Historia

CAMPESINADO, GUERRA DEL

Guerra del Campesinado es el levantamiento armado de los campesinos de Alemania central y meridional en el año 1525.

Miniatura de un códice de 1300
Miniatura de un códice de 1300
Servidumbre de los campesinos.
Fue el catastrófico y horroroso final de un proceso social que partía del sistema social y legal de la Edad Media continuado durante siglos. La idea de que el mayor de los levantamientos populares en la historia alemana fue provocado por la Reforma no está sustentado por los hechos. Mucho antes del comienzo del movimiento religioso ya estaba firmemente arraigado en la mente campesina que la condición original había sido la de libertad personal individual, perdiéndose forzosa e injustamente por la servidumbre. Las demandas de los campesinos no estaban por tanto impulsadas por una falsa concepción de la libertad evangélica proclamada por los reformadores, sino por una conciencia ampliamente arraigada de sus derechos. Los campesinos oprimidos no vieron en los poderosos superiores que les habían arrebatado su libertad y en la ley, que odiaban como extranjera, ninguna esperanza de mejora o justicia. El desarrollo del sistema feudal y el debilitamiento del poder real habían destruido casi el antiguo campesinado libre. A finales del siglo XV los antiguos derechos comunales, símbolos de libertad, no estaban vigentes en ninguna parte salvo el Tirol y Frisia. Los campesinos se habían visto obligados en todas partes a someterlos como consecuencia de las relaciones viciosas legales que empujaban a los más pobres a buscar protección, entregándose a los señores temporales o espirituales y gravando su tierra por obligaciones de toda clase de servicios y rentas.

Construcción de una muralla, de un manuscrito de derecho civil del siglo XIV
Construcción de una muralla,
de un manuscrito de derecho civil del siglo XIV
Las condiciones de vida de los campesinos se hicieron cada vez más precarias, hasta que finalmente quedaron inseparablemente unidas al pedazo de tierra que cultivaban. Si el campesino no podía liberarse mediante ningún pago de las obligaciones aceptadas o que le eran gradualmente impuestas, debía quedarse como estaba, porque su señor tenía derecho a su trabajo y al producto de sus campos, lo que caracterizaba su destino y servidumbre. La presión del sistema, especialmente en aquellas partes de Alemania donde mezquinos señores asolaban la tierra, se había convertido en algo insoportable. Además de los pagos en moneda o especie, los servicios más compulsivos eran obligatorios, lo que aún aumentaba la carga intolerable. Si un campesino se resistía, era culpable de un grave castigo, ejecutado por su señor sin piedad o razón, a menos que interviniera la autoridad gubernamental del distrito. Pero en muchos casos el gobierno y la tierra estaban en las mismas manos y todo el sistema legal de Alemania estaba en gran desorden. Los campesinos habían perdido la confianza en los procedimientos legales. La transición del sistema primitivo de trueque a otro monetario les había hecho más mal que bien. Si los campesinos necesitaban dinero tenían que pagar el interés más desorbitado (30, 40 o más por ciento), mientras que varias características del sistema, especialmente los monopolios abusivos de los gremios comerciales, les impedían disponer de su producción a un porcentaje remunerativo. Los campesinos sufrieron más que por ninguna otra cosa de los crecientes males de las guerras privadas que en el siglo XV prevalecían en grado ilimitado; sus casas y graneros eran destruidos y sus campos asolados. Las otras clases, especialmente los nobles, estimaban a los campesinos como a seres degradados, contra los cuales cualquier cosa era legal. Este odio mutuo entre las clases destruyó toda posibilidad de entendimiento o simpatía. Los numerosos levantamientos locales en los siglos XV y XVI demostraron la seriedad de las condiciones, pero no proporcionaron esperanza para el futuro. Cuando los diferentes gobernantes desecharon los intentos de las clases más pobres para recuperar sus antiguos derechos y sacudirse las cargas crecientes no hicieron nada para dispersar los nubarrones que, en la situación social, se cernían sobre el país. Al contrario, el descontento y el enconamiento sólo se incrementaron y con ellos el sentimiento de que una gran catástrofe era inminente, tal como predecían astrólogos y otros profetas. Las cosas estaban en este estado cuando la Reforma se convirtió en el centro de los asuntos públicos; sin embargo, tras unos pocos años la cuestión social reclamaba atención insistente.

