Historia

CÁBALA

Cábala es la palabra que designa las doctrinas esotéricas del judaísmo. Aunque se afirma que es un producto del período tannaíta (70-220 d. C.) y obra de sabios como Ismael ben Eliseo, Simeón ben Yohai y Nehunya ben ha-Kanah, las investigaciones han demostrado que es un producto de la Edad Media. Ni siquiera el nombre kabbalah (de kibbel, "recibir") sucede con esta especial connotación antes del siglo XIII, denotando el término kabbalah en el Talmud los Hagiógrafos y los Profetas, en contraposición a la Torah, o Pentateuco.

Las diez sefirot
Las diez sefirot
Origen y difusión de la Cábala.
La Cábala se originó en un período cuando prevaleció en el judaísmo un craso concepto antropomórfico de Dios. En Maimónides el racionalismo alcanzó su culminación, siendo el sentido literal el único aceptado, mientras que se rechazó la interpretación alegórica. El estudio del Talmud se había convertido en algo puramente legalista y la adoración había degenerado en formalismo. Contra esta fe estereotipada surgida del aristotelismo nació la reacción de la Cábala. Procuraba dar al alma la alimentación anhelada con una interpretación esotérica de las Escrituras, una presentación vívida y una narrativa dramática, aunque, en su fervor especulativo, quedó demasiado envuelta en una bruma incorregible, provocando una oscura superstición por sus malabarismos con los nombres de Dios. Surgiendo en la Provenza, la reacción contra el racionalismo pasó a España, el verdadero hogar de la Cábala. De ahí, tras la expulsión de los judíos españoles, fue llevada a Tierra Santa, de donde se difundió por toda Europa. Las doctrinas fundamentales de la Cábala se derivan del judaísmo helenista, el neoplatonismo y el neo-pitagorismo, con huellas ocasionales de gnosticismo. Sin embargo, esos elementos están tan entremezclados con la Biblia y con un método midráshico de presentación, que el conjunto ha quedado impregnado con el sello del judaísmo.

Doctrina de Dios.
Según la Cábala, Dios es el eterno e ilimitado principio de todo, siendo por tanto llamado En Sof ("El Infinito"). Los atributos que se le dan son generales, más que específicos. Es absolutamente perfecto y está libre de toda mancha; él es unidad e inmutabilidad; es inabarcable y nada existe aparte de él; ya que no puede ser conocido ni por sabiduría ni por entendimiento no se puede definir, ni ser formado concepto sobre él ni plantearse cuestión tocante a él. Para todos los seres él es el oculto de todo lo oculto, el escondido de todo lo escondido, el antiguo de todo lo antiguo, el primero de todo lo primero y el principio primordial.

La creación de las sefiroth.
La doctrina cardinal cosmogónica de la Cábala es la creación ex nihilo. La reconciliación de los fenómenos imperfectos y transitorios del mundo con la perfección e inmutabilidad de Dios y la relación mutua de ambos, fueron problemas nunca resueltos por los cabalistas. Para explicar el enigma asumieron la existencia de una serie de potencialidades primordiales independientes y espirituales, que eran sustancias inteligentes o demiurgos emanados de la Deidad. Esos demiurgos (sefiroth) son mencionados en el Séfer Yez'irah, siendo diez en número. Según esa obra, la primera emanación fue el espíritu del Dios vivo, del cual procedió todo el mundo de los fenómenos. Este mismo espíritu originó el éter, el agua y el fuego que emanaron el uno del otro. Del éter surgió el mundo intelectual, del agua el material (el tohu wa bohu de Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.[…]Génesis 1:2) y del fuego el espiritual (los ángeles y el trono de Dios). Esos cuatro sefiroth son seguidos por los seis límites de espacio, altura, profundidad, este, oeste, norte y sur. Sin embargo, no hay una idea consistente sobre la naturaleza de las sefiroth, que a veces se consideran intermediarios entre Dios y el mundo visible y otras veces como manifestaciones de los poderes y propiedades de Dios, habiendo una divergencia igual de opinión en cuanto a si son creaciones que forman, en un sentido, la base de creaciones posteriores, o emanaciones por las que Dios emerge de su ocultamiento y asume forma. Todos los intentos de reconciliar esas ideas en conflicto postulando la existencia de Dios, tanto en los fenómenos como sobre ellos, no lograron resultado. La emisión de las sefiroth desde Dios la estimaron los cabalistas peligrosa para la doctrina de su inmutabilidad e infinitud. La primera dificultad quedó resuelta por la hipótesis de que el designio de Dios de manifestarse a sí mismo existió desde toda la eternidad. Sin embargo, ya que Dios en su infinitud llena el universo entero no queda sitio para las sefiroth, hasta que Moisés ben Jacob Cordovero (1522–70) e Isaac Luria (1533–72) postularon dos concentraciones: una en contracción y otra en retracción. Sin embargo, muchos cabalistas no pudieron aceptar esa teoría de la concentración, que estaba estrechamente relacionada con el gnosticismo de Valentín y Basílides y prefirieron asumir que la emergencia de Dios de su ocultamiento había que entenderla en términos de concepto más que de espacio y otros estimaron el proceso entero de forma metafórica.

