creencia ortodoxa, mientras que entre las masas del pueblo la superstición había arraigado. Entre los teóricos católicos que procuraron justificar los juicios de brujas mediante principios filosóficos estuvieron Jean Bodin (Magorum dæmonomania, Basilea, 1579), Peter Binsfeld, obispo sufragáneo de Tréveris, el jesuita Martín del Río de Amberes (Disquisitiones magicæ, Lovaina, 1599) y Georg Stengel de Ingolstadt († 1651, De judiciis). En el lado protestante el asunto fue discutido por el médico de Heidelberg, Thomas Erastus (Repetitio disputationis de lamiis seu strigibus, Basilea, 1578); Jacobo I de Inglaterra (Dæmonologie, Edimburgo, 1597) y especialmente Benedict Carpzov (Practicæ novæ... rerum criminalium, Leipzig, 1635).

Las tres parcas, de Francesco Salviati.Galleria Palatina, Florencia
Las tres parcas, de Francesco Salviati.
Galleria Palatina, Florencia
Oposición individual.
En tiempos posteriores los protestantes y católicos concordaron en mostrar la irrealidad de los fundamentos de esta serie de ideas. Es gracias a la obra de un profesor de medicina de Bonn, C. Binz, que se dieran a conocer en los siglos pasados un conjunto de opositores protestantes hacia los juicios de brujas, ejerciendo su influencia en esa dirección. De este modo, el luterano Johann Weier († 1588) escribió el más antiguo tratado latino contra la práctica de juzgar brujas (De præstigiis demonum, Francfort, 1566), teniendo varios seguidores durante el siglo XVI. Igualmente el protestante alemán John Ewich, médico en Bremen (1584), Johann Georg Gödelmann, profesor de derecho en Rostock y Augustin Lerchheimer, profesor en Heidelberg (Christlich Bedencken und Erinnerung von Zauberei, Heidelberg, 1585), así como el inglés Reginald Scot († 1599; The Discovery of Witchcraft, Londres, 1584), enérgicamente opuesto a la quema de brujas. El predicador arminiano J. Greve, de Arnheim en Holanda (Tribunal reformatum, 1622) fue otro precursor de los jesuitas Tanner y Spee. La Theologia scholastica de Tanner apareció en cuatro volúmenes, Ingolstadt, 1626, y el libro de Spee salió cinco años después, protestando ambos contra el encausamiento de las brujas. La misma causa la defendió a finales del siglo XVII Balthasar Bekker (De Betoverde Wereld, Leeuwarden, 1691) y a comienzos del XVIII Christian Thomasius (Theses de crimine magiæ, Halle, 1701).

Superstición abolida; supervivencias.
El siglo de la Aufklärung no quedó totalmente libre de la ejecución oficial de brujas en Alemania o el territorio germano-suizo. En Würzburgo en 1749 se quemó a la monja Marie Renate Singer; en Memmingen en 1775 se decapitó a Anna Maria Schwägelin y en 1782 a la criada Anna Göldi en Glarus. Desde entonces fue cediendo la espantosa epidemia, al menos en tierras europeas. Pero en América central y meridional el encausamiento por brujería perduró largo tiempo. La ejecución en la hoguera por el supuesto crimen fue realizada sobre una mujer en Camargo en México en 1860, sobre una mujer y su hijo en San Juan de Jacobo en el Estado mexicano de Sinaloa en 1874 y sobre una mujer, tras frecuente castigo, en la plaza del mercado de una ciudad de Perú en 1888. Que esto fuera el caso bajo dominio católico no es sorprendente, cuando se recuerda que el fundamento se encuentra en la teología tomista, que es prácticamente el sistema oficialmente reconocido por la Iglesia católica.

En Gran Bretaña y las colonias americanas.