Los Doce Artículos de los campesinos en Suabia
Los Doce Artículos de los campesinos en Suabia
Crecimiento del movimiento.
La Guerra del Campesinado de 1524-26 es históricamente importante principalmente por el hecho de que no fue sólo la población rural la que tomó parte en la misma, sino que también las clases inferiores en las ciudades eran opuestas al orden social existente y se sentían atraídas hacia los campesinos en el deseo de remodelar las cosas en el mismo espíritu. Por vez primera hubo un esfuerzo destacado para organizar todo el campesinado de Alemania y el sentimiento de unidad se expresó en un programa general más o menos aceptado. La más poderosa y en cierto sentido la más ilustrada de las organizaciones campesinas fue la de Suabia en el sudoeste, formada por la unión de tres pequeños cuerpos. Sus miembros comenzaron el movimiento, propusieron planes de federación y formularon sus demandas en una asamblea deliberativa, el denominado Parlamento Campesino de Memmingen. El claro y consistente programa expuesto por ellos fue la base de las negociaciones con los nobles unidos en la Liga Suaba, cuyo fracaso ha de atribuirse a la actividad anti-popular del astuto e influyente canciller bávaro Leonhard von Eck. El programa, probablemente elaborado por Sebastian Lotzer, un peletero de Memmingen, bajo la influencia del predicador Schappeler, estaba basado en el evangelio como norma de verdad y justicia; sostenía el principio comunal y se contentaba con la formulación de las demandas agrarias, no tocando otras cuestiones muy discutidas en el tiempo. Sus doce artículos, moderados aunque poderosos en expresión, contenían lo principal que oprimía al campesinado y que halló aprobación general. Las demandas consistían en el derecho a elegir pastor, la liberación del diezmo pequeño, la abolición de la servidumbre, la libertad para cazar y pescar, la concesión de parte de los bosques para leña, la restricción del servicio obligatorio, la retribución del trabajo por encima del contrato, la reducción de las rentas, el cese de los castigos arbitrarios y la devolución de pastos y campos. Si hubiera habido un fuerte gobierno central en Alemania, podría haber sido posible alguna clase de acuerdo. Fue eso y no la violencia, los que los campesinos suabos procuraron en primera instancia. Sus intenciones eran sinceras y por otro lado, en la Liga Suaba, no faltaban aquellos que estaban deseosos de evitar derramamiento de sangre. Pero el dirigente de la Liga rechazó atender una solución pacífica, prefiriendo aplastar de una vez por todas, en el movimiento campesino, el espíritu de progreso. Las pretendidas negociaciones con los campesinos fueron llevadas a cabo sólo para ganar tiempo a fin de cooperar y preparar las fuerzas de la Liga y deshacerse de una amenazadora alianza entre el duque Ulrich de Württemberg y los campesinos. El comandante del ejército de la Liga, Georg Truchsess von Waldburg, se sintió tan poco seguro del éxito que no reparó en medios, ni siquiera la traición, para obtenerlo. Del éxito del primer ataque en Suabia meridional dependía el resultado de todo el movimiento. Si, como Truchsess temía, las sociedades campesinas, engañadas por la Liga, hubieran tomado el campo en masse en abril de 1525 y obtenido una victoria, el campesinado de toda Alemania se habría levantado para unirse a sus peticiones. Con la derrota de los cuerpos separados en el Danubio, en Wurzach y en Gaisbeuren, el movimiento quedó dividido, incluso en cuanto a sus objetivos. Además de la cuestión puramente agraria, otras ideas y elementos perversos entraron en la escena.

Caballero imperial apresado por los campesinos
Caballero imperial apresado por los campesinos
Alemania occidental y el Plan de Heilbronn.
Esto se evidencia al considerar un segundo grupo compuesto de franconios y suabos en los distritos del Main y Rin y los habitantes del Palatinado. Los dirigentes y seguidores se caracterizaban por pasiones violentas, crueldad inhumana y propósitos absurdamente extravagantes. Apareció la idea de una reconstrucción política radical de Alemania, la abolición de los pequeños señores y una constitución de un imperio que dejara al emperador como único gobernante de todo. Este "Plan de Heilbronn", como fue llamado, no era en sí mismo tan irrazonable; su debilidad estuvo en el hecho de que, en lugar de resolver cuestiones agrarias, las hizo más difíciles al mezclarlas con asuntos políticos.

En Turingia y Sajonia; Münzer.
La confusión se incrementó, alcanzando su pináculo en un tercer grupo, formado alrededor del famoso Thomas Münzer y el radicalismo teocrático y comunista que predicó entre los campesinos turingios y sajones. Nunca el odio indiscriminado de la turba hacia todo y todos se había expresado más plenamente y nunca una guerra de exterminio se había tan ardorosamente predicado como en el incendiario panfleto (atribuido sin evidencia suficiente a Münzer) An Die Versammlung gemeiner Bauerschaft. Apelando a 1 ¡Oíd ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que vienen sobre vosotros. 2 Vuestras riquezas se han podrido y vuestras ropas están comidas de polilla. 3 Vuestro oro y vuestra plata se han enmohecido, su moho será un testigo contra vosotros y […]Santiago 5:1-6 profetizaba un día de masacre para el ganado engordado, que se había nutrido de la miseria del pueblo común. Dios había escuchado el clamor de los trabajadores y tomado placer en la destrucción de Moab, Agag, Acab, Falaris y Nerón. A consecuencia o en paralelo a este documento se puede citar el Landesordnung del tirolés Michel Gaisnair que apareció en enero de 1526; exigía igualdad completa y promovía un socialismo estrictamente agrario hasta sus últimas consecuencias.