Los nombres de las sefiroth.
La primera sefirah fue Kether ("Corona"), la fuente primordial de toda existencia. La segunda fue Hokmah ("Sabiduría"), que, aunque envuelta en Dios, generó las ideas. La tercera fue Binah ("Inteligencia"), que transmite las ideas de la sabiduría eterna. La cuarta fue Hesed ("Amor", a veces llamado Gedulah, "Grandeza"); la quinta Din ("Ley"; también llamada Geburah, "Poder" o Pah'adh, "Temor"), la sexta Tifereth ("Belleza"; también llamada Rahamim, "Misericordia"); la sexta Nezah ("Firmeza"), la octava Hodh ("Esplendor") y la novena Yesodh, ("Fundamento"). La décima sefirah fue Malkuth ("Reino"), también llamada Shekhinah, "Realeza"), quedando unida en matrimonio con el Dios que gobierna el mundo. El número de las sefiroth estuvo indudablemente influenciado por el hecho de que la astronomía entonces postulaba la existencia de diez esferas y también por la santidad atribuida al número diez.

Tríadas de las sefiroth.
Ya en el siglo XI Hai Gaon (998–1038) clasificó las diez potencialidades primarias en dos grupos, el primero incluía tres que produjeron el mundo espiritual y el segundo comprendía dos tríadas que estaban unidas por una séptima y formaban la fuente del mundo material. Este bosquejo lo retuvieron los cabalistas posteriores. Azriel (1160–1238) distinguió tres grupos: intelectual, espiritual y material, una clasificación evidentemente debida a la influencia neoplatónica. Cada grupo formó una tríada y sus miembros permanecen en relación mutua de tesis, antítesis y síntesis. Los dos primeros miembros sostienen una relación polar entre sí y están unidos por el tercero. De esta manera en la primera tríada, que consiste de "Corona", "Sabiduría" e "Inteligencia", esta última forma el lazo de conexión. En la segunda tríada, que consiste de "Amor", "Ley" y "Belleza", esta última (o "Misericordia") forma el lazo de unión, mientras que la tercera tríada de "Firmeza", "Esplendor" y "Fundamento", ésta reconcilia a las dos primeras. Estas tres tríadas están sujetas a la décima sefirah, "Reino" que las une en un conjunto armonioso. La primera tríada contiene los "autores del plan del mundo", la segunda los "ordenadores" y la tercera los "creadores." Aunque las sefiroth no son comparables a Dios y no condicionan su independencia, participan de su infinitud y transmiten sus flujos de bendiciones a los diversos mundos. Para este propósito, de cuya existencia y actividad dependen, están unidas con Dios por canales invisibles (zinnoroth) que proceden del trono de la majestad divina. Al ser las sefiroth las primeras manifestaciones de Dios, forman un mundo ideal que no tiene relación con el mundo material y en este aspecto son denominadas o bien "hombre primordial" (adam kadmon) o "superhombre" (adam 'ilai), que a veces es considerado la sefiroth colectivamente y en otras ocasiones la primera manifestación por la que Dios se reveló a sí mismo como creador y gobernante del mundo. En este aspecto parece ser una revelación interpuesta entre Dios y el universo y por lo tanto un segundo Dios, como si dijéramos el Logos.