Provisiones legales contra la brujería.
En Europa occidental el siglo XVII puede ser descrito como la era de la brujería, ejemplificada por la ejecución de 70 personas en Suecia en 1670, mientras que mil fueron ejecutadas en una sola provincia ese año en Italia. Este período fue anticipado por persecuciones esporádicas de brujas en el siglo anterior. En Inglaterra, Escocia y las colonias norteamericanas los encausamientos estaban basados en provisiones legales que se promulgaban de tiempo en tiempo, comenzando en el siglo XVI. En Inglaterra la brujería, definida como un pacto hecho por un hombre o una mujer con Satanás, quedó catalogada como felonía en 1541 bajo el rey Enrique VIII (33 Henry VIII, cap. 8) , extendiéndose bajo Isabel en 1562. El volumen de Jacobo I referido anteriormente fue parcialmente la ocasión para la nueva acta del parlamento en el primer año de su reinado (1603; 1 James I, cap. 12), donde se define exactamente el crimen. Una autoridad legal bien conocida (M. Dalton, The Countrey Justice, Londres, 1618) contemplaba un capítulo sobre la brujería, en el que procuraba definir exactamente las características físicas de una bruja. En Escocia la primera acta sobre el asunto está fechada en 1563, corregida en 1649, por la cual el clero fue a veces el instrumento de justicia y los presbiterios frecuentemente los peticionarios de la misma. El rechazo de las leyes en Inglaterra y Escocia en 1735 provocó muchas y persistentes protestas. Massachusetts en 1641 hizo de la brujería un delito capital; Connecticut siguió esa línea en diciembre de 1642 y en 1655 la colonia de New Haven fundamentó una ley similar explícitamente sobre No dejarás con vida a la hechicera.[…]Éxodo 22:18; "Si hay médium o espiritista entre ellos, hombre o mujer, ciertamente han de morir; serán apedreados; su culpa de sangre sea sobre ellos."[…]Levítico 20:27 y 10 No sea hallado en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni hechicería, o sea agorero, o hechicero, 11 o encantador, o médium, o espiritista, ni quien consulte a los muertos. […]Deuteronomio 18:10-11.

Clases afectadas por la creencia.
Una de las características notorias de los encausamientos por brujería de los siglos XVI y XVII, debido en parte al fundamento bíblico, es la evidencia de aquellos que en la Iglesia, el Estado, la ciencia y la sociedad, apoyaron de palabra y de hecho la idea misma y el procedimiento civil contra las brujas. De este modo Cranmer, en 1549 (Articles of Visitation), mandó al clero hacer investigaciones sobre la práctica de la brujería. El obispo Jewel en un sermón ante la reina Isabel en 1558 se lamentó por la multiplicación de brujas. Richard Baxter en Certainty of the Worlds of Spirits (Londres, 1691) también se hace eco del asunto. Cotton Mather en Nueva Inglaterra, que sirvió en una comisión para asesorar al tribunal especial que juzgó los casos y aconsejó precaución para aceptar ciertas líneas de evidencia presentadas (aunque sobre bases que subrayaban la extravagancia de la superstición), aprobó tras seis ejecuciones en Salem la evidencia y las convicciones que resultaron ser tan fatales (Discourse of the Wonders of the Invisible World, Boston, 1693). El delito quedó incluido en la competencia de los tribunales de justicia por los grandes juristas ingleses Sir Edward Coke y Sir Henry More, quienes declararon su creencia en la realidad de pactos entre los seres humanos y Satanás. William Penn participó en el juicio de dos mujeres suecas acusadas de brujería, que pudieron escapar sólo por una cuestión técnica en los procedimientos. Hubo médicos que diagnosticaron casos atribuidos a la brujería. El pronunciamiento del doctor Griggs, médico de la localidad de Salem en el caso de las niñas "afligidos" de ese lugar, es responsable en gran medida de los procedimientos que fueron tan notorios, en los cuales, entre marzo y septiembre de 1692, se ahorcaron a diecinueve personas. Mientras tanto, las opiniones de los educados estaban impregnadas de lo más inverosímil y de exageraciones fantásticas.

Encausamientos en Gran Bretaña.
Bajo los estatutos escoceses en Aberdeen en 1597 veinticuatro personas fueron quemadas en la hoguera por este delito. En Prestonpans (?) Isobel Grierson enfrentó el mismo destino en 1607, siendo una parte de la evidencia que se había aparecido en forma de gato para hacer obras inicuas. En 1617 veintisiete personas fueron ejecutadas en Aberdeen o en las inmediaciones; en 1622 Margaret Wallace fue ejecutada, siendo el acusador el ministro en Garmunnock y sufriendo la muerte poco después un conocido suyo, Alexander Hunter o Hatteraic; Alice Nisbet fue ejecutada en Hilton en 1632. En las mismas inmediaciones el año 1643 contempló varias ejecuciones, algunas de ellas por las turbas. Noventa mujeres fueron ahorcadas en Escocia en 1645 y 120 en 1661. Posiblemente la última ejecución por esta causa en ese país fue la de Little Dean en Dornoch en 1722. En Inglaterra la autoridad del rey Jacobo I aumentó la creencia en las brujas. En 1645-47 el infame buscador de brujas, Matthew Hopkins, corrió su horrible suerte y en ese tiempo en Suffolk y Essex 200 brujas fueron juzgadas y la mayoría de ellas ejecutadas (J. Howell, Familiar Letters, 1645). En 1664 dos mujeres fueron juzgadas en Suffolk ante Sir Matthew Hale, quien afirmó la veracidad de los hechos de la brujería.

