Historia

CAMPANAS

Uso antiguo.
El uso de campanas como complemento de la adoración cristiana no estuvo sin precedentes en tiempos pre-cristianos. Entre los judíos las vestiduras del sumo sacerdote estaban adornadas con pequeñas campanitas (Y harás en su borde inferior granadas de tela azul, púrpura y escarlata alrededor en todo su borde, y entre ellas, también alrededor, campanillas de oro:[…]Éxodo 28:33) y entre los paganos los sacerdotes de Proserpina anunciaban el comienzo del sacrificio tocando las campanas. No hay evidencia de un uso cristiano antiguo para congregar al pueblo a la oración, lo cual se hacía de viva voz, incluso en el tiempo de Tertuliano y Jerónimo. En los monasterios egipcios sobrevivió el uso de trompetas como en el Antiguo Testamento, sirviendo para el mismo propósito el sonido hecho chocando piezas de madera; esta costumbre todavía se usa a veces en la Iglesia católica en los tres últimos días de Semana Santa, cuando el repique de campanas está prohibido, sobreviviendo en algunos lugares en el este.

Fotograma de Los Nibelungos, de Fritz Lang
Fotograma de Los Nibelungos, de Fritz Lang
La primera evidencia positiva del uso de campanas en relación con la adoración cristiana se encuentra en Gregorio de Tours († 595), quien habla de ellas haciéndose sonar al comienzo de la liturgia y en las horas canónicas. A partir del siglo séptimo, las campanas se mencionan a veces en los catálogos de la Iglesia occidental y para el año 800 eran tan comunes que se encuentran incluso en iglesias rurales. Una capitular de Carlomagno (801) prescribe que los sacerdotes harán sonar sus campanas en las horas acostumbradas del día y la noche. En el siglo noveno existen algunos ejemplos orientales; por ejemplo Orso I, dogo de Venecia, presentó doce campanas al emperador bizantino, quien las colocó en una torre cerca de Santa Sofía. Pero aparte de Rusia nunca tuvieron la misma importancia que en el oeste. Los musulmanes usualmente las quitaban de los países que conquistaban; Zwinglio intentó abolir su uso en Suiza, aunque la mayoría de los reformadores sólo protestaron contra la superstición en su uso, especialmente en su consagración.

Material y forma.
Walafrido Estrabón distingue dos clases de campanas en su tiempo, vasa productilia y fusilia, forjada y fundida. De los raros ejemplos actuales de la primera clase la mejor conocida es la "Saufang" en Colonia, llamada así por la leyenda de que fue excavada del suelo por cerdos hacia el año 613; está hecha de tres planchas de hierro fijadas con clavos de bronce. Ejemplos similares y tal vez más antiguos están en el museo de Edimburgo. Para la elaboración de campanas se empleaba en la Edad Media una aleación de bronce y estaño; posteriormente se usaron plomo, zinc, hierro y antimonio con el bronce. Actualmente el mejor metal se supone que es una aleación del 77 al 80% de buen bronce con un 20 o 23% de estaño puro. Las primeras campanas elaboradas recuerdan a los cencerros en forma, aunque hay algunas que se parecen más a una pera. Sus dimensiones son pequeñas.

Inscripciones.
Hasta donde se puede juzgar por los ejemplos existentes, la costumbre de grabar inscripciones en las campanas no va más allá del siglo XII y ni siquiera entonces fue general. Al fundir las campanas se grababan raramente las inscripciones, siendo su ocurrencia un signo de antigüedad. Posteriormente se realizó más comúnmente ya sea en letras capitales romanas o góticas hasta finales del siglo XIV. Luego se usaron letras pequeñas hasta 1550 y desde entonces ha sido usual el más moderno tipo de letras, salvo en deliberadas imitaciones recientes del antiguo estilo. Hasta bien entrado el siglo XIV la lengua latina fue la regular, apareciendo luego en uso las lenguas vernáculas. Las inscripciones más antiguas eran breves; desde finales del siglo XVI se hicieron mucho más largas, frecuentemente llenando casi toda la superficie de la campana. Mayormente son dedicatorias piadosas u oraciones, o declaraciones del propósito de la campana tales como Funera plango, fulgura frango, sabbata pango; excito lentos, dissipo ventos, paco cruentos. Además de inscripciones, los lados de las campanas quedaron adornados con dibujos, cotas de armas, sellos y diversos símbolos, estando entre los más antiguos, además de la cruz, la paloma con la rama de olivo y el Agnus Dei.

Bendición.
Ya en los sacramentarios francos y el pontifical de Egberto se mencionan fórmulas especiales para la bendición de las campanas. Esta práctica estuvo relacionada en aquellos días con nociones supersticiosas, por lo que Carlomagno se vio obligado a regularla en 789. Pero las fórmulas de bendición atribuyeron un efecto cuasi-mágico a las campanas así consagradas. Según el uso actual católico la bendición de campanas es una prerrogativa episcopal, aunque los sacerdotes pueden ejercerla en caso de necesidad con el permiso del papa. La ceremonia de alguna manera recuerda a la del bautismo, lo que ha dado origen a la práctica de poner nombres a las campanas y en la Edad Media de nombrar padrinos para ellas, de los que se esperaban ricos donativos. Los Artículos de Esmalcalda se declararon firmemente contra esas prácticas por ser "manipulaciones papistas" y "una burla del santo bautismo."

Uso actual.
El uso principal de las campanas ha sido siempre anunciar el tiempo de la adoración pública. También es una práctica católica común tocar la campana en la consagración de la misa, como en algunas localidades protestantes en el Padrenuestro tras el sermón, para que aquellos que están ausentes puedan unirse en espíritu con la congregación. Durante la misa se toca una pequeña campana en las partes especialmente solemnes, el sanctus, el comienzo del canon, la consagración y el Domine, non sum dignus. Las campanas se han tocado también en ciertos tiempos regulares para evocar en la mente algún misterio, como la pasión y muerte o la encarnación de Cristo, o para inducir a la oración en favor de los pecadores, de los fieles fallecidos o de la paz. El repique gozoso en las bodas y el solemne doblar por un fallecimiento (cuyo propósito originalmente era mover a los oyentes a la oración por el alma, ya fuera antes o después de la muerte) son prácticas antiguas; esta última existió, al menos en los monasterios, en el tiempo de Beda. En algunas partes de Inglaterra se tocaba una campana especial con una intención similar antes de la ejecución de un criminal.