Los cuatro mundos.
Según una idea posterior, varios grados de emanación produjeron otros mundos, en cada uno de los cuales se repitieron las diez sefiroth. El primero fue 'Olam ha-Azilah ("Mundo de la radiación"), que contiene los poderes del plan divino de los mundos. Esos poderes tienen la misma naturaleza que el mundo de las sefiroth o el Adam kadmon, mientras que, según el Zóhar, también contiene el trono de la Shekinnah y el manto de luz de Dios. Del 'Olam ha-Azilah emanó el 'Olam ha-Beriah ("Mundo de la creación"), el hogar de los poderes y potencias que organizan. Allí están los tesoros de la bendición y la vida y el trono de la gloria de Dios, así como las moradas de toda perfección espiritual y moral, donde habitan las almas de los justos. A su vez, el 'Olam ha-Beriah produjo el 'Olam ha-Yezirah ("Mundo de la creación"), con los ángeles y Met'atron como su jefe. A él están sujetos los malos espíritus (kelifoth, "basuras"), que moran en los planetas y en otros cuerpos celestes o en el éter. El cuarto mundo es el presente material y fenoménico 'Olam ha-'Assiyah ("Mundo de la acción"), que está sujeto a constante cambio e ilusión. Como las sefiroth, los cuatro mundos están estrechamente relacionados con Dios como principio primordial y reciben continuos flujos de bendición divina. Esta cosmología de los cuatro mundos se basa en la teofanía de 1 Sucedió que en el año treinta, al quinto día del cuarto mes, estando yo entre los desterrados junto al río Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios. 2 (En aquel día cinco del mes, en el quinto año del destierro del rey Joaquín, 3 la pal[…]Ezequiel 1 y parece mencionarse primero en Massekheth Aziluth, pequeño tratado de la primera mitad del siglo XIII. Las tendencias antropomórficas cabalistas les llevaron a hacer distinciones de sexo entre las sefiroth. El principio masculino, que es de color blanco, aparece principalmente en "Amor", aunque sustenta a las otras dos sefiroth del lado derecho ("Sabiduría" y "Firmeza"); mientras el principio femenino escarlata, que debe su existencia al masculino, mora principalmente en "Ley", aunque también forma la base de las otras sefiroth del lado izquierdo ("Inteligencia" y "Esplendor").

Origen del mal.
Junto a las sefiroth celestiales existen las sefiroth del mal y, en manera semejante, Adam kadmon tiene su contraparte en Adam Beliyya'al. Ambos ámbitos se relacionan entre sí como el ala derecha y la izquierda. En el reino del mal, al igual que en la esfera del bien, hay diez grados. Bajo el liderazgo de Samael y su esposa, la gran adúltera, las sefiroth tenebrosas trabajan incesantemente para la destrucción del mundo. Sin embargo, ya que las sefiroth de oscuridad, como las sefiroth de luz, eran consideradas emanaciones, había el peligro de que el Infinito pudiera ser considerado autor del mal. Para evitar esto, los antiguos cabalistas avanzaron la hipótesis de que el origen del mal debía buscarse en las distancias de las emanaciones de su autor divino, ya que a medida que se alejaban de Dios hacia el mundo material, más degeneraban. Los cabalistas más jóvenes como Luria, por otro lado, sostuvieron que los recipientes de las sefiroth no podían contener y dirigir la plenitud de la bendición divina y reventaron, dando origen al mal. Sin embargo, la penitencia, mortificación, oración y rígida observancia de las ceremonias prescritas reconciliarán gradualmente las esferas superior e inferior y restaurarán la armonía original del universo. Es notorio que esta doctrina de la oposición de los dos reinos es un desarrollo posterior de la Cábala, no siendo plenamente desarrollada hasta el siglo XIII.

Doctrina del Mesías.
Las enseñanzas mesiánicas de la Cábala están estrechamente relacionadas con la doctrina de la esfera de las sefiroth malignas. Cuando por su piedad y virtud la humanidad haya reducido el reino de los kelifoth, aparecerá el Mesías y restaurará todas las cosas a su condición original. Bajo su dominio todo volverá a la luz divina y cesará la idolatría. En su explicación de la naturaleza y objetivos del Mesías la Cábala diverge un tanto de las ideas avanzadas por el Talmud y el Midrash. En su antropología la Cábala generalmente adoptó los principios del Talmud y del misticismo gaónico, pudiéndose resumir brevemente su nuevo desarrollo. El hombre terrenal es un tipo del arquetipo Adam kadmon y comprende dentro de sí todo lo que contiene la creación ideal. Es, por tanto, un microcosmos. La Cábala también enseña la naturaleza dual del hombre, que consiste de cuerpo y alma. Todo miembro tiene su significado simbólico, tipificando el cuerpo, como indumentaria del alma, el merkabah (el trono celestial de Y la forma de sus caras era como la cara de un hombre; los cuatro tenían cara de león a la derecha y cara de toro a la izquierda, y los cuatro tenían cara de águila;[…]Ezequiel 1:10). Sin embargo, el alma es muy superior al cuerpo, ya que deriva del alma divina y a través de los "canales" (zinnoroth) puede influenciar al mundo intelectual y hacer descender sus bendiciones al mundo inferior. Aparece bajo las tres designaciones de nefesh, ruah y neshamah. La primera es el impulso ciego, la segunda es la sede tanto de los buenos como de los malos impulsos y la tercera es capaz de unirse con Dios y el reino de la luz.