Portada del tratado de Lutero contra los campesinos
Portada del tratado de Lutero contra los campesinos
Lutero y la Guerra del Campesinado.
Es fácil ver cuán lejos este movimiento se apartó de las demandas moderadas y lógicas de los Doce Artículos y cómo esta dañina anarquía alienó las simpatías de hombres razonables, aunque al principio hubieran estado dispuestos a favorecer la mejora de la condición del campesinado oprimido. Hay que tener este aspecto de la lucha en mente para hacer justicia a la posición de Lutero. Cuanto más sus oponentes intentaban atribuirle la paternidad de todo el movimiento a él y a su evangelio, más se sintió obligado a explicar su posición. En su "Exhortación a la paz" expresó la esperanza de que exponiendo la verdad a ambas partes, pudiera traerles a un mejor entendimiento. Halló algunos de los Doce Artículos razonables y justos, pero la injusticia de las autoridades no podía excusar las algaradas turbulentas. Como ambas facciones estaban equivocadas y procuraban vengarse o defenderse sólo conseguirían destruirse mutuamente y Dios las flagelaría a ambas. Sugería que una comisión de consejeros de la nobleza y las ciudades procuraran medios de conciliación. No se consideraba a sí mismo y a otros teólogos los "portavoces de la divina justicia", pero vio en el intento de mezclar el evangelio con esos disturbios sólo otra maniobra del diablo, que quería destruirle a él a través de los profetas sedientos de sangre como quiso hacerlo mediante el papa. Defendió su punto de vista y esperanzas de buenos resultados en sus amonestaciones, aunque su propuesta, especialmente en ese momento, no llevaría al fin deseado. Lutero ha sido injustamente culpado, pero eso sólo muestra que él no entendió la verdadera naturaleza del movimiento, como hizo Melanchthon, escribiendo una enérgica respuesta a los Doce Artículos, en la que exponía el derecho ilimitado del gobierno y la debida obediencia por parte de los gobernados como fundamento inamovible del orden social y político. Esta fue la honesta idea de Lutero que explica su conducta posterior. Cuando sus amonestaciones fueron desoídas y la suerte cayó en el derramamiento de sangre, él se puso con toda la pasión de su fuerte naturaleza del lado del Estado y el orden y publicó su terrible tratado Wider die mordischen und raubischen Rotten der Bauern, en el que llamaba a las autoridades a "herir, matar y estrangular". Los campesinos habrían sido aplastados sin necesidad de esa exhortación, pero fue una desgracia para él que se viera obligado por las circunstancias y por sus convicciones a hablar tan duramente con tan terribles palabras.
'En el caso de un rebelde, todo hombre es, a la vez, juez y verdugo. Por lo tanto, todo el que pueda debe derribar, estrangular y apuñalar a los tales, pública o privadamente y considerar que nada es tan venenoso, pernicioso ni endiablado como un rebelde... Estos son tiempos tan extraordinarios que un príncipe puede merecer mejor el cielo habiendo derramado sangre, que otro por medio de la oración.'
Mapa de la Guerra del Campesinado
Mapa de la Guerra del Campesinado
Hostilidades y represión.
Mientras tanto los asuntos seguían su curso. Truchsess derrotó a un ejército de campesinos tras otro; aniquiló a los de Württemberg el 12 de mayo de 1525, entre Böblingen y Sindelfingen y a los del valle de Neckar y el Odenwald en Königshofen el 2 de julio; dos días más tarde Florian Geyer y sus compañeros cayeron en Sulzdorf e Ingostaldt y Würzburgo cayeron el siete de ese mes. Felipe de Hesse, Jorge de Sajonia y otros príncipes y nobles se habían enfrentado con Münzer y una considerable masa de campesinos turingios y sajones en Frankenhausen el 15 de mayo, exterminándolos, ejecutando a su dirigente y castigando severamente a la ciudad de Mühlhausen, que había sido centro de insurrección. En Alsacia, en Breisgau, alrededor de Rothenburg, en el obispado de Bamberg, en el margraviato franconio y en todas partes, los campesinos se habían levantado y, esparciendo el terror por sus números, obligaron a los nobles, al clero y a los ciudadanos a unirse a ellos o a tratar con ellos. Pero su éxito temporal fue pronto vengado cien veces. Una vez que el elector palatino Ludwig hubo suprimido el levantamiento en la orilla izquierda del Rin en Pfeddersheim el 23 de junio, los de Alemania meridional y central quedaron prácticamente derrotados. En Suabia los campesinos hicieron un último y desesperado esfuerzo, pero Truchsess se apresuró a convocar las fuerzas de la Liga y los derrotó una vez más. Los supervivientes se retiraron a la región montañosa del Tirol y alrededor de Salzburgo, donde la revuelta duró hasta 1526 cesando sólo con el baño de sangre de Radstatt el 20 de julio de ese año.

Resultados de la insurrección.
La suerte del campesinado alemán fue incluso peor que antes del levantamiento. Con celo diabólico todos aquellos que fueron estimados culpables en el grado más ligero fueron perseguidos y castigados. Se estima que perecieron al menos 150.000. Las pérdidas económicas que Alemania sufrió por esta catástrofe son incalculables y el campesinado, empobrecido, rechazado y expuesto a una servidumbre más severa que nunca, emergió de la insurrección para enfrentar un futuro prácticamente sin esperanza.