Historia
CAMISARDS
Origen.
Su nombre deriva de la chaqueta (camisia) que vestían sobre sus ropas durante sus ataques nocturnos. Ni las dragonadas ni la revocación del Edicto de Nantes (1685) lograron destruir el protestantismo en Francia; pero aunque la adoración privada nunca fue prohibida, nuevas leyes fueron promulgadas continuamente por Luis XIV en su intento de fortalecer la conformidad en religión por toda Francia, lo que hizo más y más difícil y finalmente imposible para un ciudadano francés ser miembro de la confesión reformada. En 1686 y los años siguientes se prohibieron las reuniones en el desierto, castigándose con multas, cárcel, demolición de hogares, galeras y la rueda. Sin embargo, con la presión aumentó la capacidad de resistencia. Las reuniones se celebraban por la noche en lugares aislados, presididas originalmente por pastores refugiados y luego por hombres de poco saber, pero fervientes en la oración y la exhortación.
Como es natural las miserias de los tiempos produjeron una esperanza correspondiente en el futuro y libros como los de Pierre Jurieu L'Accomplissement des prophéties (Rótterdam, 1686) y Suite de l'accomplissement (1687), en los que se predecía la rápida caída del papado, contribuyeron a modelar y dirigir a este movimiento. En Dauphiné apareció una muchacha como profetisa en 1688. Otros profetas surgieron en Vivarais. El número creció rápidamente especialmente en los Cévennes tras 1700, donde casi una cuarta parte de la población era protestante. A pesar de la creación de nuevos obispados para su conversión y de la ayuda militar proporcionada por el Estado a las autoridades eclesiásticas, los fenómenos extáticos por toda la región aumentaron, tanto en jóvenes como en viejos.

Fanáticos desórdenes.
En los trances, agitados por convulsiones, y pronunciando palabras de arrepentimiento y exhortación, a veces en francés en lugar del dialecto local, los que estaban 'poseídos por el Espíritu' veían tropas viniendo de lejos, distinguiendo a los camaradas que caían en el choque y a los traidores entre ellos; esas predicciones fueron siempre aceptadas con reverencia y confianza y a veces demostraron ser verdaderas, aunque, por otro lado, el poder de la profecía declinó posteriormente. Sin este factor apocalíptico, enfermizo aunque sincero, el entusiasmo de los camisards es incomprensible. Denominándose a sí mismos 'hijos de Dios' y a su campamento 'campamento del Eterno', descansaron con absoluta confianza en la guía y ayuda divina, mientras que su fanatismo al destruir iglesias, al igual que su crueldad al matar sacerdotes, hallan su explicación en el hecho de que se creían llamados por Dios para extirpar a 'Babilonia y Satanás', como designaban a los sacerdotes católicos y a su Iglesia.

Litografía de comienzos del siglo XIX
La revuelta estalló en 1702, cuando un sacerdote llamado François de Langlade du Chayla decidió castigar a los refractarios. En su casa en Pont de Montvert, en el actual departamento de Lozère, construyó una celda en la que encerró a sus parroquianos recalcitrantes y los torturó. En la noche del 23 de julio, se difundió el rumor de que el cura quería ejecutar a ciertos prisioneros, reuniéndose los camisards a instigación de los profetas Séguier, Couderc y Mazel, quemando la casa, liberando a los prisioneros y degollando al sacerdote. Bâville, el intendente del Languedoc, sintió una particular satisfacción en perseguir a los culpables. Séguier fue apresado y quemado en la hoguera el 12 de agosto, pero el resto escaparon a las montañas, donde se vieron reforzados por nuevas multitudes formadas por Castanet, Catinat, Roland y otros. En Jean Cavalier (nacido en Ribaute, departamento de Gard, el 28 de noviembre de 1681) hallaron un dirigente capaz, comenzando la guerra que iba a despoblar y devastar las provincia del Languedoc, Vivarais, Gevaudan y Rouergue. Los camisards nunca fueron más de cinco mil y no tenían organización militar. Pero lucharon con furia brutal, incluso cuando marchaban a la batalla con salmos en sus labios, mientras que las tropas reales los castigaban con torturas y cárcel. En sus campamentos vivían como en una iglesia, predicando, orando y ayunando; ganaron brillantes victorias, particularmente en Sainte-Chatte, el 15 de marzo de 1704. Bâville no pudo levantar cabeza contra ellos y en febrero de 1703 el mariscal Montreval fue enviado con un gran ejército. Derrotó a los camisards repetidamente (La Jonguière, 6 de marzo; La Tour de Bélot, 29 de abril), pero las crueldades practicadas por sus tropas hicieron que nuevos partidarios se sumaran a la causa protestante, aun cuando arrasó todas las casas y localidades en los Cévennes, dejando a 20.000 personas sin hogar. La agitación aumentó por una bula de Clemente XI (1 de mayo de 1703) por la que proclamaba una cruzada contra los herejes y creaba bandas que igualaron a sus oponentes en violencia. En abril de 1704 Montreval fue reemplazado por el mariscal Villars. Antes de comenzar sus operaciones rodeó el distrito con una fuerte línea de puestos militares, cortando todas las comunicaciones entre los rebeldes y el mundo exterior y ofreciendo el perdón a todos los que, en un plazo, dejaran las armas y se rindieran. Cavalier, quien vio que toda resistencia era inútil, dejó el país, tras lo cual luchó contra sus paisanos en Holanda, Italia y España, afincándose finalmente en Inglaterra. Allí fue designado gobernador de Jersey y luego gobernador de la isla de Wight. Murió en Chelsea, Londres, el 18 de mayo de 1740. Sus antiguos camaradas le etiquetaron de traidor y continuaron la batalla. Roland cayó el 14 de agosto de 1704. Castanet, Catinat, Joanni y otros huyeron a Ginebra. Sin dirigentes, los camisards se dispersaron gradualmente. En 1705 Catinat, Ravanel y algunos de sus colegas regresaron y conspiraron para levantar una nueva revuelta, muriendo en la hoguera o en la rueda. Un último intento, hecho por Mazel, Coste y Claris en 1709 en Vivarais fue ahogado en sangre, quedando aniquilada la Iglesia reformada francesa. En Inglaterra los camisards fueron conocidos como los profetas franceses.