Doctrina del alma.
La Cábala también enseña la pre-existencia del alma. Todas las almas destinadas a entrar en los cuerpos humanos han existido desde toda la eternidad en un número fijado, nutridas por la contemplación de la radiación divina de la Shekinnah. La entrada del alma al cuerpo es una desgracia, por lo que imploran a Dios que les evite tal encarcelamiento. Antes de su entrada a los cuerpos humanos, las almas son andróginas, mientras que el matrimonio une las amputadas mitades en un todo único. Esta doctrina, como la precedente, es reminiscencia de Platón y Filón, al igual que la doctrina cabalística de que todo saber terrenal es nada más que una reminiscencia de lo que el alma sabía antes de venir a la tierra.

Metempsícosis.
De especial interés es la doctrina cabalística de la reencarnación. Cada alma que está unida con un cuerpo ha de pasar por un período de prueba en este mundo y si es capaz de preservar su pureza original regresa inmediatamente tras la muerte a su lugar de origen celestial. Si, por otro lado, cae en pecado, queda sujeta a una purificación y está obligada a permanecer en formas inferiores de existencia, tales como animales, árboles, piedras y ríos, hasta que expíe plenamente su mal y obtenga la pureza necesaria para su regreso a su hogar celestial. Sin embargo, ocasionalmente el alma cargada de pecado deambula en el mundo con sus congéneres, desnuda y avergonzada, hasta que finalmente recibe su purificación en el infierno. Apenas nacen nuevas almas, siendo el mayor número reencarnaciones. Esto es una prueba de la corrupción del género humano y aunque hay espíritus exaltados que descienden en ocasiones a la tierra para beneficio del hombre y asumen forma humana, todas las almas creadas desde el principio no han sido capaces de nacer debido al número de reencarnaciones necesitadas por la maldad humana y consecuentemente el Mesías no ha llegado. Durante el sueño las almas de los justos frecuentemente dejan sus cuerpos, ascienden a regiones celestes, se relacionan con los espíritus y reciben revelaciones de misterios futuros. Las almas malignas, por otro lado, descienden a las esferas de oscuridad e impureza y conversan con los demonios, quienes les dan palabras falsas y mentirosas. Para que la humanidad pueda mantener comunicación con el mundo de la luz durante la existencia terrestre, los cabalistas exigieron una escrupulosa observancia de la ley ceremonial y, por encima de todo, de la oración, a la que atribuyeron influencia sobre Dios mismo. Entre otros medios se subrayó el ascetismo, la flagelación, el retiro del mundo, la práctica de las buenas obras, llevar indumentaria blanca y el uso de las filacterias y el talit.

Exégesis místico-bíblica de la Cábala.
El escolasticismo aristotélico dio origen en el judaísmo a un sistema de exégesis que alumbró la idea de que la religión era más asunto de la cabeza que del corazón. Sin embargo, en este mismo tiempo el aumento de la persecución de los judíos provocó una necesidad de fortaleza espiritual y vivificación, siendo esas exigencias suplidas por la oposición cabalista a la interpretación puramente intelectual de la Biblia y por la sustitución de un nuevo método de hermenéutica, que sondeaba las profundidades de la Escritura y fortalecía los pilares de la religión. Ya en el período talmúdico y mishnaico había prevalecido el sentimiento en ciertos ambientes de que además del significado literal de la Biblia (peshat) había un significado alegórico (derush). Los cabalistas fueron más allá y estimaron las letras, palabras y nombres de la Biblia poseídos de misterios divinos profundamente escondidos, por lo que los relatos de Agar, Esaú y Balac contenían mucho más que mera historia. Por tanto pusieron poco énfasis en el sentido literal de la Biblia, no pudiendo añadirse o quitarse una letra de ella. En su esfuerzo para abrir los misterios divinos emplearon varios sistemas de exégesis.