Puritanos de Nueva Inglaterra arrestan a una mujer acusada de brujería
Puritanos de Nueva Inglaterra arrestan a una mujer
acusada de brujería
Primeros encausamientos en las colonias.
Cuando en la madre patria se manifestaba tan vívidamente en todas las clases sociales un sentido tan notorio de lo supuestamente sobrenatural, reforzado por el encausamiento oficial y las ejecuciones, no es sorprendente que el contagio se extendiera a las colonias, donde el contacto con la superstición de los indios era tan cercano. Las provisiones legales ya mencionadas son una clave de la opinión pública oficial. La primera víctima en las colonias, hasta donde los testimonios existen, fue Alse Young (no Mary Johnson) en Windsor, Connecticut, (con toda probabilidad el caso referido por J. Winthrop, History of New England edición de J. Savage, iii. 374, Boston, 1853). Margaret (o Martha) Jones, contra quien se levantó la sospecha en parte por su habilidad en el uso de hierbas sanadoras, fue ahorcada en Boston en 1648 y Ann Hibbins, viuda de un destacado comerciante de la misma ciudad, fue ejecutada el 19 de julio de 1656. Mrs. Bassett sufrió la pena de muerte en Stratford, Connecticut, en 1651, Mrs. Knapp en Fairfield en la misma colonia en 1653 (este fue un caso particularmente maligno); Nathaniel y Rebecca Greensmith fueron ahorcados en Hartford en enero de 1662, la esposa tras una "confesión" en la que implicó a su marido. Sin embargo, el caso más importante no en sí mismo sino porque en gran parte fue el detonante del estallido de Salem, fue el de Mrs. Glover, ejecutada en Boston el 16 de noviembre de 1688, por embrujar a las cuatro hijas, de trece, once, siete y cinco años, de un constructor de Boston llamado Goodwin. El relato de esas niñas y una parte del procedimiento legal que le siguió, dado por Cotton Mather (Memorable Providences Relating to Witchcraft and Possesion, Boston, 1689) ilustra lo arraigada que estaba esta creencia entre los inteligentes, así como la credulidad que podía inducir a creer en sucesos imposibles. Esas niñas, según Mather, ladraban como perros y maullaban como gastos; caían en extrañas contorsiones, una de ellas gritaba que estaba siendo estrangulada o que una cadena le oprimía la pierna o que estaba en un horno. Según Mather las niñas volaban en el aire con los brazos extendidos como si fueran las alas de los pájaros. Una de las niñas manifestó una precocidad antinatural al hablar con Mather y éste la exorcizó. Las niñas acusaron a Mrs. Glover, mujer de temperamento violento, y el resultado fue su condena y ejecución. Entre 1646 y 1688 doce personas fueron ejecutadas por este delito en Nueva Inglaterra, siendo sólo una pequeña proporción de los encausamientos, de los que algunos resultaron en la absolución, aunque en todos los casos quedó asociado un estigma que probablemente duró toda la vida.

