Historia
CANONIZACIÓN
Canonización es el procedimiento de atribuir el título de santo a un hombre o mujer ya calificado como beato. La palabra se refiere a la inclusión del nombre de la persona en la lista (canon) de los santos y al reconocimiento de su derecho a ser venerado, lo que incluye apartar un día en el calendario eclesiástico para la conmemoración de su festividad, junto con un oficio en el breviario y una misa para el día en su honor. Para promover la veneración de un santo por toda la Iglesia no existió mejor método que la confirmación papal de sus pretensiones. Hay evidencia definitiva de la canonización formal del obispo Ulrich de Augsburgo en 993. Pero la canonización como derecho reservado absolutamente al papa aparece primero bajo Alejandro III (1159-81). Los obispos continuaron canonizando en sus propias diócesis, hasta que fue declarado ilegal por Urbano VIII en 1625 y 1634. Actualmente el proceso está regulado cuidadosa y detalladamente antes de la canonización. El candidato, habiendo muerto con buena reputación, es primero designado de 'pía memoria' y cuando se ha puesto en marcha una investigación regular como 'venerable'. Si se demuestra concluyentemente que ha vivido una vida santa y efectuado milagros, se puede solicitar su beatificación, pero normalmente no es hasta después de cincuenta años tras su muerte. El proceso es dirigido primero por el obispo de su diócesis; una comisión de la Congregación de Ritos examina si es permisible, en cuyo caso se otorga la autoridad papal para proceder. Para demostrar que el candidato poseía virtudes 'heroicas' y obrado milagros, se llevan a cabo tres investigaciones separadas: una por la Congregación de Ritos, otra por el colegio cardenalicio y otra por un consistorio bajo la presidencia del papa. Cuando éste ha aprobado la solicitud se elabora un breve que le otorga el título de beatus y determina los límites del culto consiguiente, incluyendo la conmemoración e invocación en la adoración pública, erección de altares, exposición pública de reliquias y semejantes. La publicación solemne del decreto de beatificación tiene lugar en San Pedro. Tras repetidos milagros y un proceso similar de investigación, puede seguir la canonización, con ceremonias añadidas, cantando misas el papa o su representante en honor del nuevo santo. Mientras que la veneración como beato se limita a una parte definida de la Iglesia católica, la de santo se extiende a toda ella.