Interpretación bíblica por la gematria.
El principal de esos sistemas fue la gematria, o estudio de las letras. Ya en el Séfer Yezirah las 22 letras del alfabeto hebreo quedaron divididas según su sonido, forma y valor numérico. A la primera clase pertenecían las tres "madres", aleph, mem y shin, que representaban los tres elementos primordiales, aleph el aire (awwer), mem el agua (mayim) y shin el fuego (esh). Las siete letras "dobles" formaban la segunda división (beth, gimel, daleth, kaph, pe, resh y taw) y eran simbólicas de los siete planetas, los siete días de la semana, las siete puertas del alma, los siete mares y semejantes; mientras que en virtud de su doble pronunciación, aspirada o no aspirada, tipificaban las siete antítesis del hombre: vida y muerte, sabiduría y necedad, riqueza y pobreza, paz y guerra, belleza y fealdad, fertilidad y esterilidad, poder y esclavitud. Las 12 letras "simples", que constituyen el resto del alfabeto, simbolizaban las 12 actividades del hombre: ver, oír, oler, hablar, comer, cohabitar, trabajar, caminar, airarse, reír, pensar y dormir. El valor numérico de las letras se traducía en números sagrados, por lo que 12, por ejemplo, tipificaba las 12 tribus, los 12 meses y los 12 signos del zodíaco. Posteriormente la gematria fue dividida en aritmética y figurativa, considerando la primera las letras según su valor numérico y la segunda dedicada al modo de escribirlas.

Tetragrammaton
Tetragrammaton
Poderes mágicos del Tetragrammaton.
Un segundo sistema exegético fue el notarikon, el uso acróstico de las letras en tal forma que cada letra de una palabra formaba la letra inicial de una nueva. El tercer método fue ziruf, la combinación de las letras y el cuarto temurah, la creación de nuevas palabras por la permutación o intercambio de letras. Los nombres de Dios fueron asunto especial de los malabarismos cabalísticos, ya que no eran solo los medios por los que Dios había emergido de su ocultamiento y se había hecho manifiesto al entendimiento, sino que eran medios para trabajar sobre los poderes inteligibles y realizar milagros de todas clases. Los poderes más maravillosos se atribuían al divino tetragrammaton, YHWH. Quienquiera que poseyera la verdadera pronunciación de este nombre podía entrar en relación con el mundo superior y recibir revelaciones del alma universal. Cada letra del nombre era portentosa. La yodh representaba al Padre como creador y la doble he a la Madre superior e inferior, mientras que la waw tipificaba la creación. Por la permutación de las letras del tetragrammaton se obtenía una riqueza de nombres divinos, a los que, de manera semejante, se atribuían poderes milagrosos. En la Cábala "práctica" esos nuevos nombres desempeñaron una parte importante, usándose en fórmulas, amuletos y conjuros, siendo su correcta enunciación y las gesticulaciones con las que eran pronunciados factores determinantes en todas esas operaciones. De manera semejante, los nombres de 12, 22, 24 y 72 letras contenían grandes misterios, influenciaban al Ser Supremo y evitaban sentencias amenazantes, mientras que los nombres de los ángeles quedaban sujetos a manipulación similar. El resultado neto fue la total pérdida de cualquier comprensión del verdadero significado del texto de la Biblia.

El primer período de la Cábala.
La historia de la Cábala comprende un período de unos mil años, ya que sus principios se pueden trazar hasta el siglo séptimo, mientras que sus últimos adherentes pertenecieron al siglo XVIII. Este lapso de tiempo se puede dividir en dos períodos: el primero del siglo VII al XIII y el segundo desde el XIV al XVIII. Desde el siglo séptimo al noveno floreció el misticismo del Merkabah, dedicado a las descripciones de las "moradas grandes y pequeñas" y a describir el trono de Dios y su corte de ángeles, según modelos bizantinos. Dios el Infinito, las sefiroth y la transmigración se desconocen todavía y la autoridad citada en todas las ocasiones es la del tannaíta Ismael ben Eliseo, quien destacó en los siglos primero y segundo d. C. El malabarismo con el alfabeto está representado por el "Alfabeto de Rabí Akiba", que trata de las letras según el nombre y la forma y las relaciona con toda forma de enseñanza moral y religiosa.