El episodio de Salem; primera etapa.
El caso Goddwin fue naturalmente muy discutido y la aplicación de las leyes de la psicología indican su relación con el episodio de Salem. Esta sutil influencia se vio reforzada por las declaraciones explícitas de hombres de alta posición de que Satanás estaba desplegando, en una situación favorable para él en Nueva Inglaterra a causa de la novedad y rudeza de la tierra, un ataque en toda regla contra la humanidad. Las manifestaciones en las que los encausamientos de Salem se centraron comenzaron en la casa del reverendo Samuel Parris, ministro de la localidad desde 1689. Tenía en su familia a su hija Elizabeth (nueve años de edad; que fue pronto trasladada a otro lugar), su sobrina Abigail Williams (11 años) y una esclava llamada Tituba. Con ellas se reunía por las tardes de invierno de 1691-92 un círculo compuesto de las siguientes personas: Ann Putnam (12 años), Mary Walcott, Mercy Lewis y Elizabteh Hubbard (17), Elizabeth Booth y Susannah Sheldon (18), Mary Warren y Sarah Churchill (20), todas solteras y Mrs. Putnam, Mrs. Pope y una mujer llamada Wehman, éstas últimas de mediana edad. El objeto de las reuniones era practicar la quiromancia, la adivinación, la magia y el espiritismo. Antes de que terminara el invierno esas personas comenzaron a manifestar ante otras ciertas conductas curiosas, andar a gatas bajo las sillas, asumir posturas raras, hacer ruidos extraños, caer en trances epilépticos y retorcerse en gran agonía. El médico de la población ya mencionado, el Dr. Griggs, al ser llamado diagnosticó el caso como brujería. Al difundirse las noticias y aumentar los testigos en número también creció la excitación. Las manifestaciones ya no quedaron confinadas a las casas del ministro y las familias pertenecientes a los miembros del círculo, sino que tenían lugar en público, incluso en la iglesia, cuyos servicios eran interrumpidos por los "afligidos" con gritos o afirmaciones de la ocurrencia de algo inusual para la congregación. Bajo la suposición de que Satanás estaba actuando, las niñas no fueron reprendidas y su insolencia aumentó. El reverendo Parris llamó a los ministros vecinos, quienes testificaron de algunos sucesos y aceptaron el diagnóstico del doctor Grigg. Todo ese pequeño mundo estaba ahora en ebullición, surgiendo la pregunta de quién era responsable de la conducta en ese círculo. El cuestionamiento dedujo de las respuestas de las muchachas que las brujas eran Sarah Good, Sarah Osburn y Tituba. Los magistrados ejercieron su deber y examinaron a las acusadas, asumiendo que la culpa era el fundamento de la investigación. Tituba "confesó", mientras que las otras mantuvieron firmemente su inocencia. Durante esa sesión y las siguientes las muchachas parecían sufrir siempre que las miraban las acusadas. Pronto se encontraron nuevos inculpados, siendo acusada Martha Corey, aunque en su examen y todos sus actos consecuentes quedó manifiesto que era una mujer de capacidad inusual y fuerte sentido común. Su marido testificó y adujo algunas circunstancias triviales que se interpretaron como sustentación de la acusación, pero que eran claramente el resultado del fermento en el ambiente. De esta manera una persona tras otra cayó bajo sospecha, hasta que pareció que no había nadie que quedaría exento.

Etapas posteriores y finalización.
Los estudiosos del caso han señalado que los primeros acusados fueron personas de poca importancia en la comunidad o incluso sin reputación; que la siguiente etapa consistió en la acusación de aquellos que por propiedad u otras razones eran personæ non gratæ, ya fuera para la comunidad o para las muchachas. Luego las acusadoras fueron más atrevidas, inculpando a quienes bajo otras circunstancias nunca habrían sido acusados con este delito, siendo de especial importancia el hecho de que aquellos que se oponían o denunciaban los procedimientos eran señalados y perseguidos vengativamente por el grupo de muchachas. Particularmente destacado en este aspecto fue el caso de John Proctor, cuya familia entera, incluyendo a los parientes de su esposa, fue llamada a juicio y sufrieron gran perjuicio personal y material. Entre los que fueron inculpados estuvieron Dorcas Good, una niña de unos cuatro o cinco años de edad, el reverendo Samuel Willard, de Old South Church, Boston, John Alden y finalmente Mrs. Halle, la esposa del ministro de la Primera Iglesia de Beverly. Las virtudes de los últimos citados eran tan evidentes y sus servicios tan distinguidos que los acusadores se sobrepasaron, dándose cuenta la gente y desvaneciéndose el engaño. Los arrestos continuaron en 1693 y en enero de ese año hubo 50 acusaciones aunque sólo tres condenas, si bien el presidente del tribunal William Stoughton mantuvo hasta el final su posición respecto a la evidencia a ser admitida y su prejuicio contra todos los que eran acusados. En abril del mismo año el gobernador dejó libre por proclamación a todos los que estaban encarcelados por este cargo y en 1711 promulgó una legislación en favor de aquéllos que habían sufrido por el mismo, o de sus parientes, compensándolos con una indemnización económica. Así acabó la farsa de Salem. Pero todavía hubo casos esporádicos de encausamiento e incluso de ejecución. En julio de 1706 en Prince Anne Court House, Virginia, Grace Sherwood sufrió la ordalía por agua y fue condenada a la cárcel, aunque la disposición final del caso no está registrada. En 1712 en Carolina del Sur un comité de vigilancia capturó y "asó" a varias brujas (si hasta morir no está claro) y un jurado rechazó recompensar por daños a las víctimas o sus representantes. Y en Illinois, bajo la jurisdicción de Virginia, en 1790, algunos esclavos negros, varones y mujeres, fueron ejecutados en la hoguera, en la horca o fusilados.