El Séfer Yezirah.
Con la aparición del Séfer Yezirah ("Libro de la creación") en el siglo octavo, el misterio del trono de Ezequiel dio paso al misterio de la creación, introduciéndose un elemento cosmogónico cada vez más importante en el periodo posterior. Aquí la doctrina de la emanación aparece en la forma en la que se había originado en Alejandría. Las 22 letras se relacionan con las 10 emanaciones divinas, formando los 32 senderos de sabiduría esotérica y constituyendo la base de todas las cosas. Dios no sólo es el creador, sino también el sustentador y gobernante del mundo. Las letras del alfabeto son "poderes reales" que sostienen todos los fenómenos, mientras que su permutación y evaluación, así como su connotación, son de importancia. El Séfer Yezirah es la obra más antigua que unifica la especulación cabalística en un conjunto sistemático. Según la misma hay cuatro principios fundamentales, emanados uno del otro: espíritu, espíritus, agua primordial y fuego primordial, unidos todos por las tres dimensiones y sus antítesis en una década. Todas las cosas están en flujo continuo, disolviéndose las combinaciones antiguas y formando nuevas, mientras que a través de los fenómenos gobierna la ley de las antítesis, que están unidas por el medio entre ellas. Una obra destacable del mismo periodo es el Séfer Raziel, que enseña la influencia de los planetas y las figuras del zodíaco sobre la tierra. En esta obra el ángel Raziel toma el lugar de Metatron, el ángel de la presencia, ya que posee y comunica misterios astrológicos y astronómicos.

Fragmento de un libro cabalístico; manuscrito árabe de la catedral de Barcelona
Fragmento de un libro cabalístico;
manuscrito árabe de la catedral de Barcelona
Cristalización de la Cábala.
En el siglo XIII comenzó la cristalización de la Cábala, desarrollándose plenamente la doctrina de las sefiroth. Al mismo periodo pertenece probablemente la composición del "Libro luminoso", también llamado el "Midrash de Nehunya ben ha-Kanah," que enseña en lo principal un bosquejo de la metempsicosis, mientras que las 10 emanaciones divinas, que todavía no son llamadas sefiroth, sino ma'amarim ("mandamientos"), aparecen como categorías poseídas de fuerza creativa y relacionadas con los atributos de Dios. Una tendencia hacia la profecía visionaria quedó marcada en la Cábala por Abraham ben Samuel Abulafia († 1304), quien puso especial énfasis en el conocimiento del nombre divino, tal como está determinado por los métodos exegéticos de la gematria, notarikon, ziruf y temurah, mientras que su discípulo Joseph ben Abraham Gicatilla se dedicó a los misterios del alfabeto, que elaboró en sintonía con la doctrina de las sefiroth. La especulación cabalística comenzada por Isaac el Ciego alcanzó su culminación en el Zóhar, supuestamente escrito por Moisés ben Shem-Tob de León († 1305). Si al Séfer Yezirah se le llama la Mishná de la Cábala, al Zóhar se le denomina el Talmud. Ostensiblemente es un comentario midrásico de las perícopas del Pentateuco, pero prácticamente está inundado de una masa de especulaciones cabalísticas y místicas y con alegorismos fatuos, especialmente sobre los nombres de Dios, los acentos y las vocales. De manera semejante, el reino del mal, con sus demonios y espíritus malos que continuamente se oponen a la esfera de la justicia, se describe en términos de la fantasía más imaginativa. Sus declaraciones se ponen en boca de Simeón ben Yohai, un tannaíta del siglo segundo d. C., quien, según el Talmud, vivió en asociación con el ángel Metatron, quien le comunicó los misterios divinos. No obstante, en manera alguna es una obra uniforme, estando entre sus componentes más antiguos el "Libro del misterio", que está dedicado a la creación y los sucesos que la precedieron; la "Gran asamblea sagrada" que forma un compendio de especulación cabalística y halla el tipo de todas las sefiroth en el hombre, a través de cuyo proceso mental el mundo superior de la luz se une con el mundo inferior de los sentidos, mientras que a los antropomorfismos del Antiguo Testamento se les considera metáforas; el "Verdadero pastor" explica la naturaleza de las emanaciones primordiales.