Efectos financieros y morales.
Los resultados directos de la conmoción se aprecian sólo parcialmente en las ejecuciones. Cientos fueron arrestados, muriendo algunos en prisión y otros quedaron bajo sospecha, con todas las consecuencias naturales que produce la superstición general que degenera en cruel fanatismo. Incluso donde no se llegó a ninguna condena, las víctimas fueron a veces multadas con grandes cantidades para pagar las costas del juicio. Algunos huyeron de prisión, dejando su lugar natal para buscar otro ambiente en una atmósfera mejor. Hubo quienes fueron desterrados o sufrieron la injusta calumnia de sus vecinos. Las familias de las víctimas sufrieron la extinción legal de sus derechos civiles durante 18 años. Hubo quienes llegaron a la comunidad para aprovecharse de las circunstancias y, ante la excitación de las pasiones, tomaron venganza. Aunque todas las clases sociales, especialmente los entendidos en derecho, medicina y teología, quedaron atrapados por la efervescencia, el oprobio yace en gran medida en los ministros que fueron tan activos en el asunto. Se ha escrito mucho en pro y en contra de ellos. Pero con la perspectiva que otorga el paso del tiempo, se puede decir que si ellos hubieran estado libres de la superstición, no habría ocurrido el episodio, ni siquiera con el pronunciamiento de los médicos en favor de la brujería. Sus suposiciones defendiendo la posibilidad de un pacto entre un Satanás físico con hombres y mujeres fueron decisivas y en este aspecto la influencia de Cotton Mather no fue menor. Por otro lado, muchos clérigos, desde el principio, trabajaron arduamente contra los procedimientos, mitigaron la severidad donde fue posible y finalmente ayudaron en la recuperación tras el engaño.

Problemas psicológicos.
Las circunstancias añadidas presentan muchos problemas a los psicólogos. El primer conjunto de problemas se enfoca en el círculo de las muchachas y mujeres que fueron etiquetadas de brujas. Había muchos elementos de conflicto presentes; el conocimiento de las hijas de Goodwin era indudablemente un factor primario; existía el propósito de practicar fenómenos ocultos que eran el motivo de las reuniones; también la presencia de la posiblemente deficiente Tituba, con sus inclinaciones afro-indias, influyó en las otras mujeres; no ha de olvidarse la impresión de habilidad de los miembros del círculo, que estaban claramente abiertos a la sugestión y autosugestión; tampoco ha de minusvalorarse el deseo de alimentar su propia notoriedad, una vez que los acontecimientos tomaron cierta dimensión; finalmente, estaba la predisposición de la comunidad afectada a valorar cualquier afirmación hecha por las "afligidas." El segundo conjunto de problemas surge de la comunidad misma. ¿Cómo pudieron estar tan oscurecidas las ideas de justicia de todos los estamentos, el sentido común del hombre y la mujer ordinarios, el conocimiento del médico, la percepción legal del magistrado y la perspicacia del ministro como para permitir que la orgía de encausamientos durara un año? Esta falta de sensibilidad fue tan pronunciada que quienes podían ser los defensores de los acusados quedaron casi completamente silenciados, atenazados por el temor y por el hecho de que la defensa de los acusados suponía un peligro de acusación de complicidad en la supuesta brujería. La buena reputación anterior y los útiles servicios prestados de nada servían ante el frenesí que paralizó los impulsos humanos. La característica del episodio de Salem que es más notoria es la epidemia de desequilibrio espiritual. El tercer conjunto de problemas lo presentan las "confesiones" de las víctimas. En algunos casos la causa motivadora fue un mórbido deseo de notoriedad, para lo cual una oportunidad tan inusual proporcionó la ocasión. Más aún, las preguntas hechas por los fiscales y jueces indican una tendencia supersticiosa que en las mentes de los débiles podía fácilmente estimular la imaginación insana de los acusados. En algunos casos pudiera ser que las víctimas confesaran para poder poner fin a sus sufrimientos y luego se inventaran el relato de sus tratos con Satanás, añadiendo los detalles que la investigación sugería para elaborar la "confesión."