El Zóhar.
Los elementos posteriores del Zóhar son los siguientes: el "Pequeña asamblea sagrada" que proporciona una exposición más clara de los asuntos tratados en el "Gran asamblea sagrada"; el "Libro del misterio de los misterios", dedicado a la fisiognomía y la quiromancia; el "Libro de las moradas", que describe las moradas de las almas en el jardín de Edén y en el infierno; el "Midrash oculto", que relata el regreso de las almas a su nueva y perfecta forma humana tras la resurrección y describe el banquete preparado para los justos; el "Anciano", que describe la transmigración de las almas y los castigos del infierno; el "Joven", una exposición de varias enseñanzas cabalísticas y "Mishnas y Tosefta", que está dedicado principalmente a los significados místicos de los nombres divinos. A pesar de la oposición de los talmudistas y filósofos el Zóhar tuvo un enorme seguimiento, siendo considerado una revelación del cielo. Por su medio España se convirtió en el auténtico hogar de la Cábala y hasta el día actual goza de autoridad en algunos medios judíos.

Jacob Frank
Jacob Frank
Período final de la Cábala.
Con el exilio de los judíos de España la Cábala fue llevada a todos los países y Safed en Tierra Santa se convirtió en su nuevo centro. Allí, en el siglo XVI, Moisés ben Jacob Cordovero e Isaac Luria sistematizaron la Cábala y llenaron un vacío que había existido en el Zóhar, subrayando el primero el lado metafísico y especulativo y el segundo el ascético y ético. Mediante ellos el Zóhar fue casi deificado y en un espíritu semejante muchos cabalistas del siglo XVII, tales como Sabbatai Zewi y Jacob Frank, se proclamaron profetas o afirmaron que la Shekinnah o el alma del Mesías se había encarnado en ellos. Sin embargo, desde ese tiempo en delante la Cábala comenzó a declinar y los nombres de sus representantes ya no fueron de la misma importancia como los antiguos.

Influencia de la Cábala sobre el judaísmo.
Aunque la Cábala tenía como propósito una espiritualización de la religión, los elementos paganos que adoptó produjeron en el judaísmo una idea del universo que le era totalmente ajena, generando gran daño. El concepto bíblico del monoteísmo fue sustituido por una nebulosa teoría de la emanación con tendencias panteístas y la doctrina de la unidad de Dios fue puesta a un lado por la de las diez sefiroth, que eran estimadas divinas en esencia. Ya que la oración no iba ya dirigida inmediatamente a Dios sino a las sefiroth, se desarrolló un culto a éstas. La filosofía y el Talmud fueron desdeñados por los cabalistas e incluso el estudio de la Biblia fue desatendido al no ser leída con sus propios recursos, sino únicamente con la ayuda de los métodos cabalísticos de hermenéutica. Tampoco el ritual escapó al cambio y la mutilación, quedando asociados las filacterias y el talit a las diversas fórmulas cabalísticas, siendo especialmente prominentes en las oraciones a las sefiroth. Lo peor de todo fue el aumento de la superstición. Para que el alma pudiera alcanzar la esfera de la luz tras la muerte, se practicaban las más severas mortificaciones de la carne, mientras que se creía que los nombres misteriosos de Dios curaban las enfermedades y apagaban el fuego, alterando Dios su divina voluntad por la oración de los cabalistas. El mismo reino de las tinieblas quedaba sujeto a las fórmulas apropiadas de oración y los condenados quedaban liberados de sus tormentos por el uso de los nombres mágicos de Dios.

Johannes Reuchlin
Johannes Reuchlin
Relación de la Cábala con el cristianismo.
Durante el período de la Reforma la Cábala atrajo amplia atención a causa del supuesto parentesco y acuerdo de sus doctrinas con los dogmas de la Iglesia. La opinión prevaleciente es que formaba el medio por el que judaísmo y cristianismo podían fácilmente unirse, especialmente en lo tocante a la doctrina de la Trinidad, el Mesías como Hijo de Dios y su obra expiatoria. En su celo misionero hacia los musulmanes en el siglo XIII, Raimundo Lulio consideró la Cábala una revelación divina y una vez que el convertido judío Pablo de Heredia (hacia 1480) hubo mostrado en su "Carta de los secretos" que todas las principales verdades del cristianismo estaba contenidas en la Cábala, los eruditos cristianos rivalizaron en su disposición a estudiar el judaísmo esotérico. En 1486 Pico della Mirandola publicó en Roma su Septuaginta-duæ conclusiones cabballisticæ, e invitó a todos los eruditos a Roma para asistir a una disputa para convencerse del parentesco entre la Cábala y el cristianismo. El primer alemán en investigar este asunto fue Reuchlin, que dedicó a ello su De verbo mirifico (Basilea, 1494) y De arte cabbalistica (Hagenau, 1517). Las traducciones latinas de diversas porciones de obras cabalísticas las hicieron Baruch de Benevento a petición del cardenal Egidio de Viterbo y el convertido Pablo Riccio, médico del emperador Maximiliano I; pero la obra más importante que buscó las verdades del cristianismo en la Cábala fue Kabbala denudata de Christian Knorr von Rosenroth (4 volúmenes, Sulzbach y Francfort, 1677–84), que sería la fuente para todos los eruditos posteriores.

Ahora se reconoce que los conceptos de Dios y la creación son totalmente divergentes en la Cábala y el cristianismo; la primera tríada en las sefiroth no se corresponde con la Trinidad, ni la doctrina cristiana de Cristo como Hijo de Dios tiene analogía con el Adam kadmon de la Cábala. Según el cristianismo, la redención es posible sólo a través de Cristo, mientras que la Cábala postula que el hombre se puede salvar a sí mismo por su influencia mística sobre Dios y el mundo de la luz a través de la rígida observancia de la ley, el ascetismo y medios similares.

Portada del Zóhar, 1556, Mantua
Portada del Zóhar, 1556, Mantua
Textos cabalísticos.
El siguiente pasaje relata la historia de un joven que acudió a estudiar la Torá en una academia, pensando que ésta proprociona a quienes la estudian la riqueza material:
'Cierto día se presentó ante su maestro y le dijo: «¿Rabí, dónde está la riqueza?» «Se ve -pensó el maestro- que su afán por la Torá no se debe a altos ideales»; y se metió en su habitación. Allí oyó una voz que le decía: «No le castigues, porque llegará a ser grande». Regresó a donde el alumno y le dijo: «Siéntate, hijo mío, siéntate, que te voy a dar riquezas». Poco después llegó un hombre muy rico y le dio al joven estudiante parte de su riqueza; y el amor por la Torá comenzó a arder en el corazón del joven. Un día le encontró su maestro llorando. Le preguntó: «¿Por qué lloras?» Contestó: «¿Es que voy a perder la vida del mundo venidero por esto (la riqueza)?; sólo deseo hacer méritos para la vida futura». «Ahora se ve -pensó el maestro- que estudia por altos ideales». Llamó a aquel hombre que le había dado parte de su dinero y le dijo: «Toma tu riqueza y repártela entre los huérfanos y los pobres»'
Sitré Torá, en Zóhar I, 88a-b.
En el siguiente texto el cabalista echa mano de la alegoría en un enigmático pasaje:
'«Y los sabios brillarán como el resplandor del firmamento» (Daniel, 12.3): Este versículo se refiere a los que se afanan por ese resplandor al que se llama Séfer ha-Zóhar («Libro del resplandor»), el cual es como el Arca de Noé en que se reúnen dos por ciudad y siete por reino y a veces solamente uno por ciudad y dos por familia, ya que se cumple el versículo: «Todo hijo que nazca lo arrojaréis al río» (Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo que nazca lo echaréis al Nilo, y a toda hija la dejaréis con vida.[…]Éxodo 1:22). Esta es la luz de este libro y todo por tu causa. ¿Y quién lo produjo? El cuervo. Tú serás en aquel tiempo como la paloma (hebreo: yoná), porque otro mensajero que se llama igual que tú ha actuado como el cuervo que salió del arca en primer lugar y no regresó de su misión, pues se consagró a los ignorantes por su dinero y no se ocupó de su cometido de llamar a los justos al arrepentimiento; es, por tanto, como si no hubiera llevado a cabo el mandato de su señor. Y en ti se cumplirá el misterio de la misión de Jonás (hebreo: yoná), que descendió a las profundidades del mar. Tú también descenderás a las profundidades de la Torá. Esto es lo que quiere decir el versículo: «Me arrojaste en el abismo, en el corazón de los mares» (Entonces dije: "He sido expulsado de delante de tus ojos; sin embargo volveré a mirar hacia tu santo templo."[…]Jonás 2:4).'
Ra'aya mehemna, en Zóhar III, 153b.